Dictadura arrecia persecución contra religiosos católicos

El obispo de Matagalpa, Monseñor Rolando Álvarez, inició un ayuno indefinido hasta que cese el hostigamiento policial en su contra. La más reciente escalada represiva se extiende a obispos y curas católicos, a través de la vigilancia policial. A inicios de mayo, la Asamblea Nacional presentó un informe que sirve de preludio para más represión contra la Iglesia que señaló a los curas de ser parte del supuesto “intento de golpe de Estado”

El obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, oficia una misa. Archivo | Divergentes.

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo impuso más persecución policial a representantes de la Iglesia en una nueva escalada represiva contra los sacerdotes. El último de ellos es monseñor Rolando Álvarez, obispo de la diócesis de Matagalpa y Estelí, y uno de los más frontales en tiempos en los que la dictadura no permite ningún tipo de disidencia. Álvarez denunció la noche de este jueves que la Policía lo siguió durante toda la jornada, e invadió su círculo familiar.

“Al final de la tarde, encontrándome en la casa de mi sobrina, he ido directamente a preguntarle a los oficiales por qué me persiguen. Ellos me han informado que obedecen órdenes. Les he dicho que se comunicaran con el primer comisionado que ya por hoy era suficiente esta persecución”, aseguró el obispo en un video difundido por redes sociales.

Ante esta situación, monseñor Álvarez se resguardó en la parroquia Santo Cristo de Esquipulas, ubicada en Las Colinas y administrada por monseñor Carlos Avilés. “Hoy, a estas horas comienzo un ayuno de agua y suero indefinido hasta que la Policía Nacional a través del presidente de la Conferencia Episcopal me hagan saber que van a respetar mi círculo familiar”, dijo Álvarez.

El prelado también relata que en uno de los semáforos le consultó a los oficiales por qué lo seguían, y ellos argumentaron que “era por su seguridad”. “Ya sabemos que la inseguridad de este país es precisamente la Policía. Los que nos hacen sentir inseguros con esa persecusión son ustedes, hermanos policías”, continuó.

No es la primera vez que monseñor Álvarez es perseguido por oficiales policiales. En marzo de este año fue detenido de manera “brusca” por una camioneta de la Policía cuando transitaba en su vehículo por San Benito. En abril, también denunció el ataque a una de las colaboradoras de la catedral de Matagalpa. “Dios sabe que con toda sencillez, si es a mí a quien buscan dejen que estos se vayan. No hagan con los fieles lo que quieren hacer conmigo. Lo que quieran hacer conmigo, si van a hacerlo háganlo conmigo y no con los fieles, no con el santo pueblo de Dios, se los digo con toda claridad y sencillez”, dijo durante una de sus homilías. Junto a monseñor Silvio Báez –quien fue enviado al exilio por el Vaticano debido a claras amenazas en su contra– son los obispos que más duramente han denunciado la represión de la dictadura durante sus homilías, casi en el mismo tono que lo hacía monseñor Óscar Arnulfo Romero en El Salvador, asesinado en plena eucaristía por un pelotón del Ejército. 

Persecución religiosa

EFE | Archivo.

Esta tarde, la dictadura a través del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones (Telcor) ordenó la eliminación del canal 51, Canal Católico, de la parrilla televisiva. El comunicado lo dio a conocer la empresa Claro, una de las principales compañías que ofrece servicios de telecomunicaciones. El medio era administrado por la Conferencia Episcopal de Nicaragua y gran parte de su programación consistía en contenido religioso. Sin embargo, tras la censura impuesta por la dictadura acogió a segmentos como Doble Play y también prestó su señal al Comité Científico Interdisciplinario para que los expertos alertaran sobre el avance de la pandemia de Covid-19.

El régimen Ortega-Murillo pretende elevar la represión contra los curas católicos que son críticos. El preludio de esto fue un informe realizado por la Comisión de Justicia de la Asamblea Nacional –dominada por el oficialismo– en el que se involucra a los religiosos como impulsores del supuesto golpe de Estado. “Sectores de la oligarquía, con conjunto con algunos líderes religiosos y determinadas oenegés impulsaron un intento de golpe financiado, dirigido y organizado principalmente desde el exterior cometiendo delitos que violan los derechos humanos de los nicaragüenses”, sigue el documento.

Ortega y Murillo han atacado en reiteradas ocasiones a los obispos que durante las protestas de abril de 2018 prestaron ayuda humanitaria, lo que desató una persecución contra ellos. Muchos tuvieron que exiliarse, incluidos monseñor Silvio Báez y el padre Edwin Román, dos críticos al régimen. Posterior a ello, la vigilancia policial se ha recrudecido. El primer caso tras el informe fue el del padre Harving Padilla, de la parroquia San Juan Bautista, quien declaró al medio Confidencial que le han impuesto “parroquia por cárcel”. El régimen intensificó el asedio a Padilla desde el 15 de mayo, cuando un grupo de uniformados llegó al momento de la homilía a tomar fotografías. Desde entonces, una patrulla permanece a las afueras del templo.

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