Más que un señalamiento general al régimen copresidencial, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos lanzó un dardo específico contra Rosario Murillo, la figura todopoderosa del sandinismo: “¿Está Murillo tan insegura de sí misma que no puede proporcionar evidencias de que esté vivo?”, cuestionó, en referencia a la desaparición del joven médico Yerri Estrada Ruíz, secuestrado desde el 13 de agosto de 2025.
Una vez más, la presión internacional –especialmente la de Washington– obligó a mostrar a un preso político, pese a la bravuconería de la pareja gobernante, expresada después en una carta de protesta contra la embajada norteamericana en Managua.
Las alarmas por el paradero y el estado físico de Estrada Ruíz las encendió su madre, Rosa Ruíz, quien empezó una campaña de denuncia en medios de comunicación y organismos de derechos humanos. Sus denuncias tuvieron eco primero en Costa Rica, donde nació su hijo, pero fue un reclamo tímido que la dictadura Ortega-Murillo obvió. Fue hasta este 10 de septiembre que Estados Unidos preguntó sobre el joven médico de 30 años, increpando a Murillo.
La pareja copresidencial intentó sofocar la presión internacional difundiendo, a través de sus medios de propaganda, una serie de fotografías de la supuesta visita de la pareja de Estrada Ruíz. Las imágenes, fechadas el 3 de septiembre pero divulgadas nueve días después, mostraban al preso político tras casi tres semanas en condición de desaparición forzada. El régimen lo calificó de “golpista”, etiqueta con la que criminaliza a opositores, pero nunca ofreció explicación sobre su captura ni sobre su estado judicial, aunque según sus comunicados se intuye que ya fue condenado en secreto.
Para Salvador Lulio Marenco, abogado defensor de derechos humanos, la dictadura no mostró a Estrada Ruíz por voluntad propia, sino por la presión internacional. “El régimen no hace nada por buena voluntad. Mostrarlo fue por pura presión internacional”, dijo a DIVERGENTES.
El jurista recordó que si realmente se tratara de un gesto genuino, las autoridades habrían permitido visitas regulares, presentado expedientes judiciales y mostrado también a las otras 32 personas reportadas como desaparecidas. En cambio, dice, lo que prevalece es una señal de “debilidad política ante la presión internacional” frente a las denuncias de Washington.
“La presión internacional tiene que ser constante, como ha sido por parte de Estados Unidos, y tendría que ser más fuerte con Costa Rica”, advirtió. Aunque Estrada fue presentado en fotografías, insiste, no se puede dejar de hablar de una detención ilegal ni de posibles actos de tortura en impunidad, “crímenes que deben investigarse con urgencia”.
El precedente Maradiaga
Un caso similar ocurrió con Félix Maradiaga, politólogo opositor, que durante su encarcelamiento fue mantenido aislado y sin que se mostrara públicamente hasta que aparecieron denuncias sobre su estado físico, en especial un retrato hablado promovido por la campaña Sé Humano. Fue presentado ante los medios cuando su esposa, Berta Valle, publicó un retrato que mostraba que había perdido peso.
En ese momento, según Amnistía Internacional, la presentación de Maradiaga obedeció más a una reacción ante la presión pública y mediática que a una transparencia genuina por parte del régimen, y fue criticada como un intento de desviar la atención internacional sobre las denuncias de tortura, aislamiento y trato cruel que denunciaban sus familiares.
En ese mismo sentido, la presentación forzada de Estrada Ruíz ocurrió en un momento de máxima presión, en especial tras el fallecimiento de dos presos políticos en el lapso de una semana: Mauricio Alonso Petri y Carlos Cárdenas, quienes murieron bajo custodia estatal, en circunstancias nunca aclaradas por el régimen. Ambos casos encendieron alarmas porque evidenciaron las condiciones extremas de detención: privación de atención médica, torturas constantes y falta de alimentación.
Estos decesos fueron atribuidos directamente a la dictadura Ortega-Murillo por organismos de derechos humanos y provocaron una condena inmediata de Estados Unidos, que los calificó como asesinatos de personas presas políticas.
La comunidad internacional advirtió que se trataba de una escalada inédita desde 2018, cuando los detenidos fueron devueltos a sus familias sin vida. Ese clima de repudio explica, según juristas y familiares, por qué el régimen se vio obligado a exhibir con vida a Estrada Ruíz, tras tres semanas en condición de desaparición forzada.
La respuesta bravucona

Tras la alusión de Estados Unidos a Murillo, la reacción del régimen copresidencial no se hizo esperar y llegó en forma de una airada nota dirigida a la embajada de Estados Unidos en Managua. El Ministerio de Relaciones Exteriores sandinista calificó la comunicación de Washington como una “nota irrespetuosa, calumniosa y difamatoria, llena de falsedades”. Según el documento diplomático, la denuncia sobre la desaparición de Estrada Ruíz “en nada puede compararse con la Diplomacia propia de relaciones entre Estados” y, en cambio, constituía un agravio que “nada puede legitimar”.
El régimen insistió en llamar al médico “golpista”, asegurando que estaba “acusado y condenado por actividades terroristas”. Afirmó que había sido presentado ante los medios “gozando no solo de perfecta salud, sino de todos sus derechos como persona en situación de cárcel, incluyendo visitas de sus familiares”. La cancillería sandinista acusó a la embajada estadounidense de difundir “mentiras y calumnias con intereses impropios”, advirtió que este tipo de publicaciones “exponen a quienes las difunden” y remató diciendo que el lenguaje utilizado era “más propio del activismo de organismos irresponsables que desconocen el manejo de la Verdad”.
El abogado Marenco sostiene que el caso del médico trasciende cualquier alegato de soberanía nacional. El defensor enfatiza que la desaparición forzada y las condiciones en que fue presentado constituyen un crimen de lesa humanidad, una figura que no puede ser tratada como un mero asunto interno. “Cuando cometes crímenes de lesa humanidad ya no es un asunto interno”, insistió.
El hostigamiento contra Estrada Ruíz venía de tiempo atrás: agentes llegaban a su casa en León de manera regular para vigilarlo y, dos días después de su captura, un oficial incluso se presentó en la vivienda desconociendo que ya había sido arrestado. El médico es uno de los 33 presos políticos reportados en condición de desaparición forzada hasta finales de agosto de 2025, según el Mecanismo de Reconocimiento de Personas Presas Políticas.