“Fabretto es el corazón de San José de Cusmapa”: familias repudian confiscación

Padres de familia, profesores y alumnos evitaron que las autoridades del régimen Ortega-Murillo se tomaran uno de los ocho centros educativos que fundó la Asociación Familia Fundación Fabretto en Nicaragua. DIVERGENTES viajó hasta San José de Cusmapa, municipio de Madriz, y habló con los pobladores que resguardan la escuela. “Es una puñalada al corazón, tocaron lo más sagrado de este pueblo”, dijo una de las madres de familia. Aunque de momento evitaron la usurpación, en la comunidad “todos están alerta”


Karla Pineda se persigna antes de entrar al santuario. En sus manos carga un arreglo de flores que depositará como ofrenda en la tumba del padre de origen italiano José de María Fabretto. Su rostro es serio como el de las personas que están dentro del sitio. Viste una camisa amarilla que la identifica como devota del sacerdote. Habla con seguridad y con cierta molestia. “Aquí tocaron a un pueblo entero”, dice con aplomo.

El ambiente en el santuario donde descansan los restos del padre Fabretto (1920-1990) es tenso. Todas las personas que se congregaron la tarde de este viernes once de febrero para arreglar la tumba del sacerdote salesiano, están en silencio y con las caras largas. En los alrededores del pueblo el estado de ánimo es similar. La desconfianza aumenta si no sos de la zona y los lugareños no te reconocen. En San José de Cusmapa, “el municipio más alto de Nicaragua” (1280 metros sobre el nivel del mar), la calma se quebró. Todos están “alerta y al llamado”.

La calma del pueblo se quebró en dos momentos. El primero fue el dos de febrero cuando la Asamblea Nacional canceló la personería de la Asociación Familia Padre Fabretto, una organización fundada en 1963 para continuar la obra que el sacerdote salesiano desarrolló por los más desfavorecidos en Nicaragua. “Fue como un balde de agua fría”, continúa Karla.

La organización fue cancelada supuestamente por incumplir con la entrega de informes financieros al departamento de registro y control del Ministerio de Gobernación. Al momento del cierre, Fabretto tenía bajo su administración ocho centros educativos ubicados en Nueva Segovia, Madriz, Estelí, Chinandega, Managua, Masaya, Granada y la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur. Atendían a más de 40 mil niños, niñas y adolescentes, ofreciendo alternativas para mejorar el futuro de los beneficiados y romper el círculo de la pobreza en el que vivían.

“Nunca creímos que iban a tocar a la Fabretto”, expresa Karla con un tono de molestia. Para entender el amor y el enojo de los pobladores basta con preguntarles qué significa para ellos que le cancelaran la personería a la Fundación. “Es como que hayan tocado a un miembro de la familia”, enfatiza Carlos, un padre de familia que pide cambiemos su nombre por seguridad.

Familias de San José de Cusmapa ponen una ofrenda en la tumba del padre Fabretto.

El segundo momento de quiebre en Cusmapa ocurrió este viernes once de febrero. Ese día los pobladores se enteraron que una delegación del Ministerio de Educación llegaría para confiscar el oratorio que está en el municipio.

A partir de las siete de la mañana padres, madres, docentes y alumnos del centro llegaron para resguardar el lugar y evitar que las autoridades tomaran el sitio, tal y como ocurrió con el centro ubicado en la ciudad de Somoto y que estaba bajo la administración de Fabretto.

“¡Que viva el padre Fabretto, que viva!, ¡Somos Fabretto!, ¡Cristo reine siempre, siempre, siempre!”, gritaron los pobladores dentro del oratorio. Los más pequeños sostenían carteles que reafirmaban la voluntad del pueblo de no entregar el recinto: “Siempre seremos Fabretto”.

Karla relata lo ocurrido por la mañana. Se llena de orgullo al contar que todo el pueblo se volcó a resguardar el centro. “Es que todos hemos sido beneficiados directa o indirectamente por Fabretto. Y no vamos a permitir que nos quiten el centro. Fabretto es el corazón de Cusmapa”, aseguró.

El pueblo resintió la decisión que tomó la Asamblea Nacional el dos de febrero. La incertidumbre fue de casa en casa, de familia en familia, a tal punto de trazar un plan en caso de que ocurriera lo mismo que en Somoto.

En esa ciudad Fabretto tenía un centro escolar que estaba bajo su administración. Las autoridades del Ministerio de Educación (Mined) llegaron a las instalaciones la semana pasada y convocaron a los padres de familia para anunciarles que la escuela iba a quedar en manos del Estado.

“Y nosotros al ver lo que estaba pasando decidimos que no íbamos a quedarnos en el ‘si hubiéramos hecho esto’. Por eso nos organizamos, para evitar que ocurriera lo mismo con nosotros”, relata Carlos.

Los pobladores se enteraron que el diez de febrero, el director del centro Fabretto en Cusmapa había recibido una llamada del Mined anunciando que llegaría al día siguiente para hacerse cargo del centro. La información se regó como pólvora en el pueblo, decidieron reunirse ese mismo día y quedaron de acuerdo que al sonido de las campanas de la Iglesia todos marcharían hacia el oratorio.

Al día siguiente, el once de febrero, algunos pobladores no esperaron el sonar de las campanas. A eso de las 6:30 a.m. llegaron al centro para resguardarlo. A las 9:00 a.m., cuando finalmente sonaron, unas doscientas personas caminaron hasta el oratorio. Cuando llegó la Policía el pueblo estaba dentro de Fabretto. 

No es un tema político

Entrada al municipio de San José de Cusmapa. Divergentes.

A diferencia de otros municipios, San José de Cusmapa no está “atiborrado” de banderas del Frente Sandinista. Hay que recorrer todas las calles para encontrar una que otra colgada en alguna casa o en el tiangue. “Aquí es mitad y mitad. El alcalde es sandinista pero ganó porque es popular y porque es fabrettista”, cuenta Indira, una madre de familia que aceptó hablar con DIVERGENTES bajo la condición de identificarla con otro nombre.

Indira tiene 42 años, está casada y tiene dos hijos. Participó en el resguardo del centro por la mañana y también en el arreglo del santuario del padre Fabretto por la tarde. Esta mujer fue una de las más sorprendidas por la decisión del Gobierno de eliminar la personería jurídica de la Fundación. “Fabretto nunca se metió en esos temas espinosos de política. Siempre obedeció su misión”, justifica.

En el pueblo hay diversidad política. Hay muchos pobladores que son simpatizantes del partido de Gobierno y otro buen grupo que se opone al régimen sandinista. Pero las diferencias ideológicas nunca habían dividido a San José de Cusmapa a tal punto de vivir un levantamiento. Aquí la influencia del régimen es mínima pese a tener bastantes seguidores.

“Es que Fabretto es el corazón de Cusmapa”, dice Indira. “Es nuestra identidad”, repite. “En San José de Cusmapa somos fabrettista”, reiteró.

Karla considera que el tema político no tiene nada que ver con el levantamiento del pueblo para resguardar las instalaciones del centro. Considera que si se percibe así es porque en el contexto actual cualquier persona que va en contra del régimen, es tachada como traidora por el partido.

“Y no necesariamente tiene que ser así. Yo toda mi vida he sido sandinista, mis abuelos lo fueron, mis padres lo son, yo lo soy, soy sandinista pero tengo clara mi vista y puedo ver lo que está ocurriendo. El Gobierno ha hecho cosas buenas, pero no todo lo que hace es bueno. Yo siempre soy transparente. Yo soy así. Si estoy a favor lo comento, si estoy en contra igual”, amplió Karla.

En Cusmapa no quieren ni siquiera que cambien la administración del centro. “Es que no va a ser lo mismo. Nunca va a ser lo mismo”, dijo Indira, quien afirmó que todo el pueblo lo que quiere es que siga la familia Fabretto y los mismos directivos.

“El Padre Fabretto y su obra es el centro de Cusmapa. Y al quitarnos a la Familia Fabretto es como que nos están quitando nuestra identidad, es como que nos están quitando quiénes somos”, agregó Carlos.

La visita del comisionado

La escuela intentó ser tomada por las autoridades del gobierno sandinista tras la confiscación. Divergentes

La misión de Fundación Fabretto era lograr que los niños, niñas, familias y comunidades de las áreas más desfavorecidas de Nicaragua, alcanzaran su máximo potencial y mejoraran sus oportunidades de futuro mediante programas de educación.

Durante más de 60 años, Fabretto había trabajado en las comunidades rurales y urbanas más vulnerables del país. Los datos de la fundación detallan que hasta la cancelación de su personería atendían a más de 40 mil niños, niñas y jóvenes en nueve centros educativos y más de 440 escuelas públicas. 

En San Isidro de Bolas, en Managua, el Centro Educativo semirural atendía a unos 750 estudiantes. Los programas que ofrecían eran laboratorio de computación, biblioteca y huerto. Clases de reforzamiento educativo, programa de seguridad alimentaria y nutrición, formación a padres y madres de familia y un programa de Educación Secundaria Rural.

El programa que se desarrollaba en San José de Cusmapa beneficiaba alrededor de 2,500 estudiantes en las escuelas primarias y secundarias de las comunidades aledañas. El oratorio ayudó a formar a 60 maestros de preescolar y 27 profesores de primaria. Al menos 150 estudiantes de 23 comunidades periféricas estaban apoyadas indirectamente por el centro con los almuerzos, formación de maestros y materiales didácticos.

Tanta ayuda en San José de Cusmapa era exaltada incluso por las autoridades municipales de la localidad. “Y ellos no se han aparecido por aquí. Es que son fabrettistas igual. Lo que pasa es que se tienen que quedar callados porque le trabajan al Gobierno”, expresó Indira.

El levantamiento del pueblo para defenderse de la confiscación del centro Fabretto provocó la llegada del jefe de la delegación departamental de la Policía de Somoto. La patrulla en la que iba a bordo se estacionó en frente del oratorio y solicitó hablar con el director.

Unos minutos después el comisionado abandonó la zona a bordo de la misma patrulla y con los mismos cinco oficiales que le acompañaban. A diferencia de lo ocurrido con otros centros o universidades privadas cuyas personerías también han sido canceladas, no se quedó ningún policía resguardando el lugar. De hecho en San José de Cusmapa no había presencia policial. No llegaron camionetas cargadas de antimotines. Y tampoco ubicaron retenes. 

“El comisionado le pidió que calmara al pueblo. Le dijo al director que no se iban atrever a tomar las instalaciones porque veían que realmente la gente estaba protestando de forma apolítica, que había gente de los dos bandos. Nos calmamos un poco, esperamos en Dios y en la intercesión del padre Fabretto, y en la voluntad del Gobierno, que las cosas regresen a la normalidad y que le regresen la personería jurídica a la Asociación porque está tocando la economía fuerte en este municipio. Y está tocando el estómago de muchos niños beneficiados”, expuso Indira.

Por la tarde San José de Cusmapa recuperó un poco de su calma. El ambiente continuó tenso, pero en el centro no estaban las doscientas personas que inicialmente habían resguardado el oratorio. “El pueblo está alerta, al llamado. Si suenan las campanas o nos piden que lleguemos, nos vamos”, relató Carlos, quien agregó que hasta que no vean un documento firmado por el Gobierno en el que se comprometan a no tocar nada, no estarán tranquilos.

El próximo lunes los docentes que trabajaban en Fabretto y cuyos puestos fueron cancelados por la eliminación de la personería jurídica, llegarán “por amor a la obra” a impartir clases y realizar las mismas tareas de reforzamiento escolar a pesar de que saben que no van a recibir un solo córdoba.

Al amanecer del sábado doce de febrero los pobladores de Cusmapa se reunieron en el arco de la entrada del municipio. Estaban a la espera de monseñor Rolando Álvarez que se suponía asistiría a la confirmación de varios adolescentes. A eso de las 9:30 a.m. varias camionetas llegaron al punto, sin embargo, en ninguna iba el obispo. 

Durante la espera muchos ciudadanos tenían tapabocas verdes serigrafiados con el nombre de la Fundación Fabretto. Si bien la municipalidad colgó en lo más alto del arco unas banderas rojinegras, entre los ciudadanos persistía el espíritu católico. 

Un señor de la tercera edad se acercó al punto donde estábamos esperando por la llegada de Álvarez y advirtió que estábamos siendo observados por agentes de inteligencia de la Policía. Iban vestidos de civil y con sus celulares tomaban fotografías.

“Pero ustedes no se preocupen. No les va a pasar nada. Ellos andan aquí por lo que pasó ayer”, dijo el anciano de piel fibrosa y color morena.

  • ¿Van a continuar resguardando el centro? – Le pregunté.
  • Sí. No lo vamos a entregar, respondió.

Siga leyendo: