Josefino Aburto, es un agricultor y ganadero de Teustepe. Hace veinte tres días, terminó su jornada laboral y mientras caminaba a su casa, una sensación de mareo, zumbidos en sus oídos y dolor de cabeza lo dejó desorientado a mitad del potrero y con la visión borrosa. El teustepino pidió ayuda y de inmediato lo llevaron al centro de salud de la comunidad: su presión arterial era alta: 158/101. Cuenta que, días después le hicieron exámenes, y arrojó que tiene un daño renal.
La pregunta que se hace Aburto es por qué recibió ese diagnóstico. El médico le mencionó que lo más posible era que las extenuantes jornadas de trabajo en el campo sumado a la deshidratación podrían haber ocasionado el daño renal.
“Me explicó más cosas”, pero él responsabiliza al sol inclemente con el que a diario debe trabajar y la poca agua que consume cuando está en los potreros. “En la zona es mucho el sol, y uno debe trabajar así, porque hay que producir o sino no tenemos qué comer”.
La realidad de Aburto es la misma de otros campesinos de Nicaragua. Según el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) las temperaturas en el país en 2026 han alcanzado entre 36 °C y 38 °C de forma general en gran parte del territorio nacional, con picos de hasta 40 °C en zonas específicas del Occidente del país.
Incluso productores del país reportaron a DIVERGENTES hasta inicios de octubre el fallecimiento de sus animales, la falta de agua, pozos secos, poco alimento para el ganado y venta forzada de estos por la falta de pasto.
El calor extremo causa muertes, reduce las horas de trabajo y amenaza la economía de Nicaragua

Según un estudio de The Lancet Countdown este año hubo un aumento de la exposición al calor en Nicaragua, y eso afectó a poblaciones vulnerables (adultos mayores, niños, mujeres embarazadas y con condiciones preexistentes) y trabajadores, lo que dejó como consecuencia mortalidad por el calor.
The Lancet Countdown es una colaboración internacional y multidisciplinaria que ofrece una evaluación independiente del cumplimiento de los compromisos adquiridos por los gobiernos de todo el mundo en el marco del Acuerdo de París, mediante el seguimiento de indicadores clave en materia de salud y cambio climático.
Las muertes de mayores de 65 años causadas por el calor extremo representan un fuerte impacto para Nicaragua. Según The Lancet Countdown, la pérdida económica anual por estas muertes equivale a eliminar el salario de todo un año de 6000 trabajadores (unos 105 millones de dólares), una carga que se ha quintuplicado desde principios de siglo, indica.
Advierten que esa exposición a las altas temperaturas también limita la actividad física y la capacidad laboral que repercute en sus medios de vida. Según el informe, los nicaragüenses estuvieron expuestos a más de 2860 horas anuales en donde el calor los expuso a estrés térmico durante actividades físicas al aire libre entre 2016 y 2025, unos 220 horas más que el promedio anual de la década de 1990.
Pero el cambio climático y sus consecuencias no solo afecta a la salud ni el rendimiento físico cuando los nicaragüenses caminan o realizan una actividad. La investigación también refleja que la exposición al calor causó la pérdida promedio anual de aproximadamente 604 millones de horas de trabajo potenciales entre 2016 y 2025. Es decir, 145% más alto que el promedio anual de 1990, y eso representó que el 73% de la pérdida de horas laborales fueran en el sector agrícola.
Lo que se traduce, según el informe, en la pérdida estimada de ingresos potenciales de US$1200 millones en 2025: el 5.8% del Producto Interno Bruto nacional. Aquí la agricultura vuelve a salir afectada, pues se estiman pérdidas del 54%, seguida por el sector construcción y servicios.
El cambio climático favorece la transmisión del dengue

Los cambios en la temperatura, las precipitaciones y las condiciones costeras también pueden afectar la aparición de enfermedades infecciosas como las transmitidas por mosquitos y por el agua.
“En Nicaragua, las condiciones siguen siendo altamente favorables para la transmisión del dengue”, indica el informe de The Lancet Countdown.
Entre 2016 y 2025, el potencial de transmisión del dengue aumentó en Nicaragua en comparación con el período 1951-1960. El incremento fue del 28% para el mosquito Aedes aegypti, cuyo potencial de transmisión alcanzó un promedio de 4, y del 34% para el Aedes albopictus, con un promedio de 1.7.
Para 2025, el dengue fue considerado por el Ministerio de Salud como la primera enfermedad epidémica con 13 321 casos confirmados, y 20 fallecidos en el año.
Ese mismo año, el chikungunya ocupó el noveno lugar, con 20 casos confirmados. Aunque el informe The Lancet Countdown analiza el potencial de transmisión del dengue, el chikungunya también merece atención en este contexto, ya que se transmite por la picadura de mosquitos hembra infectados, principalmente de las especies Aedes aegypti y Aedes albopictus, los mismos mosquitos que pueden transmitir el dengue y el zika.
Este año, según los informes del Minsa, el comportamiento del dengue y otras enfermedades vectoriales se mantienen bajo vigilancia constante. A principios de 2026, la entidad de salud reportó entre la semana del 28 de diciembre de 2025 al 3 de enero, 162 personas con dengue. Esto significó un aumento del 3% en esa semana, luego de cerrar el 2025 con 8355 casos.
A mediados de este año, la Organización Panamericana de la Salud y el Minsa reportaron que el país superó los 2000 casos confirmados, y en los últimos reportes, las autoridades sanitarias informaron la disminución en los casos de dengue y chikungunya a nivel nacional.
Otro aspecto que llama la atención del informe, es que el cambio climático también afecta la transmisión de la bacteria Vibrio vulnificus, que representa riesgos por infecciones asociadas con aguas costeras y mariscos contaminados o al exponer una herida en el área contaminada, pues el aumento de la temperatura del agua sumado a otros cambios ambientales puede favorecer la presencia de estas bacterias.
Según el informe, en el año 2025, Nicaragua tenía aproximadamente 236 kilómetros de costa con condiciones ambientales favorables para la transmisión de la bacteria, que representaba el 482% en comparación con los años 1982 a 1991. Entre 2016 y 2025, se estimó un promedio de 1570 casos de esta enfermedad al año.
La contaminación del aire también amenaza la salud en Nicaragua

Los riesgos para la salud no terminan con el calor extremo ni con las enfermedades infecciosas. La contaminación del aire también representa una amenaza para la población nicaragüense, y es otro de los indicadores que analiza el informe The Lancet Countdown para medir los impactos ambientales en la salud.
“El uso de combustibles contaminantes en los hogares y el transporte contribuye a la contaminación nociva del aire, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares y la mortalidad prematura”, dice el informe.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), refiere el documento, la concentración media anual de partículas finas PM2.5 en Nicaragua fue de 16 microgramos por metro cúbico (µg/m³), más de tres veces el nivel máximo recomendado por el organismo, de 5 µg/m³. Estas partículas son tan pequeñas que pueden penetrar profundamente en los pulmones y llegar al torrente sanguíneo, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
También, la contaminación del aire doméstico asociada al uso de combustibles contaminantes se vinculó con aproximadamente 2300 muertes en Nicaragua en 2023, frente a unas 2200 en 2016.
Efectos por el poco uso de la energía renovable

Ante este panorama, el informe señala que ampliar el uso de electricidad en los hogares y el transporte, junto con una mayor generación de energía renovable, podría reducir la contaminación asociada a la quema de combustibles, mejorar la calidad del aire, proteger la salud y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el país.
Sin embargo, en 2023 la electricidad representó apenas el 8.5% del consumo energético de los hogares nicaragüenses y no se registró su uso en el transporte por carretera. Ese mismo año, las fuentes renovables aportaron el 31.9% de la generación eléctrica del país.
Para Josefino Aburto, dejar de trabajar bajo el sol no es una opción, pues de su jornada laboral depende el sustento de su familia, incluso cuando las altas temperaturas y la falta de agua ponen en riesgo su salud. Su casa es un ejemplo de las dimensiones que documente The Lancet Countdown sobre los impactos ambientales en la salud, efectos que no se limitan solo con el aumento de las temperaturas, sino que alcanza el trabajo, los medios de vida de la población, la salud y el bienestar de los nicaragüenses.
Este fenómeno ya representa un desafío para los sectores ganadero y agrícola, que este año han enfrentado los efectos de las altas temperaturas. Ante este escenario, cabe preguntarse qué acciones impulsa el régimen para reducir la exposición de la población al calor extremo y qué medidas contempla para disminuir los riesgos ambientales que amenazan su salud.