El profesor Juan Carlos Ortiz Ascencio, director del Centro Escolar Colonia Tazumal, tiene una pesada disyuntiva desde el pasado 18 de agosto, cuando la nueva ministra de educación de El Salvador, la capitana Karla Trigueros, giró su primer combo de medidas disciplinarias obligatorias para todo el sistema educativo, tan sólo dos días después que el presidente Nayib Bukele nombró a la militar en el cargo de carácter civil: “Los directores deberán recibir diariamente a los estudiantes en los portones de ingreso a la hora de entrada, supervisando los siguientes aspectos: uniforme limpio y ordenado, corte de cabello adecuado y presentación personal correcta; ingreso en orden con saludo respetuoso”.
La obligatoriedad de la pulcritud del uniforme, en particular, es lo que más preocupa al director Ortíz Ascencio: “¿Cómo exigir a los alumnos uniformes y zapatos limpios si la escuela queda en una zona semirural, donde hay mucho lodo en la época lluviosa? ¿Esas medidas obligatorias van a ser lo mismo en la ciudad que en el campo? ¿O sea que por eso no los dejamos entrar a recibir clases?”, plantea el docente a DIVERGENTES, con esa angustia propia de los profesores que se encariñan con su alumnado, incluso los más rebeldes.
Más allá de si los alumnos cumplen o no, la nueva “ministra-capitana” pone en jaque a los directores de los centros educativos, según sus “medidas disciplinarias para el ingreso de estudiantes a sus respectivos centros educativos”. “La omisión de estas disposiciones por parte de los directores será considerada una falta grave de responsabilidad administrativa y dará lugar a las acciones correspondientes”, establece el documento, con tono un tanto frontal y marcial.
El nombramiento de la capitana Trigueros como ministra de educación ha sido polémico desde el 14 de agosto que Bukele la juramentó con su traje castrense, algo inédito en el último medio siglo de historia salvadoreña: un militar activo al frente de una de las dependencias civiles más clave de cualquier estado democrático, como es la educación.
Un ámbito en el cual –están de acuerdo los pedagogos de toda índole, incluidos los de la Unesco– debería primar el fomento del pensamiento crítico, la creatividad, la autonomía, entre otros principios que son antagónicos al espíritu rígido y de obediencia ciega de los militares.
La nueva naturaleza marcial de la dirección de la educación pública en El Salvador quedó patente en otro memorando girado por la “capitana-ministra”, al establecer un sistema de “Deméritos” para quienes no lo cumplan sus reglas, y teniendo consecuencias como no ser promovido de un curso a otro. Un término ajeno al ámbito educativo y más propio de los cuarteles.
Las medidas de Trigueros abarrotaron las barberías con niños y jóvenes rapándose la cabeza casi hasta la mitad para poder ser admitidos en las escuelas. Directores en las entradas de los centros educativos pasando revista, alumno por alumno, no sólo revisando uniformes, sino también los modales. Se debe decir, para todo, “gracias y por favor”. Las órdenes también han generado memes. Muchos memes.
Otros docentes salvadoreños consultados por DIVERGENTES coinciden en que las medidas de “lunes cívico”, uniforme limpio, cabello bien cortado y normas de convivencia planteadas por la “capitana-ministra” no son nuevas, siempre han existido. “Otro pisto es que los padres y los alumnos las cumplieran. De cierto modo es bueno porque le regresa al profesor más control, porque estábamos un poco con las manos atadas… pero siento que es una educación bajo amenaza: si el alumno no cumple va expulsado y el maestro pierde su plaza. Es educación bajo la bota militar”, dice un docente de Cuscatancingo, un distrito municipal situado en el departamento de San Salvador. El profesor pide anonimato porque tiene “miedo” a represalias por sus dudas.

Bukele dijo que “la misión” de la capitana Trigueros (una militar graduada en medicina y con cero experiencia pedagógica) “será preparar a las futuras generaciones para enfrentar con éxito los desafíos del mañana y alcanzar los más altos estándares de calidad que demandará el nuevo El Salvador que estamos construyendo”. Pero además, el popular mandatario agregó que el nombramiento de la militar en activo es en un intento por “erradicar a las pandillas de todos los estratos de la sociedad”.
Ante las críticas por la idoneidad de Trigueros para el cargo y su argumento antipandillas para nombrarla ministra, el presidente recurrió a su eficaz estrategia de comunicación en redes sociales. Mostró un video antiguo de escuelas con alumnos haciendo gestos relacionados a las maras que por décadas desangraron a los salvadoreños, pero que Bukele logró desarticular con su política de mano dura con el Régimen de Excepción, pero también, gracias al pacto con los líderes pandilleros que en su momento se rompió.
El Régimen de Excepción no sólo mantiene suspendido decenas de derechos civiles y políticos, sino que en su nombre se han cometido miles de violaciones a los derechos humanos, según organizaciones salvadoreñas e internacionales. Desde marzo de 2022, cuando fue aprobada la medida excepcional, 427 personas han muerto en prisión, de acuerdo a la organización no gubernamental Socorro Jurídico Humanitario (SJH). Pero nada de eso parece, por el momento, mellar de fondo la popularidad de Bukele que sigue aupando militares.
Antes del nombramiento de Trigueros, el pasado 24 de junio de 2025, las autoridades salvadoreñas capturaron a 48 alumnos de al menos cinco instituciones públicas acusadas de intentar conformar una pandilla presuntamente llamada “La Raza Estudiantil”. La Fiscalía los acusó de los delitos de agresión sexual, consumo de drogas y agresiones físicas hacia sus compañeros de clase y de otras instituciones. sin presentar ninguna prueba. Los alumnos, como los millares de personas arrestadas bajo el interminable Régimen de Excepción, fueron enviados a prisión.
Avance militar sobre lo civil

De modo que el argumento de seguridad ciudadana ha sido el central para situar a una militar en activo a la cabeza del Ministerio de Educación. Sin embargo, más allá de la polémica figura de Trigueros, analistas educativos y políticos consultados para este artículo tienen un punto en común: Bukele abrió totalmente la puerta a los militares para avanzar sobre lo civil, en una especie de alianza “cívico-militar” que se aventura en parentescos muy fuertes con la de Venezuela con el chavismo, o la de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua. Es decir, los ejércitos como garantes y socios de regímenes autoritarios.
El Instituto de Derechos Humanos de la UCA (Idhuca) de El Salvador lo percibe hasta en los detalles: que Trigueros haya jurado al cargo con su uniforme militar y no de civil. El mensaje es rampante para esta dependencia de la Universidad Centroamericana.
“El hecho de que sea una militar al frente de un Ministerio de Educación enciende todas las alarmas. Y no solo porque su formación es militar —ya grave en sí y contrario a la Constitución—, sino porque ha ejercido sus funciones portando uniforme, acudiendo a centros escolares e imponiendo elementos de disciplina militar”, remarca el Idhuca al ser consultados por DIVERGENTES.
“Por ejemplo, vimos que utiliza incluso un lenguaje de ‘deméritos’, propio de un cuartel, no de la educación. Esto da mayor preponderancia al rol de la Fuerza Armada en ámbitos que deberían ser civiles. Revierte el espíritu de los Acuerdos de Paz. Que militares participen en seguridad pública ya es complejo, pero que ocupen otras carteras civiles es todavía más preocupante. Desde el oficialismo, y la misma ministra, se justifica bajo la idea de inculcar disciplina, orden y obediencia”, agrega el instituto universitario.
Antes de forzar su reelección contrariando la Constitución, Bukele ya había dado señales de su estrecha relación con los militares. En febrero de 2020, cuando la Asamblea Nacional –entonces controlada por la oposición– se negó a aprobar un préstamo para su plan de seguridad, irrumpió en el recinto parlamentario escoltado por soldados armados.
A partir de esa fecha, Bukele ha hecho gala de un marcado militarismo. El periodista Bryan Avelar señala que es común verlo difundir videos de miles de soldados perfectamente alineados, o emplearlos en tareas ajenas a su función: repartir paquetes de alimentos, conducir autobuses tras el encarcelamiento de empresarios del transporte y la confiscación de sus unidades, e incluso combatir una plaga de insectos conocida como “langostas”. Es decir, militares para todo.
En ese sentido, el nombramiento de Trigueros es la formalización del avance de los militares en lo civil. “Dicen que están implementando medidas antipandillas en los colegios, pero las pandillas son una consecuencia de la corrupción y las violaciones masivas a derechos humanos cometidas durante los gobiernos militares. Parece que el presidente Bukele no teme repetirla”, dice a DIVERGENTES Noah Bullock, director de Cristosal, la ONG que decidió marcharse al exilio después que apresaron a una de sus abogados, Ruth López.
Bullock sostiene que uno de los “grandes avances” democráticos en materia de derechos humanos en la región fue separar a los militares de la vida cívica y política. “Pero hoy el Gobierno quiere vender como innovación lo que significa un retorno a una de las etapas más oscuras de nuestra historia. Parece que la solución que ofrecen los hermanos Bukele para todo problema sigue siendo más populismo punitivo y represión. No están resolviendo problemas estructurales del sistema educativo, como la precariedad docente, la deserción escolar o la infraestructura en ruinas… sino que recurren a golpes mediáticos para ocultar esa realidad”, plantea.
¿Normalizar autoritarismo y neutralizar al sindicato de maestros?

El director Juan Ortiz Ascencio, quien no se atreve a criticar más fuerte al Gobierno de Bukele, dice que por ahora están impartiendo clases en una “casa comunal prestada”. Que las limitaciones son muchas, dice, pero no sabe si al final la “educación se va a militarizar”.
Algo que en el Idhuca si lo ven con más claridad, porque afirman que la “capitana-ministra” en ningún momento habla de respeto entre pares, promoción de pensamiento crítico, construcción colectiva, creatividad, ni de poner a la niñez y la adolescencia en el centro de la educación.
“Se prioriza la obediencia por encima de todo. Esto se conecta con una política del miedo. No es nuevo: en la pandemia, las medidas se basaron en el miedo a ser expuesto en televisión, a ser señalado como quien contagiará el virus, a terminar en un centro de confinamiento. Lo mismo pasa con el Régimen de Excepción, los silencios, las censuras. Ahora el miedo se aplica también en la educación”, señala la entidad educativa.
Ese miedo, agrega el Idhuca, también busca neutralizar al sindicato de maestros salvadoreños, una de las pocas fuerzas sociales con músculo propio en un contexto de coacción total, ejecutada a marcha forzada por Bukele y su aparato de poder. Para la institución jesuita, en El Salvador, cualquier protesta o voz crítica tiene escaso impacto por la concentración de poder. No hay instancias independientes ni diálogo. Las protestas se ven como ruido y colocan a los docentes bajo vigilancia.
“Ya hubo despidos tras manifestaciones pacíficas. No hay garantías para organizar resistencia: reina el miedo a despidos, hostigamiento o detenciones arbitrarias. Aun así, hay valentía en quienes se atreven a denunciar”, plantea el instituto de pensamiento.
Por su parte, el analista internacional Daniel Zovatto advierte que la presencia de militares en el Ministerio de Educación responde a un propósito de “adoctrinamiento” destinado a “normalizar” el autoritarismo que Bukele viene imponiendo. Para Zovatto, el nombramiento de Karla Trigueros evoca aquellos días de dictadura, cuando las Fuerzas Armadas administraban la educación en todos los niveles.
“Con el tema educación, lo más probable –y Bukele mencionó que una de las cosas que quiere es recuperar el tema de los valores tradicionales, respeto, etcétera–, más que una verdadera educación, lo que va a querer hacer es impulsar un adoctrinamiento de la ciudadanía en los jóvenes, que es uno de los nichos que a él lo ha beneficiado; siempre buscando adoctrinar, inculcando a los jóvenes, en el sistema educativo, los valores que representa su programa de gobierno, que es cada vez aumentar más los niveles de control de la sociedad”, sostuvo Zovatto en entrevista con DIVERGENTES.
Por ahora, a Bukele le sigue ajustando su popularidad para imponer su modelo de mano dura. “A grandes males, grandes remedios”, dice otro profesor de San Salvador consultado para este artículo. “Por ejemplo el caso del Régimen de Excepción, había una crisis terrible de las maras. Ahora, todo tiene que tener un periodo: un año, dos años… En este caso está ocurriendo que hay que montar normas disciplinarias fuertes. Pues, en latinoamérica quien mete ese tipo de normas es el Ejército. Pues hay una cultura de que hay disciplina”, resume, obviando de manera magistral que todos los regímenes encabezados por esa “disciplina” han terminado en despeñaderos de sangre y sufrimiento para nuestras sociedades.