Daniel Ortega intenta presentar a China como un sustituto económico viable ante una eventual suspensión del DR-CAFTA, pero las condiciones actuales demuestran lo contrario. Mientras Estados Unidos analiza la suspensión de beneficios fiscales y el aumento de aranceles por violaciones a los derechos humanos y laborales en Nicaragua, el régimen sandinista aprobó una nueva Ley de Zonas Económicas Especiales que favorece a inversionistas extranjeros aliados, principalmente chinos.
Sin embargo, un análisis del economista Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, revela que la apuesta del orteguismo conlleva altos costos económicos, sociales y estratégicos para Nicaragua.
Con la nueva Ley de Zonas Económicas Especiales, el régimen sandinista busca profundizar su relación económica con China, otorgando privilegios a aliados económicos, sin control institucional, ni transparencia. Según Orozco, el vínculo con China no solo implica una dependencia comercial, sino también cláusulas contractuales desfavorables, baja ejecución de proyectos y ausencia de beneficios para la población.
La apuesta por China incluye préstamos, concesiones mineras, importaciones masivas de bienes y una estructura de endeudamiento sin condiciones de supervisión ni cláusulas sociales. Entre 2023 y 2025, Nicaragua ha recibido 1078 millones de dólares en financiamiento chino, pero con condiciones desfavorables. “China no ha desembolsado más del 20 por ciento de esos préstamos. Aun así, el país está comprometido a pagarlos con cláusulas adelantadas y sin supervisión sobre las condiciones laborales”, detalla Orozco.
Régimen apuesta por China en plena crisis

Según el análisis del economista, Nicaragua “se ha convertido en uno de los países de América Latina con mayor dependencia relativa de la República Popular China”. Esa cercanía no solo responde a decisiones comerciales, sino a una estrategia política orientada a reemplazar a Estados Unidos como principal socio económico, en medio del deterioro de las relaciones diplomáticas y la posible suspensión del CAFTA.
Esta apuesta coincide con un contexto crítico para la economía nacional. El Gobierno enfrenta una desaceleración económica, caída del consumo privado, pérdida de empleos en zonas francas y una creciente informalidad laboral. “La actividad económica se mueve más lentamente a pesar del flujo de remesas, que crecerán un 20% en 2025 y superarán los 6.2 mil millones de dólares”, advierte Orozco.
El retroceso en exportaciones también debilita la promesa de China como motor de crecimiento. “El crecimiento de las exportaciones es solo del 1% y se debe principalmente al aumento de precios del oro. Otros sectores no crecen al mismo ritmo y la proporción de exportaciones respecto al PIB sigue estancada”, indica el experto.
Régimen intensifica dependencia China
El economista sostiene que el régimen ha intensificado su dependencia de China, desde que en 2023 se redujo el financiamiento del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), especialmente tras la salida de su expresidente Dante Mossi. En apenas dos años, Nicaragua ha contratado más de 1000 millones de dólares con China, desplazando al organismo multilateral como su principal fuente de financiamiento externo.
Además, el crecimiento de las importaciones chinas, impulsado por lazos directos entre empresarios cercanos al clan Ortega-Murillo y comerciantes chinos, ha generado un profundo malestar en sectores productivos locales. El informe recoge testimonios que revelan desplazamiento de negocios nicaragüenses, prácticas abusivas en zonas comerciales y explotación laboral.
Orozco afirma que “la gente se preocupa por la disminución de las ventas y la competencia desleal de las empresas chinas”. Y aunque la relación con China crece rápidamente, sus impactos sociales han sido negativos. “Lo que comenzó como bromas y chismes sobre la invasión china de tiendas, mercados y ciudades se ha convertido en ira y descontento”, señala el análisis del experto.
El economista resalta que esta estrategia de sustitución de socios es parte del aislamiento intencionado de Nicaragua del mundo democrático. “La dictadura tiene la intención expresa de desplazar a Estados Unidos y aumentar sus lazos con China. De hecho, si no fuera por las remesas provenientes de ese país, la injerencia económica china ya sería enorme”, destacó.
Estados Unidos contempla medidas más severas
El endurecimiento de la política exterior estadounidense hacia Nicaragua aún no ha sido pleno. Según Manuel Orozco, investigador del Diálogo Interamericano, si bien se han aplicado sanciones individuales y restricciones en organismos financieros internacionales, “no todos los componentes de la Nicaragua Act y la RENACER Act fueron plenamente implementados”.
Para Orozco, la radicalización del régimen sandinista ha tenido efectos que trascienden las fronteras del país. “Lo que hay que reconocer es que el statu quo no ha favorecido a Estados Unidos, ya que la radicalización de la dictadura ha causado daño a los nicaragüenses, a sus vecinos y al propio Estados Unidos”, señala. Además, plantea que existe una “caja de herramientas de política” a disposición del Gobierno estadounidense, que va desde sanciones económicas, hasta medidas diplomáticas severas.
Entre esas posibles acciones se contemplan sanciones comerciales por abusos laborales para aumentar el superávit, penalizaciones a socios que importan productos chinos, y restricciones a funcionarios que se enriquecieron con préstamos externos, promovieron la represión con apoyo ruso o facilitaron el tráfico migratorio hacia EE. UU.
La propuesta también incluye una hoja de ruta con cuatro pasos: restaurar derechos humanos, derogar leyes represivas, reformar las instituciones de seguridad y justicia, y convocar a un diálogo nacional. “Estas no son opciones para derrocar al régimen, sino más bien para cambiar el equilibrio de poder para que los grupos cívicos puedan aprovechar su movilización a través de estas presiones”, aclara.
Aunque Nicaragua no representa una amenaza militar, Orozco advierte que Ortega-Murillo se han convertido en una “pesada carga contra Estados Unidos”. Y añade que “no solo los insultos, sino las acciones de la dictadura son actos provocativos y agresivos motivados por el odio hacia ese país. Una mano dura hacia Nicaragua no es una cuestión de riesgo moral”.