La política exterior y de seguridad de Estados Unidos hacia América Latina cruzó un punto de no retorno. Lo que durante décadas se manejó bajo el paraguas de la cooperación diplomática, la erradicación de cultivos y el combate policial al narcotráfico, hoy fue oficialmente rediseñado como una guerra militar total.
Desde la sede del Comando Sur (Southcom) en Florida, la administración del presidente estadounidense Donald Trump delinió su nueva estrategia: la Doctrina Donroe, una versión radicalizada de la histórica Doctrina Monroe que justifica la intervención armada directa en la región.
Esta semana, durante la conferencia inaugural “Américas contra los carteles”, el mensaje de Washington fue alto y claro. El secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, no dejó margen para la ambigüedad: Estados Unidos está preparado para ir “solo a la ofensiva” contra las organizaciones criminales si lo considera necesario.
“Estados Unidos está preparado para abordar estas amenazas e ir solo a la ofensiva si es necesario. Sin embargo, es nuestra preferencia y es la meta de esta conferencia que, en el interés del vecindario, lo hagamos todo junto con ustedes, con nuestros vecinos y aliados”, declaró Hegseth en su discurso inaugural en Miami.
Nicaragua excluida del acuerdo
Estados Unidos y casi 20 países latinoamericanos y caribeños firmaron este jueves un acuerdo para combatir a los grupos “narcoterroristas” en la conferencia inaugural de las ‘Américas contra los carteles’, en Miami, donde destacó la ausencia de representantes de Nicaragua, México, Colombia y Brasil.
Fue el mismo Hegseth quien leyó la declaración conjunta que “reafirma las relaciones” entre Washington y sus vecinos, “respetando la soberanía” y “reconociendo la importancia estratégica del hemisferio”, donde buscan “promover la paz a través de la fuerza”.
“Y declara nuestra intención de ampliar la cooperación multilateral y bilateral para mejorar la seguridad en el hemisferio, cooperar en esfuerzos gubernamentales de seguridad fronteriza, combatir el ‘narcoterrorismo’ y narcotráfico, asegurando infraestructura crítica y otras áreas por determinarse”, agregó.
El fin de la diplomacia antidrogas

Para entender la magnitud del giro, hay que observar cómo Washington ha recategorizado a su enemigo. El asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, pidió explícitamente a los gobiernos de la región que combatan a los carteles “tan brutalmente y despiadadamente” como Estados Unidos trató al Estado Islámico (ISIS) o a Al-Qaeda en Medio Oriente.
“Los carteles que operan en este hemisferio son el ISIS (Estado Islámico) y el Al-Qaeda del Hemisferio Occidental y deben tratarse tan brutalmente y despiadadamente como tratamos a esas organizaciones”, expresó Miller en la conferencia inaugural de las ‘Américas contra los carteles’ en Miami.
El subjefe de gabinete de Trump sostuvo que “estas organizaciones solo pueden derrotarse con poder militar” en su discurso a los invitados, representantes militares y de seguridad de la mayoría de los países de la región, con excepciones como México, Colombia y Brasil.
Además, aseveró que estas organizaciones trafican migrantes, lo que es una “forma de terrorismo también”.
“Esto comienza con el desmantelamiento de estas organizaciones que trafican drogas, causan violencia, asesinan, extorsionan y también trafican ilegalmente seres humanos, que es una forma de terrorismo también. La inmigración ilegal facilitada por las redes criminales es una forma de terrorismo”, indicó.
Cárteles equiparados como redes terroristas
Bajo este nuevo lente, organizaciones como el Cartel de Sinaloa, el Jalisco Nueva Generación (CJNG), el Tren de Aragua o las pandillas MS-13 y Barrio 18, ya no son vistas como asociaciones ilícitas para el trasiego de drogas, sino como redes terroristas que amenazan la existencia misma de Estados Unidos.
La justificación técnica y política detrás de esta medida, según Hegseth, es la muerte de “más de un millón de estadounidenses” por sobredosis de fentanilo y otras drogas durante la pasada administración.
El concepto de narcoterrorismo desplegado por la Casa Blanca trae consigo un componente que impacta directamente a Centroamérica: la vinculación oficial del fenómeno migratorio con el terrorismo.
Miller aseveró en Miami que “la inmigración ilegal facilitada por las redes criminales es una forma de terrorismo”. Al fusionar ambas crisis —la de seguridad y la migratoria—, Estados Unidos abre la puerta para utilizar recursos militares, inteligencia de guerra y tácticas antiterroristas contra las rutas de migrantes, justificando estas acciones como medidas de defensa hemisférica.
Ecuador se convierte en el laboratorio táctico del Comando Sur

Las advertencias de Washington no son mera retórica; ya tienen un correlato sangriento en el terreno. La Doctrina Donroe tiene su actual “plan piloto” en el Pacífico.
Por un lado, la Administración Trump ejecutó de forma silenciosa la llamada operación ‘Lanza del Sur’. Desde septiembre pasado, fuerzas estadounidenses han bombardeado 44 embarcaciones presuntamente ligadas al narcotráfico en el Pacífico y el Caribe, dejando un saldo de al menos 150 personas muertas.
Por otro lado, Ecuador se ha convertido en el principal aliado operativo de esta nueva fase. Días después de una reunión entre el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, y el comandante del Southcom, general Francis Donovan, ambos países lanzaron una “Ofensiva Total” conjunta en suelo ecuatoriano. Los detalles de estas operaciones se mantienen bajo estricta reserva militar, pero marcan un precedente de incursión directa de tropas estadounidenses en operaciones de seguridad interna en un país sudamericano.
Un hemisferio fracturado
El rediseño de la seguridad continental ha partido a América Latina en dos bloques. El acuerdo firmado este jueves en Miami, que compromete a combatir el “narcoterrorismo” y ampliar la cooperación de seguridad, fue suscrito por casi 20 naciones “con ideas afines”, incluyendo a Argentina, El Salvador, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Ecuador y República Dominicana.
Sin embargo, el pacto brilla por sus grandes ausencias. Las tres potencias regionales más pobladas y estratégicas en la ruta de la droga —México, Colombia y Brasil—, además de Nicaragua, fueron excluidas o no participaron de la conferencia.
Esta fractura anticipa una era de profunda inestabilidad diplomática. Al marginar a los gobiernos de izquierda o no alineados de México, Bogotá y Brasilia, Washington deja claro que su nueva “paz a través de la fuerza” no busca consensos universales, sino una coalición de dispuestos que acepte las nuevas reglas del juego dictadas por la Doctrina Donroe.
Con información de EFE