Promesas de belleza, cuerpos perfectos, resultados garantizados, descuentos y promociones inundan las redes sociales en Nicaragua como experiencias estéticas o médicas, como si fueran tratamientos de salón de belleza. Lo que muchas veces no aparece en estos anuncios son los riesgos, las complicaciones e incluso la muerte que pueden enfrentar quienes buscan corregir alguna parte de su cuerpo o someterse a procedimientos estéticos en busca de satisfacción personal, influenciados en ocasiones por los estándares de belleza.
Toda cirugía y todo procedimiento médico conlleva riesgos. Sin embargo, este es un aspecto que no siempre se comunica con la misma intensidad con la que se promocionan los resultados. La omisión es relevante porque una intervención puede cambiar la vida de una persona para siempre.
Los casos ocurridos en las últimas semanas, como la condena a dos años de prisión impuesta en mayo de 2026 al médico general, Livang Argüello Molina, por lesiones imprudentes graves contra una paciente, y la denuncia al mismo médico, una cirujana plástica y otros trabajadores de la clínica donde operaban por el fallecimiento de Jennypher Elizabeth Reyes Castro, han vuelto a poner el tema sobre la mesa.
Luego de darse a conocer el fallecimiento de Reyes, se sumó una nueva denuncia. Una joven de 18 años lo acusa de haberle practicado en septiembre de 2024 una cirugía estética que derivó en una neumonía aspirativa que puso en riesgo su vida.
En medio de esta discusión, el Ministerio de Salud (Minsa) afirmó en un comunicado que “la medicina, aún la privada, no es un negocio, sino un servicio que se brinda a l@s nicaragüenses”. La declaración resulta llamativa porque durante años, la medicina privada ha operado con escasa supervisión pública. Nicaragua no cuenta con un colegio de especialistas en cirugía plástica y las clínicas estéticas han funcionado con pocos mecanismos visibles de control sobre su práctica profesional.
El debate trasciende los casos recientes. Más allá de las responsabilidades individuales en cada caso, la discusión también alcanza la forma en que se promocionan los procedimientos estéticos al “2×1” y “descuentos por el mes”, la poca información que se brinda sobre sus riesgos y los mecanismos de supervisión existentes en un mercado como el de Nicaragua.
La ilusión de seguridad: cómo se promocionan los procedimientos estéticos


Y es que, en un mercado donde abundan los anuncios sobre resultados, promociones y beneficios, surgen preguntas clave: ¿quién regula la publicidad de estos procedimientos?, ¿quién debe advertir a los pacientes sobre las posibles complicaciones? y ¿qué tan clara es la información que reciben las personas antes de tomar una decisión que puede tener consecuencias permanentes? Te explicamos en este Diver-Check.
Una especialista en marketing digital, entrevistada por DIVERGENTES bajo condición de anonimato para evitar represalias del régimen sandinista, explica que muchos centros estéticos y clínicas privadas basan su publicidad en promociones, descuentos y hasta “resultados inmediatos”, como ganchos comerciales. Además, suelen destacar los equipos y aparatos que utilizan durante los procedimientos para transmitir una imagen de modernidad, seguridad y alta tecnología, una estrategia real y de libre mercado donde no existe ninguna regularización sobre el contenido publicitario más allá de la posición ética.
A eso se suma la contratación de influenciadores que validan estos procedimientos en sus redes sociales y testimonios de pacientes satisfechos que deberían ser previamente informados del uso de su imagen en fotografías y videos. Un ejemplo de ello, es cuando el médico general, Argüello Molina posicionó en sus redes los procedimientos estéticos que le realizó a la tiktoker nicaragüense, Salma Flores.
Una ginecóloga con más de 15 años de experiencia y que conversó con DIVERGENTES también en condición de anonimato señala que en ocasiones lo que proyectan las redes sociales no es comparado a la experiencia real que vive la paciente cuando llega a los establecimientos. Salas insalubres, equipos obsoletos o sin mantenimiento, ausencia de planta eléctrica, cirujanos plásticos no certificados por el Minsa, ausencia de anestesiólogos o sin carros de reanimación debidamente equipados para responder ante una emergencia.
“Se ofrece un servicio respaldado por una supuesta alta tecnología, pero muchas veces todo se sostiene en la publicidad mientras se opera en condiciones de riesgo. Entonces el marketing médico enfocado en cirugía plástica deja de ser informativo y se convierte en una carnada comercial”, afirma.
Agrega que el peligro no solo radica en las condiciones bajo las que se realizan algunos procedimientos, sino también en la competencia por captar clientes. Entre cosmetólogos, esteticistas y médicos que ofrecen servicios estéticos, la publicidad suele recurrir a una guerra de precios en la que abundan las promociones, descuentos y paquetes “todo incluido”, aun cuando se trata de procedimientos que implican riesgos para la salud que parecen ser una “oportunidad imperdible”.
La ginecóloga expresa que entre el gremio conversaban hace algunos meses sobre la publicidad de un médico general que quitaba los implantes anticonceptivos subdérmicos en 150 córdobas, cuando un ginecólogo cobra 40 dólares. Esta es una alerta, advierte la especialista, porque se ofrecen procedimientos a precios sospechosamente económicos.
Del quirófano a las redes: quién debería supervisar estos procedimientos


Un ejemplo claro sobre publicidad y medicina es el caso del doctor David Páramo y su estilo peculiar de ofrecer cirugías estéticas como “ofertas”. Explica que existe una ausencia de los controles institucionales en Nicaragua para regular el ejercicio médico, y más de la publicidad.
En otros países, según la ginecobstetra, los profesionales médicos están colegiados y son sometidos a tribunales de ética médica, en cambio en Nicaragua carece de un colegio médico y el único ente regulador es el Minsa. “No existe voluntad política para hacerlo. No tienen control”, a pesar de que existe la Ley 702, Ley Creadora del Colegio Profesional de Medicina y Cirugía de Nicaragua aprobada el 24 de septiembre de 2009 y su reglamento, que nunca se materializaron.
“Un colegio médico regula, vigila y fiscaliza el ejercicio de la medicina y sus ramas; garantiza que haya profesionales certificados, actualizados, que cumplan procesos y requisitos legales y normativos. En Nicaragua todo está centralizado en el Minsa, por eso no hay control real”, puntualiza.
“Las cirugías no se deben vender como electrodomésticos en redes sociales”, enfatiza la médica, quien además señala que son procedimientos serios, respetuosos del paciente, “guardando la ética, el compromiso que tenemos como médicos es más que el que propagan en redes. No es exhibir”, añade.
Es por eso, que la especialista consultada insiste en que, antes de someterse a cualquier procedimiento, el paciente debe de verificar si la clínica está registrada ante el Minsa, la Alcaldía, la Dirección General de Ingresos que validen la formalidad del establecimiento. Además, investigar la formación médica del doctor, pues las redes están inundadas de publicidad donde intervienen cirujanos plásticos y esteticistas o cosmetólogos.
También explica que un cirujano plástico es aquel que tuvo un proceso de formación universitaria riguroso y luego se especializó en Cirugía plástica y reconstructiva, por lo que, está legalmente autorizada para realizar procedimientos quirúrgicos que requieren el uso de un bisturí, quirófano y anestesia general o sedación profunda y, que además, tiene la formación de reaccionar frente a emergencias. Esto incluye mamoplastias, liposucciones, rinoplastias, estiramientos faciales o reconstrucciones por accidentes o cáncer, entre otros procedimientos.
En cambio, el esteticista —a diferencia del médico esteticista— o cosmetólogo es un profesional técnico en belleza enfocado en el cuidado de la piel, pero de manera superficial y no invasiva como limpiezas faciales, masajes reductores, depilación láser, tratamientos de spa, microdermoabrasión que actúan sobre la capa más externa de la piel. Es decir, no estudian medicina, solo realizan cursos técnicos o carreras cortas de cosmetología, y tampoco están autorizados a inyectar nada, ni bótox, ni ácido hialurónico.
La delgada línea entre informar y engañar

Otro truco publicitario es cuando se utiliza terminología médica. El cliente piensa que quien lo atenderá es un cirujano plástico, dermatólogo o médico esteticista, cuando en realidad es un técnico de belleza o cosmetólogo que no tiene conocimiento real de los procedimientos más rigurosos ni tampoco sabe cómo responder ante una crisis, menciona el médico colombiano en su Instagram Rawdy.
Otros países como Francia, España, Reino Unido e incluso México y Colombia donde establecen en algunos casos la prohibición de promoción comercial enfocada en este ramo, colocar descuentos o rebajas por “tiempo limitado”, no pueden usar mensajes persuasivos y sus páginas web deben contener no solo información técnica sino también riesgos de los procedimientos ofertados, otros han vetado a los influenciadores para que promocionen cirugías estéticas o procedimientos médicos.
La ausencia de reglas específicas sobre la publicidad de procedimientos estéticos contrasta con las regulaciones adoptadas en otros países, donde existen lineamientos éticos destinados a evitar mensajes engañosos, falsas expectativas o la promoción de resultados poco realistas. Y es que, todos los casos conocidos recientemente han puesto bajo la lupa no solo a los que realizan estos procedimientos, sino también el sistema de controles que deberían de existir para prevenir riesgos.
La promoción de cirugías y tratamientos estéticos en el país probablemente seguirá creciendo. El desafío, sin embargo, es que esa publicidad esté acompañada de información responsable y suficiente para los pacientes. Como advirtió el cirujano plástico colombiano Raúl Daza en una entrevista con Forbes Colombia, “no todo lo que se ve en redes sociales es real. Una cirugía no es magia; es medicina. Y la medicina requiere conocimiento, experiencia y ética”.
El especialista también señaló que las redes sociales pueden ayudar a que las personas tomen decisiones informadas, pero advirtió sobre los riesgos de difundir información sin el debido conocimiento. “La estética no puede estar por encima de la seguridad”, afirmó.