Dictadura impone una sola cultura: “la voz” de Daniel Ortega y Rosario Murillo

Junto al cierre de más de 2,000 organizaciones de la sociedad civil, el régimen Ortega-Murillo ha clausurado 81 iniciativas culturales en una embestida que, para expertos, busca imponer una sola cultura en el país: la que se gesta en El Carmen. La cruzada contra los artistas independientes ha provocado el exilio de escritores y músicos nicaragüenses, entre ellos Sergio Ramírez y Gioconda Belli. Nicaragua atraviesa un “oscurantismo cultural”

Ilustración de Divergentes.

La cultura no se ha salvado de la “guillotina” del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que a la fecha ha clausurado más de 2,000 organizaciones de la sociedad civil que operaban en el país. Unas 81 organizaciones de las clausuradas por la Asamblea Nacional –controlada por el oficialismo– son culturales. La más reciente de ellas es el Carnaval Alegría por la Vida, que antes de la crisis sociopolítica de 2018 era una de las actividades más populares celebradas en Managua. La medida ha sorprendido a intelectuales nicaragüenses, quienes tachan que estas acciones responden a la implementación de un modelo único en el que el control total se gesta en El Carmen, complejo que funciona al mismo tiempo como residencia y despacho presidencial.

“Todo esto va encaminado a la formación de una voz única, que es la del Estado. Lo que se está viviendo es un regreso a la Edad Media, un oscurantismo total”, opinó a DIVERGENTES un “observador cultural” que por seguridad ha pedido anonimato. 

Entre las iniciativas canceladas por la aplanadora sandinista sobresalen la fundación que administra el Festival Internacional de Poesía de Granada, una de las actividades literarias más importantes que se realizaban en el país y la región. También la Academia Nicaragüense de la Lengua, que aglutina a una serie de intelectuales; la Fundación Luisa Mercado, que organizaba el festival Centroamérica Cuenta; o el Centro Nicaragüense de Escritores, que cada año celebraba un certamen literario en el que se daban a conocer talentos emergentes. 

En 2018 se realizó la última edición del Festival Internacional de Poesía en Granada. Foto: EFE | Archivo.

La oferta cultural del país es ahora tierra arrasada. Luego de desterrar a los productores Xochitl Tapia y Salvador Espinoza, días después de que llevara a cabo un concierto en el que la banda Monroy y Surmenage dedicara una canción a las protestas de abril de 2018, hubo un éxodo masivo de artistas de la escena musical. Sumado a ello, la Policía Nacional circuló el 12 de abril una notificación en la que se prohibía a dueños de bares que prestaran sus instalaciones para “varias bandas” del país, sin detallar cuáles. 

El régimen también ha prohibido la distribución de ciertas obras literarias, como el libro “Tongolele no sabía bailar”, del escritor Sergio Ramírez. La Aduana nicaragüense retuvo la obra cuyas páginas hacen referencia a las protestas de abril de 2018, en las que el Premio Cervantes critica a la pareja presidencial. El autor se encuentra exiliado en España. Sin embargo, el 15 de septiembre publicó su más reciente obra, titulada “Ese día cayó en domingo”.

En cambio, la vicepresidenta Murillo impulsa una oferta cultural oficialista con artistas afines. El 22 de enero de 2020, la también primera dama anunció la realización del ‘Festival de las Artes Rubén Darío en Granada’, una réplica del Festival de Poesía que llevaba 15 años en el país, y en el que participaban cientos de poetas de todo el mundo. El evento de Murillo provocó críticas en redes sociales, debido a que fue tachada como copia. Camila Ortega, quien funge como asistente de Murillo y es directora de la pasarela Nicaragua Diseña, fue parte de la “comitiva gubernamental” del Festival, en el que también participó Laureano Ortega, cantante de ópera y representante de la dictadura en algunas misiones diplomáticas. Mientras que a nivel de conciertos, Juan Carlo Ortega Murillo produce sus propios conciertos.

“Hay un retroceso en el saber y en el conocimiento. Por un lado, se han atropellado a las culturas populares, las letradas y la academia. Todo esto para ir construyendo un Estado de ciegos, sordos y mudos”, reiteró la fuente.

DIVERGENTES conversó, además, con un sociólogo y una productora nicaragüense que también pidieron anonimato. La situación demuestra el férreo control que la pareja presidencial ejerce también sobre los artistas y académicos cuyas voces críticas permanecen bajo las sombras, producto de una represión en la que no se salvan ni los carnavales. 

“Oscurantismo” cultural

Militantes sandinistas obligados a ver un acto partidario de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Managua. Foto: EFE | Archivo.

Para un sociólogo e investigador nicaragüense que accedió a hablar bajo anonimato, el cierre masivo de espacios culturales que, “a simple vista no representan mayor peligro para el régimen”, puede estar relacionada con una “paranoia” de Rosario Murillo, la vicepresidenta de Nicaragua que “co-gobierna” con Ortega.

“Es importante resaltar que a ella (a Murillo) le ha interesado siempre la cultura. En los años 80, cuando ella tuvo poder, quiso crear una especie de Ministerio de Cultura paralelo, que fue la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura que ella encabezaba. Desde ahí, le hizo la competencia a Ernesto Cardenal, que fue feroz”, resalta el especialista.

La pugna culminó con la disolución del Ministerio de Cardenal, cuyos logros durante el primer mandato sandinista se pudieron cuantificar en la exitosa campaña de alfabetización, que redujo de un 50 a un 13% el analfabetismo en el país, y que Nicaragua se convierta en ese tiempo en un semillero intelectual donde decenas de artistas vivieron su propia utopía. Desde Julio Cortázar, hasta Salman Rushdie –quien fue víctima de un atentado en Nueva York que casi le cobra la vida el 12 de agosto– visitaron el país y apoyaron las iniciativas culturales del gobierno. Rushdie señaló su preocupación hacia ciertas medidas autoritarias realizadas por los sandinistas en la década de los ochentas, como el cierre del diario La Prensa en 1986 bajo órdenes de Daniel Ortega. El autor criticó directamente a Ortega y aseguró que el cierre del diario era un “error” del régimen. 

Pero ahora, la realidad es muy diferente. La mayoría de músicos independientes de la escena cultural nicaragüense se han exiliado en Costa Rica. Bandas reconocidas como Garcín, Monroy y Surmenage, y Milly Majuc –famosas en la vida nocturna de Managua– dan conciertos con libertad en San José, debido a la prohibición “de facto” que impuso la dictadura de Ortega, luego de una escalada represiva contra la música. 

Desde los años ochenta, Rosario Murillo ha intentado controlar el mundo cultural de Nicaragua. Foto: EFE | Archivo.

Los efectos del control cultural también ha impactado en las pocas opciones que tienen los consumidores en el país. “Es triste y frustrante tener una agenda cultural tan escasa, ya que muchas oenegés que promovía el arte ya no lo están haciendo”, comentó a este medio una productora cultural que también pidió mantenerse en el anonimato. La situación del país ha provocado que “replantearse” su producción artística para buscar “maneras creativas de hacer el trabajo”. “Por ejemplo, jamás pensé en tener que hacer planes de seguridad a la hora de plantear un proyecto, o contar con varias opciones en casos de emergencia”, agregó. 

“Quienes pierden somos todos los nicaragüenses, en especial las nuevas generaciones deseosas de conocer. La cultura es un motor fundamental de la sociedad, aunque en Nicaragua nunca se le haya tomado de manera seria. Creo que eso responde también a la situación que actualmente pasamos”, reiteró.

Nicaragua se ha quedado sin oferta cultural a partir de la escalada represiva contra los artistas críticos. Foto: EFE | Archivo.

Para el sociólogo consultado para este artículo, la represión cultural del país solo puede compararse a la cara más cruenta del régimen de los Castro en Cuba. “Se parece más a una réplica de la Cuba de los años duros de mayor monopolio estatal. Estamos en una etapa en la que han querido llevarnos a algo sin precedentes. Ni siquiera durante los años del sandinismo en los ochentas”, explica el experto. 

Además, el investigador asegura que la propaganda del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ha utilizado la cultura como su principal vehículo de divulgación, a través de números en los que siempre se recalca la figura de Ortega y Murillo, o en eventos organizados por los hijos de la pareja presidencial, en los que se intenta incorporar la narrativa del partido. 

“La producción, que era de bajísimo nivel, ahora está en formato confesional e ideológica, sin duda es una forma de propaganda”, finalizó.

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