El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) era hasta mitad del 2025 el único poder estatal costarricense ajeno al control del presidente Rodrigo Chaves que se había librado de sus embestidas verbales y descalificaciones. Ni siquiera un severo informe que señalaba aparentes ilegalidades en el financiamiento ilegal en la campaña de 2022, publicado en febrero, había activado la rabia ya conocida del mandatario reticente a las críticas o cuestionamientos. Tampoco lo hizo un criterio adverso contra un proyecto de referendo planteado por el Ejecutivo en 2024. Todavía resonaba lo que él había dicho sobre el TSE en 2022, cuando agradeció con elogios a esa entidad “distinguida y honesta” y a su presidenta, la magistrada Eugenia Zamora, por haber dirigido el proceso electoral que lo llevó a él al poder en ese año.
Pero parecía escrito que el TSE, una de las instituciones con mayor reconocimiento ciudadano en Costa Rica, no iba a lograr escapar del paredón de los reproches de Chaves, sus cuestionamientos y sus ofensas. Ocurrió cuando el Tribunal emitió en junio una interpretación para modernizar una vieja regla que ha impedido a los distintos gobiernos emitir propaganda durante las campañas electorales para evitar incidir en favor de un partido o en contra de otro.
El punto delicado es que esta interpretación cubre ahora a las redes sociales y demás espacios digitales, lo cual implica bajar el volumen al vocal Rodrigo Chaves y alterar su tribuna por excelencia: un espacio de todos los miércoles llamado “conferencia de prensa” que en la realidad funcionaba como “talk show” de informaciones gubernamentales y escupidero contra todo tipo de actores críticos, fueran entidades estatales, partidos, gremios, universidades, oenegés o medios de prensa.
Enseguida Rodrigo Chaves adoptó la posición de víctima de una supuesta “mordaza” por parte del TSE, justo en los meses preparatorios de la campaña electoral que empezó en octubre para las elecciones de febrero y que, en efecto, acabó activando un conflicto inédito entre un Presidente de la República y el Tribunal Electoral.
El mandatario ahora no tiene problemas en achacarle corrupción a la institución, atribuirle parcialidad de las magistraturas por una supuesta obediencia o complicidad con partidos opositores, remedar con sarcasmo a los funcionarios que usan lenguaje técnico electoral y lo más grave: denunciar una supuesta afrenta constitucional comparable con la que en 1948 sumió al país en una guerra civil.
Denuncias por “beligerancia política”

En medio ha pasado mucho más. El TSE ha recibido un centenar de denuncias contra Chaves por supuesta “beligerancia política”, un ilícito contenido en la ley para señalar la indebida intromisión del Poder Ejecutivo en los procesos electorales, con sanciones como la destitución del cargo o la inhabilitación por unos años para ocupar otros puestos públicos.
Muchas de esas denuncias apuntan contra las frecuentes y evidentes referencias electorales del gobernante para “continuar la obra” en su supuesta “revolución pacífica” contra las élites y la “institucionalidad”, concepto mencionado por Chaves como cosa mala. Sin un partido político claro, porque Chaves se distanció de la divisa con la que obtuvo el poder en 2022, fue clara la apuesta por la candidatura presidencial de su leal exministra Laura Fernández, mediante un partido llamado Pueblo Soberano (PPSO), como pudo haber sido cualquier otro que sirviera de plataforma de continuidad del “chavismo” a la tica.
El último abrazo de Chaves con su elegida para heredera fue precisamente este viernes después de la más reciente arenga contra el TSE. Se vieron después de que el mandatario declaró ante la comisión legislativa que estudia la solicitud del Tribunal para retirarle la inmunidad a Chaves y poder procesarlo por su aparente intrusión en la campaña electoral. Es el segundo intento de desafuero del mandatario.
El primero lo pidió la Fiscalía General y fracasó porque los diputados no la aprobaron con una mayoría insuficiente; Chaves lo celebró con sabor electoral, sabiéndose protagonista de la campaña sin ser candidato, pero sí depositario de un apoyo popular que ahora es de 63%. El segundo lo pidió el TSE y los pronósticos son reservados, pero el presidente ha sabido aprovechar para señalar que todas estas instituciones están articuladas en su contra y, por tanto, en contra de la posibilidad de prolongar su obra.
“El TSE no puede interpretar la Constitución de manera que la viola, la irrespeta y la ensucia para servir los intereses más bajos de los grupos de poder. Verguenza debe darles ser cómplices de esta red de cuido que tiene un enemigo común: la voz del pueblo expresada por Rodrigo Chaves Robles”, dijo de sí mismo en poco menos de una hora de discurso contra las instituciones. “Soy el centro del debate electoral porque hay gente tan estulta que piensa que atacándome a mí van a influenciar a los votantes” y “han llegado a pisotear la voluntad del pueblo que me eligió” fueron otros dardos que dirigió en tono despectivo contra los magistrados y funcionarios electorales.
Después pasó el micrófono a su abogado (candidato a diputado), que descalificó todo el proceso legal y reiteró referencias electorales, como el símbolo de “jaguares” y el “tic-tac” en alusión al tiempo que falta para unos comicios que pueden ser un quiebre en la historia nacional. Entonces ambos se levantaron y se marcharon sin atender preguntas de las diputadas que integran la comisión.
“Salió gratis”

Fuera de la Asamblea Legislativa los esperaban centenares de simpatizantes. Alguien los trajo, los alimentó y les repartió banderas de Costa Rica, todas idénticas. “Salió gratis”, dijo una señora que asistió con su hija. “No fue al colegio, pero era importante venir a apoyar al partido”, añadió sin querer ver su hombre publicado. En realidad se suponía era una manifestación de respaldo al presidente, no al partido ni a su candidata Fernández, que por supuesto estaba ahí también.
Es lo que ocurre en la realidad: para los seguidores es lo mismo él, ella y el partido de bandera color turquesa donde él nunca ha militado. Es verdad, a fin de cuentas, que el mandatario no puede optar por la reelección inmediata, pero políticamente está encarnado en Fernández, que ha expresado lo nombraría en el puesto más importante del gabinete si obtiene el triunfo en el primero de febrero.
La victoria en primera vuelta sí podría ser de ella, o de ellos, si alcanzan al menos el 40% de la votación; si no, tendrán que ir a una segunda ronda contra un rival que aún no parece claro entre 19 adversarios. En octubre Fernández, reacia a exponerse en debates, alcanzaba hasta 28% de intención de voto, pero los indecisos eran más de 50% del total, según encuestas de las universidades públicas: la incertidumbre es tanta como el protagonismo de Chaves.
También abunda la confusión entre opositores. Algunos llaman a dejar de hablar contra Chaves para restarle peso en el debate electoral. Otros piden elevar el tono y contestarle con los mismos modales que él expresa. Un sector grita al cielo por el atrevimiento del oficialismo de cuestionar la imparcialidad del TSE. Otro prefiere que el Tribunal siga en lo suyo sin entrar al trapo de los chavistas. Ciertos partidos firman declaraciones conjuntas en favor de un proceso electoral pacífico, pero dentro de ellos hay facciones que recuerdan que en el fondo compiten por ser la contraparte del oficialismo y entrar a una eventual segunda ronda.
Una amplia mayoría de la población confía en el TSE, según las encuestas, pero también es cierta la posibilidad de que calen más en la ciudadanía los reproches de Chaves contra el árbitro electoral y se condense una capa de desconfianza sobre los resultados de febrero en caso de que el oficialismo no consiga sus objetivos: continuar en el Ejecutivo y alcanzar una mayoría controladora de la Asamblea Legislativa.

Ese temor lo admitió la presidenta del TSE, Eugenia Zamora, en un mensaje inédito emitido a principios de mes hacia Chaves, atribuyéndole estar poniendo en peligro la paz y estabilidad política de este país, que justamente ha sido reconocido por su ambiente pacífico y su sistema democrático ininterrumpido por décadas. “El debate público nacional y el foco de atención no debe estar en usted, sino en las personas que aspiran a ser electas”, dijo la magistrada en un mensaje que, según algunos críticos, cometía el error de causar un efecto contrario al poner el foco en él.
“Es falso que el Tribunal Supremo de Elecciones esté sesgado en su contra”, añadía la jerarca a quien Chaves desde junio acusa de tener puesta la camiseta del partido opositor Liberación Nacional (PLN), el más tradicional de las agrupaciones, pues hace casi 40 años trabajó en un gobierno de esa bandera.
“Por menos de esto hubo sangre en esta Patria (1948) y no quiero que haya sangre”, pronunció Chaves en otra de sus frases delicadas, como esas en las que llama a la población a “estar alertas” o a los actores adversos a “atenerse a las consecuencias”. “Tienen pánico de que yo pueda seguir en la vida pública de este país”, añadía frente a diputados, aunque adviertiendo que no hablaba para ellos, sino para el “pueblo” organizado que fuera del Congreso ondeaba banderas idénticas, para las cámaras y las redes sociales.
En dos o tres semanas, cuando la campaña caliente más, se sabrá si el Congreso complace al TSE en la intención del desafuero o si el Presidente volverá a tener motivos para celebrar y levantar, quizás con más dureza, el dedo acusador contra el árbitro del juego.