Néstor Arce
8 de Mayo 2026

El reto de informar a una generación hiperconectada y desconfiada

Periodismo
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Si quienes hacemos periodismo estamos tan convencidos de que nuestro oficio es más que necesario, ¿qué nos falta para que esa necesidad también se sienta del otro lado? ¿Qué nos falta para que nuestra audiencia, principalmente los adolescentes y jóvenes, conecte con esa urgencia sin que tengamos que explicarla como un sermón?

El 3 de mayo se conmemoró el Día Internacional de la Libertad de Prensa. Un par de días antes me llegó una invitación para responder una pregunta: ¿por qué el periodismo es importante en este momento? No la contesté. La respuesta que más usamos es “porque sin libertad de prensa no hay democracia” o “porque el periodismo revela los secretos del poder”. Todas válidas, demasiado válidas en medio de tanto autoritarismo. Sin embargo, la pregunta me quedó dando vueltas en la cabeza. Volví al correo y me detuve en algo menos cómodo. Si para nosotros la respuesta parece tan obvia, ¿por qué no lo es para mucha gente que también necesita información confiable?

Pocas veces los periodistas nos detenemos a reflexionar en público sobre esto. También nos cuesta mirar con calma quiénes nos leen, desde dónde llegan y qué esperan de nosotros. En el caso de DIVERGENTES, nuestra mayor audiencia está entre los 25 y los 54 años, pero hay un segundo grupo, más pequeño y clave, entre los 18 y los 24. Es una audiencia importantísima para cualquier conversación sobre democracia, periodismo, nación y futuro.

Parte de la respuesta está en aceptar algo básico. Las audiencias jóvenes no son menos inteligentes ni menos interesadas. Son más exigentes de otras maneras y quieren entender rápido, pero no ser tratadas como tontas. Les gusta el contexto pero sin sábanas de textos rimbombantes y sin condescendencia.

Preparando recomendación…

Los datos ayudan a poner esa pregunta en perspectiva. Los jóvenes de 18 a 24 años ya no son solamente una audiencia digital, sino una audiencia social. En 2014, Facebook era la red más usada por ellos para leer noticias y 47% la utilizaba semanalmente con ese fin. Instagram apenas aparecía con 4%, YouTube estaba en 20%, Twitter/X en 21%, WhatsApp en 11% y TikTok ni siquiera figuraba como plataforma de consumo noticioso. Hoy, según el Reuters Institute y la Universidad de Oxford, las noticias circulan en espacios más fragmentados, audiovisuales y personalizados. En la misma pantalla circula información, entretenimiento, propaganda e inteligencia artificial. La noticia ya no compite solo contra otra noticia. Compite contra todo, incluso contra medios que ya no se diferencian de otros “creadores de contenido”

El mismo informe muestra que los jóvenes consumen noticias con menos frecuencia que los adultos mayores, y alrededor de cuatro de cada diez dicen evitarlas a veces o con frecuencia. Lo hacen porque les afecta el ánimo, pero también porque no las sienten relevantes o les resultan difíciles de entender.

Eso no debe ser un reproche contra los jóvenes y más bien debe incomodarnos a nosotros. Si una generación se está alejando del periodismo, quizá también sea porque al periodismo le ha costado explicar por qué una noticia importa en la vida concreta de un joven de veinte años. Publicar una investigación y esperar que lleguen al sitio web, naveguen entre titulares, anuncios y pop-ups, y se queden el tiempo suficiente para entenderlo todo, ya no alcanza. Esa no es la forma natural en que muchos jóvenes se relacionan ahora con la información. Si algo no les sirve para ordenar su mundo, siguen deslizando la pantalla.

En Nicaragua, esta discusión tiene una carga todavía más profunda. Hablamos de una generación que ha tenido que aprender a informarse entre el miedo, la censura y la propaganda incansable del régimen. El alejamiento de los jóvenes a las noticias no puede leerse sin hablar del cansancio que producen las noticias duras, y sin hablar del costo emocional de seguir una crisis que no termina. 

Y claro que no podemos dejar de contar esas historias. Sería irresponsable maquillar la realidad de una dictadura, esconder la represión detrás de contenidos ligeros o confundir la adaptación con la banalidad y el vulgareo. El periodismo tiene que seguir investigando. La pregunta es, ¿cómo contamos esa realidad sin alejar a los jóvenes de la conversación? No se trata de bajar el rigor, sino de llevar la noticia a sus espacios, ritmos y lenguajes donde una generación intenta entender este mundo saturado de información. Y de demostrar, con cada cobertura, que esa información también  cambia algo en su vida concreta.

Porque también hay otra pregunta de fondo. ¿Cómo se sostiene un periodismo independiente si los adolescentes y jóvenes no sienten que ese periodismo les habla? Informar sobre Nicaragua desde el exilio implica costos altos, desde sostener equipos hasta cuidar a periodistas en riesgo y mantener una cobertura dentro y fuera del país. Y eso ocurre mientras las audiencias se transforman, las plataformas modifican sus reglas, la publicidad digital se vuelve más incierta y los fondos de cooperación se reducen. Si los jóvenes no encuentran valor en ese trabajo, difícilmente van a acompañarlo, defenderlo o sostenerlo. 

Durante años hemos repetido que los jóvenes no pagan por noticias. Pero la realidad es más compleja y muchos sí pagan por cosas que sienten útiles, cercanas o parte de su identidad. No se trata solo de saber si pueden pagar, sino de entender si el periodismo les resulta lo suficientemente valioso y confiable como para apoyarlo. El Digital News Report 2025 muestra que las suscripciones tradicionales siguen estancadas en muchos países y que solo el 18% pagó por noticias en línea durante el último año. Pero también deja una pista importante. Cuando los medios ofrecen formas más flexibles de apoyo y contenidos que ayudan a entender mejor el mundo, la disposición cambia. 

Para medios como DIVERGENTES, eso significa dejar de ver a los jóvenes como una audiencia futura o como usuarios que llegan desde TikTok y se van. Significa entenderlos como parte de una comunidad que puede acompañar y defender el periodismo si siente que este trabajo les habla y les respeta. Apostar por esa comunidad no es sumar una métrica más, sino reconocerlos como actores del presente, con voz propia y capaces de construir el futuro. 

Por eso el periodismo importa en este momento. Porque en un país donde la dictadura necesita confusión, miedo y silencio, explicar con claridad también es una manera de devolverle espacio a la gente para entender, pensar y conversar. 

La pregunta real —la que no contesté en aquel correo— no es por qué el periodismo es importante. Es si estamos haciendo el periodismo que hace falta para que esa importancia se sienta. Y esa respuesta no puede salir solo de nosotros. Escribinos a [email protected] y contanos qué tendría que cambiar para que este periodismo se sienta más tuyo. Vamos a leer cada respuesta y contarte qué encontramos.

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Néstor Arce

Cofundador, director y productor multimedia de Divergentes. Junto a su equipo ha obtenido el Premio Ortega y Gasset 2022, el premio de la Sociedad Interamericana de Prensa 2022, nominado al Premio Gabo 2021 y los premios a la Excelencia Periodística Pedro Joaquín Chamorro.