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“Mi hija iba huyendo con el niño” de la violencia de género

Socorro Leiva, abuela del niño migrante encontrado en la frontera de Texas, al momento de enterarse a través de las noticias que su hija, Meylin Obregón, está secuestrada por mafias mexicanas. Carlos Herrera | Divergentes.

Francisco José Incer es de esos ancianos callados, un campesino silencioso. Por eso cuando gritó frente al televisor, Socorro Leiva se sorprendió. Tenía que ser algo grave… El abuelo reconoció de inmediato a su nieto llorando en la pantalla. 

— ¡Vení ve!, ese es el hijo de la Meylin — alertó Incer a su esposa, quien estaba cocinando la cena. La abuela también reconoció de golpe a Wilton, el niño de 10 años que hace más de una semana fue encontrado por la Patrulla Fronteriza en una zona desértica de Texas, donde las víboras cascabel y los animales salvajes son una amenaza para los miles de migrantes centroamericanos que tratan de cruzar la frontera para llegar a Estados Unidos. 

— ¡Ay!, él es… mirá ese bultito que trae en la mano; está pidiendo auxilio — dijo la abuela angustiada. 

Cuando las imágenes del niño fueron vistas por sus abuelos en un noticiero local, la caminata y el sollozo de Wilton ya lo había visto medio mundo, no solo por su dramatismo en sí, sino porque ilustra la primera crisis migratoria que enfrenta el gobierno de Joe Biden: millares de niños y niñas no acompañados que se agolpan en la frontera sur con la esperanza de recibir asilo, y que han colapsado el sistema de acogida norteamericano.  

Para Leiva fue un shock profundo ver a su nieto llorando en una tierra insospechada. “Fue raro, porque me sentí alegre y al mismo tiempo triste. Cuando vi que al niño lo cogieron, me dije ya está a salvo… pero de mi hija no sé nada todavía”, lamentó la abuela. 

De hecho, Leiva ignoraba muchas cosas antes de ver su nieto en las noticias. Primero –y más importante– no sabía que su hija, Meylin Obregón Leiva, había decidido migrar a Estados Unidos con el niño. A esta abuela las noticias le llegan muy tarde… En El Paraíso, la remota comunidad en la que habita, ni siquiera hay energía eléctrica y la señal de celular es intermitente. Para conseguir unas pocas barras, hay que hacer maniobras en el patio con el celular alzado. La única conexión en tiempo real que estos abuelos tienen con Nicaragua y el mundo es cuando entra la noche, conectan las baterías que los pequeños paneles solares cargaron, y prenden un televisor marca Sankey para ver Acción 10, el noticiero local. 

Fue en ese mismo noticiero que Leiva escuchó la noche de este nueve de abril otra noticia desgarradora: Acción 10 retransmitió una entrevista realizada por la cadena hispana Univision a su hijo residente en Miami, Misael Obregón, quien aseguró que mafias mexicanas mantienen secuestrada a Meylin, la madre del menor, porque no tiene el dinero para pagar el rescate. La abuela dice ser “fuerte”, ya que como partera de una comunidad tan aislada ha sorteado centenares de dificultades. Sin embargo, ya a sabiendas del secuestro, no pudo contener más el llanto. 

“Ya solo Dios con su poder puede librarla. En manos de esa gente cualquier cosa puede suceder”, teme Leiva. Su temor no es vano. La ruta de los migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos está plagada de peligros más considerables que cascabeles o alimañas. En México, antesala del “sueño americano” para los centroamericanos, hay mafias de toda índole. Coyotes desalmados y grupos delincuenciales que extorsionan, violan, esclavizan sexualmente o asesinan a migrantes, por ejemplo. 

Huye de la violencia de género

El Paraíso es una comarca ganadera, empotrada en el interior de las montañas de El Rama, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur, a más de 300 kilómetros de Managua. Para llegar al poblado atenuado por la brisa cálida, estrictamente hay que conducir sobre una tediosa trocha pedregosa y a veces lodosa, en la que el exuberante verde del pasto, los riachuelos y las orquídeas salvajes dan la sensación de que el nombre de la comarca tiene algo de fidelidad. 

Pero Meylin y sus dos hijos no vivían precisamente en El Paraíso. Desde hacía doce años que la mujer habitaba con su pareja, Lázaro Gutiérrez Laguna, en la comarca Montes de Oro, contiguo a El Paraíso. Ahora que deduce, Socorro Leiva sabe que su hija llegó a despedirse de ella unos ocho días antes de emprender la travesía hacia Estados Unidos. 

“Ella iba huyendo de algo con el niño”, dice Leiva con precaución. “Lázaro tenía una mala relación con ella. Todo el mundo aquí sabía de las infidelidades de él. A mi hija la corría de la finca a cada rato, le echaba las vacas encima, creo que la agredió fisicamente, pero ella regresaba por amor a sus hijos. Yo no decía nada porque en las relaciones de pareja no hay que meterse. Pero ese hombre cualquier cosa le podía hacer”. 

Al cabo de un tiempo, la madre se metió en la relación. Porque era demasiado. Primero, Leiva obligó a Gutiérrez Laguna a firmar un documento ante un pastor evangélico y un delegado de la comunidad, a través de la cual se comprometía a que si agredía de nueva cuenta a Meylin, ella lo dejaría. No surtió efecto. 

Este billar en la comarca El Paraíso queda frente a la casa de Socorro Leiva. A este establecimiento llegaba Lázaro Gutiérrez Laguna a acosar a su pareja, Meylin Obregón Leiva, secuestrada por las mafias mexicanas. Carlos Herrera | Divergentes.

La madre envió a su hija a la Fiscalía a interponer una denuncia contra el marido cinco días antes de partir hacia Estados Unidos. “Ella denunció todo en la Fiscalía… en la declaración dijo que no quería que él anduviera detrás de ella, ni rogándole ni nada”, relata Leiva a Divergentes. “La Fiscalía dio una orden para que él se presentara, pero no se presentó”. 

El acoso de parte de Gutiérrez Laguna siguió en esos días, según la madre de Meylin. El hombre llegó a tratar de arrebatarle a la mujer migrante a sus dos hijos. Pero no lo logró, porque Wilton dio pataleos y lloró para quedarse con su madre. El otro menor se quedó con Gutiérrez Laguna, y por eso Meylin solo viajó con Wilton, quien más de un mes después aparecería en los noticieros del mundo llorando y desorientado en el desierto texano. 

“Ella estaba angustiada. Sentí como que se estaba despidiendo de mí esos últimos días. Me dijo yo no puedo estar aquí, y yo le pregunté por qué… si yo soy tu madre, esta es tu casa. Pero ella me dijo ‘yo sé porqué le digo’. Lo que nunca imaginé es que se fuera a Estados Unidos, porque eso es lejos”, afirma Leiva. 

Meylin le confió a su hermano lo que sufría, y él, residente en Miami, gestionó todo el viaje irregular. Pero al final todo ha resultado fatídico. La mujer y su hijo –el pequeño ahora en poder de las autoridades migratorias estadounidenses– escaparon de un infierno para caer en otro. 

Murillo habla de “problemas en el hogar”

Socorro Leiva en su casa de habitación en la comarca El Paraíso. Carlos Herrera | Divergentes.

La mañana de este nueve de abril los vecinos de Montes de Oro se asustaron. Una patrulla policial llegó por Lázaro Gutiérrez Laguna. Según los comunitarios, el hombre fue trasladado a Managua. Horas más tarde, la Policía Nacional emitió un comunicado y confirmó que habían ubicado “al padre del niño Wilton”. 

Más tarde, la vicepresidenta Rosario Murillo dijo en su alocución diaria que Meylin “viajó el 7 de Febrero recién pasado a Estados Unidos, motivada por problemas en el hogar, de pareja, y como el niño era muy apegado con la mamá, él (su padre), Lázaro, estuvo de acuerdo en que la madre se lo llevara”. La vocera del gobierno de Daniel Ortega se mostró preocupada por el paradero de Meylin y Wilton. “Nuestra Policía Nacional, nuestro Ministerio de Gobernación, han hecho, están haciendo y siguen haciendo gestiones ante las Autoridades de Estados Unidos y las  Autoridades de México, para obtener información que nos lleve a ubicarlos Estamos también haciendo llegar esa solicitud de ubicación a la INTERPOL”, dijo Murillo. 

Socorro Leiva no quiso referirse a las declaraciones de Murillo, pero sí externó que si su hija es rescatada, y su nieto es entregado a su hijo en Miami, de plano desea que no regresen a Nicaragua. “Aunque este sea su país, yo temo… porque aquí, en este país, ni cuando las matan (a las mujeres) hacen algo. Es en vano. Aquí no tenemos ni cómo expresarnos, que nos escuchen”, lamenta la matriarca.

De acuerdo al organismo Católicas por el Derecho a Decidir, entre enero y el 7 de abril de 2021, 19 mujeres han sido asesinadas en Nicaragua, y 41 femicidios quedaron en grado de frustración. Estados Unidos fue para Meylin la única opción para no ser parte de estas cifras. Ese algo de lo que huyeron, según Leiva, es violencia de género.

“Huyen porque no tienen otra opción”

Carlos Herrera | Divergentes.

Desde la llegada de Joe Biden al poder en Washington, la migración de centroamericanos ha aumentado. El número de nicaragüenses hacia Estados Unidos está siendo más visible en los últimos meses, en una ruta transitada principalmente por caravanas de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos. A principios de abril, 42 nicas, entre los que se encontraban menores de edad, fueron rescatados de los coyotes en un motel de Minatitlán, al sur de Veracruz, en México. 

El presidente demócrata bajó el tono anti inmigrantes de su predecesor, Donald Trump. Sin embargo, un reciente informe publicado por el Southern Poverty Law Center (SPLC) señala que los inmigrantes indocumentados que están llegando a la frontera sur en busca de asilo no lo están haciendo porque en Estados Unidos hay un nuevo presidente, sino porque “no tienen otra opción”.

En  Centroamérica las opciones se reducen por la violencia generada por las pandillas, el crimen organizado, la pobreza, la falta de empleo, la violencia política y hasta la de género, como es el caso de Meyling. 

“El mundo es triste para las mujeres, porque las matan y eso queda como si nada en este país”, asegura Socorro Leiva. Ella mira en su celular la última foto juntos de su hija y su nieto, Wilton, antes de que la mafia los separara en la frontera texana. La historia de esta familia de El Paraíso, que entremezcla violencia de género y crisis migratoria, todavía no ha terminado.

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