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Tratado Ortega-Hernández no resuelve conflictos en el Golfo de Fonseca

Fabián, al igual que varios pescadores de la comunidad, aprendió a pescar desde los cinco años cuando su padre lo llevaba al mar y le enseñaba a faenar para sobrevivir. Actualmente tiene 26 años de dedicarse a la pesca, pero ahora su tiempo transcurre entre el trabajo, la lucha de su organización y una radio comunitaria. 

Más del 50 % de la comunidad de Puerto Grande, ubicada en el Golfo de Fonseca, se dedica a la pesca. Sin embargo, unos pocos logran tener su propia lancha para trabajar. «Hoy en día una lancha de fibra, depende del modelo que uno quiera (…) está costando de 40,000 a 45,000 lempiras (unos 1800 dólares). Aparte, un motor marino para trabajar aquí, está costando más de 60,000 lempiras. Aparte de las redes (para pescar). Solo para hacer una inversión de esas uno necesita unos 100,000 o 120,000 lempiras. Y que uno se vaya a meter allá (aguas nicaragüenses y salvadoreñas) para conseguir (peces) para sobrevivir y pierda esa inversión (porque le pueden decomisar todo)», comenta Fabián quien además es miembro de la Asociación de Pescadores, voluntario de la radio comunitaria Zacate Grande y directivo de la Asociación por el Desarrollo de la Península de Zacate Grande (Adepza).

Fabián de 32 años, teje una atarraya que le servirá para pescar. Fabián —como todos los pescadores del municipio de la comunidad de Puerto Grande— es nieto e hijo de pescadores, un oficio que se aprende de generación en generación. Zacate Grande, Amapala, 11 de noviembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

El pasado 9 de noviembre fueron detenidos, por la Naval de Nicaragua, dos pescadores hondureños (entre ellos un menor) al noroeste de la Punta de San José de Nicaragua. Cuenta Fabián que también la semana pasada, una familia que se dedica a la venta y compra de mariscos fue capturada por una patrulla salvadoreña con más de 30,000 curiles. 

«El pescador hondureño que se va a meter a Nicaragua a pescar no anda allá porque él quiere, sino porque en aguas hondureñas ya no hay pescado, porque no tenemos apoyo del Gobierno, no hay una veda que incluso Nicaragua y El Salvador sí la tienen, ellos sí cuidan el mar, y en nuestro país es diferente», argumenta Fabián. 

Nicaragua y Honduras firmaron el pasado 27 de octubre, «El Tratado de Límites Marítimos entre la República de Nicaragua y la República de Honduras en el Mar Caribe y aguas afuera del Golfo de Fonseca», también conocido como «Tratado Integracionista Bicentenario». Este convenio fue firmado por el presidente hondureño Juan Orlando Hernández y su homólogo nicaragüense Daniel Ortega, sin la presencia de Nayib Bukele, presidente de El Salvador, quien a través de su cuenta de Twitter lo catalogó como un «tratado geopolítico». 

Carlos Argüello, representante de Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia, dijo que este tratado es un éxito enorme para Nicaragua, en el que se reconoce a Honduras la salida al pacífico a través de la boca del Golfo y queda claro la extensión que le pertenece a Nicaragua en el Caribe. Asimismo enfatizó que «el tratado que Honduras había firmado con Colombia en 1986 y ratificado en 1999 —por lo cual dio origen a parte de esta disputa— ya quedó en el olvido y enterrado con este tratado. Ya Honduras reconoce que estos son los límites en el Caribe con Nicaragua y punto».

Isla Conejo: cortina de humo para El Salvador y Honduras

Respecto a la falta de El Salvador en el tratado, Ortega mencionó que invitaron al Gobierno de El Salvador porque este país también tiene la obligación de «ponerse de acuerdo para delimitar», sin embargo Bukele no se presentó. En cambio, respondió a través de Twitter que no asistió por lo que medios internacionales o la Casa Blanca de los Estados Unidos dirían si hubiera firmado el mismo tratado con Ortega.

El Golfo de Fonseca ha sido foco de conflictos entre Honduras y El Salvador, en el pasado ambos países se enfrentaron en una guerra que se llamó popularmente «la Guerra del Fútbol», que se dio en julio de 1969 y que solo duró cien horas hasta que una resolución de la Organización de Estados Americanos (OEA) detuvo al ejército salvadoreño. 

El conflicto se desarrolla principalmente sobre la propiedad de la Isla Conejo, un islote de cincuenta hectáreas en el Golfo de Fonseca, que permite a Honduras acceso al Océano Pacífico. En 2014, el expresidente de El Salvador, Mauricio Funes envió una carta a Juan Orlando Hernández para exigir la desocupación inmediata de la isla Conejo, luego de que este inaugurara un helipuerto en el islote. 

Hace un mes, el conflicto se reavivó por las declaraciones de Juan Orlando Hernández, a través de su cuenta de Twitter, donde hablaba sobre la aprobación del decreto ejecutivo PCM 111-221 para reafirmar la «soberanía nacional en los espacios marítimos que le corresponden a Honduras en sus aguas» del Golfo de Fonseca. 

En el mismo hilo, enfatizó: «Tenemos todo el derecho de defender nuestra soberanía y la seguridad del pueblo. No vamos a ceder ni dudar en lo que es nuestro sagrado deber de defender a la patria». A lo que Bukele respondió con un meme. 

Para René Portillo, legislador de la opositora Alianza Republicana Nacionalista (Arena) de El Salvador, este conflicto es un «excelente tema electoral para Honduras y una buena cortina de humo para el Gobierno de El Salvador para ocultar los verdaderos problemas», dijo en una entrevista para Divergentes.

¿Un acuerdo a beneficio de quién?

Abel Pérez, presidente de la Asociación para el Desarrollo de la Península de Zacate Grande (Adepza), durante la transmisión matutina de La Voz de Zacate Grande, una de las radios comunitarias más importantes del país. Zacate Grande, Amapala, 11 de noviembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

En opinión de Abel Pérez, presidente de Adepza y voluntario de la radio comunitaria La Voz de Zacate Grande, el Tratado de Límites Marítimos afecta a los pescadores hondureños ya que «Nicaragua es bastante rico en peces, porque está más al centro, está más cerca de la salida al Golfo, al océano. Entonces Nicaragua y El Salvador son los que tienen la salida al océano y Honduras queda encerrado y los pescadores están obligados a tener que entrar a Nicaragua o a El Salvador» para poder pescar, comentó.

Por otro lado, el alcalde de Amapala, Alberto Cruz, dijo a Contracorriente que miraba «con buenos ojos» el tratado firmado entre Honduras y Nicaragua, sin embargo «eso no va a cambiar en nada el tema de los pescadores artesanales en el Golfo de Fonseca porque lo que Nicaragua reconoció es que nosotros tenemos derecho a la salida al océano Pacífico», dijo.

El alcalde amapalino, Alberto Cruz, participa una vez más como candidato a la alcaldía del municipio, de ganar, el alcalde liberal asumiría su quinto período ininterrumpido. Isla del Tigre, Amapala, 11 de noviembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

Cruz puntualizó que quienes accederán al océano Pacífico son los empresarios o pescadores artesanales para industrializar la pesca y no está de acuerdo con que hubiera injerencia política en el tratado: «yo lo veo ─y lo digo con sinceridad─ desde el punto de vista que el Gobierno se interesó en hacer que Nicaragua reconociera la sentencia de la Haya donde le daba el derecho a Honduras de salir al pacífico», dijo.

Este tratado responde, por una parte, a la sentencia dictada por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de la Haya del 8 de octubre del 2007, que delimita la porción de Mar Territorial desde la desembocadura del río Coco o Segovia, hasta el punto inicial de la frontera en el Mar Caribe. Por otra parte, ejecuta la sentencia dictada por la CIJ, el 11 de septiembre de 1992, que delimita los derechos de Honduras en la bocana del Golfo de Fonseca y su proyección de Mar Territorial y Zona Económica Exclusiva en el Océano Pacífico. 

En Nicaragua, el tratado se ratificó el 28 de octubre, sin embargo en Honduras aún no se aprueba el decreto. Según el borrador del dictamen para la aprobación de este tratado, enviado a Contracorriente, el mismo tiene como objetivo principal «trazar una ruta de paz y prosperidad» así como «propiciar el desarrollo económico y facilitar las actividades de pesca de manera legal y sin inconvenientes» en el Golfo de Fonseca, que comparten las tres naciones. 

Sin embargo, el empresario Pedro Barquero, expresidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés (CCIC) y presidente del Partido Salvador de Honduras (PSH), a través de su cuenta de twitter cuestionó si detrás de este tratado Juan Orlando Hernández estaría buscando asilo político en Nicaragua o «buscando aliados para quedarse en el poder». 

En el pasado, Nicaragua ha brindado asilo político a personas vinculadas a actos ilícitos. En 2016, se le otorgó asilo a Mauricio Funes, expresidente de El Salvador, investigado por enriquecimiento ilícito y presunto lavado de dinero. Asimismo, Sebastián Marroquín, hijo del narcotraficante Pablo Escobar, estuvo refugiado con su padre en Nicaragua en 1980. 

Juan Orlando Hernández ha sido vinculado en casos de narcotráfico como presunto conspirador; en el caso de su hermano «Tony» Hernández, condenado por un Tribunal Federal de Nueva York, Estados Unidos, y en el caso de Geovanny Fuentes Ramírez acusado de importar cocaína a los Estados Unidos desde Honduras. En el juicio de Fuentes, los fiscales estadounidenses revelaron por primera vez que estaban investigando al mandatario hondureño, según The New York Times.

Es por ello que varios hondureños, a través de redes sociales, han cuestionado si la reunión de Hernández y Ortega se trató de un acuerdo en búsqueda de asilo político en Nicaragua. En opinión del sociólogo y analista, Asis Castellanos, del Centro de Estudios para la Democracia (Cespad), «el partido en el poder (el Partido Nacional), ha vulnerado la seguridad territorial del país y aún más la seguridad económica y social de la población hondureña a través de las ZEDE (Zonas Especiales de Desarrollo Económico), (ahora) trata de colocarse como un defensor de la soberanía nacional con el Tratado de Límites Marítimos». 

«Ningún Gobierno hondureño, en casi tres décadas y en mejores condiciones que el actual, había tomado esta iniciativa de firmar un acuerdo bilateral que los propios protagonistas calificaron de «tratado integracionista». Mas parece que Hernández está interesado en asegurar y reafirmar la relación económica y política que tiene con Nicaragua, que no necesariamente es una relación de Estado» puntualizó Castellanos. 

Por otro lado, el domingo 7 de noviembre se desarrollaron las elecciones presidenciales de Nicaragua en las que Daniel Ortega y Rosario Murillo fueron declarados ganadores a pesar de que hubo un 81.5 % de abstención, según la organización Urnas Abiertas. Además, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, calificó los comicios electorales como una «pantomima que no fue libre ni justa, y ciertamente no democrática». Asimismo, la Unión Europea, dijo a través de un comunicado que los resultados de las elecciones «carecen de legitimidad». 

Por su parte, Juan Orlando Hernández se abstuvo de opinar al respecto: «Por el momento nosotros no hemos decidido pronunciarnos porque nuestros equipos están esperando, como siempre ha sido, cuál es el resultado de la institucionalidad de Nicaragua. Nosotros también somos respetuosos de lo que ocurre en cada país», dijo en una entrevista con prensa internacional

La necesidad que traspasa los límites 

A pesar de la firma del tratado integracionista, en la comunidad de Puerto Grande de la península de Zacate Grande del Golfo de Fonseca. «La situación está igual, las persecuciones y las detenciones de pescadores en Nicaragua. Hace quince días una de las pirañas salvadoreñas (guardacostas de la Fuerza Naval de El Salvador) entró a aguas hondureñas e incluso pudieron grabar desde la comunidad que la lancha andaba persiguiendo a pescadores hondureños; entonces, no ha cambiado en nada», comentó a Contracorriente, Abel Pérez, presidente de Adepza. 

Zacate Grande es una de las islas de Amapala, municipio del departamento de Valle, rodeada por los tres lados del Golfo de Fonseca y la Bahía de Chismuyo. En esta península habitan más de 5000 personas que se dedican a la pesca, la agricultura y a la caza en las montañas, cuando estas no eran propiedad privada de inversionistas y empresarios. 

En la comunidad, más de 1000 familias no tienen dominio pleno de sus terrenos a pesar de haber vivido más de 30 años en las aldeas y caseríos por lo que han sufrido varios desalojos, según el informe «Zacate Grande: una comunidad que persiste en la defensa por el derecho a la tierra» del Cespad. 

Hoy en día, Amapala se caracteriza por la falta de empleo, los conflictos territoriales y marítimos y adicional a eso, el municipio está dentro del Corredor Seco Centroamericano que está viviendo una de las sequías más graves de los últimos diez años, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). 

A pesar de ello, Fabián contó a Contracorriente, que él ─igual que muchos pescadores─ también trabaja como agricultor: «Mi papá, así como me enseñó la pesca, también me enseñó a trabajar la tierra, recuperada por la misma lucha que hemos venido ejerciendo como organización durante más de 20 años ya», comentó. 

Sin embargo, Fabián lamentó la escasez de peces que existe en la zona: «Ser pescador es lo que uno sabe y se busca formas de cuidar el mar porque es lo nuestro y es nuestra forma de vivir», dijo.

José de 21 años, es un joven pescador en el Golfo de Fonseca. Los pescadores hondureños del Golfo se aventuran todos los días a pescar en zonas fronterizas donde pueden ser detenidos por las patrullas marítimas de El Salvador o Nicaragua, esto debido a que los peces son cada vez más escasos en zonas más cercanas a la costa. Coyolito, Amapala, 11 de noviembre de 2021. Foto: Martín Cálix.

En esta zona, entre los pescados que más se comercian están el blanquillo, el robalo, el ruco y el corvina, este último se vende a 45 lempiras la libra y cuando está buena la faena, los pescadores logran pescar corvina de hasta 50 libras, es decir que en un buen día para el pescador ganaría más de 2000 lempiras. Sin embargo, la mayor parte del tiempo comercian el ruco que se vende a 17 lempiras la libra y el blanquillo que vale 7 lempiras la libra. No obstante, los precios dependen de la compra de «peceros» que venden el pescado en comunidades cercanas o en las ciudades de Honduras. 

Sin embargo, año tras año el pescado es más escaso y hay muchas especies que se han perdido, como el camarón. «Cuando mi papá me empezó a enseñar la pesca, abundaba el camarón, más cuando los inviernos eran buenos. En las comunidades que nos dedicamos a la pesca se miraba bastante ingreso de dinero para la familia. Eso se ha perdido, se ha escaseado», recuerda Fabián. 

A pesar de la pobreza, la escasez de peces, el olvido del Gobierno, la falta de empleo y los conflictos territoriales, para Fabián y los pescadores de la comunidad el mar es todo para ellos: «Para mí significa que es nuestra forma de sobrevivir, nuestro trabajo (…) acá no hay generación de empleo, pero tenemos un mar que es nuestra fuente de trabajo, es nuestra cultura, es nuestro. Ser pescador, uno se siente bastante agradecido», reflexionó.

Publicado originalmente en Contracorriente.
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