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Costa Rica y China, una sonrisa congelada

El Gobierno costarricense fue en 2007 el primer aliado diplomático del siglo para la potencia asiática en Centroamérica, pero las altas expectativas se disiparon incluso antes de que llegara Trump con su ofensiva antiPekín. Ahora, Costa Rica intenta un balance casi imposible entre dos gigantes. El nuevo Gobierno de Laura Fernández caminará sobre una cuerda floja entre dos potencias enfrentadas, con poco margen para jugar a la equidistancia.

Ilustración de Divergentes que hace referencia al reto que tiene por delante la presidenta electa, Laura Fernández.

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En octubre de 2007, 18 años antes de Donald Trump pusiera la política internacional de cabeza, atizara la fogata contra China como enemigo de América y retirara la visa de ingreso a Óscar Arias, el ahora expresidente de Costa Rica fue recibido con honores en Pekín como gestor de la nueva alianza diplomática que permitía al gigante asiántico tener puerta de entrada a una Centroamérica dominada por socios de Taiwán y, cómo no, por Estados Unidos con su reciente tratado de libre comercio regional CAFTA

Las expectativas bilaterales en comercio, cooperación y política eran enormes, y la leyenda entre diplomáticos cuenta que alguien propuso traer un oso panda para exhibirlo en San José como símbolo de todo aquello.

“Por suerte no lo trajeron, porque estaría muerto”, dijo un jueves de febrero de 2026 con humor y crudeza un exdiplomático entrevistado sobre el momento de la relación con China, ahora que Costa Rica declara “socio favorito” al Estados Unidos de Trump, mientras busca un nuevo balance que le permita evitar una imagen de sumisión con la Casa Blanca y, a la vez, proyectar que es capaz de llevar una relación seria con Pekín, más allá de la mera formalidad. Costa Rica intenta una maniobra muy difícil, que para muchos es misión imposible. 

Con la cooperación bilateral en mínimos, con escuálidos niveles de inversiones chinas y un comercio bilateral dominado por las grandes importaciones de bienes de consumo en Costa Rica, los números evidencian que, en efecto, fueron exageradas las expectativas o promesas de Arias y Hu Jintao cuando firmaron en secreto las relaciones diplomáticas en mitad de 2007. Taiwán perdía el primer aliado centroamericano de varios en los años siguientes, hasta llegar a 2025 con sólo Guatemala, pero al gobierno de George W. Bush tampoco le pareció mal aquella naciente relación justo después de la firma del tratado comercial de Estados Unidos con Centroamérica y República Dominicana. 

Preparando recomendación…

Eran tiempos de multilateralidad, confianza en el derecho internacional y de ambiciones de los países latinoamericanos por ir a pescar las oportunidades que ofrecía Oriente, liderado por una China donde el PIB saltó un 14% en ese año, según el Banco Mundial, el mayor crecimiento en sus prósperas tres décadas.

China sigue siendo un gigante, la segunda economía mundial y algunos creen (temen o desean) que pronto sea la primera, pero para Costa Rica es ahora un país lejano más allá de la geografía. “La relación bilateral sufrió un enfriamiento por distintos motivos, pero ahora llegó a más”, dijo Carlos Cascante, analista de relaciones internacionales desde la Universidad Nacional, en referencia a un proceso que se fue deteriorando antes de que llegara Trump en 2025 y dejó casi en cero cualquier opción del Gobierno de Rodrigo Chaves de jugar a dos bandas, en caso de que hubiera querido.

Cascante explica que una palabra ahora común en las relaciones internacionales es ‘hedging’ y se refiere a la estrategia de política exterior de un Estado para navegar ante dos o más potencias con tácticas de cooperación y competencia, pero sin caer en la dependencia excesiva ante ninguna de ellas. En términos de parejas podría llamarse “relaciones abiertas”, pero Washington ahora exige el monopolio en los aspectos críticos de cada país de la región. 

“Brasil y Perú pueden hacer ‘hedging’, pero para los de Centroamérica el margen es muy limitado. La presión es muy alta desde Estados Unidos. Costa Rica va tener que mantener relaciones con China en tono bajo, fría, limitado a comercio de bienes de consumo, pero sin escalar a grandes de proyectos”, explica Cascante. 

La red 5G, tema espinoso

Costa Rica y China, una sonrisa congelada
Antenas de telefonía móvil ilustran el debate en Costa Rica sobre el desarrollo de la red 5G y las condiciones impuestas para la participación de proveedores internacionales. EFE / Enric Fontcuberta.

Las pruebas de ello abundan en noticias recientes y los datos actuales. El Gobierno de Rodrigo Chaves intenta desarrollar su red de tecnología 5G y, para complacencia de mensajes explícitos de diversas autoridades estadounidenses, ha dejado fuera a las empresas chinas con el argumento de que no han firmado un decreto de que no cumplen convenios internacionales de ciberseguridad. Para algunos sectores internos, fue sólo un pretexto para satisfacer las advertencias de Washington. 

“Ese decreto fue producto de la creatividad del Gobierno, pero es un balazo en el pie propio, porque impide el ingreso de tecnología muy competitiva y accesible en precio”, dijo a DIVERGENTES Marco Vinicio Ruiz, un empresario que era ministro de Comercio Exterior cuando Costa Rica abrió relaciones diplomáticas con China y después fue embajador en Pekín.

Costa Rica y China, una sonrisa congelada
Laura Fernández, presidenta electa de Costa Rica. Foto de Miguel Andrés | Divergentes.

Las redes de telecomunicaciones son parte de los sectores críticos para el ojo de Washington, tanto como los puertos, aeropuertos o la explotación de materias primas claves que Costa Rica no tiene. Nadie puede alegar falta de claridad en los mensajes. Lo dijo desde 2020 el secretario de Estado, Mike Pompeu, en una visita a San José (“el Gobierno de China sólo ofrece deuda, dependencia y erosiona la soberanía”) y en 2023 la general  Laura Richardson, jefa del Comando Sur junto al presidente Rodrigo Chaves, incluso antes de que llegara Trump con sus políticas basadas en la doctrina aquella de “América para los americanos”.

“Me preocupa el uso dual de esta capacidad (china) en puertos de aguas profundas, en cibertecnología, en el campo espacial, en redes 5G y su uso en aplicaciones militares si lo necesitaran. Esa es mi preocupación (…) Si otro país está aquí para invertir en la región para el pueblo de América Latina y el Caribe, está bien si es con buenas intenciones; pero lo dejo a ustedes para que decidan. ¿Por qué tanta inversión en infraestructura crítica a lo largo de todo el hemisferio occidental? Eso es lo que me preocupa”, dijo Richardson en San José, mientras sus anfitriones tomaban nota con total claridad. 

“Amor con amor se paga”

Costa Rica y China, una sonrisa congelada
El presidente saliente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, en un evento de su administración. Foto de Miguel Andrés | Divergentes.

“Amor con amor se paga”, fue la frase que Rodrigo Chaves usó en febrero de 2025, sólo dos meses después del retorno de Trump a la Casa Blanca, para justificar la aceptación de vuelos desde Estados Unidos con migrantes de terceros países. Ese “amor” implica, por tanto, distanciarse de otras tentaciones, sobre todo de una China que tampoco ha dado prioridad a Costa Rica. Ya no es su único aliado en Centroamérica, la oferta exportadora agrícola sufre grandes dificultades para cruzar medio planeta y tampoco hay yacimientos de materiales valiosos. 

Los bienes exportados por Costa Rica a China en 2024 representaron menos de 3% de las ventas y a Estados Unidos, un 47%, reporta el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). El valor de las exportaciones al enorme mercado chino fue de 370 millones de dólares, pero es sólo una décima parte de las importaciones, dominadas por artículos de consumo. Aparatos electrónicos, metalmecánica y bienes de transporte dominan las ventas chinas en el mercado tico. 

En el paisaje callejero es evidente el incremento de vehículos de marcas chinas importados por empresas que, sin embargo, no prevén por ahora un salto en los aranceles costarricenses por presión alguna desde Estados Unidos.

Las inversiones chinas tampoco son significativas. Apenas superó los 10 millones de dólares en un año (2014) y el promedio anual en los últimos 20 años no llega a tres millones, según datos oficiales del Ministerio de Comercio Exterior (Comex). “Son cifras modestísimas”, describe el ministro, Manuel Tovar en entrevista con DIVERGENTES desde California, donde a mediados de mes Costa Rica abrió una nueva “embajada comercial” en Silicon Valley enfocada en el sector tecnológico estadounidense. 

“Las empresas norteamericanas generan 250 000 empleos en zonas francas (régimen exento de impuestos de renta) y las chinas general alrededor de 300 empleos… No tenemos litio, cobre, ni oro para explotación. En infraestructura tampoco participan en proyectos relevantes, salvo el calvario de ruta 32”, añade Tovar. Ese “calvario” es el proyecto de ampliación de la principal carretera hacia el Caribe, una contratación con la empresa china CHEC que se entabló desde el 2007 y que aún no se ha ejecutado al 100%.

Costa Rica y China, una sonrisa congelada
Foto de archivo del Estadio Nacional de Costa Rica, donado por China. Wilfredo Miranda Aburto | Divergentes.

No es el primer proyecto complicado. En el papel quedaron las intenciones de desarrollar un polo empresarial en la región del Pacífico, a un arbitraje internacional llegaron las intenciones de una refinería petrolera conjunta y de sueños no pasaron las intenciones de desarrollar el turismo binacional. Las legislaciones y prácticas de   un país no necesariamente eran compatibles con las del otro, como se supo desde 2008 cuando el Tribunal Constitucional costarricense obligó a revelar los detalles de un contrato de financiamiento por 300 millones de dólares firmado un año atrás bajo secreto como parte del establecimiento de relaciones bilaterales. 

“En comercio e inversión quedamos lejos de cumplir las expectativas que se trazaron las autoridades cuando impulsaron ese acercamiento (en 2007)”, subraya el ministro Tovar, quien se atreve a señalar que quizás Costa Rica posee una propuesta de valor que simplemente no es atractiva para China. Además, sostiene que acceder a ese mercado siempre puede ser atractivo, pero a fin de cuentas es “engorroso”.

En términos de inversiones y cooperación económica tampoco hay planteadas grandes ambiciones, pero el Ministro rechaza que haya presión desde Estados Unidos en asuntos como la red 5G. “Lo que sí hay es coincidencia de los riesgos que hay y de la certeza de que quienes vienen a invertir en sectores críticos para la seguridad nacional deben jugar limpio y no incurran en prácticas que dejan mucho que desear”.

La embajada China y sus pronunciamientos 

Costa Rica y China, una sonrisa congelada
Imagen de archivo de una celebración del Año Nuevo Chino en San José, reflejo de los lazos culturales entre Costa Rica y China. EFE / Jeffrey Arguedas

La embajada de China en Costa Rica emite frecuentes pronunciamientos de respuesta ante señalamientos de Estados Unidos o actores políticos costarricenses en los que se cuestiona el respeto de empresas chinas a las normas de ciberseguridad o cuando las acusan de ser utilizadas por Pekín para obtener datos de usuarios o propiedad intelectual clave. 

La defensiva es constante, aunque tampoco faltan los discursos diplomáticos en los que se exaltan proyectos de cooperación ejecutados años atrás, como la Academia Nacional de Policía y el Estadio Nacional, además de intercambios culturales, el aumento del volumen comercial en los 18 años de relación bilateral y las promesas de un mayor acercamiento en el futuro. 

“China está dispuesta a trabajar con Costa Rica para seguir consolidando la confianza política mutua, fortaleciendo el alineamiento de estrategia de desarrollo y explorando la potencialidad de cooperación práctica”, dijo en un acto formal la embajadora, Wang Xiaoyao, a quien se le pidió entrevista para este reportaje y no fue posible obtenerla antes de marzo.

Formalidades aparte, no parece que esta sea la misma Costa Rica a la que se referían Hu Jintao cuando recibió a Arias en Pekín o cuando lo visitó un año después para acordar el Tratado de Libre Comercio (TLC); ni siquiera la que conoció su sucesor, Xi Jinping, cinco años después. 

“Esta visita es un mensaje que se envía al mundo entero sobre la importancia que China atribuye a las relaciones con Costa Rica, como un socio estratégico en América Latina”, dijo en 2013 entonces canciller tico, Enrique Castillo, una frase que este 8 de mayo seguro nadie dirá cuando el presidente Chaves entregue la banda presidencial a su ministra Laura Fernández en la ceremonia especial… en el Estadio Nacional regalado por China como parte del inicio de la relación en 2007.


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