La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo mantiene en desaparición a los familiares del fallecido Brooklyn Rivera, quienes viajaron a Managua a reclamar el cadáver del líder indígena para darle sepultura en la Costa Caribe Norte. El régimen se negó a entregarles el cadáver en Medicina Legal y los detuvo en la capital. Aunque inicialmente fuentes familiares informaron que habían sido liberados por un contacto momentáneo que tuvieron con uno de los costeños por celular, al final personeros del régimen les confirmaron la detención, pero sin precisar el paradero.
Rivera falleció el 30 de mayo a las 8:30 de la noche en el Hospital Vélez Paiz, bajo custodia policial, como preso político. La copresidenta Rosario Murillo insiste en que la familia participó durante su hospitalización, agonía, muerte y entierro del líder indígena. Su hija, Tininiska Rivera, lo ha desmentido de forma categórica en varios comunicados desde su exilio en España.
Tras conocerse el deceso, siete familiares se dirigieron a Managua a reclamar el cuerpo de Rivera. El diputado sandinista Gustavo Porras, en Medicina Legal, les dijo que no se los entregaría, según fuentes cercanas al caso consultadas por DIVERGENTES. El grupo se trasladó entonces a una casa en Managua donde les prestaron un microbús. Cuando volvieron a movilizarse para hacer más gestiones, la policía los retuvo.
Después de la retención, fuentes familiares tuvieron un contacto celular con uno de los detenidos, por lo que creyeron que habían sido liberados. No obstante, a partir del 31 de mayo los contactos cesaron por completo. Fue hasta este martes que personeros del régimen les confirmaron que seguían detenidos y que se “prepara una acusación” en su contra, sin precisar los cargos.
Si bien el grupo inicial que viajó a Managua a reclamar el cuerpo de Rivera fueron siete, las fuentes allegadas al caso confirman la detención de los siguientes familiares y allegados al fallecido líder indígena:
1. Alda López Bryan, hermana de Brooklyn Rivera.
2. Jorge Webster Rojas, amigo de Brooklyn Rivera.
3. Kurney Valle Bushy, sobrino de Brooklyn Rivera.
4. Florencia Sarmiento, cocinera de Brooklyn Rivera.
5. Jorbis Hendy López, sobrino de Brooklyn Rivera.
6. Glenis Panting Coleman.
Wailan Rivera, hijo de Rivera, no aparece en la lista. DIVERGENTES no ha logrado precisar su paradero.
A pesar de los esfuerzos de la familia por recuperar el cuerpo, el régimen al final impuso su voluntad con el secuestro del entierro. Sepultó a Rivera la noche del 31 de mayo en la funeraria Sierras de Paz, en Managua, sin su familia, sin el responso en la iglesia morava que estaba previsto y lejos de Sandy Bay, el pueblo del Caribe Norte donde nació y donde yace enterrada su madre.
Murillo dispuso el lugar, el ataúd y los asistentes: un grupo de plañideras y diputados sandinistas, entre ellos Lumberto Campbell, otrora compañero de lucha de Rivera, que guardaron silencio cínico ante el féretro de un hombre que murió preso por quienes los gobiernan.
Fuentes sandinistas dijeron a DIVERGENTES que la decisión de impedir un entierro en la Costa respondía al temor del régimen a movilizaciones de repudio en el territorio ancestral del líder indígena. Los pueblos indígenas y afrodescendientes de la Moskitia denunciaron que el régimen usó su imagen con fines de propaganda y dispersó a comunitarios miskitos que intentaban despedirlo.
Alto comisionado de la ONU condena muerte

Desde Ginebra, el alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, deploró la muerte bajo custodia estatal del líder indígena y exigió a las autoridades copresidenciales una investigación pronta, imparcial y efectiva.
Su oficina documentó que Rivera fue reconocido como víctima de represalias por su cooperación con la ONU, según los informes del secretario general de 2024 y 2025. Tras su regreso clandestino a Nicaragua en septiembre de 2023, fue detenido de forma arbitraria y las autoridades se negaron a reconocer su paradero hasta su muerte, lo que configura una desaparición forzada.
La ONU advirtió que las condiciones exactas de su detención, incluyendo si tuvo acceso a atención médica adecuada, permanecen sin aclarar. No es un caso aislado: desde agosto de 2025, la oficina del alto comisionado registró otras tres muertes bajo custodia en Nicaragua, todas aparentemente vinculadas a condiciones precarias de detención y atención médica insuficiente.
Türk urgió al régimen a liberar a todos los detenidos arbitrariamente y a garantizar que las cárceles cumplan con las normas mínimas internacionales, incluidas las Reglas Mandela. También exigió que Nicaragua restaure el acceso de la oficina de la ONU al país y, en particular, a sus centros de detención.
Por su parte, el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, también responsabilizó directamente a la dictadura por la muerte de Rivera. “Murió como prisionero del régimen tras tres años de trato inhumano, detención injusta y desaparición forzada”, escribió en su cuenta de X, y expresó solidaridad con quienes, como Rivera, están comprometidos con una Nicaragua libre.





