“Hijos de perra del imperialismo”, ¿qué hay detrás del virulento discurso de Ortega?

El caudillo sandinista arremete contra los presos políticos y los declara “apátridas”. Analistas sostienen que Ortega estaría planeando negociar la inhabilitación política de los opositores arrestados con la comunidad internacional, a cambio de expatriarlos y quitárselos de encima en Nicaragua. Un guión de escuela cubana. Al mismo tiempo, arremetió contra gobiernos europeos a los que llamó “fascistas”, tras el desconocimiento de la “farsa electoral”

Daniel Ortega en un acto público celebrado después que el Poder Electoral lo declaró "ganador" de las elecciones sin competencia. Jorge Torres | EFE.

El dictador Daniel Ortega mostró este lunes su lado más furibundo, a pocas horas de que el Poder Electoral lo declarara “ganador” de las elecciones sin competencia, marcadas por una alta abstención. En su primera comparecencia tras su cuarta reelección consecutiva, el mandatario sandinista y la vicepresidenta Rosario Murillo llegaron al centro histórico de Managua acompañados del Ejército y la Policía, dos de las instituciones militares que sostienen por medio de la represión su régimen. 

Pese a tener un escenario electoral a su favor y garantizar de momento su permanencia en el poder, el caudillo sandinista mostró su lado más virulento al insultar con malas palabras a los casi cuarenta encarcelados que fueron detenidos a inicios de junio, en medio de una de las escaladas represivas más violentas desde las protestas de abril de 2018. El caudillo sandinista los declaró apátridas. “Esos que están ahí son los hijos de perra de los imperialistas yanquis. Se los deberían de llevar allá, a los Estados Unidos. Ellos no son nicaragüenses, dejaron de serlo hace rato. No tienen patria”, gritó.

Segundos antes, en el usual recorrido histórico que el dictador suele hacer cada vez que habla a sus seguidores, citó una frase que se le atribuye al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, quien usó el mismo epíteto para referirse al dictador Anastasio Somoza García, el primero de la dinastía que gobernó Nicaragua tras la intervención de los marines en el país. 

“Allí estaban los vendepatrias, como esos que están detenidos. Ellos quisieran que los yanquis invadieran ya Nicaragua. Los peleles y vendepatrias eso querían, que un general gringo estuviera al frente de los votos. Eso no volverá a suceder en Nicaragua. Nunca, jamás”, estalló Ortega.

Analistas políticos que piden no ser identificados creen que Ortega se prepara para negociar con la comunidad internacional la inhabilitación política de los líderes políticos arrestados, así como una eventual expatriación para quitarse de encima sus liderazgos. “No es casual que los llame apátrida. Lo que quiere es sacarlos de Nicaragua, para que no tengan más incidencia en la vida política y él (Ortega) pueda seguir su dictadura sin opositores reales. Es un guion más o menos cubano, que expulsa a los críticos de la isla. No sé si la comunidad internacional vaya a comprarle eso”, coincidió otro analista. 

Llama “fascista”a gobiernos europeos

Divergentes.

Ortega no pareció este lunes ganador de unos comicios en los que controló cada aspecto del proceso. Furioso, eligió como su primer blanco de ataques al Gobierno español y a los parlamentarios de la Unión Europea (UE) que no reconocen como legítimas las elecciones del siete de noviembre.  “Entendemos el comportamiento de los gobiernos europeos, donde incluso gobiernan partidos fascistas, descendientes del franquismo –haciendo referencia al dictador  español Francisco Franco– gobernando España. Ahora quieren formar una internacional de fascismo en nuestra América, visitando a quienes se identifican con esas corrientes”, fustigó durante el 45 aniversario de la muerte de Carlos Fonseca Amador, uno de los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). 

“Que Europa entienda de una vez por todas, que estas tierras no gobiernan a los europeos”, prosiguió. La furia de Ortega llega el mismo día en que el Alto Representante de la Unión Europea, Josep Borrell, dijo que la integridad de los comicios quedó “anulada” “por el acoso y la intimidación sistemáticos de precandidatos presidenciales, dirigentes de la oposición, líderes estudiantiles y rurales, periodistas, defensores de los derechos humanos y representantes de empresas”.

“Estudiaremos todos los instrumentos a nuestro alcance para adoptar medidas adicionales, incluidas aquellas que puedan ir más allá de las restricciones individuales”, detalló el organismo en un comunicado. Por su parte, el Gobierno español calificó el proceso de “burla a la democracia y al pueblo nicaragüense”. José Manuel Albares, ministro de Exteriores de España, aseguró en un comunicado que su país “no reconoce las elecciones en Nicaragua, porque son una burla a la democracia, al pueblo nicaragüense y a la comunidad internacional”.

Su comparecencia terminó convirtiéndose en el acto de celebración de su victoria atribuida por un Consejo Supremo Electoral (CSE) controlado por el régimen. Con músicos, cohetes, fotos, sonrisas y bailes, los líderes sandinistas consolidaron finalmente el régimen de partido único, una vez que el rito de paso llegó a su recta final. Con siete candidatos de oposición encarcelados, un estado policial y todas las libertades cercenadas, las elecciones generales fueron tildadas de “farsa” con varios meses de antelación. Tras los resultados preliminares, el desconocimiento de otros países empieza a ser evidente. Al menos 40 países no han legitimado la reelección sandinista.

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Las condenas despertaron la furia de Ortega, quien utilizó los términos que siempre suelen acompañar sus discursos: “La Unión Europea tiene una mayoría de parlamentarios fascistas, nazis. Ellos fueron socios de Hitler, y ahora han sido instrumentos de la política intervencionista de los Estados Unidos”, despotricó. 

A su diestra, los dictadores se hicieron acompañar por los generales del Ejército Julio César Avilés y Bayardo Ramón Rodríguez. También de Gustavo Porras, presidente de la Asamblea y uno de los operadores políticos más leales del FSLN y del inspector general de la Policía, Jaime Vanegas Vega, quien llegó en representación de Francisco Díaz, director general de dicha institución. 

Al finalizar su discurso, Ortega intentó mostrarse conciliador. “Nosotros hemos dicho, incluso durante la época de Reagan, que queremos buenas relaciones con los Estados Unidos. Tenemos esa posición, de desarrollar relaciones de respeto, relaciones que parecen una utopía (…), pedirle a los imperios que respeten, pero estamos obligados a plantearlo”, finalizó. 

Al finalizar el acto, Murillo dijo a las cámaras que en Nicaragua “tenemos razones para celebrar, que nuestras elecciones se realizaron con la reafirmación de la voluntad popular”. El acto, controlado por el partido, tuvo la presencia de la Juventud Sandinista, familiares de los dictadores y los “acompañantes electorales” que intentaron sin éxito legitimar las elecciones sin competencia. Muchos de ellos se tomaron fotos con Ortega, sonriendo y alzando los puños.

Por su parte, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, rechazó este martes los resultados de las elecciones «ilegítimas» en Nicaragua y pidió a los países miembros que respondan a esta «clara violación de la Carta Democrática» durante la Asamblea General que inicia mañana.

Almagro se pronunció en su cuenta de Twitter sobre los comicios en los que el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, logró su quinto mandato en un proceso cuestionado por distintos sectores.

Además, difundió un informe sobre Nicaragua elaborado por la Secretaría para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA, en el que señala que la comunidad internacional «debe exigir la anulación» de esas elecciones «y hacer un llamado a la celebración de un nuevo proceso electoral».

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