Comida racionada y sin medicamentos: así vive el obispo Álvarez y sus sacerdotes el secuestro policial

Los religiosos que se encuentran confinados en el Palacio Episcopal junto a monseñor Rolando Álvarez han limitado la comunicación con personas cercanas por temor a que sus móviles estén intervenidos. La dictadura ha incrementado el cerco policial en los alrededores de la Curia de Matagalpa. Los oficiales impiden el ingreso de medicamentos y víveres

Una de las últimas transmisiones que hizo el obispo Álvarez desde la curia episcopal de Matagalpa. Foto: Cortesía.

Después de cinco días de confinamiento dentro de la Curia Episcopal de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, los cinco sacerdotes y el coro musical que lo acompaña, se encuentran bien, aunque han tenido que limitar la comunicación con su círculo cercano, confirmó una fuente allegada a los religiosos. Desde el cuatro de agosto la Policía de Daniel Ortega y Rosario Murillo mantiene un férreo asedio en las afueras del residencial del líder religioso, tras el supuesto proceso investigativo iniciado en su contra y que impuso casa por cárcel de facto… o un “secuestro”, como han catalogado algunos abogados. 

Durante estos días, los secuestrados se han mantenido con la provisión que el jerarca católico mantiene por costumbre en su alacena. Sin embargo, se desconoce por cuánto tiempo podrán sostenerse con esa provisión, dijo a DIVERGENTES la fuente, quien mantiene comunicación con dos de los sacerdotes retenidos.

El obispo de Matagalpa es el único que ha podido cambiarse de ropa durante estos cinco días. Los demás acompañantes están utilizando prácticamente las mismas prendas, excepto algunas camisas que prestó monseñor. “Aquí me encontré unos calcetines, todos estamos con el mismo pantalón”, dijo a la fuente una de las personas que está dentro del Palacio Episcopal.

Por otro lado, fuentes de diferentes parroquias de la Diócesis de Matagalpa confiaron a Confidencial que la Policía Nacional ha impedido a la ciudadanía que entregue medicamentos y más alimentos a los doce religiosos que se encuentran retenidos en la residencia, pese a que algunos de ellos padecen de hipertensión y problemas crónicos.

Temor de intervención en los celulares

La policía mantiene el cerco policial en Matagalpa desde hace cinco años. Foto: Cortesía.

Los que están dentro de la Curia, incluyendo monseñor Álvarez, han dejado de contestar las llamadas y mensajes por temor a que sus celulares estén siendo intervenidos por las autoridades.

De hecho, el obispo dejó de compartir mensajes a través de su cuenta oficial de Twitter desde el pasado seis de agosto, cuando agradeció a las personas su cercanía y pidió estar “atentos” a la situación que vive junto a los otros allegados. Ese mismo día, Álvarez ofreció su última misa donde aseguró que desconoce los motivos por los que la dictadura Ortega-Murillo abrió un proceso investigativo en su contra.

“Ayer salió ese comunicado de la Policía, en el que básicamente hemos leído dos cosas: primero que estoy siendo investigado, y no sé de qué, pero ellos estarán haciendo sus propias conjeturas; y segundo, que formalmente han dicho que tenemos casa por cárcel”, dijo Álvarez en su última comunicación con el exterior.

A monseñor Álvarez lo acompañan cinco sacerdotes, entre ellos Ramiro Tijerino, Sadiel Eugarrios, Raúl González, Óscar Escoto, José Luis Díaz; dos seminaristas, que son Darvin Leyva y Melkin Sequeira; dos jóvenes del grupo de coros; identificados como Sujin Membreño y Henry Corvera; y los camarógrafos Flavio Castro y Sergio Cárdenas.

La noche del cinco de agosto la Policía de Nicaragua afirmó en una nota de prensa que las altas autoridades de la Iglesia Católica, “prevaliéndose de su condición de líderes religiosos, utilizando medios de comunicación y redes sociales, están intentando organizar grupos violentos”.

La institución acusó a monseñor Álvarez de ser el encargado de “incitar” a estos grupos para “ejecutar actos de odio en contra de la población, provocando un ambiente de zozobra y desorden, alterando la paz y la armonía en la comunidad, con el propósito de desestabilizar al Estado de Nicaragua y atacar a las autoridades constitucionales”.

La nueva ofensiva de la dictadura sandinista contra la Iglesia Católica inició el cuatro de agosto después que el obispo Álvarez encaró a los agentes de la Policía y pidió lo dejaran oficiar una misa con los feligreses tras el asedio impuesto desde un día antes. El jerarca salió del Palacio Episcopal, se puso de rodillas en la acera y elevó sus manos hacia el cielo, y recibió de un colaborador a Jesús Sacramentado y con el Santísimo se acercó a los oficiales, que se retiraron, según la transmisión que hizo la Diócesis de Matagalpa en redes sociales.

El religioso acusó a la Policía de no permitir la libre circulación, la libertad de movimiento, la libertad de expresión y la libertad religiosa, además de crear zozobra y agitar los “ánimos y la fe tan sencilla de nuestro pueblo fiel”.

Episcopado expresa solidaridad

La policía mantiene el cerco policial en Matagalpa desde hace cinco años. Foto: Cortesía.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) expresó el pasado domingo, siete de agosto, su “fraternidad, amistad y comunión episcopal” con el obispo Álvarez, y, parafraseando un versículo bíblico, agregó que “si un miembro sufre, todos sufrimos con él”.

“La CEN, ante la situación que vive nuestro hermano en el episcopado, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, queremos expresar nuestra fraternidad, amistad y comunión episcopal con él, ya que esta situación nos toca el corazón como obispos e Iglesia nicaragüense”, señaló la CEN.

Históricamente las agrietadas relaciones entre la Iglesia Católica y el Gobierno del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, empeoraron recientemente por el arresto y posterior condena del padre Manuel Salvador García Rodríguez por presunta violencia contra una mujer.

También por la captura del párroco Leonardo Urbina por supuesto abuso contra una menor, así como los cercos al sacerdote Uriel Vallejos y al obispo Rolando Álvarez.

“Este fue el último episodio del hostigamiento del Gobierno sandinista hacia nuestra hermana Iglesia nicaragüense, una persecución histórica que nos recuerda a los años ochenta del siglo pasado”, señaló al respecto la Arquidiócesis de México en un comunicado que compartió recientemente en solidaridad a monseñor Álvarez.