Franklin Villavicencio
12 de enero 2023

Las omisiones de los “Three Amigos”

Three Amigos

En Ciudad de México finalizó una de las reuniones más importantes para la región, debido al papel fundamental de las tres naciones que se sentaron a discutir acuerdos económicos, comerciales y de migración. Los líderes de México, Estados Unidos y Canadá plantearon como primer punto de los acuerdos un ambicioso programa que busca la autosuficiencia de América del Norte, todo esto en medio del cuestionado liderazgo de Estados Unidos en el mundo, que debe su crisis en buena parte a la volátil era Trump. De fondo, y muy presente, estuvo también el tema de la migración, cuyas cifras llegaron a récords históricos en 2022. Sin embargo, la Cumbre dejó muchas preguntas sin responder y omisiones importantes. 

Todo apunta a que los “Three Amigos” esperarán los resultados de las últimas medidas que la Administración estadounidense aplicará a los migrantes de Nicaragua, Cuba, Haití y Venezuela. Según Biden y López Obrador, la migración de venezolanos se redujo drásticamente desde octubre de 2022, cuando fue puesta en marcha. Es decir, se espera que los números también bajen para el resto de nacionalidades.

Mientras tanto, México recibirá a todos los que no cumplan con las disposiciones de Estados Unidos. Y parece hacerlo con muy buena cara, aunque es evidente que los servicios empiezan a saturarse en ciertas zonas del sureste azteca; mientras que en las ciudades los procesos para solicitar refugio se alargan hasta la frustración de quienes necesitan esa condición y tienen la aspiración de establecerse en México.

Biden y López Obrador se mostraron claros de que la migración responde a múltiples crisis. Quienes lo hacen es porque no soportan la realidad de sus países. Es decir, del infierno del que salen y que los lleva a cruzar un purgatorio igual de brutal a través de Centroamérica y México. El presidente Biden dijo que nadie decide (porque sí) salir un día de su casa, vender todo para pagarle a un coyote, atravesar peligros y llegar a un país en el que se habla un idioma desconocido. El tratamiento de las causas —si en verdad se han comprometido a ello— es positivo. Un enorme paso ha sido que desde el discurso oficial el odio y la xenofobia que destilaba Donald Trump ha sido eliminado, aunque el efecto de sus palabras las siguen encarnando miles de migrantes en México y Estados Unidos. 

Ante este discurso, que es la conciencia mínima que se le podría exigir a un líder de Estado, el plan es fortalecer algunos sectores económicos de aquellos países que tienen las peores condiciones de vida. López Obrador mencionó en su discurso, al cierre de la reunión trilateral, sus intenciones en Honduras, El Salvador, Guatemala y Belice, para apoyar ciertas áreas —sobre todo los del campo— y que más personas tengan menos razones económicas para migrar. Se desconoce cuándo llegarán estos programas, y en qué forma. Nicaragua ha quedado excluida de estas intenciones, y su mención al lado de la palabra “cooperación” pareciera impensable.

Las intenciones de cooperación en Centroamérica es un punto a favor que no amerita réplica. La zona sufre el olvido de un mundo que se voltea impávido hacia los millones de problemas visibles en el horizonte, como la guerra en Ucrania y la crisis energética en Europa. La crisis parecía lejana, irresoluble.

Tal vez por ello la comunidad internacional ha entrado en una especie de somnolencia. ¿Qué se hace con Nicaragua? Podrían preguntarse, al igual que nosotros mismos. ¿Qué hacer con este país? Curiosamente, la estabilidad democrática de la región es un tema que, de forma impensable, han dejado al margen los líderes de América del Norte. En el campo de la especulación, es probable que las diferencias en cuanto al abordaje —sobre todo entre México con sus dos socios— hiciera propicia su omisión. Si la intención es ir tras las causas fundamentales de la migración, fue a todas luces una oportunidad desperdiciada el no dedicar un espacio en la agenda a discutir nuevas formas de abordar la cuestión, porque la crisis que viven los países bajo regímenes autoritarios seguirá expulsando cada día centenares de personas que buscan mejores condiciones económicas, pero también entornos propicios para desarrollarse humanamente. 

Es la democracia…

Migrantes cruzan fronterizo Río Bravo el 27 de diciembre de 2022, en Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua (México). EFE/ Luis Torres

Al menos en lo público, y en la hoja técnica de discusión presentada por la Casa Blanca, no se menciona nada referente a la estabilidad política de Latinoamérica ante el autoritarismo sin control de las dictaduras en Nicaragua, Cuba y Venezuela. Unas cuantas líneas del discurso hicieron una tímida mención a palabras como “derechos” y “justicia”. “Nuestro pueblo comparte lazos de familia y amistad y valora, por encima de todo, la libertad, la justicia, los derechos humanos, la igualdad y la democracia”. Otra fue: “Buscamos modelar un camino democrático y sostenible”.

Los tres líderes sí se pusieron de acuerdo para condenar el intento de golpe de Estado que los balsonaristas realizaron a los Poderes de Brasil, en un acto espejo —escena por escena— al de los trumpistas el 6 de enero de 2021 en el Capitolio en Washington. 

Un analista en temas internacionales me dijo que se perdió una oportunidad que pocas veces se tienen para conversar de forma trilateral sobre este tema. Él cree que responde a las divergencias políticas que el presidente López Obrador tiene al respecto con sus homólogos. 

Es posible que la política de silencio que el presidente mexicano mantiene hacia Nicaragua, Cuba y Venezuela; y su doblez en su doctrina de no intervención aplicada en ciertos casos impidiera que el tema se discutiera sin tensiones. Es pertinente recordar que se negó a asistir a la Cumbre de las Américas en junio pasado, ante la negativa de la Casa Blanca de invitar a los mandatarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Pidió, para ese momento, una postura de inclusión hacia los líderes autoritarios. 

Hoy, esos mismos liderazgos tóxicos vuelven a ser un tema pendiente a tratar, porque es complejo, porque nadie sabe cómo se puede lidiar con ellos sin cometer los desaciertos de políticas pasadas. Pero, mientras el terror se impone en las vidas de las sociedades que viven bajo esos entornos, la idea de migrar no cesará. Antes de 2018, la miopía de los empresarios nicaragüenses les llevó a creer que mientras existiera una relativa estabilidad económica, la suspensión de ciertas libertades no interferiría en el devenir del país. El modelo terminó estallando, y demostrando que el crecimiento del PIB no lo es todo, y que la inyección de recursos e inversiones deben ser llevadas en paralelo con el fortalecimiento de las instituciones.

La verdadera ruta para llegar a las “causas fundamentales” de la migración, también pasa por preguntarse cómo lidiar a corto plazo con las dictaduras que tienen una enorme responsabilidad en el destino de los migrantes que arriesgan sus vidas para poder salvarse del colapso.

ESCRIBE

Franklin Villavicencio

Periodista nicaragüense radicado en la Ciudad de México. Escribe para Divergentes. Ganador del Premio Ortega y Gasset en el 2022; y del Premio SIP a la Excelencia Periodística. Le interesan los temas sobre migraciones, derechos humanos y política.