Las cuentas de Ortega fallan. EE. UU. no tiene quién lo sustituya como principal destino comercial de Nicaragua

Estados Unidos concentra el 60% de las exportaciones de Nicaragua y es su principal sostén comercial. Ante posibles sanciones o la suspensión del DR-CAFTA, el país enfrenta un riesgo económico grave, ya que ninguno de sus otros socios comerciales —ni siquiera en conjunto— posee la demanda, ni la capacidad para sustituir el mercado estadounidense. Esta alta dependencia, combinada con un modelo de enclave y escasa diversificación, deja a la economía nacional vulnerable a una pérdida significativa de divisas, empleos y estabilidad fiscal

Estados Unidos
Ilustración de Hellmutt Escobar

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El 60% de las exportaciones nicaragüenses se dirigen a un solo destino: Estados Unidos. En un contexto de posibles sanciones comerciales, aranceles punitivos o incluso la suspensión del tratado comercial DR-CAFTA por las violaciones a las libertades civiles perpetradas por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, este nivel de dependencia expone a la economía nacional a un colapso sin precedentes, más aún cuando el comportamiento de las exportaciones en 2024 muestra que el resto de los socios comerciales de Nicaragua no tienen la capacidad, ni la demanda, para absorber el vacío que dejaría el mercado norteamericano.

El Informe Anual 2024 del Banco Central de Nicaragua (BCN) detalla que el país exportó bienes y mercancías por 4192.9 millones de dólares, y productos zona franca por 3524.3 millones. Estados Unidos se mantiene como principal destino, concentrando el 60% de las exportaciones de zona franca, y la mayor proporción del comercio total de bienes.

El principal riesgo es que los otros cuatro destinos más importantes de Nicaragua –México, El Salvador, Costa Rica y China– no tienen la capacidad de absorber el volumen, ni la diversidad de productos que actualmente consume el mercado estadounidense. Mientras Estados Unidos concentra el 60% de las exportaciones totales, los otros cuatro socios comerciales en conjunto apenas representan un 15%.

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La fragilidad del modelo exportador del orteguismo 

El economista y director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, Manuel Orozco, considera que el problema no es solo de concentración comercial, sino del tipo de modelo que sostiene las exportaciones nicaragüenses. 

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En su análisis titulado La administración de la pobreza es la receta económica de la dictadura, Orozco advierte que “los hallazgos de la Oficina de Comercio Exterior de Estados Unidos resaltan un problema subyacente de la naturaleza del modelo económico que Daniel Ortega ha promovido desde los años 80 del siglo pasado.

“La dictadura ha profundizado desde casi principios del año 2000 esta mueca apoyada en cuatro fuentes de ingreso que operan casi a manera de enclave: exportación de bienes y servicios con pocas cadenas de valor, transferencia de remuneraciones de trabajadores en el exterior (remesas), inversión pública (en construcción y transporte), y economía informal”, señaló. 

Según el informe anual 2024 del BCN, los cinco principales productos exportados a Estados Unidos fueron textiles, carne bovina, café oro, puros y productos de hierro o acero. Muchos de estos artículos gozan actualmente de exención arancelaria bajo el DR-CAFTA, lo que les otorga una ventaja competitiva frente a países como Honduras, Guatemala, Brasil o Vietnam. “Si se impone un arancel del 100% a estos productos, su competitividad se desploma. Pierden el mercado”, advirtió por su parte el economista Marco Aurelio Peña.

“El problema es que no hay ningún país que reemplace a Estados Unidos como mercado. Ni siquiera China, aunque sea una potencia, puede hacerlo de la noche a la mañana”, añadió Peña. A esto se suma que el dinamismo exportador es una de las principales fuentes de divisas, junto con las remesas y la inversión extranjera directa. Si se bloquea el canal comercial más importante, el país perdería competitividad, empleos y solvencia fiscal.

El problema de los otros socios

México, el segundo socio comercial más relevante, compró a Nicaragua 320 millones de dólares en 2024, es decir, apenas el 8% del total exportado a EE. UU. Además, los productos enviados a México difieren de los destinados al mercado estadounidense. Destacan el oro en bruto, azúcar y productos cárnicos, lo cual limita su capacidad de sustitución.

El Salvador y Costa Rica, por su parte, absorbieron exportaciones por 310.8 millones y 300.4 millones de dólares, respectivamente. Ambos países centroamericanos comparten patrones de consumo similares, pero tienen mercados más pequeños y proteccionistas. Sus importaciones desde Nicaragua se enfocan en bebidas, productos alimenticios, aceites y artículos plásticos. No tienen la infraestructura, ni la demanda para sustituir al comprador estadounidense.

China, a pesar de ser promovido por el régimen Ortega-Murillo como el principal socio estratégico comercial de Nicaragua, representó apenas 199 millones de dólares en exportaciones, equivalentes al 2.5% del total. 

La balanza comercial es profundamente desfavorable, ya que Nicaragua importó desde China mercancías por más de 2716 millones de dólares. En la práctica, esto significa que el país centroamericano compra trece veces más de lo que le vende, y tampoco hay indicios de que el gigante asiático esté interesado en ampliar significativamente la compra de productos nicaragüenses como carne o café.

Orozco señaló que China no puede sustituir a Estados Unidos “porque es competencia para Nicaragua: no pueden invertir en negocios ( con excepción de las minas, y a largo plazo y con dificultad), no pueden importar textiles, y no pueden vender petróleo. Tampoco pueden comprar los alimentos de agroexportación, porque hay otros proveedores más cerca y son menos caros”.

Zonas francas: enclave clave y punto de mayor vulnerabilidad

Dentro de este andamiaje económico, la exportación pertenece a un estilo que Orozco describe como “obsoleto”, porque se apoya en producción primaria y en sectores con poca distribución social de los beneficios. Según su análisis, el sector exportador se sostiene sobre mano de obra barata, poco remunerada y con limitada capacidad de absorber trabajadores, y buena parte de esa actividad opera “en un enclave legalmente protegido de impuestos”.

De acuerdo con el experto, la mano de obra que trabaja en el sector exportador representa 25% de los 3.4 millones de trabajadores que hay en el país, y de éstos, medio millón está en agricultura y minería. Del total exportado la mitad es agroexportación, como café que abarca casi la mitad del total, bananos, azúcar, entre otros.  

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Orozco agrega que “la zona franca es un espacio legal que se crea con el interés de atraer la inversión extranjera ofreciendo exención de impuestos en todo lo referente a productos por exportar”. En 2024,  el 44% de las exportaciones se originaron en la zona franca en donde operan 45 parques industriales a través de 170 empresas (11 nicaragüenses, el resto extranjeras”.

El informe del BCN confirma que las exportaciones bajo el régimen de zonas francas representaron más de la mitad del total exportado en 2024, siendo el sector textil el principal rubro. Este segmento genera más de 120 mil empleos formales, cuya continuidad depende casi totalmente del acceso preferencial al mercado estadounidense. 

El castigo derivado de la represión orteguista

Orozco añade que estas cifras sirven como base para dimensionar el efecto de un castigo comercial de Washington: “Estos datos dan una línea de base para entender las implicaciones de los hallazgos de la USTR, (Oficina del Representante Comercial de EE. UU por sus siglas en inglés) ya que en 2024, Estados Unidos captó 50% de las exportaciones a ese país, de la que el 70% proviene de la zona franca, y la mitad de eso es del sector textil”.

Según su análisis  más de 60 empresas operan en el sector textil, seguido por manufactura de tabaco y servicios con más de 20 call centers, donde los trabajadores tienen mejores ingresos que en la agricultura y la economía informal, pero en un esquema donde los empleos “son limitados”, y persisten violaciones a derechos laborales.

Los sectores más amenazados por un aumento de aranceles son precisamente aquellos cuya competitividad depende de los beneficios del DR-CAFTA como la maquila textil, el procesamiento de tabaco y la ganadería. Por su parte, Peña advierte que “si te imponen esos 100% de aranceles, tus productos llegarán allá valiendo el doble”. Productos como camisetas, suéteres o carne nicaragüense perderían terreno frente a exportaciones similares de Honduras, Guatemala, Argentina o Uruguay. “Eso se traduce en menos ventas, menos divisas y más desempleo”, resume.

Impacto también rebota en Estados Unidos

Orozco señala que un aumento fuerte de aranceles no solo afectaría a Nicaragua. También generaría tensiones en la propia cadena de suministro de Estados Unidos. En su estudio,  advierte que “el sector que fabrica materias primas para la industria textil se vería afectado, ya que el 1.5% de las materias primas estadounidenses para textiles se exportan a empresas nicaragüenses. Si la demanda baja frente a un aumento arancelario, las empresas exportadoras de materia prima americanas podrían sufrir pérdidas y tendrían que buscar otros mercados para recuperar sus ventas”. Del mismo modo, recuerda que “las exportaciones desde Nicaragua de textiles y confecciones a Estados Unidos son 1.7 % del total importado en este sector por este país”.

Ese encadenamiento implica que las empresas importadoras y exportadoras evaluarán escenarios como los que se vivieron cuando se impusieron tarifas a India, China y Vietnam. Algunas buscarán sustituir a Nicaragua, otras podrían mantener compras bajo los términos regionales si sigue representando una ventaja frente al sudeste asiático, que ya enfrenta pérdidas de demanda.

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Orozco también advierte que “un eventual aumento arancelario puede afectar las importaciones de alimentos en Estados Unidos”. Señala que negocios y opinión pública han expresado preocupación por el costo de los alimentos frente a nuevos aranceles, y que los productos procedentes de Nicaragua “representan el 0.5% del total importado por Estados Unidos”, por lo que un recorte en esas compras podría incidir en precios específicos. 

Crecimiento frágil y sin protección

El informe del BCN describe una economía que, en apariencia, crece con estabilidad. En 2024, el Producto Interno Bruto (PIB) aumentó un 3.6%. Sin embargo, buena parte de ese desempeño descansa en factores externos —exportaciones, remesas, inversiones— y en un modelo interno que, según Orozco, “no ha expandido la exportación hacia otros sectores más competitivos, pero ha aumentado el déficit comercial, con importaciones alimentarias y mercancías chinas”. Mientras tanto, la economía informal continúa por cuenta propia, desprotegida y dependiente de remesas, mientras los negocios del clan familiar crecen”.

El mismo informe del Banco Central muestra que la inversión pública ha perdido peso en el PIB y que la deuda externa sigue en niveles elevados. En este escenario, cualquier choque externo —como aranceles del 100% o la suspensión del DR CAFTA— no solo golpearía a exportadores y trabajadores formales, sino también la capacidad del Estado para sostener el gasto público, financiar programas sociales y mantener un mínimo de estabilidad macroeconómica.

De acuerdo con los expertos, el andamiaje económico nicaragüense descansa sobre un solo pilar: su comercio con Estados Unidos, articulado a un modelo de enclave, baja productividad y alta informalidad. Si ese soporte se debilita por sanciones derivadas de las violaciones a los derechos humanos y el autoritarismo del régimen Ortega-Murillo, no hay alternativa viable que lo reemplace en el corto plazo. Como advierte Orozco, el país está atrapado en “una economía de la pobreza”, mientras la dictadura insiste en una narrativa de prosperidad que no se refleja en la vida cotidiana de la población.

“El silencio de Ortega y Murillo de no asumir su responsabilidad ante las eventuales sanciones propuestas por USTR y más bien fortalecer su alianza con China, un país que no va a poder sustituir a Estados Unidos como socio comercial, deja en evidencia que están desamparando a un fuerte segmento de los trabajadores del sector exportador y a la empresa privada, nacional y extranjera”, advierte Orozco.


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