A las puertas de las elecciones de este domingo en Costa Rica, las preguntas sobre qué significa ser un populista y qué consecuencias tendrá para la democracia no son menores. El populismo ha venido creciendo en el mundo en los últimos 30 años. Ocupa los titulares en Hungría con Victor Orban, en los Estados Unidos con Donald Trump o lo que fue Hugo Chaves en Venezuela. De las muchas definiciones que existen sobre populismo, yo adhiero a la definición de Cas Mudde, que entiende el populismo como una ideología, una visión de mundo, que se basa en la contraposición de una figura de un “pueblo” homogéneo y una élite corrupta.
Esa definición es útil porque nos permite analizar y entender a presidentes populistas sean de izquierda o de derecha.
Entonces, ¿el proyecto “Rodriguista” es uno populista de derecha? Sí, sí lo es.
Me explico, Rodrigo Chaves ha buscado narrar su política en torno a un conflicto: en sus propias palabras, la defensa de los intereses de la señora de Purral, que a los ojos de Rodrigo Chaves refleja la voluntad popular y los intereses de todo “el pueblo” costarricense, versus, lo que él llama los “ticos con corona”, los “mismos de siempre”, una élite política corrupta que “no aceptan que el poder ya no les pertenece por tradición, apellido o costumbre”.
En el discurso de Chaves, esta élite son los Arias, son los dueños de Teletica, magistrados del poder judicial y del poder electoral, la Contralora, los rectores de las Universidades Públicas, etcétera. En este conflicto la señora de Purral representa los intereses y los valores de todo el pueblo de Costa Rica y él, o en este caso el chavismo representa la única vía política de defensa de esos intereses del pueblo de Costa Rica.
El presidente Chaves es el pastor del rebaño y líder del pueblo y cree saber lo que la gente quiere y necesita. En esta narrativa el uso y los ataques a ciertas élites políticas y económicas va a depender de si están subordinadas al chavismo o no.
¿Es peligroso este populismo chavista para la democracia en Costa Rica?
Sí, lo es. En Venezuela, Hungría o Estados Unidos el populismo ha socavado los pilares de la democracia.

¿Cómo?
- El poder se concentra todo en la figura del presidente. Piensen por ejemplo en el nombre del movimiento “Rodriguista”. Si el presidente es él líder, y a la vez, es la voz del pueblo, no se necesita nadie más, ni ninguna otra institución que lo represente.
- Esto nos lleva al segundo argumento: no hace falta congreso o cortes libres o independientes. De ahí que se atacan constantemente instituciones y libertades, tal y como lo ha hecho Chaves con las cortes, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), la contraloría o el Tribunal Supremo de Elecciones. Si el líder representa la voluntad popular, no puede existir otra persona o institución que esté por encima de esa voluntad popular.
- Tercero, si el pueblo es homogéneo y tiene los mismos intereses y valores, todos aquellos intereses y valores de otras personas no son reconocidos, o son “reconocidos” como parte de una agenda de la élite corrupta o “progre”. Así, al no reconocer valores distintos a los de la señora de Purral, se rompe con valores supremos de la democracia como lo son el compromiso y el respeto de los diferentes. De ahí por ejemplo, el presidente ha usado ataques personales a críticos de su gobierno para deslegitimarlos frente a la opinión pública.
- Cuarto, usar instituciones públicas para atacar adversarios. El uso discrecional de instituciones, es además autoritario y ha sido una constante en este gobierno: el ministerio de Salud contra Grupo Nación; Hacienda contra Leonel Baruch; el PANI contra Álvaro Ramos son ejemplos de una disputa que rompe con la tradición democrática y de diálogo de las diferencias.
Entonces, ¿es cierto que los gobiernos populistas acaban con las élites corruptas que dijeron destruir’? La evidencia demuestra lo contrario. Muchas veces los gobiernos populistas se alían a las “élites corruptas” y, ya sea por negocio o por cercanía ideológica, lo que se termina destruyendo es la confianza en las instituciones democráticas y la vida ciudadana.
Y sí, para ejemplo de eso pensá en Venezuela.
ESCRIBE
Francisco Robles Rivera
Profesor Catedrático de la Universidad de Costa Rica.