Las remesas enviadas por los migrantes continúan como una de las principales fuentes de ingresos de Nicaragua. En 2025 alcanzaron los 6101 millones de dólares y para 2026 podrían superar los 6700 millones, según las proyecciones de Diálogo Interamericano, el reconocido centro de pensamiento radicado en Washington. Sin embargo, el crecimiento de estos recursos contrasta con la limitada capacidad de ahorro de las familias nicas que los reciben.
Un nuevo informe de ese organismo revela que apenas el 43.3% de los receptores de remesas encuestados para el estudio en Nicaragua afirma ahorrar, el porcentaje más bajo entre cuatro países centroamericanos. La proporción es del 50.3% en Honduras, del 54.4% en Guatemala y del 68.4% en El Salvador.
¿Por qué los nicaragüenses que reciben remesas ahorran menos que sus vecinos? Para el investigador Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, la explicación está principalmente en los bajos salarios, la informalidad laboral y la elevada dependencia de los ingresos enviados desde el extranjero.
“La razón principal estriba en que es un país que no genera suficiente riqueza e ingreso a su fuerza laboral”, explica Orozco a DIVERGENTES.
El investigador sostiene que esta situación no es reciente, sino que responde a problemas económicos acumulados durante al menos dos décadas y profundizados por las condiciones políticas del país.
El hallazgo forma parte del informe Current Challenges to Remittances and Migration: Options for Central America, publicado en octubre de 2026. La investigación incluye una encuesta realizada entre febrero y marzo de este año a 1100 receptores de remesas de Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador.
Salarios bajos y remesas para cubrir la canasta básica

Una de las principales diferencias entre Nicaragua y sus vecinos está en los ingresos laborales. Según los datos comparativos proporcionados por Orozco, el salario promedio nicaragüense es de 285 dólares, frente a 425 dólares en Honduras, 514 en El Salvador y 545 en Guatemala.
La brecha es todavía mayor respecto a Costa Rica, donde el salario promedio utilizado en la comparación alcanza los 1045 dólares.
En términos relativos, un trabajador nicaragüense percibe en promedio alrededor del 67% del salario hondureño, el 55% del salvadoreño y el 52% del guatemalteco. Esta diferencia ayuda a explicar por qué las remesas tienen un peso mayor en los ingresos de los hogares nicaragüenses.
La brecha entre ingresos y gastos también se refleja en el costo de la canasta básica. Según el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), en julio de 2026 los 53 productos que la integran costaban 21 474 córdobas mensuales, equivalentes a unos 587 dólares. Este monto, calculado para un hogar de seis personas, supera el doble del salario promedio individual utilizado por Orozco en su comparación.
A esta situación se suma que, según las proyecciones del informe del Diálogo Interamericano para 2026, Nicaragua es el país con mayor dependencia económica de las remesas entre los cuatro países centroamericanos analizados.
El investigador estima que en Nicaragua la dependencia de estos envíos supera el 70% de los ingresos de las familias receptoras, mientras que en los países vecinos oscila entre el 45% y el 60%.
En otras palabras, para muchos hogares nicaragüenses las remesas no constituyen un ingreso complementario que pueda destinarse a inversiones o ahorros, sino una parte fundamental del dinero disponible para sostener sus gastos cotidianos.
La elevada informalidad laboral también limita las posibilidades de generar ingresos estables. De acuerdo con las cifras citadas por el investigador, el 74% de la fuerza de trabajo y el 80% de las empresas operan en la economía informal.
“Los ingresos no dan, y las remesas lo que hacen es complementar lo suficiente para la canasta básica. En ese sentido, queda poco por ahorrar”, explica.
Orozco señala que Nicaragua ha mantenido una capacidad de ahorro sustancialmente menor que sus vecinos durante los últimos veinte años, incluso entre las personas que reciben remesas.
Falta de inversión limita los ingresos familiares
Los resultados de la encuesta reflejan esa diferencia. En Nicaragua, el 56.7% de los receptores consultados respondió que no ahorra, frente al 49.7% en Honduras, el 45.6% en Guatemala y el 31.6% en El Salvador.
La investigación mide el porcentaje de personas que declara ahorrar, pero no cuánto dinero reserva cada una ni qué proporción de las remesas destina a ese propósito.
Los bajos ingresos no solo impiden que las familias nicaragüenses ahorren. También las obligan a recurrir al crédito para cubrir sus necesidades, en lugar de invertir en bienes que mejoren su patrimonio.
El economista Manuel Orozco explica que el endeudamiento destinado al consumo supera al financiamiento para vivienda. Incluso quienes consiguen ahorrar enfrentan dificultades para reunir el dinero necesario para comprar una casa.
A este problema se suma la falta de confianza para invertir en Nicaragua. Según Orozco, las condiciones políticas y económicas afectan la inversión privada, lo que limita la creación de empleos y las oportunidades de mejorar los salarios. Con menos alternativas para generar ingresos, las familias siguen dependiendo de las remesas para cubrir sus gastos.
Las advertencias del Departamento de Estado
Estas preocupaciones coinciden con las advertencias del Departamento de Estado de Estados Unidos. En su reciente informe sobre el clima de inversión de 2026, señala las confiscaciones sin debido proceso, la falta de garantías sobre la propiedad privada y el mayor control estatal como riesgos para los inversionistas.
El documento también cuestiona la Ley de Inversión Extranjera de 2025, que estableció un registro obligatorio y creó una comisión supervisora de la que forma parte Laureano Ortega Murillo, hijo de los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Para Orozco, la falta de confianza frena las inversiones que podrían generar más oportunidades económicas. Esto contribuye a mantener a las familias con ingresos insuficientes para ahorrar o adquirir una vivienda, mientras las remesas continúan siendo indispensables para completar el presupuesto del hogar.
“Con la transformación de captura de Estado, se profundiza más la dificultad de contar con alternativas al ingreso y el costo de vida se vuelve más alto”, afirma.
Remesas crecerán apenas 2.5% en 2027
El Diálogo Interamericano proyecta que Nicaragua recibirá 6772 millones de dólares en remesas durante 2026, un aumento del 11% respecto a los 6101 millones registrados en 2025. Para 2027 estima ingresos por 6941 millones de dólares, lo que representaría un crecimiento de apenas el 2.5%.
Esta fuerte desaceleración preocupa por la baja capacidad de ahorro de las familias nicaragüenses, que las deja más expuestas a una eventual reducción de sus ingresos.
La diferencia es considerable. Mientras en 2026 las remesas aumentarían en 671 millones de dólares, durante 2027 el incremento sería de 169 millones. Esto significa que Nicaragua seguiría recibiendo más dinero del exterior, pero el crecimiento anual sería 502 millones de dólares menor.
La desaceleración proyectada, de 8.5 puntos porcentuales, sería la más pronunciada entre los cuatro países analizados.
En Honduras, el crecimiento de las remesas pasaría del 10.5% en 2026 al 5% en 2027; en Guatemala, del 6% al 3.5%; y en El Salvador, del 4.8% al 2.5%.
El informe atribuye la desaceleración regional a cambios en los flujos migratorios, entre ellos la disminución del número de personas que envían remesas y el aumento de las deportaciones.
Entre 2024 y 2026, el número estimado de remitentes hacia los cuatro países pasaría de aproximadamente 6.16 millones a 5.68 millones, una reducción cercana a 480 000 personas.
Aunque el monto promedio enviado por transferencia aumentaría de 386 a 470 dólares durante ese período, Orozco advierte que la reducción de los flujos migratorios podría limitar el crecimiento futuro de las remesas.
¿Qué pasaría si las familias reciben menos dinero?

Para Orozco, el principal riesgo es la elevada dependencia de los hogares nicaragüenses de los ingresos enviados desde el extranjero.
El investigador calcula que, en un escenario en el que las remesas representen el 65% de los ingresos familiares, una disminución del 10% en esos envíos reduciría el ingreso total del hogar en alrededor del 7%.
Orozco estima que aproximadamente 1.1 millones de los 1.7 millones de hogares nicaragüenses dependen de las remesas y de la economía informal, una combinación que amplía el alcance de cualquier deterioro económico.
Además, considera que una contracción de los ingresos podría afectar a buena parte de la población, incluidos trabajadores del sector formal, como los empleados de zonas francas e instituciones públicas.
También advierte que las dificultades podrían agravarse si una disminución de las exportaciones y las presiones sobre el costo de las importaciones encarecen todavía más los productos que consumen las familias.
La gravedad de los efectos dependerá, según Orozco, de las medidas que adopte el régimen Ortega-Murillo para reducir los riesgos. No obstante, el investigador cuestiona la capacidad de respuesta estatal bajo las condiciones políticas actuales y considera que incluso eventuales ajustes cambiarios no impedirían que la población resienta el deterioro económico.
Tres años de altos costos, bajos ingresos y menos empleo
Orozco advierte que una eventual reducción de las remesas agravaría las dificultades económicas que ya enfrentan las familias nicaragüenses, especialmente aquellas que dependen de estos ingresos para cubrir sus necesidades básicas.
“El gran problema es que este será el tercer año consecutivo en que miles de hogares están enfrentando altos costos, bajos ingresos y menos empleo”, señala el investigador, quien considera que la persistencia de estas condiciones también genera ansiedad e incertidumbre sobre el futuro económico de las familias.
El informe del Diálogo Interamericano recomienda fortalecer el ahorro formal, ampliar el acceso a servicios financieros y facilitar inversiones en vivienda y pequeños negocios para reducir la vulnerabilidad de los hogares receptores. Sin embargo, Orozco sostiene que en Nicaragua el problema va más allá del acceso a cuentas bancarias o créditos, porque los ingresos laborales resultan insuficientes para cubrir los gastos cotidianos.
Para el investigador, el desafío es generar mejores empleos e ingresos que reduzcan la dependencia de las remesas. Mientras las familias necesiten utilizar buena parte de ese dinero para completar la canasta básica, tendrán pocas posibilidades de ahorrar, adquirir una vivienda o invertir en actividades que mejoren su situación económica.