Nicaragua enfrenta un segundo rebrote de COVID-19 que el gobierno minimiza

El Observatorio Ciudadano reportó del primero al siete de julio 221 nuevos casos sospechosos y 43 fallecimientos. Aunque disímiles, los datos del Minsa también admiten aumento de casos. DIVERGENTES conversó con algunos familiares de ciudadanos que fallecieron con síntomas de coronavirus. “En el barrio se han muerto nueve en estas dos semanas”, denuncian residentes de un barrio del Distrito Seis de Managua. Los funcionarios sandinistas siguen siendo golpeados por el virus, al igual que el personal sanitario.


En un barrio ubicado en el Distrito Seis de Managua la “muerte camina por las calles”, o al menos eso dicen los habitantes de ese lugar. En las últimas dos semanas nueve personas han fallecido con síntomas de COVID-19, y un número indeterminado de ciudadanos está contagiado por el virus. “Sí, es cierto”, confirmó bajo condición de anonimato un militante de “alto rango” del Frente Sandinista que fue consultado por DIVERGENTES. “El miércoles enterramos al último… estamos minados”, sostuvo el miembro del partido de gobierno, que lamentó el manejo inadecuado que el régimen orteguista ha dado a la pandemia en Nicaragua.

El gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo continúa sin tomar medidas que contribuyan a la disminución de los contagios en el país. En sus alocuciones diarias, la vicepresidenta Rosario Murillo se ha limitado a informar acerca de los sitios donde se están poniendo las vacunas contra el virus, al mismo tiempo que detalla las actividades de recreación que su régimen organiza en todos los departamentos de Nicaragua. Sobre el rebrote y las pruebas que se realizan en los centros hospitalarios no dice ni una palabra.

“Tenemos juegos de béisbol en cinco estadios. Luego tenemos 4,400 actividades desarrollándose esta semana, todas con el deber que tenemos de asegurar las medidas protectoras de nuestra salud. Tenemos deportes, tenemos actividades de recreación y cultura; ferias de la economía creativa, de la gastronomía; mercaditos campesinos”, anunció Murillo el último fin de semana.

Los datos de esta nueva ola de coronavirus preocupa a los médicos de los centros públicos y privados. En su último informe (1 al 7 de julio) el Observatorio Ciudadano COVID-19 registró 221 nuevos casos sospechosos en todo el país, 87 más que los reportados durante la última semana de junio. Los fallecimientos incrementaron de 34 a 43 en la última semana. Sin embargo, el dato podría ser mayor si se toma en cuenta que no todos los ciudadanos informan de las muertes de sus familiares.

Georgina*, por ejemplo, no llamó a los números telefónicos que tiene a disposición el Observatorio Ciudadano. Su padre falleció la semana pasada con sintomatología de COVID-19. “Mi papá no salía, no andaba de arriba hacia abajo. De pronto le comenzaron unos síntomas y a los días lo llevamos al hospital”, dice esta mujer que no sobrepasa los cincuenta años de edad y que pidió se cambiara su nombre por respeto a su familia.

El papá de Georgina fue intubado porque sus pulmones estaban a punto de colapsar. Dos días después los galenos del hospital Alemán Nicaragüense le informaron que había fallecido por una neumonía “que se complicó” porque no se atendió a tiempo. “Lo llegamos a traer y lo enterramos el mismo día. Él tenía todos los síntomas pero en el hospital le ordenaron a los médicos decirnos otra cosa”, aseguró esta habitante del barrio ubicado en el Distrito Seis de Managua.

Los doctores entrevistados por DIVERGENTES coincidieron en que la población bajó la guardia y que no toman las medidas de prevención. Carlos Herrera

DIVERGENTES publicó el año pasado una investigación que reveló cómo el régimen sandinista oculta las muertes por COVID-19 en Nicaragua. Gracias a una triangulación de datos y recopilación de decenas de testimonios de médicos y ciudadanos, se demostró que personas fallecidas por neumonías, diabetes y otras patologías, según el Minsa, en realidad murieron teniendo diagnóstico positivo de coronavirus.

En esos meses, durante los picos más altos de la pandemia, el gobierno manejó los resultados para presumir que contuvieron el virus con números bajos de fallecimientos y contagios. Sin embargo, la realidad en Nicaragua y los testimonios de los familiares de las víctimas, también dejó al descubierto la “estrategia” gubernamental. Una que continúan usando a juzgar por el acta de defunción que le entregaron a Georgina que refiere que su padre murió por “neumonía”.

Los datos del Minsa y las amenazas de Murillo

En su último informe, publicado este martes 13 de julio, el Ministerio de Salud admitió por décimo primera semana consecutiva un incremento de casos de COVID-19 (306 positivos). No obstante, la cifra de muertes a nivel nacional es inferior a la que denuncia el Observatorio y los ciudadanos de distintos barrios de Managua. En la semana del 7 al 13 de julio la institución de salud reportó un deceso por coronavirus.

En el barrio en el que vive Georgina no creen en las cifras del Minsa. “Si fuera verdad incluirían a los muertos que hemos enterrado en estas dos semanas”, expresó con molestia la ciudadana. “A dos cuadras de mi casa murieron dos de una misma familia en esa misma fecha que dicen. Son mentirosos”, agregó.

“Nuestra familia está de luto. Lo que dicen en el barrio es cierto, pero no queremos pleito con el gobierno”, sostuvo un familiar de esas dos personas que refirió Georgina.

Aunque el número de contagios está al alza y el propio Minsa ha informado durante once semanas consecutivas que tiene aumento de casos, la vicepresidenta Murillo se ha encargado de desacreditar a los médicos del sistema público y privado.

“Falsos médicos con falsos pronósticos, con falsas encuestas, noticias falsas, ya lo hemos dicho, medios de comunicación que nosotros llamamos chachalacos, urracas parlanchinas que se dedican a cantar únicamente malignidades, y bueno reiteramos, todo se paga en la vida, ayer decíamos, nadie es eterno, el que mal hace, mal le llega”, amenazó la también vocera del gobierno de Daniel Ortega.

Este martes el doctor José Luis Borgen, médico de la Unidad Médica Nicaragüense, fue citado por la Fiscalía para responder algunas preguntas sobre la atención que brindó a María Asunción Moreno, miembro de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia. La organización a la que pertenece el galeno ha monitoreado desde el inicio de la pandemia el comportamiento del virus y ha brindado atención gratuita a la ciudadanía.

“Como los médicos hemos sido el contacto crítico en cuanto a la forma en que se ha manejado la pandemia, la falta de transparencia en la información, probablemente ese sea el trasfondo de la entrevista”, expresó Borgen al entrar a la Fiscalía.

Salas llenas en el hospital Alemán

Los entierros exprés están volviendo a verse en el país. Archivo de Carlos Herrera | Divergentes.

El doctor González* está atareado. Coordina a enfermeros y enfermeras, organiza los turnos, los expedientes. El trabajo es extenuante, otra vez. Desde hace tres semanas los casos de COVID-19 en el hospital Alemán, ubicado también en el Distrito Seis de Managua, aumentaron considerablemente.

“Actualmente estoy atendiendo más de 10 casos al día. La mayoría son positivos y lo que más preocupa es que son jóvenes”, explica este doctor que, por temor a ser despedido, solicitó que le identificáramos como doctor González.

El médico expresó su preocupación porque la población más vulnerable es la que todavía no está vacunada contra la COVID-19 que, de acuerdo a la información oficial, está disponible para los adultos mayores de 50 años pacientes con enfermedades crónicas.

Ingrid*, una ciudadana que sobrevivió al virus y que afortunadamente fue dada de alta la semana pasada, confirmó lo dicho por el doctor González. Ella estuvo internada en el Alemán, específicamente en una sala llamada “miscelánea”, misma en la que alcanzan, amontonados, unos cuarenta pacientes.

“La sala estaba llenísima. Había una multitud de personas en las camas. Había más jóvenes que adultos mayores y el personal hospitalario era reducido”, dice esta mujer de 54 años originaria de uno de los barrios orientales de Managua.

Pero la “miscelánea” no es la única sala que está a tope en el hospital Alemán. El doctor González explicó que urgencias está igual y también otros sectores del centro hospitalario que en 2020 habían sido habilitados para atender a pacientes graves.

“El virus no se ha ido y no va a desaparecer. Los más jóvenes también son vulnerables pero no solo eso. También son quienes llevan el virus a sus padres, a sus abuelos, a toda esa gente que desafortunadamente no se ha vacunado. Ellos deben tomar más conciencia”, recomendó el doctor.

La diferencia de este rebrote con el pico del año pasado, opina otro médico del sector privado, es la actualización que han recibido los doctores para tratar el virus. En 2020 en esta misma fecha los galenos informaron de hasta 45 muertos al día. En ese momento no había tratamientos efectivos, tampoco antídotos. Los sepultureros abrían fosas por adelantado.

En el Alemán los pacientes que tienen altas sus defensas y son atendidos a tiempo son dados de alta con mucha más rapidez que el año pasado. Sin embargo, los casos continúan aumentando y temen que los hospitales colapsen y las muertes se eleven considerablemente.

“Los números del Observatorio son aterrizados a la realidad. Pero la gente que se queda en su casa o asiste tarde al hospital no sé si está siendo incluida en ese informe. Las muertes son mayores”, afirmó el doctor González, quien decidió omitir el número de decesos en el hospital Alemán. “Es por seguridad”, dijo.

Sandinistas fallecen “por otras causas”

La pandemia no es ajena a los funcionarios del régimen Ortega-Murillo. Desde el año pasado más de veinte funcionarios fallecieron con síntomas de COVID-19. Pero el gobierno decidió informar que los decesos habían ocurrido por otras causas.

El caso más reciente ocurre en el municipio de Nagarote, León. La alcaldía de esa localidad ha publicado en su página de Facebook tres publicaciones sobre muertes de funcionarios de esa comuna en tres días. Este lunes informó de la muerte por “infarto” de la vicealcaldesa Nelly Rueda. El domingo postearon sobre el fallecimiento de Eliezer Muñoz, y el 10 de julio expresaron condolencias por el deceso del concejal Tony Segundo.

Una fuente vinculada al Ministerio de Salud confirmó a DIVERGENTES que la nueva orden que tienen los médicos para disminuir el número de muertes por COVID-19 en los informes gubernamentales, es dictaminar que las muertes son provocadas por infartos agudos al miocardio, accidente cerebrovascular u otras causas que no tienen nada que ver con el coronavirus.

“El Minsa confirmó a lo interno que esta es una oleada de casos y que el contagio es evidente. Los médicos tienen orden de que todo paciente con cuadro respiratorio sea tachado como sospechoso de COVID-19. Sin embargo, esta cifra no es tomada en cuenta en el informe general”, afirmó la fuente estatal.

Hasta el martes 13 de julio, el Minsa acumulaba 8,767 casos positivos y 193 muertes. En contraste, el Observatorio reportó hasta el siete de julio 19,225 casos sospechosos verificados y 3,496 muertes sospechosas de coronavirus.

El pasado 13 de abril la dictadura confirmó la muerte del Secretario Privado de Políticas Nacionales, Paul Oquist Kelly, sin precisar la causa del deceso. El funcionario de origen estadounidense y de nacionalidad nicaragüense estuvo internado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Militar Alejandro Dávila Bolaños, en Managua, con un cuadro clínico sospechoso de Covid-19, aseguraron fuentes médicas consultadas por DIVERGENTES. Falleció a eso de las once de la noche de ese 12 de abril.

El 14 de mayo el diputado suplente por el FSLN, Bayardo Chávez Mendoza, falleció por “complicaciones respiratorias”, según confirmaron fuentes legislativas al diario La Prensa.

Tres semanas más tarde, el seis de julio, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) informó de la muerte del magistrado sandinista Francisco Rosales pero no brindó mayores detalles. Fuentes cercanas al círculo del exmagistrado aseguraron a DIVERGENTES que este había fallecido con síntomas de coronavirus.

Médicos sufren impacto del virus

Los doctores del sistema público y privado que están en primera fila atendiendo a los pacientes que presentan síntomas de COVID-19, también están expuestos a contagiarse del virus. Esta semana la Asociación de Otorrinolaringología de Nicaragua informó del fallecimiento de la Guiselle Amaya Silva, especialista en Otorrinolaringología.

El Observatorio Ciudadano detalló en su último informe que hasta el 7 de julio se reportaron 1,113 trabajadoras y trabajadores de salud con sintomatología asociada a la COVID-19. Hasta esta misma fecha se registran 147 muertes acumuladas entre el personal de salud. Solo esta semana informaron de 15 nuevos casos sospechosos y ocho muertes.

Los doctores del sistema público consultados por DIVERGENTES para la realización de este artículo también lamentaron la falta de empatía y de planificación del régimen de Daniel Ortega Murillo, no solo hacia los pacientes, sino hacia ellos como trabajadores expuestos al mortal virus.

“El Gobierno no acepta que estamos en un rebrote. Desde el inicio no acató las medidas de seguridad para la población y sigue negando de que esto se está saliendo de control. Las personas han bajado la guardia y algunas creen que como el gobierno no se pronuncia todo está bien”, expresó un galeno de un hospital público.

Otro médico alertó de que pese a que el régimen ha recibido donaciones de organismos internacionales para proteger a los doctores, estos equipos no son distribuidos de forma equitativa y en distintos hospitales del país, tienen que resolver consiguiendo sus propias mascarillas y demás insumos.

“Es un mal manejo de la pandemia. Además de no explicarle a la población el verdadero impacto que puede tener esta enfermedad en sus vidas, no protege al personal de salud y los obliga a realizar atención en los barrios, en las casas, en las salas que están llenas de pacientes, sin el equipo de protección adecuado”, denunció otro doctor.

Los doctores consultados manifestaron que si el Gobierno no toma decisiones pronto, Nicaragua podría experimentar una situación similar a la ocurrida en los meses de junio, julio y agosto del año pasado, cuando explotó la pandemia.

“El personal de salud se sigue exponiendo, sigue muriendo, y ellos dicen que fue por otras causas porque no quieren que la población se alarme. La gente se está muriendo, es gente joven y adulta. Al menos una persona al día muere en el hospital en el que yo trabajo. No sabemos hasta dónde vamos a llegar”, finalizó otro médico del sector público.

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