A un año de tu asesinato todavía me cuesta pensar en aquel momento sin que se me llenen los ojos de lágrimas. Tu muerte confirmó lo que parecía imposible: que también podían matarnos fuera de nuestro país.
Si ya era doloroso saber que en Nicaragua fueron asesinadas más de 358 personas a plena luz del día, frente a cámaras de televisión y teléfonos móviles, pensar que podían llegar hasta nuestras casas, a la hora del desayuno, se convirtió en una imagen de terror. Con tu asesinato comprendimos que el exilio ya no era necesariamente un refugio seguro.
Te llamaba Samcam porque tu apellido era un sello de identidad. Robertos puede haber muchos, pero Samcam, para mí, solo había uno.
Fuiste compañero de partido, compañero de exilio y compañero de muchas comidas familiares en ese nuevo espacio que se convirtió en nuestro refugio en San José. Vos y Claudia nos recibieron al llegar a Costa Rica. Los Samcam, como les decía, habían llegado antes y nos abrieron las puertas de su casa y de su experiencia. Nos ayudaron a comprender y habitar ese nuevo territorio que nos tocaba reconstruir desde el desarraigo.
Eras disciplinado, ordenado y metódico. Tenías una voz radiofónica inconfundible, convicciones firmes y capacidad de confrontar cuando era necesario, aunque por naturaleza eras conciliador. Nunca te escuché gritar. No siempre coincidimos en todo. A veces te burlabas de las metodologías lúdicas y de algunos enfoques que yo defendía, y yo me burlaba de tu obsesión por el chequeo y el contrachequeo.
Por eso tu asesinato no estaba en mi horizonte de posibilidades. Te cuidabas tanto que jamás imaginé que pudiera ocurrir. Recibir la llamada de la Chela para informarme fue un golpe devastador. A la distancia sentí una profunda desesperación. Volvió a mí la angustia por quienes seguimos aquí y por lo que tu asesinato abría: otra caja de Pandora cargada de dolor, llanto, injusticia, rabia, frustración e incertidumbre.
A un año de tu asesinato puedo decirte que formas parte de mi causa. De la causa grande de la justicia y de la lucha contra la impunidad. Me duele profundamente que un joven de apenas 20 años fuera quien accionó el arma que descargó ocho disparos sobre tu cuerpo. Un instrumento más. Un tonto útil que probablemente ni siquiera comprendía a quién estaba asesinando: a un patriota nicaragüense, a un hijo, un hermano, un esposo, un padre y un amigo.
Quiero que sepas que mi compromiso sigue siendo el mismo: luchar para que nos restituyan nuestros derechos, para que sean plenamente reconocidos y para que haya verdad y justicia.
No creo en la reparación, Samcam. No encuentro forma de imaginar cómo podría repararse tu ausencia en la vida de tu familia, en la vida de tus amigos o incluso en aquellas conversaciones interminables sobre el Barça que tanto disfrutábamos.

Pero como todo rebelde, tu muerte no es una muerte más. Tu asesinato se ha convertido en una evidencia dolorosa de la impunidad con la que opera la dictadura. Es una pieza fundamental para demostrar la existencia de una violencia de carácter transnacional que persigue, amenaza y busca silenciar a quienes piensan diferente, incluso fuera de las fronteras nacionales.
A un año de tu muerte también quiero contarte algo más. Tus hijos han sido un ejemplo extraordinario de resiliencia. Son la demostración viva de una siembra hecha con amor, confianza, principios y valentía. Ha sido admirable ver cómo continúan avanzando, cada uno en sus estudios, en sus trabajos, en sus familias y en sus proyectos de vida.
Y debo decirte también que Claudia nos ha dado lecciones diarias de coraje, fortaleza, lucidez y dignidad. En medio del dolor más profundo ha sabido sostenerse y sostener a otros.
Samcam, muchas veces hablamos del caso Letelier. Recuerdo cómo advertías que después de la desnacionalización podía venir algo peor. Que cuando un régimen decide despojar a una persona de todos sus derechos, la siguiente frontera es la violencia física.
Sin embargo, hay algo que quiero decirte a vos, y también a quienes creyeron que tu asesinato nos iba a paralizar.
Aquí no estamos como en el poema de Bertolt Brecht cuando escribió: “Luego vinieron por mí, y ya no quedaba nadie para hablar por mí”.
Aquí quedamos muchos.
Quedamos nicaragüenses, costarricenses, centroamericanos, latinoamericanos, catalanes, españoles, europeos y norteamericanos dispuestos a seguir hablando, denunciando y reivindicando la libertad para nuestro pueblo. Quedamos muchos reclamando justicia para las personas asesinadas, verdad para las familias de las víctimas y libertad para quienes han sido perseguidos por pensar diferente.
Quedamos muchos defendiendo la memoria de quienes ya no están y acompañando a quienes continúan resistiendo.
Porque al final, Samcam, nosotros ya decidimos de qué lado de la historia estamos.
Y aquí seguimos, muchos y muchas, luchando por ese país que amamos.
ESCRIBE
Edipcia Dubón
Actualmente es directora ejecutiva de Puentes para el desarrollo y directora del programa de televisión ContraPoder, coordinadora del Diálogo de Mujeres por la Democracia. Exdiputada de la Asamblea Nacional por el Movimiento Renovador Sandinista. Participa activamente en diferentes espacios de articulación con la sociedad civil nicaragüense, tanto a nivel nacional como en el exilio. Despojada de su nacionalidad nicaragüense por el régimen Ortega-Murillo.