Tamara Dávila desde El Chipote: “No me van a doblegar, voy a salir más fuerte y más comprometida”

La dirigente de oposición crea cuentos en su cabeza para su hija y se mantiene “fuerte a pesar del dolor”. Después de 394 días sus familiares muestran un retrato hablado en el que se evidencia su deterioro físico tras su encarcelamiento

Retrato hablado de la presa política Tamara Dávila presentado por sus familiares. Cortesía campaña Sé Humano.

Un retrato hablado de Tamara Dávila, dirigente de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), es la única referencia que pueden mostrar los familiares de la presa política tras más de un año de detención. En la imagen, Dávila aparece escasa de peso, con ojeras y la piel marchita, producto del encierro e incomunicación impuesto por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo tras su detención. 

El retrato de la activista de 41 años es parte de la campaña “Sé Humano”, impulsada por familiares de presos políticos que permanecen en la nueva Dirección de Auxilio Judicial (DAJ, mejor conocida como El Chipote). Es la más reciente herramienta que utilizan para demandar el cese de la incomunicación y los malos tratos. El régimen respondió a la campaña el pasado dos de julio cuando mostró al precandidato presidencial Félix Maradiaga, después de que los familiares divulgaran su intención de iniciar una huelga de hambre.

En un video divulgado por redes sociales, los familiares de Dávila aseguraron que, a pesar del dolor, la activista permanece “fuerte y digna”. “No tiene ni rastro de odio”, aseguraron. Por su parte, la activista aseguró en la última visita que no la iban a doblegar: “Yo voy a salir de aquí más fuerte, más inteligente y más comprometida”, dijo.

Además de ser dirigente de la UNAB, Dávila es integrante de la Unión Democrática Renovadora (Unamos, antes Movimiento Renovador Sandinista). Unamos fue descabezado por el régimen, al encarcelar en julio de 2021 a casi todas sus dirigentes. Sus integrantes Suyén Barahona, Ana Margarita Vijil y Dora María Téllez también fueron arrestadas y acusadas por el delito de “menoscabo a la soberanía nacional”, una de las leyes represivas que ha empleado la dictadura contra aspirantes a la presidencia, líderes, periodistas y activistas nicaragüenses. 

El caso de Dávila es tachado por expertos jurídicos como “insólito”, debido a que el Ministerio Público no presentó ninguna prueba que incriminara a la activista. De hecho, los policías que asistieron a la audiencia para testificar, escribieron en el libelo acusatorio unos discos musicales que fueron confiscados, pero que no tienen ninguna relación con el “delito”. 

Juicios “espurias” contra presos políticos

La activista Tamara Dávila al ser detenida por la policía nacional. Carlos Herrera | Divergentes | Archivo.

Dávila es una de las 14 presas políticas encarceladas por la dictadura Ortega y Murillo. Todas ellas han enfrentado tratos “inhumanos y degradantes”, que se agudizan por el hecho de ser mujeres. De hecho, los interrogadores llegaban hasta cuatro veces al día para decirle que era una “mala madre” porque “dejó abandonada a su hija (de cinco años de edad)”.

La dirigente es psicóloga, con una maestría en derechos de la niñez y de las mujeres, y ha trabajado con personas que viven con VIH. En 2018 participó en las protestas y fue arrestada por unas horas. En 2020 fue electa como integrante del Consejo Político de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) y formó parte de la Coalición Nacional. Antes de que la arrestaran el 12 de junio de 2021, sufría de asedios diarios. Una patrulla de la Policía no la dejaba salir de su propia casa. Continúa encerrada en una celda de castigo, hermética y con solo un orificio donde puede ver el cielo. No tiene acceso a materiales de lectura ni a noticias. Durante la primera audiencia, le quitaron un dibujo que le había enviado su hija.