Esa tarde, el grupo de colegas se me adelantó a la cena porque me quedé en la computadora terminando un artículo. Les dije que luego los alcanzaba en un Uber al Teppanyaki Grill. Cuando salí del hotel, el atardecer todavía era vigoroso desde el otro lado del Río Bravo, desde Ciudad Juárez, pintando El Paso de un agradable tungsteno cálido. Parecía una tarde colorizada para una película de vaqueros. Vicente ya estaba afuera esperándome en el Corolla blanco. Era un man treintañero, sin duda pasado de taquitos, con un acento mexicanísimo, pero cargado hasta el tope de spanglish. Sus padres chihuahuenses cruzaron la frontera con él de niño y es gringo desde su juventud. Eso, según me dijo más adelante mientras conducía sobre la Cesar Chavez Border Highway en junio de 2025, de alguna forma lo hacía sentirse seguro.
—Órale, ¿y de dónde nos visita? —preguntó apenas subí al auto, con esa confianza desenfadada de algunos conductores de Uber que no son huraños.
—De Costa Rica, pero soy nicaragüense —le dije.
—¿Y qué lo trae a El Paso?
—Soy periodista. Andamos haciendo un reportaje del tema migratorio, de las redadas.
—Órale, la bronca del ICE no está tan fuerte aquí en El Paso, pero sí he sabido que han hecho retenes en las orillas. Allá por Tornillo, la semana pasada. Ese pueblo que se llama Tornillo.
Tocarle ese tema a Vicente fue como quitar un dique de contención justo a tiempo a una represa a punto de derramarse. Dice que le votó a Donald Trump en 2024 convencido, como ciudadano de El Paso, Texas, de que Joe Biden administró de forma desastrosa la frontera.

—Cuando vinieron todos los venezolanos, empezó a subir la delincuencia. La gente se metió en pánico. Yo no estoy en contra de la inmigración, pero sí de cómo fue la inmigración. Soy de Juárez, claro, todos venimos de allá, no lo critico… pero creo que se hizo mal al abrir la frontera así, sin filtro. El señor (Biden) abrió las puertas a lo bruto —reflexiona Vicente. Aunque en esa fecha las redadas de ICE no eran tan rapaces como lo serían después, ya le nacían peros hacia la política antiinmigratoria de Trump.
—Todo estaba bien hasta que el ICE empezó a meterse con la gente que estaba dentro. Eso es lo malo. Mire, yo tengo un pensamiento muy mío: no sé si estoy bien o mal, pero yo creo que cuando vas a limpiar algo que está muy sucio, a veces te tenés que llevar entre las patas dos o tres cosas. Si te entregan una cocina muy sucia, vas a tener que quebrar un plato. Algo va a pasar para dejarla bien. Eso siento que está pasando. Era una política migratoria tan mala la de Biden, que ahora lo que estamos viendo es una respuesta igual de enérgica, pero de la ultraderecha. Pero se están pasando, porque ya se están metiendo con la gente trabajadora. Ya van al campo, a las construcciones… ya no están respetando. Esa gente, quieras o no, influye en la economía. Con todo respeto, no soy racista ni mucho menos, pero ni los negros hacen esos trabajos. Y ahora a los latinos, sobre todo a los mexicanos, se los está llevando parejo. No sé si pueda seguir apoyando eso.
Aunque Vicente no alcanzó a decirme cómo votaría en las siguientes elecciones, no solo porque la progresión de la cacería de ICE estaba apenas en ciernes, y las elecciones de medio término de 2026 no se avizoraban en ese momento en el panorama político, me atrevo a decir que posiblemente haya castigado al presidente Trump. No lo sé a decir verdad, pero los datos de la noche de este martes 3 de noviembre muestran claramente cómo el voto latino en Estados Unidos refutó al proyecto político del magnate republicano quien, aunque no estaba en la boleta legislativa ni para gobernadores, usó estas elecciones como una especie de referéndum para su gestión. Y los latinos, en especial en los distritos de Texas, lo castigaron con una paliza, votando azul, demócrata.

Los datos de las elecciones de medio término muestran una reconfiguración del electorado latino, revirtiendo parte de los márgenes que Trump y el Partido Republicano obtuvieron en la frontera sur durante las presidenciales de 2024. Es decir, los latinos como Vicente que le votaron esa vez, creyendo en imponer hermetismo total en la frontera para mejorar la seguridad, cambiaron de opinión por el rechazo a las redadas y acciones de ICE.
Pero no solo eso, demostraron el power del voto latino en Estados Unidos, capaz de voltear y decidir elecciones, aunque los políticos aún no los tomen con la total seriedad que ameritan estos electores que hablan spanglish y deciden cambiar la fidelidad política cuando se sienten atacados. Una extraña forma humana de solidaridad identitaria renacida frente al agravio mayor: Trump ha agredido tanto con tan poco remordimiento que terminó uniendo a una comunidad diversa por pura defensa común, por encima de las otras diferencias.
El electorado latino se ha consolidado como el segundo grupo de votantes más grande de Estados Unidos, impulsado por un ritmo de crecimiento demográfico sostenido. Para estas elecciones de medio término de 2026, el número de latinos elegibles para votar alcanzó un máximo histórico de 39 millones.
De estos, aproximadamente 29.7 millones están registrados formalmente, lo que representa el 13.6% del total del padrón electoral estadounidense. El crecimiento de este bloque está impulsado por la juventud. Más de cuatro millones de jóvenes hispanos han cumplido los 18 años desde el ciclo presidencial anterior, cuando Trump volvió a la Casa Blanca, inyectando continuamente nuevos votantes al sistema.
El interés en los comicios legislativos de este martes —en los que Trump le pidió a los estadounidenses que votaran “como si él estuviera en las papeletas”— mostró una movilización sin precedentes. Más de 5.2 millones de hispanos emitieron su voto de forma anticipada en estas elecciones intermedias, lo que supone un incremento del 80% frente a los sufragios anticipados previos.
Según reportaron The New York Times y The Washington Post, el electorado hispano protagonizó un viraje histórico de más de 28 puntos porcentuales hacia los demócratas en la Cámara de Representantes y en condados de mayoría latina respecto a 2024 —un desplazamiento superior al de cualquier otro grupo étnico o racial—. Este giro llevó a los candidatos demócratas al Congreso a cosechar el 67 % del respaldo latino (diez puntos más que Kamala Harris en la presidencial), apuntalado por un 17 % de hispanos que votaron por Trump en 2024 y ahora cruzaron de bando hacia la oposición, de acuerdo con un sondeo de UnidosUS a 3.014 electores en distritos y estados clave como Texas, Florida, Arizona, California y Míchigan, donde la comunidad también respaldó de forma contundente las candidaturas demócratas al Senado (63 %) y a las gobernaciones (66 %).

Y Texas, joya de la corona y eterno bastión republicano, demostró con creces la magnitud del voto castigo al presidente Trump y los republicanos. Este cambio de postura en la comunidad latina fue determinante para reconfigurar el panorama de este estado, impulsando victorias demócratas clave a nivel estatal, como la derrota del gobernador republicano Greg Abbott frente a Gina Hinojosa, una abogada nacida en Brownsville, en mera tierra fronteriza.
Es que el triunfo de Gina, en esa amarga antenoche para el presidente Trump, marca hitos que remiten al consolidado power latino: desde que Texas se integró a los Estados Unidos en 1845, ninguna persona hispana —ni hombre ni mujer— había ocupado la gubernatura del estado. Su victoria, además, acabó de un tajo con más de 30 años ininterrumpidos de gobiernos republicanos.
En esa misma ola azul también navega Bobby Pulido, el ‘desvelado’ que popularizó la música tex-mex entre la juventud, quien a partir de enero llegará al Capitolio que las turbas de Trump asaltaron en 2021 con un sombrero de ala ancha, confeccionado entre Texas y México. O más sincrético aún: el gane holgado de James Talarico como senador, a quien los votantes texanos llaman “Jaime” no en balde, por su cercanía orgánica con el electorado latino.
Y quizá lo que mejor defina esa simbiosis del nuevo Estados Unidos que se perfila desde hace décadas, por debajo de los postulados de superioridad racial del mundo MAGA, es que Talarico haya subido a la tarima a pronunciar su discurso de victoria con la canción Baila esta cumbia de la estrella imperecedera del tex-mex, Selena Quintanilla. Un guiño más de Jaime que de James.
Más allá de Texas

En otros estados donde el power latino es indiscutible, las elecciones de medio término dejaron otros hitos que no necesariamente agradaron al presidente Trump. Xavier Becerra hizo historia al convertirse en el primer latino elegido por voto popular para gobernar California desde 1875, tras derrotar al republicano Steve Hilton.
Mientras tanto, en Florida, precisamente en el condado de Miami-Dade, donde se concentra una importante comunidad cubana, venezolana y nicaragüense, la congresista republicana María Elvira Salazar consiguió una reelección dramática. Se impuso al demócrata Eliott Rodríguez con 50,23 %, frente a 49,77 %. Apenas 1.116 votos de diferencia, equivalentes a 0,46 puntos porcentuales, le permitieron conservar su escaño por el distrito 27, lo cual le permite seguir siendo una de las principales voces contra las dictaduras de Managua y La Habana.
En su mesurado discurso de victoria, Salazar hizo una crítica muy dura al Partido Republicano y a Trump, admitiendo que apenas ganó porque se desmarcó a tiempo de la política antiinmigratoria del presidente. “Yo he estado sonando las alarmas por años. Una cosa es la seguridad de la frontera, con la que todos estamos de acuerdo, y otra cosa es el control de la inmigración y cómo se ha llevado a cabo por parte del Departamento de Seguridad Nacional”, dijo la congresista. “Necesitamos recibir de vuelta a los votantes hispanos. Los votantes han hablado y tenemos que escucharlos, y estoy aquí para ayudar al Partido Republicano y a la Casa Blanca a entender lo que mi comunidad está diciendo fuerte y claro”.

Por lo pronto, las críticas de Salazar y otros sectores sobre el tema inmigratorio poca mella han hecho en el presidente Trump, quien por ahora solo ha reconocido como causante del varapalo republicano a su guerra con Irán. Lo cierto es que el panorama político estadounidense no solo cambió de rojo a azul la noche de este martes, sino que dejó constancia del mejor resultado latino de la historia en las altas representaciones políticas en Washington.
Candidatos de ascendencia dominicana, colombiana, mexicana y guatemalteca consiguieron escaños en Nueva York, Colorado, Nueva Jersey y California. En Texas, Vicente González, Henry Cuellar, Joaquín Castro y Johnny García también aseguraron sus victorias, confirmando el peso electoral de las comunidades latinas en los principales escenarios políticos estadounidenses. Así que parafraseando un tuit en spanglish del ahora congresista Bobby Pulido, quien condensó ese mexicanísimo “ijuesuputamadre” mientras la elección mostraba temprano la tendencia azul, los latinos como Vicente pueden decir al unísono: “Huesuputamare, hay power latino entre los pinches gringos”.



