Turismo de elecciones: Simpatizantes y aliados del régimen son la “observación” electoral

De Osetia del Sur a Trinidad y Tobago, los turistas electorales son políticos e integrantes de partidos socialistas y comunistas que defienden regímenes autoritarios. Son llamados los “acompañantes” de un proceso electoral en el que Ortega y Murillo reafirman su control absoluto. Por fuera quedaron las misiones de organismos internacionales que garantizan la legitimidad de unas elecciones. El resultado, según expertos, será mayor desconocimiento de los resultados.

Parte de los "acompañantes electorales" que trajo el régimen. Foto tomada de la Presidencia.

La lista de “acompañantes” electorales para los próximos comicios del domingo la encabezan comunistas que defienden regímenes dictatoriales, y políticos sin relevancia entre la izquierda mundial. Todos ellos “observarán” un proceso en el que la pareja presidencial se ha encargado de controlar cada aspecto: desde los candidatos que irán en la boleta hasta los árbitros electorales. A pocos días de las elecciones, han sido acreditados 180 personas de países como Osetia del Sur, Rusia, y Trinidad y Tobago, la mayoría de ellos integrantes de partidos de una izquierda tradicional que comulgan con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Los amigos de la pareja presidencial reemplazarán la presencia de organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE) y el Centro Carter, instancias que cuentan con el aval de ser observadores imparciales y garantes de rigor en este tipo de procesos. El Consejo Supremo Electoral (CSE) prescindió de ellos con las nuevas reformas a la Ley Electoral, realizadas en mayo.

En cambio, el CSE, controlado por el oficialismo, invitó a personas como Gregorio Mondaca, del Movimiento del Socialismo Allendista de Chile y simpatizante de los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua; José Luis Centella, presidente del Partido Comunista de España (PCE); Miguel Ángel Bustamante, también del PCE; Jorge Kreyness, secretario de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de Argentina; y Gerry Condon, expresidente de Veteranos por la Paz, antigua aliada del FSLN. A nivel nacional, el régimen acreditó al Consejo Nacional de Universidades (CNU) y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), organizaciones nicaragüenses dominadas por el oficialismo. 

El término “acompañantes” que aparece en la nueva ley electoral fue descrito por la magistrada Mayra Salinas: “como el amigo que llega a tu casa, que vos lo invitás para que llegue a tu casa y que pueda acompañar en un proceso de compartir, de ver, de disfrutar, de conocer y que pueda hacer recomendación, efectivamente”.

Rosario Murillo, comandataria del régimen, confirmó la participación de actores provenientes de Abjasia, Alemania, Bélgica, España, Francia, Reino Unido, Irlanda, Italia, Osetia, Federación de Rusia; y en América: Argentina, Canadá, Colombia, Costa Rica, Estados unidos, Honduras, México, Panamá, Perú, Paraguay, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay (…) y Trinidad y Tobago, sin detallar las organizaciones a las que pertenecen estas personas. 

Restan legitimidad al proceso

Parte de los «acompañantes electorales» que trajo el régimen. Foto tomada de la Presidencia.

Que la próxima simulación electoral no cuente con ninguna misión internacional durante su desarrollo, “es un claro indicio de que a quien le corresponde velar por las garantías de las elecciones no está interesado en darle legitimidad al proceso”, explica el politólogo Pedro Fonseca. 

La vigilancia de una contienda tiene el fin de monitorear en tres fases el escenario electoral, incluso antes y después de la realización de los comicios. No solo consiste en “invitar a los amigos a la casa”, tal como dijo Salinas, también evalúan el clima previo, hasta con varios meses de antelación, y a través, de un despliegue masivo de observadores y personal dedicado al monitoreo de contexto.

La dinámica de los nuevos acompañantes, según analiza un experto electoral que por motivos de seguridad pide mantenerse en el anonimato, distan mucho de la rigurosidad que solía definir las misiones de observación anteriores. 

“Con las nuevas reformas, el CSE tiene la potestad de invitar a sus correligionarios del Consejo de Expertos Electorales de América Latina (Ceeal), integrado por exmagistrados afines y miembros de partidos de izquierda, a que vengan días antes de la votación, y no emitan ningún informe de anomalías en el proceso”, explica el especialista.

Por estas características, los compañeros del régimen no cuentan con la imparcialidad que se necesita para vigilar los comicios más importantes desde 1990, cuando Ortega fue derrotado por una coalición opositora encabezada por Violeta Barrios de Chamorro, madre de la aspirante encarcelada Cristiana Chamorro, acusada a finales de mayo de “lavado de dinero, bienes y activos”, en una jugada política con el fin de sacarla de la carrera presidencial.

“El objetivo central de las misiones de la OEA y la UE es verificar si todo el proceso electoral se desarrolla de acuerdo con las normas constitucionales y legales vigentes. Hay misiones de largo plazo que abarcan todas las fases del proceso, desde registro de votantes y la inscripción de candidatos hasta la votación, escrutinio y proclamación de electos”, explica la fuente.

Para el politólogo Fonseca, la figura de los acompañantes no aparece en ninguna de las teorías, “eso hace que el tema del acompañante sea como una especie de fenómeno, porque además es más apegado a ese tipo de regímenes de carácter autoritario”.

El resquemor de Ortega a ser observado 

El régimen ha renegado de la observación electoral desde antes de las protestas antigubernamentales de abril de 2018, en las que se intensificó la narrativa del golpe de Estado y la injerencia. El 4 de junio de 2016, durante un congreso del FSLN en el que Ortega se proclamó para otro período presidencial, el caudillo sandinista llamó “sinvergüenzas” a los observadores. También fue claro en sus objetivos: “aquí se acabó la observación, que vayan a observar a otros países… En Nicaragua se enfrentan a un pueblo que tiene vocación antiimperialista”, vociferó el mandatario a meses de los comicios de aquel año en los que primó el abstencionismo. 

Las misiones de observación electoral informaron desde el 2011 una serie de anomalías en el proceso. Por ejemplo, el Centro Carter publicó un informe en el que detalló: “El 6 de noviembre de 2011, ese mismo CSE organizó y celebró las elecciones nacionales más opacas de los últimos veinte años en Nicaragua, cuyos resultados fue imposible verificar, estableciendo en consecuencia un precedente nocivo para el futuro de la democracia en Nicaragua”. Por su parte, la Unión Europea tildó al CSE de que las elecciones fueron “poco independientes y ecuánimes”. 

Los efectos de unos comicios sin observación afectaría, también las intenciones de la participación de los nicaragüenses, según explica a DIVERGENTES, Juan Diego Barberena, especialista en derecho y miembro de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), uno de los grupos de oposición que quedó fuera de la contienda,  y cuyo candidato presidencial (Félix Maradiaga) fue encarcelado por el régimen.

“Ellos (los invitados internacionales) harán una simulación de acompañamiento del proceso electoral, pero a la postre no es más que avalar el proceso como tal, lo que Ortega usará como argumento de legitimidad”, reitera Barberena. 

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