“La mayoría de los que estamos en esta situación estamos frustrados. No miramos salida. Pensábamos que íbamos a cumplir el sueño de terminar una carrera que a nuestros padres les costó pagar… hemos pensado en irnos y dejar todo, pero da mucha tristeza mirar a nuestros padres y decirles: no vamos a poder”. Este es el testimonio de “Lucía”, seudónimo utilizado por una egresada de Medicina, que resume la situación que enfrentan más de 80 estudiantes de la Universidad Central de Nicaragua (UCN), quienes permanecen sin títulos profesionales pese a haber cumplido todos los requisitos de graduación desde hace tres años.
Los afectados, estudiantes de las carreras de Medicina y Enfermería de entre 23 y 33 años, denuncian que la universidad mantiene bloqueado su proceso de graduación porque no alcanzan el nivel avanzado del examen TOEIC (Test of English for International Communication), una certificación internacional de inglés para la cual —según afirman— nunca se les informó que debían alcanzar la puntuación máxima de la prueba para poder titularse.
“No poder graduarnos después de tantos años es muy triste. Entre los afectados hay mayores de 30 años y para varios de ellos el tiempo ya corre en contra, porque la edad para optar a una especialidad médica suele estar entre los 30 y 35 años y seguimos sin título”, expresó “Lucía”.
El pénsum académico estudiantil 2018 de la UCN, compartido a este medio por los egresados, establece en el artículo 129 del Capítulo IX, referido a los requisitos de graduación para esa generación, que para obtener el título universitario los estudiantes deben aprobar todas las asignaturas, presentar documentación académica completa, solvencia financiera, carta de egresado, culminación de estudios aprobada y “contar con la certificación TOEIC del Inglés”. Sin embargo, en ninguna parte del reglamento se estipula que los estudiantes deban alcanzar una puntuación específica o el nivel avanzado para poder titularse.
Universidad reconoce niveles en certificación TOEIC

El mismo documento académico incluye además una tabla de equivalencias del TOEIC donde la universidad reconoce distintos niveles de dominio del idioma inglés. La clasificación contempla categorías que van desde “Principiante”, con puntuaciones entre 60 y 105 puntos; “Elemental”, entre 110 y 270; “Intermedio”, entre 275 y 395; “Intermedio Alto”, entre 400 y 485; y “Avanzado”, entre 490 y 500 puntos.
Para los denunciantes, esa escala demuestra que la propia universidad reconoce formalmente distintos niveles de competencia dentro de la certificación TOEIC y que el requisito académico consistía en contar con la certificación y realizar el examen, independientemente del nivel alcanzado.
“Muchos lo hemos aprobado en niveles intermedios de más de 250 puntos, pero aun así no nos quieren entregar los títulos porque exigen que aprobemos con 500 puntos, que es la puntuación máxima y la calidad del inglés que nos enseñó la propia universidad no nos da para lograrlo”, afirmó “María”, otra de las egresadas afectadas.
DIVERGENTES consultó a la UCN sobre las denuncias de los egresados, los criterios utilizados para exigir el nivel avanzado de la certificación de inglés y las razones por las cuales el reglamento académico no especifica una puntuación obligatoria. Sin embargo, hasta el cierre de este reportaje, la institución no respondió las consultas enviadas al correo proporcionado a través de su área de relaciones públicas.
Un requisito que frena su ejercicio profesional
La situación dejó a decenas de egresados fuera del sistema laboral de salud. Aunque finalizaron completamente sus carreras, los denunciantes aseguran que no pueden obtener el código del Ministerio de Salud (Minsa), requisito indispensable para ejercer legalmente como médicos o enfermeros en Nicaragua.
“La universidad nos brinda una constancia emitida por Registro Académico donde se hace constar que aprobamos todas las materias, pero el Minsa y el Silais (Sistema Local de Atención Integral en Salud) Managua no nos pueden dar código con solo ese documento”, explicó “Carlos”, otro de los denunciantes.
Sin título ni código profesional, los egresados explican que tampoco logran acceder a empleos en hospitales, clínicas o centros médicos privados. “En todos los lugares nos solicitan el título profesional o una carta oficial de egresado”, relataron los afectados.
La falta de respuestas institucionales empujó a muchos a buscar trabajos ajenos a la profesión para sobrevivir económicamente. Algunos venden ropa, trabajan en mercados o realizan empleos informales mientras esperan una solución.
Los afectados aseguran que sus familias invirtieron años de esfuerzo económico en sus carreras universitarias. “Nuestros padres dejaron de cubrir otras necesidades para poder pagar estudios, transporte, materiales y prácticas”, relataron los estudiantes.
Menos médicos y nuevos profesionales sin poder ejercer
La crisis ocurre en un contexto donde Nicaragua enfrenta limitaciones en la disponibilidad de personal médico. Un reportaje previo de DIVERGENTES documentó que el país mantiene una de las tasas más bajas de médicos por habitante en Centroamérica, con apenas nueve por cada 10 mil habitantes, una cifra inferior a los parámetros recomendados internacionalmente y por debajo de otros países de la región.
El déficit se agravó en los últimos años tras la salida al exilio, despidos y migración de profesionales de salud después de la crisis sociopolítica de 2018. A esto se suma la sobrecarga hospitalaria, la escasez de especialistas y las dificultades de cobertura médica en distintas zonas del país, especialmente fuera de Managua.
Mientras hospitales y centros públicos continúan enfrentando limitaciones de personal, más de 80 médicos y enfermeros egresados permanecen fuera del sistema sanitario por un requisito administrativo.
Los denunciantes recuerdan que realizaron prácticas y servicio social en hospitales públicos durante su formación universitaria, por lo que consideran contradictorio que, mientras el sistema de salud enfrenta carencias de personal médico, decenas de profesionales formados durante años permanezcan bloqueados sin poder incorporarse formalmente al ejercicio sanitario.
Repetir el examen y pagar otra vez

La mayoría de los denunciantes asegura haber realizado el examen TOEIC en múltiples ocasiones en un intento por alcanzar el nivel avanzado exigido actualmente por la universidad. Algunos afirman haberlo repetido más de seis veces, pagando alrededor de 65 dólares por cada intento para los egresados de Enfermería, lo que equivale a unos 390 dólares por estudiante, sin garantía de obtener finalmente el título profesional.
En Medicina, el costo asciende a 95 dólares por examen, un gasto que los afectados cuestionan porque consideran que la universidad continúa cobrando por una exigencia que, según el reglamento académico revisado por este medio, no establece una puntuación obligatoria para graduarse.
“La única respuesta que nos da la universidad es que sigamos practicando inglés y haciendo cursos. Creo que más bien es un gran negocio para la universidad y no les importa el gasto y atraso que eso representa para nosotros”, señaló “Lucía”, una de las estudiantes afectadas.
Los denunciantes cuestionan que una certificación de inglés se haya convertido en la principal barrera para ejercer profesiones vinculadas directamente a la atención médica en Nicaragua, especialmente después de haber aprobado todas las asignaturas del pénsum, realizado prácticas hospitalarias y cumplido el servicio social.
La frustración aumentó después que en 2025 un grupo anterior de egresados sí lograra graduarse mediante medidas excepcionales autorizadas tras gestiones realizadas ante el entonces Consejo Nacional de Universidades (CNU).
Según los afectados, alrededor de 28 estudiantes de Medicina y 13 de Enfermería pudieron continuar su proceso de graduación después de recibir un curso intensivo gratuito y realizar una simulación del examen TOEIC, aun sin alcanzar el nivel avanzado que ahora exige la universidad. “Nosotros queremos que nos acepten como la generación del año pasado, que realizó el examen y aunque no llegaron al nivel avanzado pasaron así”, reclamó “María”.
El silencio institucional y el control universitario

Tras la reestructuración del sistema universitario estatal y la desaparición práctica del antiguo CNU, los estudiantes compartieron a este medio múltiples cartas y solicitudes que enviaron a las nuevas instancias universitarias sin obtener respuestas concretas.
“El CNU, que ahora se llama SETEC (Secretaría Técnica de Universidades), no nos ha dado una respuesta ni ha llamado a la universidad a pesar que todos hemos enviado muchas cartas”, afirmó uno de los denunciantes.
El caso ocurre en medio del creciente control político sobre las universidades nicaragüenses, después que el régimen Ortega-Murillo eliminara la autonomía universitaria, cancelara decenas de universidades privadas y reorganizara el sistema de educación superior bajo estructuras alineadas al oficialismo a partir de 2018.
DIVERGENTES documentó previamente cómo el sistema universitario pasó “del CNU a un club de rectores”, en una estructura con menor autonomía académica y mayor subordinación política, donde las decisiones universitarias quedaron concentradas bajo nuevas instancias controladas por el régimen sandinista.
Los estudiantes egresados comentan que algunos de ellos todavía conservan uniformes clínicos y fotografías de sus prácticas hospitalarias como recordatorio de una meta que creían haber alcanzado. Hoy siguen buscando una salida para que el esfuerzo de sus familias y los años invertidos en su educación no terminen en vano por una traba administrativa de la universidad y el silencio de la SETEC, la nueva estructura estatal que sustituyó al CNU sin ofrecer respuestas a sus denuncias.