Ramón J. Meneses
30 de octubre 2026

Las elecciones de medio término: la última barrera frente al autoritarismo de Donald Trump

El presidente Donald Trump y la primera dama Melania Trump durante la firma de una orden ejecutiva para crear una división de salud femenina y un grupo de trabajo sobre el tema en la Casa Blanca, el 19 de octubre de 2026. EFE/EPA/JIM LO SCALZO

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Ya sea que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes o ganen ambas cámaras del Congreso en las elecciones del 3 de noviembre, el daño que Donald Trump ha causado a la democracia y a la política exterior estadounidense es irreversible. 

Desde que asumió el poder en su segundo mandato, Trump ha menoscabado las relaciones con sus aliados, ha sido condescendiente y sumiso hacia Vladimir Putin, y ha atacado el derecho internacional y el derecho internacional humanitario. Ha rechazado el orden liberal internacional de la posguerra y lo ha reemplazado por “America First”, aplicando una política diplomática y económica coercitiva hacia aliados y adversarios e imponiendo un enfoque altamente intervencionista (Venezuela e Irán), basado en el uso del poder militar.  

Y ha herido de muerte a la democracia estadounidense.

Los procesos electorales y el respeto al voto ciudadano son esenciales para la democracia. Trump ha erosionado la confianza pública en la integridad de las elecciones. Afirma repetidamente, sin pruebas, que las elecciones son un fraude. Y está llevando a cabo acciones concertadas, sin precedentes, para socavar las elecciones de medio término: intentando dificultar el voto y usurpar el control de los procesos electorales. 

Preparando recomendación…

Trump está desmantelando el Estado de Derecho. Su control de los diputados y senadores republicanos y una mayoría de magistrados conservadores y pro-Trump en la Corte Suprema de Justicia lo convierten en un cuasi dictador. Coarta la libertad de prensa, la libertad de expresión y el derecho a la protesta. Además, muestra desdén y ataca constantemente los fallos judiciales que restringen sus acciones, politiza el sistema de justicia, “desafía directamente los textos constitucionales”, fomenta una deriva autoritaria y erosiona los derechos humanos. Y, por si fuera poco, ha institucionalizado la corrupción. 

Ya Washington y Estados Unidos dejaron de ser, utilizando la metáfora de Ronald Reagan, un “faro de luz” y una “ciudad resplandeciente sobre la colina” (shining city upon a hill).  Quizás sólo fue un mito, pero ya no es un ejemplo, ni una inspiración de la democracia, prosperidad o refugio para quienes buscan la libertad.

¿Podrán los demócratas frenar el neofascismo y el rumbo hacia la autocracia? Eso está por verse. Todo depende de cómo se lleven a cabo las elecciones de medio término (midterm, a mitad del mandato presidencial) y si los demócratas ganan ambas cámaras del Congreso o sólo la Cámara de Representantes.  

Por lo general, las votaciones de medio término son un referéndum sobre la administración en el poder. Históricamente, el partido en el poder pierde escaños y el partido opositor obtiene el control de una o ambas cámaras.  

A pocos días de las elecciones, se considera que los demócratas van a ganar entre 8 y 12 escaños adicionales y así obtener el control de la Cámara de Representantes. Sólo necesitan sumar 3 escaños para alcanzar los 218 necesarios para obtener la mayoría en la Cámara de Representantes. Si se da la llamada “Ola Azul” (Blue Wave), los demócratas ganarían por 263 a 172, según la NBC.

Sin embargo, los estrategas demócratas, encuestadores y politólogos están cautelosos, porque todavía no se sabe qué impacto tendrán las interferencias e intervenciones federales en el proceso de votación, ni qué efecto tendrá el “gerrymandering” incitado por Trump, que otorga una ventaja de 10 escaños a los republicanos. Y, no se sabe qué repercusión tendrán los miles de millones de dólares que los republicanos están invirtiendo en la campaña electoral. 

Para tener un indicador sobre cómo va la votación, hay que poner atención a cuatro distritos de Pennsylvania que actualmente están en manos de los republicanos: 1, 7, 8 y 10. Si los demócratas ganan esos 4 distritos, tendríamos una “Blue Wave” o una victoria casi asegurada de los demócratas.

Se requiere una Blue Wave lo suficientemente grande para alcanzar la mayoría en el Senado. Como ha señalado el periodista del New York Times, Nate Cohn, la lucha se centra en pocos estados republicanos, en los que Trump ganó por más de 12 puntos en 2024. Si los demócratas ganan ambas cámaras del Congreso, tendrán el poder para hacer “un contrapeso legislativo total frente al Poder Ejecutivo”. Si sólo ganan la Cámara de Representantes, su capacidad para frenar la agenda de Trump es muy limitada: investigaciones, propuestas legislativas y acciones simbólicas de “impeachment”.

Las elecciones de medio término: la última barrera frente al autoritarismo de Donald Trump
Votantes participan en la primera jornada de sufragio anticipado para las elecciones de medio término en Miami, Florida, el 19 de octubre de 2026. EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH

Los demócratas sólo necesitan 4 victorias—y no perder ninguno de sus escaños que se presentan a esta elección—, para obtener la mayoría en el Senado. Lo último está casi asegurado, según la última encuesta de CNN. 

Los republicanos tienen una mayoría de 53 escaños en el Senado, de los cuales 31 no se presentan a esta elección. De los que se presentan, 6 (Texas, Ohio, Iowa, Kansas, Alaska y Maine), están empatados o con leve ventaja para los demócratas. En un estado, Carolina del Sur, la tendencia favorece a los republicanos, pero todavía se considera competitiva. Y Carolina del Norte, un estado que tradicionalmente se inclina por los republicanos (rojos), pasaría a manos de los demócratas.

Los republicanos se han preparado para este escenario. Han destinado y gastado aproximadamente US$1,2 y US$1,4 mil millones de dólares para la campaña. Y Elon Musk ha destinado US$168 millones para movilizar (puerta a puerta) a los votantes a los centros de votación en Texas y otros estados. Trump y Vance también han realizado giras por varios estados rojos para incrementar la participación de su electorado.

Ese es el muro de contención que los republicanos han construido, pero el viento del cambio está soplando a favor de los demócratas. Según las encuestas, el índice de aprobación de la gestión gubernamental de Trump está entre 32% y 38%. El voto latino, que es el bloque más importante de votantes indecisos (swing votes), ha reducido su apoyo a Trump de 38% al 24%.

La campaña electoral ha sacado a flote las promesas incumplidas de Trump, que se resumen en tres C en inglés: Corruption –dijo que iba a “drain the swamp” (eliminar la corrupción) y se ha convertido en el presidente más corrupto en la historia de Estados Unidos–; Cost of living (costo de la vida) –prometió bajar la inflación (subió a 3.7), bajar los precios de los alimentos (subieron en promedio un 4%), bajar el costo de la vivienda (aumentó), bajar el costo de los combustibles (el diesel está en $6.52 el galón y 4.62 la gasolina)–; Cruelty (crueldad)—una fuerza paramilitar enmascarada (ICE)  arresta violentamente, encarcela, deporta y mata a inmigrantes, a aquellos que tienen estatus legal, y a ciudadanos estadounidenses. Según estadísticas del propio gobierno, el 71% de los detenidos no tienen un récord criminal. Además, prometió que no iba a iniciar otra guerra interminable en el Medio Oriente y lanzó hace 8 meses una guerra de elección contra Irán.

Es muy probable que los demócratas logren una mayoría en el Senado. La última encuesta de CNN da una ventaja de 49% a 42% a favor de James Talarico, el candidato demócrata en Texas. Solo necesitan darle vuelta al voto en otros dos estados. 

Un triunfo de los demócratas puede iniciar el proceso para poner un freno a la implementación del Proyecto 2025 y la agenda social neofascista que se basa en valores ultraderechistas, en el “nacionalismo cristiano” y la supremacía blanca. Una gran Blue Wave daría una mayoría a los demócratas y podría significar, además, el principio del fin del trumpismo.

ESCRIBE

Ramón J. Meneses

Licenciatura en Filosofía Social y Español (Cornell University), curso especial de postgrado en Estudios sobre Estados Unidos (University of California in San Diego—UCSD), maestría en Derecho Económico (UPOLI). Ex Ministro Consejero de la Misión de Nicaragua ante la OEA. Ex Director y oficial de advocacy (abogacía) y comunicación de World Vision y Save the Children.