El turismo en Nicaragua enfrenta un nuevo golpe. El Departamento de Estado de Estados Unidos incluyó al país en la categoría “D”, el nivel más alto de alerta, que advierte a sus ciudadanos no viajar por riesgo de detenciones arbitrarias e injustas. Esta medida coloca a Nicaragua en la misma lista roja que Afganistán, Irán, Corea del Norte, Rusia y Venezuela.
La gravedad de la advertencia no es menor, ya que los turistas estadounidenses han sido históricamente el principal mercado extranjero para Nicaragua. Sin embargo, su llegada lleva años en caída. De acuerdo con datos oficiales del Instituto Nicaragüense de Turismo (INTUR), en 2017 ingresaron 440 000 estadounidenses, pero para 2021, la cifra se desplomó a 80 000, como reflejo de la crisis política, el estado policial de facto y las violaciones a las libertades civiles desde la masacre a las protestas de 2018, que han deteriorado la imagen del país como destino turístico.
Ante este panorama, los propios empresarios del sector reconocen el golpe que significa la nueva alerta de Washington. Un operador turístico privado, quién pidió el anonimato por temor a represalias, afirmó que “el turista norteamericano siempre ha sido nuestro principal cliente, y ya teníamos años viendo cómo sus llegadas disminuían. Con este anuncio, muchos de los que aún se animaban a venir probablemente cancelarán sus planes”.
El mismo empresario explica que la medida tendrá efectos directos en la operación de las empresas turísticas. “El turismo extranjero es lo que permite sostener a la industria: hoteles, restaurantes, tour operadores. Sin ellos, solo con turismo local, es imposible mantener la estabilidad. Esto significa menos ingresos y, en muchos casos, reducción de personal”, lamentó la fuente turística.
En su comunicado, el Departamento de Estado advirtió que las autoridades nicaragüenses y civiles armados identificados como “policías voluntarios” (paramilitares sandinistas) pueden vigilar, interrogar, expulsar o detener a ciudadanos norteamericanos por actividades que no son consideradas delitos en su país. También recordó que el régimen ha sometido a ciudadanos de EE. UU. a procesos judiciales prolongados y motivados políticamente, lo que refuerza la percepción de un entorno hostil para los visitantes.
Una advertencia que hunde más el turismo en Nicaragua

Un empresario nicaragüense del sector turístico quien pidió la reserva de su identidad para evitar represalias del régimen sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo, lamentó que esta advertencia del Departamento de Estado va a hundir aún más la imagen de Nicaragua y especialmente en el mercado turístico norteamericano, el más importante para el país, no solo en términos de números de turistas, sino también por el gasto promedio que registran.
“Esta nueva advertencia dirigida a los estadounidenses va a profundizar aún más la crisis de falta de turismo que el país está viviendo desde el 2018 y pospandemia tomando en cuenta que como país individual, los estadounidenses eran el principal mercado emisor para Nicaragua. Los estadounidenses toman muy en cuenta las advertencias de viaje de su gobierno. Y por supuesto que la disminución del turismo tiene también un impacto negativo en las comunidades del país receptoras de ese turismo. Por otro lado este, tipo de advertencias impactan negativamente también en las oportunidades de inversión, puesto que ningún inversionista va a arriesgarse a invertir en un país donde no existen condiciones apropiadas de seguridad jurídica para que inversionistas decidan invertir”, advirtió.
Recordó que durante la década de los años 90 del siglo pasado, luego de la primera dictadura sandinista, costó un enorme esfuerzo público-privado cambiar la imagen del país, dañada seriamente por los años de guerra y confiscaciones.
“Hubo mucho trabajo internacional de los empresarios turísticos y el INTUR para cambiar esa percepción. Hoy hemos retrocedido nuevamente a esos años porque la imagen del país ha sido seriamente golpeada por el accionar de un gobierno que ha masacrado a su propia gente y es acusado de crímenes de lesa humanidad. A eso se suma ahora la decisión del gobierno USA de advertirle a sus ciudadanos no viajar a Nicaragua porque es riesgoso hacerlo. Eso echa más sal a la herida, considerando lo importante que es el mercado turístico norteamericano”, recalcó.
Un sector en franco retroceso

Según el Informe Anual 2024 del Banco Central de Nicaragua (BCN), la llegada de turistas no residentes en 2024 cayó un 9.7%, en comparación con 2023, con un total de 1.085 millones de visitantes.
La estadía promedio también se redujo, pasando de 10.6 días en 2023 a 9.9 en 2024. Aunque el gasto diario promedio subió de 43.7 a 45.7 dólares, este leve incremento no compensó la reducción en el número de llegadas ni la menor permanencia de los visitantes.
Los mercados internacionales más importantes han sido los más golpeados. En 2017, Nicaragua recibió 118 000 visitantes europeos, pero en 2021 solo llegaron 16 000. El flujo de visitantes centroamericanos, históricamente dominante, también cayó drásticamente al pasar de 1.1 millones de visitantes en 2017 a apenas 104 000 en 2021, último año en que INTUR publicó cifras desglosadas.
Mientras países vecinos viven un auge turístico tras la pandemia, Nicaragua va en dirección opuesta, reveló un reporte especial de Divergentes. En 2024, Costa Rica y Panamá superaron los 5400 millones de dólares en ingresos por turismo, y El Salvador alcanzó los 3000 millones. Nicaragua, en cambio, apenas generó 510.9 millones de dólares, lo que supone una caída del 30.9% respecto al año anterior, de acuerdo con el Banco Central.
El retroceso es aún más evidente si se comparan las cifras actuales con las de 2017, año en que Nicaragua vivió su mayor esplendor turístico: 1.7 millones de visitantes y 840.5 millones de dólares en ingresos. Siete años después, el país apenas logra atraer a poco más de un millón de turistas y los ingresos están un 39% por debajo de aquel máximo histórico.
Una fuente experta en turismo, consultada bajo condición de anonimato por razones de seguridad, comentó que la alerta de Estados Unidos no hace más que profundizar un problema ya instalado desde hace años.
“El turismo en Nicaragua ya venía con cifras a la baja y con dificultades para recuperar los mercados de Europa y Norteamérica. Esta alerta de Estados Unidos lo que hace es profundizar un problema que estaba instalado desde 2018. El país depende en gran medida de los visitantes norteamericanos, y perderlos significa limitar cualquier posibilidad de recuperación real”, afirmó.
La misma fuente advierte que las consecuencias trascienden la llegada de viajeros. “Cuando un destino turístico es catalogado como riesgoso por Estados Unidos, automáticamente se reducen no solo las llegadas de turistas, sino también las oportunidades de inversión extranjera en el sector. Nadie arriesga capital en un país con ese nivel de advertencia”, señaló.
Propaganda versus realidad
Finalmente, la fuente cuestionó la narrativa del régimen Ortega-Murillo que insiste en presentar al turismo como un sector en expansión. “El discurso oficial de que Nicaragua es un destino seguro no tiene sustento frente a los datos. Los ingresos por turismo están en retroceso y los operadores pequeños son los que más sufren, porque no tienen margen para resistir varias temporadas con menos visitantes”.
Pese a los datos oficiales y las advertencias internacionales, el régimen sandinista insiste en difundir la narrativa de que el turismo “crece” y que Nicaragua es un “destino seguro”. Sin embargo, la alerta de Estados Unidos refuerza la imagen contraria: un país aislado, vigilado y riesgoso para los viajeros extranjeros.
De acuerdo con esta fuente vinculada al sector, para los operadores turísticos la medida tiene un peso difícil de revertir, ya que una vez que un país entra al nivel más alto de riesgo para el mercado estadounidense, recuperar la confianza de los visitantes puede tomar años o significar la pérdida definitiva de ese mercado clave, con efectos directos en ingresos, empleo y atracción de inversiones.