Se desconoce el paradero del obispo Rolando Álvarez, ¿le impondrán prisión o destierro?

El operativo fue “exprés” y monseñor Álvarez fue trasladado en una camioneta con destino desconocido, separado de los otros sacerdotes que estaban en cautiverio en la Curia de Matagalpa. La captura del obispo supone uno de los golpes más duros de la dictadura Ortega-Murillo en su persecución religiosa contra el catolicismo


A eso de las 3:40 de la madrugada de este viernes, mientras la ciudad de Matagalpa dormía, fuerzas especiales de la Policía de Daniel Ortega y Rosario Murillo secuestraron a monseñor Rolando Álvarez, el obispo más crítico del régimen que continuaba en Nicaragua. Después de quince días de cerco y acoso policial a la Curia Episcopal, donde el religioso se encontraba con ocho sacerdotes y colaboradores en cautiverio, ha ocurrido este arresto que supone uno de los golpes más duros del régimen sandinista en la persecución religiosa que mantiene contra la Iglesia Católica desde 2018. 

Por ahora, el paradero de monseñor Álvarez es desconocido. Según fuentes eclesiales, el operativo fue “exprés” y monseñor Álvarez fue trasladado en una camioneta con destino desconocido, separado de los otros sacerdotes. No se sabe si el obispo fue trasladado a una prisión o será exiliado forzosamente, como barajaban algunas fuentes católicas.  Fuentes policiales sostienen que el obispo está en Managua, aunque no precisan sitio, y que por ahora están en “Stand by” a la espera de una orden de la pareja presidencial que decidirá la suerte del prelado.

“Con el corazón indignado y dolido condeno el secuestro nocturno de Monseñor Álvarez. ¡Quienes lo sepan, digan dónde está mi hermano obispo! ¡Que sus secuestradores respeten su dignidad y lo liberen! De nuevo, la dictadura vuelve a superar su propia maldad y su espíritu diabólico”, expresó en su cuenta de Twitter el obispo Silvio Báez, el primer prelado exiliado forzosamente por el régimen. 

El último tuit del obispo de Matagalpa fue publicado en su cuenta oficial a eso de las 12:36 de la madrugada. Decía: “Preocupémonos por llevar el traje de fiesta en el Reino de Dios”. Las acciones policiales contra el religioso iniciaron el cuatro de agosto pasado, luego de que un grupo de policías impidiera la celebración de la misa matutina en la Catedral San Pedro Apóstol de Matagalpa, ante lo cual el obispo salió a la calle orar con el Santísimo Sacramento en lo alto, y luego dio la espalda a los agentes para arrodillarse y clamar a Dios.

“Urgente. En estos momentos la Policía Nacional ha ingresado a la Curia Episcopal de nuestra Diócesis de Matagalpa”, publicó la cuenta de Facebook de la diócesis al momento del secuestro del religioso. 

Según el abogado matagalpino Yader Morazán, “se desplegaron entre 15 a 20 vehículos con policías y paramilitares, ordenaron a los guardas de seguridad de los bancos y negocios a esconderse y no ver lo que sucedía”, a la vez que cerraron la tienda de conveniencia AM/PM que funciona 24 horas. 

“La Ley establece que los allanamientos se deberán ejecutar entre las seis de la mañana y seis de la tarde, y sólo en estos dos casos excepcionales se puede hacer a otra hora: con el consentimiento del dueño de la casa o en casos sumamente graves y urgentes, según el artículo 217 del Código Procesal Penal. Teniendo a monseñor Álvarez bajo su control por más de 15 días, ¿dónde está la urgencia o gravedad?”, se preguntó el jurista. 

Perseguido

El cinco de agosto de 2022 la Policía de Ortega-Murillo abrió un proceso investigativo en contra de monseñor Álvarez, supuestamente por “intentar organizar grupos violentos y ejecutar actos de odio en contra de la población”.

Según la Policía, el prelado como cabeza de las altas autoridades de la Iglesia Católica y “prevaliéndose de su condición de líderes religiosos, utilizando medios de comunicación y redes sociales están intentando organizar grupos violentos, incitándolos a ejecutar actos de odio en contra de la población… con el propósito de desestabilizar al Estado de Nicaragua y atacar a las autoridades constitucionales”.

Desde ese día la dictadura Ortega-Murillo intensificó el asedio policial en la residencia de monseñor Álvarez y las calles cercanas a la Curia, las cuales se mantenían hasta el secuestro de esta madrugada tomadas por decenas de agentes de la Dirección de Operaciones Especiales (DOEP) completamente armados.

Para poder resistir el secuestro de quince días, monseñor Álvarez y sus acompañantes tuvieron que racionar el alimento que el obispo guarda en su alacena, ya que la dictadura sandinista no permitía el ingreso de víveres ni medicamentos a la residencia del religioso. El sitio policial contra el obispo es dirigido por el comisionado Ramón Avellán, un leal a los Ortega-Murillo y encargado de operaciones violentas contra opositores desde 2018. 

Por su parte, el también sacerdote exiliado Edwin Román catalogó como indignante el secuestro de Álvarez. “Basta ya de tanto silencio, hablen quienes tienen que hablar y dar la cara, a eso se le llama pecado de omisión”, dijo el cura, cuya crítica hace rima con los cuestionamientos a la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) que ha sido timorata en denunciar el acoso que sufre el catolicismo en este país centroamericano.