Rodrigo Chaves, la última tentación electoral de la Costa Rica enojada

Montado sobre un partido recién hecho y sobre un discurso populista que promete sacudir al sistema político, el cuestionado exfuncionario del Banco Mundial llega como aparente favorito para la segunda ronda del 3 de abril, aunque el expresidente Figueres da pelea en los últimos días. Chaves se ha convertido en el abanderado del malestar popular con la política, pero sus actitudes durante la campaña electoral le han granjeado señalamientos de “autoritario”

El candidato Rodrigo Chaves en una conferencia de prensa en San José, Costa Rica. EFE.

“Ustedes están aquí porque ya no comen humo, porque quieren un cambio de verdad y ese cambio no puede ser dar las llaves otra vez a los sinvergüenzas que nos trajeron aquí. ¿Cuándo el pueblo más democrático del hemisferio se convirtió en una dinastía? ¡No!, se les acabó la fiesta, porque un grupo de hombres y mujeres valientes, porque aquí ricos no hay, nos comimos la bronca. ¡Ya nos la comimos!”

El que hablaba era el candidato presidencial Rodrigo Chaves, aventajado en las encuestas para la segunda ronda electoral del 3 de abril contra el expresidente José María Figueres. Los que escuchaban eran simpatizantes de Chaves y de su socia Pilar Cisneros, una experiodista de televisión conocida por sus discursos críticos contra el sistema político alojados en el Partido Progreso Social Democrático (PPSD), que participa por primera vez en unas elecciones en Costa Rica. El momento era de euforia: la contienda posterior a la primera vuelta del 6 de febrero en que se coló de manera sorpresiva para el balotaje este economista de 60 años, funcionario del Banco Mundial hasta que salió denunciado por supuesto acoso sexual contra mujeres jóvenes, en 2019.

Costa Rica, el país de buenas maneras democráticas que se ha eximido de las formas autoritarias abundantes en la región, votará el 3 de abril entre dos hombres que simbolizan dos lados muy distintos de la política. Ya no son 25 candidaturas como en la primera ronda, son solo dos opciones contrapuestas. De un lado el hombre que ya gobernó entre 1994 y 1998, hijo de la principal figura política del siglo XX, el tres veces gobernante José Figueres, abanderado del tradicional Partido Liberación Nacional (PLN). Del otro lado, un paracaidista que cayó del Banco Mundial, tras más de 30 años, al cargo de Ministro de Hacienda durante seis meses en el gobierno de Carlos Alvarado, donde solo estuvo seis meses sin que nadie imaginara entonces que Chaves se convertiría en 2022 en el abanderado del malestar popular con la política… Una sorpresa electoral y nueva amenaza para el establishment, ahora que las encuestas lo colocan delante en intención de voto.

Chaves no es ya ningún desconocido y no depende de su “madrina” mediática, Pilar Cisneros, una experiodista televisiva famosa por sus posiciones acusadoras contra los políticos. El PPSD, su partido, es lo de menos: Chaves llega como hombre fuerte que satisface a quienes piden mano dura, a quienes claman por erradicar la corrupción y a quienes piden un cambio, alguno, para dejar atrás el legado de los tres partidos que han gobernado el país en las últimas décadas

“Chaves atrajo a la gente que está cabreada con los partidos, con la pandemia, con las medidas contra la pandemia, con el funcionamiento del Estado y con el desempleo (13%), por la corrupción… Viene de afuera y ofrece cambiar todo, echar a los que cree que no sirven”, describió el politólogo Constantino Urcuyo, catedrático de la Universidad de Costa Rica.

El candidato del PPSD quedó segundo en la primera ronda electoral, pero en las primeras encuestas posteriores se colocó arriba de Figueres por ventajas que promediaban los diez puntos, como indicó la medición del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica. El estudio de opinión publicado al faltar 10 días para la elección indica que Chaves mantiene una ventaja, pero que la brecha se ha acortado tanto que configura un “empate técnico”, con un 16% de indecisos aún. Así llega la campaña a los días finales de debates y entrevistas, sin que haya discusiones de fondo y sí constantes ataques entre los candidatos, además de cuestionamientos periodísticos por aparentes anomalías financieras de la campaña.

La campaña, sin embargo, gira alrededor de Chaves y su afán de ruptura. Propuso gobernar por referendos para intentar sortear la oposición legislativa inminente (el PPSD solo tendrá 10 de 57 escaños en el Congreso), enfrentar con dureza los cuestionamientos de la prensa “canalla” y destituir de inmediato a miembros de órganos que no dependen del Gobierno central. «Populista» y «autoritario» han sido los adjetivos que le han sumado sus críticos durante la campaña posterior a la primera ronda, adicionales a los de “machista” y “acosador” que se posicionó antes del 6 de febrero, relacionados al caso de acoso sexual que marcó el final de la larga carrera de Chaves en el Banco Mundial.

Un “macho alfa de la política”

Rodrigo Chaves en una actividad política. EFE.

Una parte de la población no ve problemas con ello y más bien exalta a Chaves como un “macho alfa” de la política, alguien capaz de “hacer que Costa Rica vuelva a ser el país más feliz del mundo”, como dice su campaña sin disimular la similitud con el lema trumpista “Make America great again”. O simplemente alguien capaz de evitar que triunfe Figueres, un político con altas tasas de rechazo reflejadas en casi todas las encuestas, debido a cuestionamientos del pasado que no se materializaron en procesos judiciales, pero que sí recibieron una larga condena popular. Su PLN también es blanco de críticas, aunque alcanzó 19 de las 57 curules legislativos para el período 2022-2026, la mayor bancada.

Figueres, en cambio, se presenta como carta de experiencia y líder de un equipo amplio, pero en semanas recientes ha tomado la bandera de “custodio” del sistema político ante “el salto al vacío” que, dice, representaría un triunfo de Chaves. También trata de ser la alternativa potable para las mujeres alarmadas por el caso de acoso sexual de Chaves, sin garantías de lograr atraerlas suficiente. 

Las encuestas indican que las mujeres dominan en la población indecisa tanto como los jóvenes, pero que para la mayoría del electorado la decisión resulta difícil entre Figueres o Chaves. Todo indica que cualquiera que gane comenzará a gobernar en ambiente de impopularidad. 

“Quisiera votar en contra de los dos”

José María Figueres y Rodrigo Chaves en un debate electoral de segunda vuelta. EFE.

“Quisiera votar en contra de los dos; es horrible tener que escoger entre ellos porque, bueno, fue lo que decidió una parte de la gente en primera ronda. En este momento creo que iré y votaré nulo”, dijo Ólger Arias, de 19 años, al salir de recoger su cédula nueva para poder votar el 3 de abril. En Costa Rica aún pesa la conciencia cívica sobre el voto y la mitad de las personas cree que es útil para solucionar los problemas del país, según las mediciones.

Los problemas del país son muchos, diversos y crecientes, a pesar de ser Costa Rica una nación cuyas condiciones de vida superan a las de los vecinos, lo que la convierte en destino de migrantes y no en origen de ellos. Sin embargo, el desempleo agravado por la pandemia, el costo de la vida empeorado por la situación internacional y recientes casos de corrupción que destaparon autoridades judiciales marcan la pauta de las angustias de las personas. Sectores considerables sí viven bien, pero esa bonanza contrasta con las condiciones paupérrimas de otros grupos. La desigualdad se ha instalado en el país en este siglo y los efectos de la pandemia la han acelerado, como advierte cada año un informe académico llamado Estado de la Nación.

Poco de ellos se ha hablado en esta campaña, que llega a sus últimos días marcada por ataques entre Chaves y Figueres para sustituir a partir del 8 de mayo a Carlos Alvarado. Su gobierno accidentado y marcado por la pandemia concluye con el respaldo de sólo 15% de la población, un clima de rechazo popular que lo acompañó durante todo el cuatrienio y que amenaza con envolver también al nuevo gobierno, de la bandera que sea.

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