Desidia y temor ciudadano junto a fallas en controles del Minsa agravan crisis del chikungunya en Nicaragua 

El mal invierno y las constantes campañas de abatización y fumigación no frenan esta enfermedad. Las salas de los hospitales están abarrotadas y las autoridades intentan frenar los contagios, con mínimos resultados. Fuentes vinculadas al Minsa explicaron que este aumento tiene que ver con muchos factores cuya responsabilidad recae no solo en las autoridades, sino en la población misma.

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Ilustración por Hellmut Escobar para DIVERGENTES

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Los casos de chikungunya en Nicaragua continúan en aumento. Cada día son más los nicaragüenses que abarrotan las salas de centros de salud, hospitales públicos y clínicas privadas con síntomas relacionados a la enfermedad. Según los reportes oficiales del Ministerio de Salud, en la semana comprendida entre el 16 y el 22 de agosto, se registraron 399 positivos, 55 más que la semana anterior. La estadísticas oficial apunta a un aproximado de 1800 casos a nivel nacional, sin embargo, la cifra podría ser mayor por los pacientes que se tratan en sus casas. 

El incremento de casos ha provocado una enorme preocupación entre los nicaragüenses, quienes no se explican por qué este año el zancudo que provoca la enfermedad ha proliferado de manera tan intensa, a pesar de tener un mal invierno y considerar que el insecto estaba bajo control por las autoridades sanitarias.

Para responder esta pregunta, DIVERGENTES entrevistó a dos epidemiólogos del Minsa que aceptaron hablar con este medio de comunicación bajo condición de anonimato. De acuerdo a sus explicaciones, el incremento de casos y del zancudo como tal, tiene que ver con muchos factores cuya responsabilidad recae no solo en las autoridades nacionales, sino en la población misma.

“Es un trabajo en conjunto. Si no se aplica como debería, entonces la labor para disminuir los contagios es nula. De qué sirve, por ejemplo, impulsar una campaña informativa, si a la población no le interesa aprender. Es parte de un todo”, declaró uno de los epidemiólogos consultados.

Preparando recomendación…

Puertas cerradas a abatizadores

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Los abatizadores del Minsa enfrentan el problema de la reticencia de los ciudadanos a abrir sus puertas y el oportunismo de algunos que piensan que parte de sus funciones es hacer limpieza en los hogares. DIVERGENTES/ Tomada de El 19 Digital.

La eliminación de basureros clandestinos y de las aguas o charcas en las distintas zonas urbanas, suman al momento de intentar frenar la reproducción de los mosquitos. Sin embargo, las puertas cerradas con las que se encuentran los abatizadores al momento de llegar a las casas para eliminar focos de estos insectos, terminan convirtiéndose en una barrera que aumenta la proliferación de los zancudos.

En las zonas residenciales de Managua por ejemplo, los abatizadores han reportado a sus superiores que en muchas viviendas no los dejan ingresar y en otras, simplemente no hay ninguna persona que les autorice realizar su trabajo en el lugar. Y es precisamente en estos sitios de donde han surgido más casos de chikungunya este año.

“Esto es parte de un estigma político. Después de 2018 se corrió un rumor de que quienes entraban a abatizar o fumigar tu casa eran policías o paramilitares disfrazados. Esto minó la confianza de la población y aportó a que más puertas se cerraran con el pasar de los meses y los años. Y si a esto le sumamos ‘la historia’, que no sé de dónde salió, de que la fumigación es solo agua y gas y que no hace nada al zancudo, la receptividad de la población es mínima para frenar el avance de los focos”, afirmó el experto.

Explicó que en Masaya, los sitios de donde se han reportado más casos de chikungunya han sido precisamente de las zonas residenciales, donde hay que gestionar permisos para poder ingresar a las casas, y no existe confianza en los abatizadores y fumigadores, pese a que están plenamente uniformados e identificados.

Por el contrario, en los barrios hay menos resistencia al momento de solicitar permiso para fumigar. “La gente saca a sus animales, a sus niños, a los ancianos, y hasta arman tertulias en las calles mientras se trabaja. Sabemos que es tedioso esperar horas para que el ‘humo’ se disipe, pero es necesario este tiempo para eliminar el zancudo como tal”, señaló el experto.

El protocolo del Minsa

Desidia y temor ciudadano junto a fallas en controles del Minsa agravan crisis del chikungunya en Nicaragua 
Las campañas de fumigación de El Minsa no han logrado frenar el incremento de casos de chikungunya. DIVERGENTES/ Tomado de El 19 Digital.

Las puertas cerradas no han sido el único obstáculo para frenar la reproducción del mosquito. La limpieza y el orden en las casas de los nicaragüenses es un problema de nunca acabar, pese a las campañas de concientización que se lanzan desde el Minsa y que los mismos abatizadores transmiten a los ciudadanos.

“Con una puerta no se puede dialogar, pero con una persona en su casa sí. El problema es que la ciudadanía piensa que el abatizador también es recolector de basura y a veces espera que le lleguen a sacar todo el desperdicio que propicia los criaderos de mosquitos. Y cuando se les indica que deben botar esto o lo otro, se molestan y no lo hacen. Entonces la reproducción no se elimina y los casos salen a flote”, manifestó uno de los epidemiólogos.

Otro factor que ha favorecido el repunte de la enfermedad, además de las puertas cerradas y el desorden de los ciudadanos, es el protocolo que se activa desde las unidades de salud cuando una persona llega a pasar consulta porque tiene los síntomas de Chikungunya.

Daniela, una joven de 26 años que vive en una zona residencial del norte de la capital, asistió al hospital con fiebre y dolor en las articulaciones, síntomas de chikungunya, y aunque el doctor que la atendió le comentó que era un caso sospechoso, este evitó realizar más pruebas y la mandó a su casa con medicación y una orden para realizarse un examen cinco días después en el mismo centro.

“Fui cuando me estaba iniciando la enfermedad. El quinto día andaba moribunda. Ni se me pasó por la mente ir a hacerme esos exámenes. Y como no me sentí satisfecha con la atención, busqué una opción privada que me guió con el tratamiento. Después de una semana y media mejoré y no fui al hospital otra vez”, relató la joven.

La bomba de tiempo

Tanto el protocolo del Minsa, como el nulo interés de la joven por corroborar si en efecto tenía chikungunya (pese a tener todos los síntomas y desarrollar otros posteriormente), evitó que un foco de reproducción del mosquito fuera eliminado y por ende permaneciera como una bomba de tiempo para otras personas.

“Los doctores que atienden a los pacientes no hacen el diagnóstico clínico,  aunque tienen la capacidad. En lugar de eso, siguiendo un protocolo, ordenan exámenes cinco días después, cuando el paciente no puede moverse. Y tampoco hay un seguimiento. Todo esto aporta a que el foco de mosquitos continúe y crezca sin que se elimine”, explicó uno de los expertos consultados.

Según la fuente, si se diagnosticara clínicamente el caso, y se hiciera un seguimiento inmediato, la eliminación de los focos sería inmediata porque existe una orden del Minsa de realizar una visita a la zona desde dónde salió el caso, y proceder a la fumigación y abatización de cinco manzanas a la redonda,  de tal forma que no se le de chance al mosquito de volar hacia otro punto para reproducirse.

“Parece insignificante, pero no diagnosticar el caso, no hacer seguimiento, y que el paciente tampoco llegue a su cita cinco días después, provoca un incremento de más casos. Y aquí es donde el trabajo debe ser conjunto, de paciente y autoridades, sin quitar responsabilidad al Minsa de hacer un seguimiento y más en un contexto como el actual en el que los centros de salud y hospitales están abarrotados”, apuntó el especialista.

El trabajo de todos

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Fiel al estilo al estilo de la dictadura sandinista, las autoridades del Minsa hacen malabares con las cifras para encubrir crisis del chikungunya. DIVERGENTES/ Tomada de El 19 Digital.

Aunque el Ministerio de Salud ha centrado sus acciones en campañas de eliminación de criaderos de zancudos, fumigación y abatización para prevenir las enfermedades transmitidas por el mosquito, los epidemiólogos consultados insisten en que la ciudadanía debe tomar en serio el trabajo de los abatizadores y fumigadores, y entender que si no realizan bien su trabajo, los casos van a seguir aumentando.

Según la Organización Panamericana de la Salud, aunque una persona infectada desarrolla inmunidad de por vida, con el paso de los años aumenta el número de personas susceptibles al virus. A esto se suman condiciones climáticas y socioeconómicas que favorecen su transmisión.

El chikungunya suele aparecer entre cuatro y ocho días después de la picadura de un mosquito infectado, aunque pueden manifestarse entre el día dos y el 12. Se caracteriza por aparición de fiebre y dolor intenso en las articulaciones. Aunque las complicaciones graves son poco frecuentes, el riesgo aumenta en poblaciones vulnerables.

“La población también debe ser ordenada. Si el abatizador no llegó porque no había nadie en la casa durante el día, se debe eliminar posibles focos de reproducción del mosquito. Lavar las pilas, los barriles, si hay agua acumulada en los floreros, cambiarlas. Todo suma a la hora de evitar la enfermedad”, recomendó una de las fuentes.

Uno de los epidemiólogos señaló que la poca información que existe sobre el número real de casos, también provoca que la población baje la guardia y crea que la enfermedad está controlada. “Hay que trabajar en conjunto, solo de esa forma vamos a evitar más contagios”, señaló.


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