Hay una canción de Manu Chao que samplea locutores de Radio Reloj mientras dicen las horas de La Habana, Managua y San Salvador. Siempre la recuerdo cuando agendo una reunión con mi equipo. Ellos trabajan desde diferentes países y la aplicación de reloj mundial de mi compu me lo recuerda a diario. Ahí están las horas de menos y las de más que me separan de mis colegas.
Casi como un ritual, nos juntamos cada lunes para ver qué hicimos mal, qué salió bien y cómo mejorar. Estas reuniones también nos recuerdan lo feo que es el exilio, esa distancia física y emocional que acabó con las conversaciones entre compañeros en muchas redacciones. Antes nos sentábamos a debatir temas con los editores. De ahí salían buenas notas o solo pláticas para matar las horas, pero hasta eso era parte de hacer periodismo juntos.
Dejando a un lado la nostalgia, el periodismo nica se juega la vida tratando de mantener una ética de cuidado y un criterio humano, en lugar de caer en la rapidez y la automatización. Hacer periodismo desde el exilio no es solo aguantar la represión, sino defender el rigor y la sensibilidad humana como las únicas formas de ganarle al ruido y la desinformación.
Dirigir esta redacción me enseñó algo clave que me hizo crecer como profesional. La represión en Nicaragua no solo cambió el periodismo, también nos cambió a nosotros. Cambió cómo nos juntamos, cómo hablamos, cómo nos cuidamos y cómo publicamos. Cambió la forma de mantener una rutina cuando ya no estamos en la misma oficina, cuando los colegas están lejos y cuando la noticia sigue siendo urgente, pero la vida se puso más difícil.
Ya he hablado de lo valiente, duro y desafiante que resulta hacer periodismo sobre Nicaragua desde fuera del país. No quiero reciclarme ni convertir cada texto en un lamento permanente. Este primero de marzo quiero revisar también lo que hemos hecho para seguir.
Hacer periodismo no es publicar por publicar ni llenar las redes sociales con cualquier cosa. Es informar de verdad y con tanta propaganda, desinformación y ruido, toca explicar, verificar y dar contexto. La rapidez no lo arregla todo. También debemos ayudar a entender qué pasó, por qué pasó, a quién afecta y qué está en juego.
También exige cuidado. Cuidado con las fuentes, con el lenguaje y con colegas que viven con estrés, dudas y cansancio acumulado. Por mucho tiempo admiramos al periodista que lo aguantaba todo, hasta lo idealizamos. Pero la vida nos enseñó que eso no funciona. Una redacción no sale adelante sin cuidarse y apoyarse. El trabajo se vuelve inhumano si se convierte en una máquina de hacer notas y desgastar gente.
Hacer periodismo para Nicaragua también es mantener la constancia. Mantener las juntas del lunes, las discusiones de temas, la corrección de errores y los estándares, aunque las cosas estén complicadas. Mantener una mesa editorial entre ciudades, aunque a veces la distancia se sienta mucho. Mantener la disciplina, aunque todo invite al caos. Ese trabajo constante, a veces invisible, es lo que mantiene viva una redacción.
Y también hay que ser creativos. Debemos seguir siendo relevantes y encontrar formas de contar historias que conecten con gente nueva, con jóvenes que se informan en otras apps y con personas que necesitan contexto, aunque no tengan mucho tiempo. Ser creativos no es disfrazar la noticia ni buscar el puro entretenimiento, sino encontrar mejores formas de hacer llegar el periodismo con calidad.
Ahora tenemos otro reto, más nuevo y silencioso: la inteligencia artificial. Lo digo sin entusiasmo ingenuo y sin rechazo automático. La IA puede ayudar a ordenar información, apoyarnos con transcripciones, acelerar tareas y asistir en procesos. Negarlo sería tonto. Pero también puede meternos en una trampa y hacernos creer que el periodismo es solo producir texto cada vez más rápido.
No apuntamos a ser una redacción que dependa de la inteligencia artificial.
Un buen prompt sirve como herramienta que ayuda a ordenar ideas y destrabar un texto. Pero no reemplaza una fuente, una llamada o una conversación con tu editor en la que alguien duda y otro contradice. No reemplaza el criterio para decidir qué publicar, qué esperar, qué contexto falta, qué palabra puede hacer daño y qué dato todavía no está bien verificado.
No estamos en contra de innovar; lo necesitamos y trabajamos todos los días para aprovechar esas herramientas. Ahí está el Divergentes IA Recirculator, un widget basado en IA que nuestro equipo de Tecnología está programando junto a mentores expertos, con el apoyo de la Sociedad Interamericana de Prensa, Marktube Group y Google News Initiative, y que pronto estará en nuestro sitio web.
No vamos a cambiar la sensibilidad por la rapidez y tampoco dejaremos que la automatización nos quite la oportunidad de vernos a los ojos, aunque sea por una pantalla, con quienes confían en nosotros para contar sus historias. El corazón de una redacción sigue siendo humano: una reportera que pregunta, un editor que duda, un productor que insiste, un equipo que debate y se corrige. Ahí siempre va a estar la esencia del periodismo.
Y el lunes, cuando encienda mi compu, me sirva el café y vea ese reloj, volveré a leer esas horas:
–Siete de la mañana en Calgary, Canadá
–Tres de la tarde en Madrid, España
–Nueve de la mañana en Managua, Nicaragua
Ese reloj siempre me recuerda lo mismo: no importa dónde estemos, compartimos el mismo tiempo para seguir haciendo el periodismo que Nicaragua todavía necesita.
ESCRIBE
Néstor Arce
Cofundador, director y productor multimedia de Divergentes. Junto a su equipo ha obtenido el Premio Ortega y Gasset 2022, el premio de la Sociedad Interamericana de Prensa 2022, nominado al Premio Gabo 2021 y los premios a la Excelencia Periodística Pedro Joaquín Chamorro.