Juan Carlos Gutiérrez Soto
5 de noviembre 2025

Lealtades rotas, pantallazos largos y el porqué sabemos tanto de la purga de Murillo 


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¿Por qué ahora se sabe tanto (y tan rápido) de las represiones de los codictadores contra su propia gente? La lista de “caídos en desgracia” crece: encarcelamientos recientes de autoridades edilicias en Bluefields (territorio históricamente controlado por Lumberto Campbell and family); la mano derecha del espionaje y la represión parapolicial, Moncada Lau; el general en retiro Baltodano (pieza de enlace con el gran capital y Zonas Francas); y, en un plano más histórico, Bayardo Arce, y los lugartenientes de Lenín Cerna. 

De mayor peso simbólico y familiar, Humberto Ortega. A todo eso súmese el inventario menos visible de exministros, exviceministros y exdirectores. Si la prensa independiente lo cuenta casi en tiempo real, salta una pregunta: ¿por qué las filtraciones crecen y circulan con mayor velocidad? Aquí un par de notas al respecto.

Sucesión es la prioridad. Como argumenté en Divergentes (Murillo, ¿la próxima Madame Mao de Nicaragua?), el tema central y actual en esa dictadura es la sucesión. Ella lo sabe y actúa en consecuencia. Si Maquiavelo es libro de cabecera de la co-dictadora, una de sus máximas está clara: al Príncipe (o a la Princesa) se le teme. Desconfianza sistemática y demanda de lealtad perruna no son novedades en su estilo (mis disculpas a los canes); lo nuevo es la intensificación de las pasadas de cuenta a lo interno de sus filas. La inminente “partida al otro plano” de su colega dictador acelera el reloj político y expande el perímetro del miedo. Junto a su par dictador controló a sus enemigos opositores, ahora ella protagoniza la pasada de cuentas a los sospechosos (reales o imaginarios) de su entorno inmediato. La lógica es preventiva: mejor cortar diez cabezas de ayer que tolerar una duda el día de mañana. De cuchillos largos y gran purga la Madame Mao de Nicaragua sabe mucho.

Ejemplaridad punitiva. El castigo no funciona en secreto. Para que eduque, debe ser visible. Por eso se da la elección de blancos con valor simbólico o real (económico, político o familiar). El mensaje que busca con los castigos es que se implante un pensamiento automático: “Si esto se lo hace al cuñado, al excomandante, al fundador del Ejército, ¿qué no hará con cualquiera de nosotros?”. En regímenes verticales, el miedo es el cemento; pero es un cemento muy costoso y frágil, aún más en temas de poder, Estado y sucesión.

Preparando recomendación…

Pueblo chico, infierno grande (aún más con WhatsApp). En un ecosistema hiperinformado, ocultar castigos a figuras fuertes es misión imposible. Las ciudades portuarias hablan, los pasillos uniformados murmuran y las aplicaciones (apps) distribuyen, y multiplican. No hace falta gran tecnología: basta una captura de pantalla a la hora de menor riesgo. La censura institucional choca contra la microfísica del chisme organizado, a propósito de la “microfísica del poder” que exponía un viejo francés, teórico sobre el poder y la represión.

Fugas en el casco del barco: desgaste y hastío. El crecimiento de filtraciones también expresa erosión de lealtades en los anillos cercanos. Cuando se purga a operadores históricos del Comanche y de la Doña, se desarma el “saber hacer” del sigilo. Los vacíos que dejan esas decisiones se llenan con novatos operativos y veteranos resentidos. El resultado es una mezcla explosiva de, incapacidad, incertidumbre y desafección. Donde antes había “convicción”, disciplina y códigos, ahora hay miedo, cálculo y, cada tanto, resistencia pasiva: “filtrar para vivir otro día”.

Este cuadro confirma lo esencial, y que quizás ya sabemos, del enfoque de sucesión: no estamos ante ajustes técnicos ni “errores de comunicación”, sino ante un rediseño del poder para una transición dinástica y personalista. La ejemplaridad del castigo pretende blindar el traspaso, pero produce un efecto secundario paradójico: cada sanción amplifica la circulación de información y, con ella, la sensación de que el barco hace agua por dentro. El mando vertical puede imponer silencio en la plaza pública, pero no en los grupos de mensajería donde conviven el miedo, la culpa y el hartazgo.

¿Qué nos dice Maquiavelo y que seguro ya ha leído Madame Mao-Ni? Que es mejor ser temido que amado… eso sí, siempre que no se sea odiado. El problema de gobernar solo con miedo es que el costo siempre termina creciendo: se necesitan castigos cada vez más espectaculares para sostener el mismo nivel de obediencia. Y cada espectáculo deja huellas, testigos, pantallazos, etc. En esa espiral, el control se confunde con la paranoia, y la sucesión, con una carrera contra el tiempo y contra todos los que estén a su alrededor.

Si las filtraciones no son un accidente, ¿podrían ser indicadores del deterioro de una estructura de poder que a falta de cohesión interna ejerce la intimidación? En el corto plazo, la represión puede servir para aterrar. En el mediano, rompen la base de esa estructura. Y, en el largo plazo, convierten la sucesión en un puente colgante hecho con lianas y madera podrida, con clima lluvioso. En cada paso que se da para asegurar la sucesión, se debilita más el puente, y la otra orilla, la de la sucesión, va mutando de realidad a ilusión. Pareciera ser que cuando el miedo se convierte en la única política, lo que reina no es la estabilidad, sino el temblor.

ESCRIBE

Juan Carlos Gutiérrez Soto

Sociólogo y politólogo, candidato a doctor en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca. Especializado en análisis sociopolítico y prospectivo. Exintegrante de Alianza Cívica, Unidad Nacional Azul y Blanco y Coalición Nacional. Actualmente exiliado y despojado de su nacionalidad por la dictadura nicaragüense. Fue director académico de la Universidad Centroamericana (UCA) en Nicaragua. Ha sido consultor senior e investigador para organismos internacionales y centros de pensamiento, entre ellos PNUD, UNICEF, IPADE, FUNIDES y Fundación Sin Límites.