En 2025, Costa Rica mantuvo un saldo comercial ampliamente favorable con Nicaragua. Las exportaciones costarricenses triplicaron el valor de los productos que importó desde ese país. La relación comercial refleja una dependencia sostenida del vecino del norte hacia los bienes industriales, manufacturados y procesados que no produce localmente.
Según el Banco Central de Nicaragua y reportes oficiales, entre enero y septiembre de 2025 las exportaciones totales (mercancías y zona franca) de este país sumaron 6813.9 millones de dólares, con un crecimiento de 15.8% respecto al mismo período de 2024. Este avance estuvo impulsado, sobre todo, por las exportaciones de mercancías, que crecieron 27.6% en el acumulado hasta septiembre del año pasado.
Sin embargo, persiste un déficit comercial generalizado . Por ejemplo, solo en agosto de 2025, el país registró un desbalance negativo de 161.1 millones de dólares, con importaciones que alcanzaron los 925 millones, frente a exportaciones de apenas 764 millones.
La situación se refleja en la relación bilateral con Costa Rica. En 2024, según los últimos registros de la plataforma COMTRADE, la base de datos oficial de estadísticas de comercio internacional de mercancías de las Naciones Unidas, Costa Rica exportó a Nicaragua bienes por más de 737 millones de dólares, mientras que Nicaragua solo logró vender a Costa Rica productos por 224 millones. Esto confirma una brecha de más de tres veces en favor del país vecino.
Para 2025, con base en las tasas de crecimiento reportadas por los institutos oficiales de ambos países, se estima que Costa Rica exportó a Nicaragua más de 840 millones de dólares, mientras Nicaragua solo alcanzaría los 286 millones, ampliando el balance negativo a más de 554 millones de dólares.
https://e.infogram.com/js/dist/embed.js?hCvQué se vende y qué se compra
Los datos más recientes de COMTRADE confirman que la brecha comercial entre Costa Rica y Nicaragua no solo se refleja en montos totales, sino también en el tipo de productos intercambiados. Mientras Costa Rica exporta a Nicaragua principalmente bienes industriales y manufacturados con valor agregado, Nicaragua vende a su vecino del sur productos primarios o con escaso nivel de procesamiento.
En 2024, los cinco principales productos que Costa Rica vendió a Nicaragua generaron ingresos por más de 278 millones de dólares, lo que representa más de un tercio del total exportado ese año. Encabezan la lista las preparaciones alimenticias diversas (82.8 millones), seguidas por hierro y acero (70 millones), plásticos (48.7 millones), productos farmacéuticos (43.7 millones) y productos químicos diversos (33.4 millones).
Esta estructura refleja una clara ventaja competitiva de Costa Rica en sectores con mayor desarrollo industrial, donde existe encadenamiento productivo y tecnología incorporada. Los productos que coloca en el mercado nicaragüense no solo tienen mayor valor económico, sino que también agregan empleo, innovación y productividad a su propia economía.
!function(e,n,i,s){var d=”InfogramEmbeds”;var o=e.getElementsByTagName(n)[0];if(window[d]&&window[d].initialized)window[d].process&&window[d].process();else if(!e.getElementById(i)){var r=e.createElement(n);r.async=1,r.id=i,r.src=s,o.parentNode.insertBefore(r,o)}}(document,”script”,”infogram-async”,”https://e.infogram.com/js/dist/embed-loader-min.js”);En contraste, Nicaragua continúa dependiendo de exportaciones tradicionales hacia Costa Rica. En 2024, el rubro más importante fue el de carne y despojos comestibles (57.4 millones). Le siguen hortalizas comestibles, raíces y tubérculos (21.3 millones), frutas y cáscaras de cítricos (19.5 millones), productos del mar (15 millones), y grasas animales o vegetales (13.2 millones).
Aunque se trata de productos con demanda en el mercado regional, su bajo nivel de procesamiento limita las oportunidades de generar mayores ingresos o de ampliar su presencia internacional.
Déficit estructural y falta de estrategia
De acuerdo con el economista nicaragüense, Marco Aurelio Peña, el déficit que Nicaragua mantiene con Costa Rica no es únicamente un asunto comercial. Es el reflejo de un esquema económico limitado, sin incentivos claros para el desarrollo industrial, la transformación productiva y la innovación. En su análisis, la economía de este país sigue anclada a materias primas y exportaciones tradicionales, sin capacidad para competir en segmentos de mayor complejidad.
“Estamos en presencia de dos países que centran mucho su economía en las exportaciones, pero el esfuerzo exportador de Costa Rica es mayor al esfuerzo exportador nicaragüense. Esto es factible compararlo en virtud de sus exportaciones totales”, indicó Peña.
Además, señaló que Costa Rica, en términos de complejidad económica y del valor agregado de sus productos de exportación, también lidera el esfuerzo de ventas en Centroamérica. “Ya exporta dispositivos médicos y también servicios informáticos, en comparación con Nicaragua, que solamente se ha quedado con sus productos tradicionales, principalmente productos agrícolas, como vendedor a nivel internacional”, añadió.
Nicaragua compra productos que vende
!function(e,n,i,s){var d=”InfogramEmbeds”;var o=e.getElementsByTagName(n)[0];if(window[d]&&window[d].initialized)window[d].process&&window[d].process();else if(!e.getElementById(i)){var r=e.createElement(n);r.async=1,r.id=i,r.src=s,o.parentNode.insertBefore(r,o)}}(document,”script”,”infogram-async”,”https://e.infogram.com/js/dist/embed-loader-min.js”);El experto también refirió que Nicaragua, en lugar de modernizar y apostar por “la economía del conocimiento”, se ha quedado cómodamente con la explotación de sus productos primarios.
“Un caso relevante es el oro. El país exporta oro en bruto, en lugar de crear una industria local para procesarlo. El oro podría transformarse en joyería, anillos, pulseras, cadenas… pero se va sin valor agregado. No es extraño que luego Nicaragua termine comprando ese mismo oro ya procesado, pero hecho en otro país, como China, por ejemplo”, indicó.
A esta falta de estrategia se suma el aislamiento institucional. El Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (MIFIC), por ejemplo, no ha anunciado ninguna política orientada específicamente a reducir la brecha con Costa Rica. Los gremios exportadores enfrentan barreras burocráticas y carecen de apoyo técnico y financiero para innovar o internacionalizar su producción.
El costo de la dictadura en la economía nacional
Según Peña, el rezago exportador de Nicaragua también tiene raíces políticas porque Nicaragua ha abandonado por completo su institucionalidad y gobernanza democrática, a diferencia de Costa Rica. La falta de seguridad jurídica y el uso del aparato estatal para intervenir en la economía socava la competitividad del país.
“Costa Rica tiene un riesgo país menor, es un país democráticamente estable, con instituciones económicas fuertes, con mucha credibilidad a nivel internacional. Se ha posicionado mejor en el nicho de mercado y, como marca país, tiene una mejor reputación”, comentó.
En cambio, el especialista en finanzas señaló que el régimen privilegia el control político por encima del desarrollo económico. Las instituciones encargadas de la política económica operan como aparatos subordinados al poder, sin autonomía técnica, ni capacidad para planificar. En ese contexto, el sector privado enfrenta reglas desiguales, inseguridad jurídica y presiones políticas que limitan cualquier intento de diversificación o crecimiento.
“En el ámbito empresarial, hay desigualdad ante la ley. Algunos empresarios tienen conexiones privilegiadas con el Gobierno, lo que impide una competencia justa. Todo esto genera malestar económico: desempleo estructural, niveles altísimos de empleo informal y subempleo. El subempleo se vuelve el salvavidas para quienes no pueden acceder a un empleo formal con seguridad social y prestaciones”, detalló Peña.
Además, indicó que la educación y la formación técnica —factores clave para el crecimiento económico sostenible— se han visto deterioradas por la represión, la censura y el control político.
Costa Rica avanza, Nicaragua se estanca

En ese contexto, mientras Nicaragua sigue atrapada en un modelo extractivo, Costa Rica avanza en diversificación productiva, innovación tecnológica y posicionamiento internacional. “Tiene instituciones económicas fuertes, estabilidad democrática y credibilidad internacional”, señaló Peña. Esto le ha permitido consolidarse como proveedor regional, atraer inversión extranjera y liderar sectores estratégicos como la agroindustria, los servicios y la industria médica.
Nicaragua, en cambio, sigue sin cambiar su estructura productiva. “No se aprecia un cambio estructural. Simplemente se presentan ciertos números positivos para decir que no estamos en decrecimiento, pero el costo de oportunidad de tener una dictadura es altísimo”, advirtió Peña.
Vulnerabilidad externa y retroceso exportador
La fragilidad de la estructura exportadora de Nicaragua no se limita al déficit comercial con Costa Rica. También enfrenta presiones externas que evidencian su vulnerabilidad, especialmente por su fuerte dependencia de un número reducido de mercados y productos.
El economista Néstor Avendaño advirtió en un análisis publicado en su blog, que las exportaciones nicaragüenses enfrentan un nuevo escenario adverso tras la entrada en vigor de aranceles estadounidenses desde agosto de 2025. En su análisis, estima que “el valor de las exportaciones totales de mercancías de Nicaragua en 2026 disminuirá en 13.1% (equivalente a 477.9 millones de dólares) como resultado del arancel de 18 % impuesto por Estados Unidos”, lo cual afectará directamente a rubros claves como la carne, el café, los arneses y los textiles.
Este tipo de vulnerabilidad externa resalta las limitaciones estructurales del modelo exportador nicaragüense, centrado en bienes primarios, con escasa diversificación y sin cadenas de valor consolidadas. Según Avendaño, Nicaragua “no ha corregido el problema de la dependencia de un solo mercado para sus exportaciones de bienes”, lo que deja a su economía expuesta a fluctuaciones comerciales y a decisiones unilaterales de sus socios más poderosos.
El caso con Costa Rica, por tanto, no es aislado. Repite el patrón de un país con una oferta exportadora débil y poco tecnificada, frente a economías vecinas que han apostado por el valor agregado, la diversificación y el posicionamiento estratégico. La consecuencia es una creciente desventaja competitiva y una pérdida sostenida de oportunidades económicas.