El regreso del coronel Lenín Cerna

El antiguo jefe de la Seguridad del Estado volvió a la palestra mediática de la mano de las últimas sanciones de Estados Unidos. Lo señalan de ser de “confianza de Ortega”, mientras algunas fuentes lo ubican dentro del círculo de inteligencia del régimen. Esto marcaría un regreso de Cerna a las estructuras de poder dentro del partido, del cual fue apartado como secretario en 2011 por órdenes expresas de Rosario Murillo. Una fuente considera que la sanción a Cerna se debe a que fue designado por el propio Daniel Ortega en el negocio del oro, que está bajo la mira de Washington


El nombre de Lenín Cerna todavía provoca temor en Nicaragua. Son pocos los que se atreven a hablar de él públicamente, aunque se encuentren fuera del país y lo conozcan desde los años 80, cuando fue el jefe de la Dirección General de la Seguridad del Estado (DGSE) y se construyó el mito alrededor de su figura: conspirador, torturador, vinculado a grupos terroristas, y sobre todo, leal a Daniel Ortega, el caudillo sandinista. 

En días recientes su nombre fue mencionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, al anunciar nuevas sanciones contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, entre ellas al sector de la minería de oro. Lo señalan de ser “una persona de confianza del presidente nicaragüense Daniel Ortega”, y como jefe de la Seguridad del Estado en los años 80 “cobró reputación como un temido torturador”. Sin embargo, la sanción en su contra no deja de sorprender, porque desde 2011 dejó el cargo de la Secretaría del FSLN por pugnas con Rosario Murillo, lo cual representaba una evidente separación del círculo de poder. Cerna fue expulsado de El Carmen a la fuerza, algo que se consideró una “humillación a la vieja guardia del Frente Sandinista”, desdeñada por la vicepresidenta. 

Algunas fuentes consultadas por DIVERGENTES consideran que la sanción obedece a otras razones que no fueron públicas. Una especialista en temas de Seguridad dijo que la sanción a Cerna se debe a que, desde hace unos años, fue reincorporado al aparato de inteligencia del régimen, coordinado por Néstor Moncada Lau, un antiguo subordinado de Cerna en la DGSE y con quien tuvo una disputa por ganarse un lugar privilegiado en la estructura de poder. Mientras que otra fuente cercana al régimen dijo que Cerna fue designado por el propio Ortega para integrarse al negocio del oro, y por ello fue incluido en el mismo combo de sanciones que tuvieron como blanco la Dirección General de Minas (DGM), una entidad clave para controlar las extracciones de oro en Nicaragua. 

“Lenín (Cerna) está de regreso en las estructuras de poder del régimen desde hace unos años”, dijo el especialista en Seguridad. Mientras el mayor del Ejército en retiro, Roberto Samcam, también afirma que Cerna está trabajando en el grupo de inteligencia de Ortega-Murillo, por recomendación de  “agentes cubanos, quienes dirigen estas operaciones en Nicaragua”. 

La buena relación de Cerna con el aparato de inteligencia cubano está arraigada desde los años 80. Para ejemplificar esto, se dice que Fidel Castro conocía, a veces, antes que el propio Tomás Borge, ministro del Interior y jefe de Cerna, lo que iba a suceder en Nicaragua, por la comunicación fluida que el dictador cubano tenía con la DGSE. “El régimen Ortega-Murillo no podía prescindir de alguien como Cerna, que en el tema de inteligencia y contrainteligencia es el que más conoce en Nicaragua”, dijo Samcam. 

Familia

Una captura de los medios oficialistas de una entrevista a Lenin Cerna.

Su nombre completo es Reinaldo Gregorio Lenín Cerna Juárez. Hijo de René Cerna, un comunista salvadoreño que se radicó en Nicaragua en 1932. Su madre era Juliana Juárez, originaria de León, donde tenían una zapatería, Industrial Cerna. A ese establecimiento llegó una vez Carlos Fonseca, quien a petición de René, le vendió un libro comunista con la siguiente dedicatoria para su hijo: “de la tierra de Lenín, de la Unión Soviética, para Lenín, de Nicaragua”. Así fue que Lenín Cerna se conoció con Carlos Fonseca. 

Por decisión de su padre, él y sus dos primeros hermanos (de los siete en total) tienen nombres marxistas: Lenín, Engels y Krupskaia. Fue influenciado por Rigoberto López Pérez, el poeta que asesinó a Somoza García en 1956, quien era su vecino en León y asiduo visitante del taller de zapatería de su padre. 

Cerna se integró al partido 1963, a los 16 años de edad, cuando la organización estaba conformada por unos cuantos revoltosos y se llamaba Frente de Liberación Nacional, sin el apellido Sandinista. En esos años participó en asaltos a bancos y cayó preso junto a Daniel Ortega, Carlos Guadamuz, Jacinto Suárez y Manuel Rivas, entre otros. 

El origen del miedo

Foto de archivo de Lenin Cerna. Cortesía.

Al poco tiempo que tomó el poder el Frente Sandinista en 1979, Lenín Cerna se presentó en la oficina del ministro del Interior, Tomás Borge, para ponerse a su disposición en “lo que la revolución lo mandara”. Borge lo conocía desde que incursionó al Frente Sandinista, siendo un muchacho, y juntos conspiraron contra la dictadura somocista. 

Cerna movilizaba a sandinistas en Managua y León, entre otras operaciones clandestinas en Honduras. Escondió a Tomás Borge cuando era buscado por la Guardia Nacional de Somoza, y a los sandinistas que reclutaba les enseñaba a hacer bombas molotov. Fue enviado a Cuba para que hiciera un curso de preparación militar y desde ahí empezó la relación con agentes de inteligencia cubana. Fueron años en los que cayó preso en varias ocasiones, en las cuales fue víctima de tortura. “Es sometido a fuertes torturas, algunas de las cuales comienzan a ser practicadas en ellos como el uso de la capucha, que provoca el corte de la respiración hasta llegar al punto de asfixia”, escribió Humberto Ortega, hermano de Daniel Ortega, en su libro Epopeya de la Insurrección. 

Cuando fue nombrado jefe de la DGSE, Lenín Cerna “demostró sus habilidades”, según el relato que hizo Tomás Borge, su jefe, a la revista Magazine. Entre ellas, evitó que estallaran bombas enemigas en Managua y logró tener agentes infiltrados en varios frentes de la Contrarrevolución. “Capturamos toneladas de explosivos gracias a la habilidad de Lenín”, dijo Borge. 

Un exmilitante del Frente Sandinista dice que a Cerna le tocó hacer “el trabajo sucio” de la revolución. Ahí es donde su figura comienza a provocar miedo. No en vano existen más de 14 mil denuncias por violaciones a los derechos humanos contra la dictadura sandinista de los años 80, la mayor parte de ellas señalan a Cerna y su DGSE como culpables. 

Una de las primeras operaciones de Cerna la mencionó el Departamento del Tesoro esta semana: como cónsul de Nicaragua en Honduras, en 1979, Cerna colaboró en el asesinato de Pablo Emilio Salazar, jefe de la guardia presidencial de Anastasio Somoza Daebayle. Cerna habría proporcionado el arma –una pistola con silenciador y cuatro granadas– con la que asesinaron a Salazar, conocido como Comandante Bravo, por lo que fue expulsado de Honduras. 

Al año siguiente, también participó en la planificación del atentado que acabó con la vida de Anastasio Somoza Debayle. “El brazo del pueblo llegó hasta Paraguay”, dijo Cerna a Radio Ya, al admitir que participó en el “ajusticiamiento” del dictador. 

Asimismo Cerna admitió que tuvo relaciones con el grupo terrorista español ETA, y que estuvo involucrado en un atentado en 1984 contra Edén Pastora en La Penca, Costa Rica, cuando éste organizó la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), una organización antisandinista que abrió un frente armado en el sur de Nicaragua.

A Cerna se le vincula como uno de los jefes de la Navidad Roja, un operativo militar desarrollado entre diciembre de 1981 y enero de 1982 para desalojar a comunidades miskitas del Caribe Norte. En este operativo fueron asesinados 64 civiles, 13 torturados y 15 desaparecidos, según denuncias recogidas por organismos de derechos humanos. 

Existen cientos de denuncias de opositores y campesinos que señalan a Cerna como el que ordenó torturas en las celdas de la Seguridad del Estado. Además, es conocido por su participación en la trampa que le tendieron al padre Bismarck Carballo en 1982, en la que el religioso fue desnudado y golpeado en público. 

En una entrevista con El Nuevo Diario, en 1999, Cerna negó las acusaciones que se hicieron contra él. Dijo que “si defender a mis hermanos y compañeros de lucha fueron crímenes, estoy dispuesto a asumir”. 

Sandinista radical

El padre Bismarck Carballo con Lenín Cerna, “reconciliados”, después que el Frente Sandinista pidió perdón a la Iglesia católica por los ataques de los ochenta. Foto: Cortesía del diario La Prensa.

Después que los sandinistas perdieron el poder en 1990, Lenín Cerna se convirtió en asesor del Ejército, con el grado de coronel. En una entrevista con el diario El País, pocos días después de perder las elecciones de 1990, se le preguntó si estaba dispuesto a mantenerse en su puesto con un gobierno presidido por Violeta Barrios de Chamorro. Él y sus guardaespaldas se rieron y después dijo: “Mejor que pongan a otra gente. Yo pasaré a ser un miembro más del partido”. 

Tomás Borge contó que en esos años Cerna no quiso que lo ascendieran a general del Ejército, porque a Arnoldo Alemán, como presidente de Nicaragua, le tocaba imponer los grados. Alemán en ese tiempo era el enemigo número uno de su jefe, Daniel Ortega. 

Su retiro oficial como asesor del Ejército ocurrió en 1999, cuando pasó a ser coordinador de los comandos electorales sandinistas. También, con el pacto entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, Cerna pasó a dirigir las “operaciones jurídicas” del Frente Sandinista en la Corte Suprema  de Justicia (CSJ). “Cerna fue el que inició las mafias judiciales en la Corte para sacar sentencias según sea de sus intereses”, dijo un experto en Seguridad. 

Sobre estos señalamientos, Cerna respondió a un semanario nicaragüense que “no soy abogado ni juez, con dificultad llegué al primer año de la universidad, no tengo nada que ver con justicia ni magistrados ni nada”. 

No obstante, su poder fue aumentando, al punto de que llegó a ser secretario del Frente Sandinista. Pero en abril de 2011, una investigación destapó una trama de corrupción en la Dirección General de Ingresos (DGI), que dirigía Walter Porras, en la que estaba involucrado el coronel Lenín Cerna. La investigación estuvo a cargo de Néstor Moncada Lau, quien era subalterno de Cerna en los años 80. A partir de que Ortega regresó al poder en 2007, Moncada Lau le disputó a Cerna el lugar de máxima confianza de la pareja de mandatarios. Luego de esa investigación, Cerna fue separado del cargo en el partido y Moncada Lau se convirtió en la máxima autoridad política después de Ortega y Murillo. 

Su regreso solapado ocurrió dos años después, en agosto de 2013, cuando Bayardo Arce lo presentó como coordinador político de jueces y magistrados de apelaciones en todo el país, en una asamblea de trabajadores del Poder Judicial de León y Chinandega. Ante el rechazo generalizado que provocó este nombramiento de facto, el Poder Judicial rechazó esta información. 

Lenín Cerna dejó de aparecer en público desde hace mucho tiempo. Incluso, su rostro no es visto ni siquiera en los 19 de julio, cuando se celebran los aniversarios del triunfo del Frente Sandinista. 

Cerna sólo se deja ver –con el cabello teñido de negro a sus 75 años de edad, con sobrepeso y de hablar pausado– en algunas entrevistas que le hacen los medios de comunicación oficial para hablar de temas históricos: las conmemoraciones a Carlos Fonseca, fundador del FSLN, o el asalto a la Casa de Chema Castillo, por el que fue liberado en diciembre de 1974 –en un grupo que incluía a Daniel Ortega– después de permanecer preso durante siete años. José María Castillo era un funcionario somocista que fue abatido durante el asalto. Paradójicamente, años después, Cerna se casó con Marisol Castillo, hija de Chema Castillo. 

Aparentemente alejado del círculo de hierro de Ortega y Murillo, algunas fuentes aseguran que después de la crisis de 2018, el coronel Cerna fue reintegrado a las labores de inteligencia.