Siete de cada diez nicaragüenses creen que la presión de Estados Unidos puede producir una transición democrática ante la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Así lo revela la más reciente encuesta de percepción ciudadana de la organización Hagamos Democracia presentada este martes 21 de abril en San José, Costa Rica. Sin embargo, a juzgar por las declaraciones de Daniel Ortega la noche de este 20 de abril, la posibilidad de alguna negociación con Washington sigue caminando sobre la cuerda floja de la incertidumbre.
El caudillo sandinista vociferó contra Trump por primera vez desde que Nicolás Maduro fue capturado en Caracas la madrugada del pasado 3 de enero. Ortega dijo que el republicano “sufre un desquiciamiento mental”, en referencia a la guerra que mantiene contra Irán, régimen teocrático históricamente aliado del sandinismo.
Con estas declaraciones, Ortega abandonó la retórica de “espera y cautela” que el régimen copresidencial había mantenido en medio de “contactos sin negociación” con Washington. Un giro que choca de frente con lo que revelan los datos de Hagamos Democracia: el 78.2% de los nicaragüenses quiere que la oposición negocie con la dictadura, pero con una condición innegociable, que “Estados Unidos acompañe ese proceso”.
“71.4% cree que las presiones de Estados Unidos sí lograrán desembocar en una transición democrática en Nicaragua, mientras 28.6% cree que no”, explica Jesus Teffel, presidente de Hagamos Democracia, a DIVERGENTES. “Este resultado expresa una expectativa considerable sobre la capacidad de la presión
internacional para incidir en la evolución política del país. También sugiere un nivel importante de externalización de la esperanza democrática: una parte sustancial de la población no ve las condiciones de cambio como algo exclusivamente dependiente de la dinámica interna”.
Por su parte, Eliseo Núñez, exdiputado nicaragüense y opositor en el exilio, asegura que el discurso de Ortega la noche de este 20 de abril, cuando se cumplieron ocho años de la masacre de abril, revela un cálculo político equivocado. “Ortega está apostando a que Trump se va a empantanar en Irán y que no va a poner atención sobre Latinoamérica, principalmente sobre él, porque cree que Cuba le va a absorber el poco tiempo que le dedique a América Latina”, dijo.
Nuñez insistió en que “los gritos de Ortega contrastan totalmente con la delicadeza con que lo ha tratado el liderazgo cubano”. “Él se atreve a tanto porque cree que su insignificancia le va a permitir que Trump no le ponga atención. Y lo que sí denota todo esto es que Ortega no le tiene respeto a Trump. Cree que no le va a pasar nada por lo que le diga y que, contrario a los cubanos, no va a tener consecuencias, porque son ataques muy personales. En otras palabras le dijo loco, le dijo matón y le dijo asesino”.
El futuro: un horizonte casi cerrado

De acuerdo a la encuesta de Hagamos Democracia, el 95.8% de los nicaragüenses tiene una percepción mala del futuro. Detrás de ese número hay 400 personas consultadas en 40 municipios del país, desde Waspam hasta Rivas, desde Bluefields hasta Chinandega, que respondieron una pregunta sencilla: ¿cómo ve usted lo que viene? Y casi todas dijeron lo mismo: mal. No es un dato nuevo.
Lleva trimestres instalado en niveles altísimos de mala percepción. Lo que sí cambia es el porqué. Durante meses, la crisis política fue la explicación dominante del pesimismo nicaragüense. Temas como la represión, los presos políticos, el exilio, la reforma constitucional que consolidó la copresidencia y dejó al Estado completamente supeditado al Ejecutivo. Todo eso sigue ahí. Pero en marzo, la crisis económica le ganó terreno como factor explicativo: el 44.1% atribuye su pesimismo a la situación económica, casi empatado con el 44.9% que apunta a la crisis sociopolítica.
Por otro lado, solo el 32.3% de los encuestados dice tener empleo formal, una caída de 1.55 puntos respecto a diciembre. El 52% trabaja por cuenta propia, es decir, vende lo que puede, cuando puede, sin contrato, sin seguro social, sin red de protección. Y el 15.7% no tiene ningún ingreso.
A esto se suma que los ingresos de quienes sí trabajan se están desplazando hacia rangos más bajos. En síntesis, los tres tramos de ingreso más pobres crecieron entre diciembre y marzo, mientras los dos superiores cayeron.
Migrar, estrategia de sobrevivencia

El 66.4% de los nicaragüenses se iría del país si pudiera. En diciembre era el 62.9%. En tres meses, la intención de migrar creció 3.5 puntos, y la razón principal ya no es la desesperanza política sino la situación económica, mencionada por el 58.1% de quienes migrarían.
La desesperanza política, que en diciembre explicaba el 44.4% de la intención de salir, cayó al 33.7%. El destino preferido sigue siendo Estados Unidos, mencionado por el 54.9% de quienes desean migrar, ocho puntos más que en diciembre, a pesar de las duras políticas antimigratorias de Trump. España baja y Costa Rica se mantiene estable como segunda opción regional.
Mientras tanto, el 20.4% de los encuestados reporta que al menos un familiar migró en los últimos tres meses. Y quienes se van son cada vez más jóvenes: el 63.2% de los migrantes recientes tiene entre 20 y 35 años, frente al 46.2% que registraba esa franja en diciembre.
Aparejado a la migración, las remesas siguen siendo el principal colchón económico de miles de familias, pero también están cayendo. El 43% de los encuestados reporta recibirlas, seis puntos menos que en diciembre. La mayoría llega desde Estados Unidos (62.8%), seguido de Costa Rica (17.8%) y España (17.2%).
Según cifras oficiales, las remesas representaron el 20% del PIB nicaragüense en 2024. Es decir, uno de cada cinco córdobas que mueve la economía del país.
El queso se volvió un lujo

La encuesta también revela que el 83.5% de los nicaragüenses asegura que la canasta básica “subió mucho en los últimos tres meses”. En diciembre ese porcentaje era del 63.7%. Son casi 20 puntos de diferencia en un solo trimestre, el salto más significativo que registra esta serie de encuestas en ese indicador.
La canasta básica está estimada en 19 358 córdobas. El 79.6% de los encuestados no puede pagarla. Y la distribución de ingresos explica por qué: la mayoría de los consultados gana entre 7500 y 10 999 córdobas al mes, menos de la mitad de lo que cuesta alimentar a una familia.
Los productos más mencionados como encarecidos son los de siempre, los que no se pueden evitar en la dieta nacional, es decir el queso, señalado por el 90% de los encuestados; la carne, por el 79.1%; los frijoles, por el 65.7%; el aceite, por el 57.7%; y la tortilla, por el 51.7%.
Además de estos productos, los encuestados mencionaron en respuestas abiertas el encarecimiento del arroz, los huevos, la leche, el café, el transporte, el agua y la energía eléctrica.