Ocho guardabosques del pueblo indígena mayangna permanecen presos en el Sistema Penitenciario Jorge Navarro, conocido como La Modelo, donde sus familiares denuncian alimentación insuficiente, falta de agua, problemas de salud, restricciones para recibir medicamentos y hasta impedimentos para comunicarse en su lengua materna.
Las familias deben viajar desde el territorio Mayangna Sauni As, en la Costa Caribe Norte de Nicaragua, hasta Tipitapa para visitarlos, un recorrido de unas 12 horas que puede costar hasta 8000 córdobas (C$), equivalentes a 218 dólares ($).
Cuatro de los guardabosques permanecen encarcelados desde 2021 y los otros cuatro desde 2023. Amaru Ruiz, presidente de Fundación del Río, explicó que las detenciones se produjeron en un contexto de persecución del régimen sandinista contra integrantes de tres grupos creados en 2016 por decisión de una asamblea territorial para proteger Mayangna Sauni As ante el avance de colonos sobre sus tierras.
Fundación del Río asegura tener una lista elaborada por la Policía Nacional con al menos 33 personas requeridas, entre ellas los ocho guardabosques encarcelados. En el documento figuran integrantes de los grupos Kun Kun, Nawa Sani y Saubí, además de otros liderazgos indígenas.
La organización ambientalista entrevistó recientemente a familiares de los detenidos, quienes aseguran que, debido al alto costo de los viajes y la falta de recursos, algunos solo pueden visitarlos cada dos o tres meses, y en otros casos deben esperar aún más tiempo.
Problemas de salud y falta de alimentos
Las familias denuncian falta de atención médica adecuada y aseguran que deben comprar los medicamentos. Entre los padecimientos mencionan problemas de visión, colesterol alto, retención de líquidos, dificultades respiratorias, dolores corporales, fiebre y adormecimiento de las piernas.
“A veces se le corta el agua, todo el día pasa sin agua. Ellos tienen que llenar un poquito de agua, un galoncito, para que puedan mantenerse todo el día”, contó otro familiar.
Los familiares también denuncian que la alimentación se ha reducido y, en algunos casos, los guardabosques reciben comida solo una vez al día. Ante las porciones insuficientes, las familias aprovechan las visitas para llevarles alimentos secos que complementen lo que reciben en prisión.
Restricciones para hablar en mayangna

Los familiares aseguran que los guardabosques también enfrentan restricciones para comunicarse en su lengua materna.
“Nosotros tenemos nuestro dialecto y ellos quieren hablar en su dialecto y (…) no lo permiten”, relató uno de ellos. Según su testimonio, policías o presos han llegado a decirles que cuando hablan mayangna están hablando de “brujería”.
“Digamos como que están robando nuestros derechos, nuestra cultura y así los tratan a ellos”, agregó.
Algunos tampoco pueden participar en actividades recreativas, continuar sus estudios o salir al patio. “Les dijeron que ellos no tienen derecho de estudiar. Ellos no tienen derecho de reclamar nada”, afirmó un familiar.
Las visitas pueden durar entre diez y quince minutos y, en algunos casos, se realizan detrás de una ventanilla. Las familias aseguran además que deben pagar 300 córdobas por una llamada de cinco minutos para conocer cuándo podrán realizar la siguiente visita.
“Si no pagamos eso nosotros no sabemos cuándo nos toca la visita”, explicó uno de los entrevistados.
Los familiares también denuncian que desde hace unos tres meses los guardabosques son sacados de sus celdas para fotografiarlos. “Ahora dicen que al día lo sacan tres veces a tomar foto. No sé por qué, pero llevan tres meses que hacen eso”, contó un familiar.
Las familias reconocen que algunas condiciones han mejorado y que ya no permanecen en cuartos oscuros e insalubres como antes. Sin embargo, continúan recluidos en la Galería 300, señalada por Fundación del Río por sus malas condiciones de infraestructura.
Persecución alcanza a las familias
Fuera de la cárcel, familiares reportan vigilancia, interrogatorios, registros de viviendas y apropiación de tierras utilizadas para cultivar. Algunos se han escondido durante períodos prolongados y otros han salido de Nicaragua por temor a ser detenidos.
“Esta represión también ha logrado fracturar las relaciones internas de la comunidad”, afirmó Ruiz. Según el presidente de Fundación del Río, el Gobierno utiliza a determinados indígenas contra otros, generando desconfianza y confrontación. “Esto ha afectado no solo a las familias, sino también al tejido espiritual del pueblo mayangna”, recalcó.
La organización señala además que la instalación de un puesto de la Policía Nacional en Musawas, en enero de 2026, aumentó el temor entre los liderazgos que continúan denunciando las invasiones en Mayangna Sauni As.
Minería avanza sobre el territorio
La situación ocurre mientras aumentan las concesiones mineras dentro de Mayangna Sauni As. El 7 de septiembre de 2026 fue otorgado a la empresa china Linze Excelente Minería, S.A. el lote Jade, con una extensión de 26 205.75 hectáreas, de las cuales 26 065.59 están dentro del territorio indígena, según Fundación del Río.
La concesión alcanza caseríos y áreas de cultivo de Betlehem, Nazareth y Padriwas, además de zonas agrícolas de Winpulu, Kauhmawas y Sabawas.
Con el lote Jade suman ocho las concesiones dentro de Mayangna Sauni As. En conjunto abarcan 39 674.81 hectáreas, equivalentes al 24.22 % del territorio. Tres están en manos de empresas chinas, cuatro pertenecen a una compañía colombiana y una a una empresa nicaragüense que Fundación del Río vincula con el Gobierno.