Tras 17 intentos fallidos a lo largo de dos décadas, la decimoctava mesa de diálogo en Venezuela respira con la supervisión directa de Estados Unidos. Con el dictador chavista Nicolás Maduro en una celda de Nueva York y el país aún sepultado bajo los escombros de dos sismos devastadores, el régimen chavismo y la oposición firmaron un pacto histórico: desarmar el Tribunal Supremo de Justicia y rescatar el oro de Londres. .
El ascensor del hotel Marriott en Caracas condensa la nueva realidad del poder en Venezuela. Allí, los diputados de la Asamblea Nacional opositora de 2015, liderados por Dinorah Figuera, se cruzan a diario con los funcionarios estadounidenses que marcan el paso de la transición. A pocos kilómetros, en el Meliá, se sientan con el chavismo, ahora encabezado por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Todos responden a Washington.
Esta vez no hay mediación simbólica en México, Oslo o Barbados. La dinámica que ha logrado sentar a las partes y obligarlas a firmar consensos rápidos está marcada por dos quiebres sísmicos, uno político y otro literal. El primero ocurrió el 3 de enero con la captura de Nicolás Maduro por tropas estadounidenses. El segundo, el 24 de junio, cuando dos terremotos dejaron más de 6300 muertos y pérdidas por casi 19 600 millones de dólares.
Ante esta encrucijada, el Departamento de Estado de EE. UU., bajo la batuta de Marco Rubio, impuso un plan de tres fases para la estabilización, recuperación económica y transición democrática en Venezuela. Y, por primera vez en 27 años, la hoja de ruta empieza a cumplirse.
La caída de un Supremo cooptado
El primer gran trofeo de este ciclo de negociaciones, cerrado el miércoles tras seis horas de deliberaciones, es el poder judicial. La oposición logró presionar un “botón de reinicio” sobre el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), echando por tierra el proceso de nombramiento de magistrados que la Asamblea Nacional chavista ya había cocinado a su medida tras la reforma legal de mayo pasado.
La comisión de postulaciones —señalada por sus profundos vicios de origen— será ampliada para garantizar independencia. Es una concesión impensable hace apenas un año. Para la delegación opositora y sus patrocinadores internacionales, despartidizar el máximo tribunal es el requisito ineludible, la piedra angular para construir el terreno de juego que permita unas elecciones presidenciales libres.
El segundo acuerdo de Caracas apunta directamente a las bóvedas del Banco de Inglaterra. Las partes pactaron centrar esfuerzos para recuperar las 31 toneladas de oro venezolano, hoy estancadas en un litigio en Londres, y redirigirlas a la atención de las víctimas de los sismos de junio.
El chavismo ansiaba este oxígeno financiero para sus planes de vivienda y salud; la oposición, por su parte, logró dejar por escrito que la ejecución de esos recursos estará blindada por mecanismos de auditoría, transparencia y trazabilidad. En un país donde la corrupción estatal evaporó miles de millones en la última década, la promesa de fiscalizar el oro rescatado es un triunfo retórico que ahora deberá probarse en la práctica.
El reclamo por los presos políticos
Mientras los flashes capturaban el apretón de manos entre Dinorah Figuera y el negociador chavista Jorge Rodríguez, en las calles la realidad exigía respuestas. Figuera se reunió con familiares de los 382 presos políticos que aún registra el Foro Penal, prometiendo que en los “próximos días” habrá nuevas liberaciones. El viernes 7 de agosto pasado, la libertad plena otorgada a la emblemática jueza María Lourdes Afiuni funcionó como un primer guiño de que los cerrojos pueden seguir abriéndose.
El martes 11 de agosto, un grupo de antiguos presos políticos de Venezuela informó que se reunió con la delegación opositora que encabeza el diálogo con el oficialismo, ocasión en la que solicitó más liberaciones de estos detenidos.
El opositor Roberto Marrero, quien estuvo detenido por razones políticas y regresó en mayo pasado al país suramericano tras casi seis años en el exilio, alabó el trabajo de la comisión, que aseguró está trabajando “por la transición” tras la captura de Nicolás Maduro.
Según la ONG Foro Penal, en Venezuela hay actualmente 382 presos políticos, luego de cientos de liberaciones ocurridas este año en medio de un proceso de excarcelaciones ordenadas por el Gobierno y la aprobación de una ley de amnistía en febrero que, en su mayoría, favoreció a personas con libertad restringida.
Sin embargo, la mesa de diálogo arrastra una ausencia que define el pragmatismo crudo de esta negociación: María Corina Machado. La líder más popular de la oposición ha sido marginada del proceso, una decisión calculada desde Washington para no dinamitar los puentes con el chavismo. Como admite Jesús Armas, del partido Vente Venezuela: “Es una amenaza más suave sentarse a negociar con la Asamblea Nacional de 2015”.
Machado ha aceptado el trago amargo. Relegada pero no derrotada, asegura que no será un obstáculo mientras se cumplan los objetivos.
El único camino que le queda a Venezuela

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, celebró el “primer paso” en el proceso de diálogo entre el chavismo y un sector de la oposición. “Confío en que este proceso contribuya a construir un camino para la mejor convivencia democrática entre los distintos sectores políticos del país y que se traduzca en beneficios concretos para los venezolanos”, señaló la mandataria en un mensaje publicado en Telegram.
Asimismo, llamó a todas las fuerzas políticas a que se sumen a este proceso, “poniendo siempre por delante el bienestar, la paz, la estabilidad y el desarrollo de Venezuela”.
Venezuela camina hoy sobre una delgada línea. Como señala el parlamentario Antonio Ecarri al diario El País de España, “la transición sin reconstrucción fracasa”. Bajo el peso de un país en ruinas y con la mirada vigilante de Washington, los políticos venezolanos saben que ya no hay margen para la simulación.
Los terremotos que vivió Venezuela también han tenido sus réplicas políticas, en opinión de Ecarri, jefe del Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela-Estados Unidos. “La transición sin reconstrucción fracasa. Aunque seguramente habrá quien quiera boicotear el proceso, los que están al frente no pueden salirse de la transición. Eso no lo entendieron Nicolás Maduro y Cilia Flores, y terminaron en una corte de Nueva York.. Por primera vez en 27 años, damos pasos agigantados hacia una reinstitucionalización y hacia unas elecciones libres. Hoy el descontento es mayoritario, y eso nos tiene que llevar a ganar unas elecciones y a gobernar. Es el único camino que nos queda”.
Con información de EFE y El País de España