En Nicaragua, un país donde las abejas africanizadas circulan desde los años ochenta y pueden matar en minutos, no existen protocolos públicos del sistema de salud para prevenir riesgos cuando sus brigadas intervienen en el territorio. Tampoco hay campañas educativas que orienten a la población frente a un peligro real y documentado.
La muerte reciente de tres miembros de una misma familia en La Palma, Juigalpa —tras un ataque que pobladores atribuyen a una fumigación realizada por una brigada del Ministerio de Salud (Minsa)— deja al descubierto un riesgo que lleva años presente y que sigue ocurriendo sin prevención.
Mientras el control de enjambres suele recaer en cuerpos de bomberos, y el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (MARENA) tiene competencias sobre la fauna y su manejo; el sistema de salud también interviene a través de brigadas, sin que exista una coordinación ni protocolos compartidos para prevenir tragedias.
El ataque ocurrido en La Palma, Juigalpa, el 15 de abril de 2026, dejó al menos siete personas afectadas y tres víctimas mortales. Elías Rodríguez Duarte, de 58 años, murió el mismo día tras intentar proteger a su madre, Antonia Duarte Castillo, de 87 años, quien falleció diez días después. Jimmy Hair Rodríguez, de 35 años, sobrino y primo de las dos primeras víctimas, se rindió a la muerte el 1 de mayo tras permanecer hospitalizado por más de dos semanas.
Testimonios recogidos por medios locales coinciden en que el enjambre se alteró durante una fumigación realizada por una brigada del Minsa. A pesar de la gravedad del caso, hasta ahora la institución no ha emitido un informe público que explique lo ocurrido, ni las medidas adoptadas durante y posterior al incidente.
“Si esos maditos del Minsa las alborotaron y no alertaron a mi familia primo Elías Rodríguez Duarte, mamá Toñita, Jimmy… hay que demandarlos a esos del Minsa que solo alborotaron el enjambre de abejas y salieron corriendo… y dejaron e hicieron mucho daño a mi familia. Unamos nuestras voces y demandemoslos”, dijo una familiar de las víctimas.
Protocolos ausentes en la tragedia reciente

Para el doctor José Antonio Delgado Alvarado, Máster en Salud Pública, esta tragedia es el resultado de una falla en la gestión del riesgo dentro del sistema de salud. “Hay un error humano que provoca el alboroto del panal. Es un error directo, administrativo, que nunca se investiga dentro del sistema de salud”, afirma.
El especialista sostiene que el riesgo era previsible y debía formar parte de los protocolos operativos en territorios donde la presencia de abejas africanizadas es conocida desde hace décadas.
“Si ya se sabe que hay abejas africanizadas en todo el país y se conoce cómo reaccionan, esa información debe trasladarse a las brigadas. Aquí hubo una falla en la preparación y en la aplicación de protocolos”, señala.
A su juicio, la responsabilidad no se limita al personal que ejecutó la fumigación, sino que alcanza a la cadena de mando encargada de establecer lineamientos claros para intervenir en campo. “El director del SILAIS es responsable de los protocolos. Si existen, no se aplicaron. Y si no existen, es una falla institucional”, sostiene.
Alta letalidad sin prevención pública
El experto en Salud Pública explica que las abejas africanizadas presentan características que incrementan su peligrosidad. Atacan en grupo, reaccionan ante estímulos mínimos y pueden perseguir a una persona durante varios cientos de metros.
Un enjambre puede movilizar entre 300 y 1000 abejas en segundos. Una víctima puede recibir más de 500 picaduras en pocos minutos, lo que provoca intoxicación sistémica por veneno.
“Las complicaciones incluyen daño muscular, falla renal, afectaciones cardíacas y compromiso respiratorio. En personas alérgicas, una sola picadura puede provocar un choque anafiláctico”, dijo el experto.
El Mapa Nacional de la Salud del Minsa no incluye una categoría específica para muertes por ataques de abejas. Estos casos se agrupan dentro de “otras causas externas”. Esta clasificación impide conocer cuántas personas mueren cada año por este tipo de incidentes.
Los pocos registros disponibles provienen de reportes de prensa, en su mayoría retomados por medios oficialistas, que documentan personas afectadas y al menos 13 muertes por ataques de abejas africanizadas entre 2023 y 2026.
Los episodios más trágicos

En 2023 se registró el episodio más letal documentado en los últimos años. Un ataque masivo de “abejas asesinas” en el municipio de San Sebastián de Yalí, en Jinotega, dejó siete personas muertas tras un accidente de tránsito que perturbó un enjambre, mientras que en Matagalpa se reportó otro fallecido en un hecho separado, elevando a siete las víctimas en un corto período. En total, decenas de personas resultaron afectadas por estos ataques en el norte del país.
En 2024, los incidentes continuaron en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte, particularmente en zonas como Mulukukú, donde se reportaron al menos dos muertes y varios lesionados tras ataques en comunidades rurales. Entre las víctimas se encuentra un hombre con discapacidad que se movilizaba en silla de ruedas y que no pudo escapar del enjambre, lo que evidencia el alto nivel de vulnerabilidad frente a este tipo de ataques.
El episodio más reciente fue reportado el jueves 7 de mayo en Ocotal, Nueva Segovia, donde un enjambre de abejas africanizadas atacó a estudiantes y personal docente en la Escuela Monseñor Madrigal, lo que obligó a evacuar el centro educativo. El Cuerpo de Bomberos intervino para controlar la situación y atender a las personas afectadas por las picaduras.
Un especialista en derecho consultado para este reportaje, que pidió omitir su nombre por razones de seguridad, sostiene que un caso como el ocurrido en Juigalpa tendría consecuencias judiciales en un contexto con independencia institucional.
El jurista explica que, si se comprueba que una mala intervención de la brigada sanitaria del Minsa provocó la activación de un enjambre en una zona donde el riesgo es conocido, existirían elementos suficientes para investigar posibles responsabilidades por negligencia en el ejercicio de la función pública.
“Estamos hablando de una acción de una entidad pública que termina en la muerte de tres personas. Eso, en un país normal sin dictadura, activaría mecanismos de control, auditoría e incluso cargos penales. Las abejas no son el problema, pero sí la irresponsabilidad institucional”, señala.
La historia de las abejas africanizadas en Nicaragua
Las abejas africanizadas no son un fenómeno nuevo en Nicaragua. Investigaciones de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, publicadas en 2017 en su repositorio institucional, documentan su llegada al país en 1984 como parte de la expansión natural de esta especie desde Sudamérica. Desde entonces, se han adaptado completamente al entorno tropical.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha descrito su impacto en Nicaragua como una transformación del sector apícola, mientras informes técnicos de la Bluefields Indian and Caribbean University (BICU), divulgados en 2020, confirman su presencia en todo el territorio nacional.
Un informe técnico de esa universidad, ubicada en la Costa Caribe, muestra que las abejas se desarrollan en distintos ecosistemas del país, desde zonas boscosas hasta áreas urbanas. El estudio confirma que no se trata de focos aislados, sino de una presencia extendida a nivel nacional. Aun así, no existe una estrategia clara entre las instituciones encargadas de manejarlo.
Un riesgo que también cumple una función
Las abejas africanizadas no son una especie ajena al ecosistema ni cumplen un rol negativo por sí mismas. Se trata de una variante de la abeja melífera (Apis mellifera), la misma que produce miel y desempeña una función clave en la polinización de cultivos y plantas.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, las abejas son esenciales para la seguridad alimentaria, ya que una parte significativa de los cultivos depende de su labor de polinización. En regiones tropicales, además, las abejas africanizadas han demostrado una alta capacidad de adaptación y resistencia.
La diferencia no está en su función, sino en su comportamiento. A diferencia de otras abejas, reaccionan de forma más rápida y agresiva ante estímulos, atacan en grupo y pueden perseguir a una persona a largas distancias.
Sin manejo adecuado, ni protocolos claros, una especie clave para el equilibrio ambiental puede convertirse en un riesgo para la población.
Recomendaciones que no se enseñan en Nicaragua
A diferencia de Nicaragua, países como Costa Rica y Panamá sí tienen información disponible para la población sobre cómo prevenir y reaccionar ante ataques de abejas africanizadas. Cuerpos de bomberos y autoridades de protección civil en estos países han desarrollado guías y recomendaciones públicas que orientan a la gente sobre qué hacer antes, durante y después de un ataque.
Estas son algunas de las medidas básicas que sí se difunden en otros países:
Cómo identificar y evitar un enjambre
- Prestar atención a ruidos intensos y constantes de abejas en árboles, techos o estructuras
- Evitar zonas donde se observen abejas entrando y saliendo de un mismo punto
- No acercarse a colmenas visibles, incluso si parecen inactivas
- Mantener distancia de áreas con vibraciones o maquinaria, como podadoras o motores
- Alertar a bomberos y no intentar remover el enjambre por cuenta propia
Qué hacer al detectar un enjambre cercano
- Alejarse lentamente sin hacer movimientos bruscos
- Evitar ruidos, golpes o vibraciones cerca del área
- No lanzar objetos ni intentar ahuyentarlas
- Advertir a otras personas en la zona, especialmente niños y adultos mayores
- Contactar a cuerpos de emergencia para su manejo
Qué hacer durante un ataque
- Correr de inmediato en línea recta y lo más rápido posible
- Proteger el rostro con la ropa o las manos
- Buscar refugio en un espacio cerrado, como una casa o vehículo
- Evitar lanzarse al agua, ya que las abejas pueden esperar para seguir atacando
- No agitar las manos ni intentar espantarlas
- Una vez a salvo, retirar los aguijones raspando la piel
- Buscar atención médica urgente si hay múltiples picaduras o dificultad para respirar
Mientras tanto, en Nicaragua la gente sigue expuesta a estos ataques sin orientación clara. En un escenario donde un enjambre puede matar en minutos, no saber qué hacer puede marcar la diferencia entre vivir o morir.