El golpe emocional que sufren los familiares de presos políticos: ansiedad, insomnio, falta de apetito y desconfianza

La separación abrupta de un familiar está afectando a los hijos, hijas, parejas, hermanos y padres de los reos políticos de la dictadura Ortega-Murillo. Los menores de edad son los que más traumas están viviendo, mientras unos pocos buscan apoyo psicológico para sobrellevarlo. La mayoría se “encomienda a Dios” para sortear un drama familiar y humano que se enmarca en el ámbito de la tortura, con consecuencias permanentes para estas personas


Desde que la dictadura Ortega-Murillo secuestró al periodista Miguel Mendoza, hace 16 meses, su pequeña hija Alejandra ha desarrollado diversos signos de ansiedad: se come los pellejitos de los dedos de las manos de forma involuntaria, se despierta por las noches y llora pensando en su padre. En ocasiones se irrita y cuestiona a su madre: ¿Por qué el régimen encarceló a su “papi”?.  

Esta separación de padre e hija también ha afectado la salud de Alejandra, dice Margin Pozo, pareja del cronista deportivo. “En tres meses se me ha enfermado seis veces, ha presentado dolores de cabeza frecuentes sin tener una infección, pero el psicólogo y el pediatra coinciden en que esto es parte de las afectaciones emocionales”, asegura.

Desde el encarcelamiento de Miguel, el 21 de junio de 2021, Alejandra comenzó a recibir acompañamiento de parte de especialistas. Su mamá comenta que parte de las sesiones consisten en hacer dibujos en los que la niña pueda expresar lo que siente, realizar ejercicios de respiración y recrear historias en la mente que le permitan despejar ideas y controlar sus emociones.

Aunque Alejandra está siendo atendida por especialistas, Pozo asegura que en su caso no le ha puesto “atención a su salud física y mental”, pese a que en los últimos meses se ha enfermado de neumonía y emocionalmente no ha estado bien. “Seguramente sí necesito atención psicológica, pero no me he dado el tiempo para hacerlo”, reconoce la mujer, atrapada en un drama familiar y humano que se enmarca en el ámbito de la tortura, con consecuencias permanentes para estas personas. 

“Mi refugio ha sido Dios, en la oración, la Biblia, eso me ha ayudado muchísimo a sobrellevar las cosas, yo le doy gracias al Señor por darme fortaleza y tenerme con vida en medio de tantas cosas que uno ha pasado”, dice Pozo quien también sufre episodios de ansiedad reflejados en la falta de apetito e insomnio.

A criterio de una psicóloga de Sanar Nicaragua, consultada bajo anonimato, los comportamientos de los familiares de presos políticos son respuestas naturales a situaciones de injusticias que sí son antinaturales; por ejemplo, el secuestro sin explicación de un ser querido que sufre torturas en las cárceles.

“El que los familiares presenten tristeza, poco apetito, dificultad para dormir, ansiedad, inquietud, problemas psicosomáticos, es decir, expresiones físicas del problema psicológico, eso no es anormal. Lo que es anormal es esta separación abrupta y además que viola todos los derechos humanos, no solo de las personas presas políticas, sino de sus familiares”, expone la especialista.

Entre los signos más comunes que pueden experimentar las personas a causa de la separación abrupta de un familiar están la falta de concentración, insomnio, poco apetito o comida por atracones, es decir comer sin límites sin disfrutarlo. También puede haber miedo y desconfianza del círculo más cercano.

La especialista añade que las personas también pueden experimentar un sentimiento de culpa por el encarcelamiento de su ser querido. “Sienten culpa por estar fuera de la cárcel, por tener acceso a comida o techo o incluso por haber tenido la posibilidad de salir del país ilesos”.

Asimismo, la ansiedad puede tener manifestaciones en la salud que muchas veces cuesta hacer la conexión, por ejemplo, a través de problemas estomacales, dolores de cabeza, cansancio, tensiones musculares. “Cosas que normalmente le atribuimos a algún virus o alguna enfermedad física, pero muchas veces puede tener su raíz en lo emocional”, señala la experta.

En el caso de los niños y niñas es más complicado. La psicóloga explica que entre las afectaciones también puede haber regresiones, en palabras sencillas, un retroceso en los logros de desarrollo alcanzados por ese menor. “Por ejemplo, un niño que ya lograba no orinarse en la cama ahora sí lo hace”, explica.

Refugio en Dios y la familia

Vista de varias fotografías de los políticos presos políticos. Foto: Archivo de EFE/ Jeffrey Arguedas

Fernanda Guevara, esposa del abogado y preso político Roger Reyes, confiesa que la ausencia de Reyes ha sido un proceso difícil y “muy agotador”, sobre todo cuando sus dos pequeñas hijas, de 2 y 5 años, le preguntan dónde está su papá. Para sobrellevar esta situación dice que se “ha refugiado en Dios y en la familia”.

Para distraer a las niñas toma los tiempos libres para llevarlas al parque u otro lugar de recreación. Sin embargo, en las fechas importantes siempre recuerdan y preguntan por el reo político, sobre todo la niña mayor, quien llora con frecuencia por su padre.

“Lo que yo hago es que le enviamos audios al WhatsApp de Roger y eso les mantiene como que están en comunicación, aunque él no puede contestar. Les cuentan sus vidas y eso les ayuda a sentir que están cerca de él. Pero también he tenido que lidiar con preguntas como por qué no responde. Ha sido difícil”, dice.

Como medida de presión para que le permitan ver a sus dos hijas, desde el pasado 20 de septiembre el reo político inició una huelga de hambre dentro de las celdas El Chipote. Su esposa informó que Reyes perdió parcialmente la memoria al punto de olvidar a sus hijas.

Por su parte, César Dubois esposo de la opositora y presa política Suyen Barahona, asegura que a través del acompañamiento de especialistas ha podido sobrellevar, junto a su hijo de 5 años, este proceso de una mejor manera.

“El momento del allanamiento fue una experiencia muy traumática para el niño, pero a pesar de todo eso, ha podido sobrellevar de alguna forma esta situación. Obviamente siempre pregunta por ella, de vez en cuando se pone triste y la extraña muchísimo, pero tratamos de que siempre esté presente de alguna forma y que él sienta que no ha desaparecido totalmente”, relata.

Según Dubois, durante las sesiones psicológicas expone la situación del niño, sus actitudes y personalidad tras la ausencia de Barahona, y, con base a eso, implementan en el menor lo que el especialista le recomienda. “Damos retroalimentación y así vamos en el camino ajustando el proceso”, dice.

En el caso de Berta Valle, esposa del preso político Félix Maradiaga, dijo que a ella y a su hija les ha ayudado poner en práctica la fe en Dios, pero también ha recurrido a la atención profesional, no solo de psicólogos sino de psiquiatras.  

“Alejandra estuvo medicada durante un par de meses el año pasado, cuando tuvo un colapso emocional. Seguimos en terapia con la psicóloga y en mi caso también es un doble desafío, porque no solo tengo que atenderla a ella, también tengo que proveer a la casa”, señala Valle.

Atención especializada

Ilustración Divergentes.

La psicóloga de Sanar Nicaragua compartió que el trabajo terapéutico con niños y niñas consiste en tratar de entender lo que ellos están pasando e intentar crear condiciones para que estos se sientan seguros, en dependencia de la situación que presenten.  

En el caso del acompañamiento con adultos, la especialista explicó que el primer paso, igual que en cualquier proceso terapéutico, será entender por qué la persona está ahí. Escucharlo siempre en un espacio seguro, sin juicio, en el que el paciente se pueda conectar en una relación de confianza con el especialista.

“A partir de eso empezamos a construir un plan de cuál es su prioridad, ¿qué quiere sacar de estas sesiones? Por ejemplo, si quiere trabajar en  particular el tema del sueño, gestionar la ansiedad. Siempre en un espacio sin juicios, seguro, donde se puede hablar sin temor a represalias, ni a que la información salga de ahí”, finaliza la psicóloga.

El lunes 17 de octubre los familiares de los más de 40 opositores que se encuentran en la cárcel conocida como El Chipote demandaron al régimen permitir ver a sus seres queridos después de 52 días sin poder hacerlo, el lapso más largo en este año y medio de encierro. 

“Hay 150 hijos que no han tenido acceso regular a sus padres y madres… Dentro de ese grupo 50 son menores de 5 años, y casi 20 que no han tenido acceso en más de un año a sus padres y sus madres”, reclama la periodista Berta Valle.

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