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Ortega ataca por primera vez a Trump y dice que “sufre un desquiciamiento mental”

El régimen copresidencial abandona su retórica de “espera y cautela” ante las presiones de Washington y, desde que el republicano regresó a la Casa Blanca, el caudillo sandinista arremete frontalmente contra él. Ortega criticó la guerra de Irán, pero en especial las recientes sanciones impuestas por el Departamento de Estado a dos de sus hijos y al núcleo de empresas chinas, un opaco conglomerado al que los Ortega-Murillo les han entregado en concesión el 8.5% del territorio nacional

Daniel Ortega tenía 55 días de no comparecer en público. Lo hizo hasta este 20 de abril, en el octavo aniversario de las protestas de abril. Foto tomada de Presidencia.

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El dictador Daniel Ortega, tras 55 días de ausencia, reapareció la noche de este 20 de abril en un acto público para vociferar contra el presidente Donald Trump. Aunque siempre sin nombrarlo, es la primera vez que el caudillo sandinista hace alusión directa al republicano desde que regresó a la Casa Blanca. “Perdió la cabeza” y “sufre un desquiciamiento mental”, dijo en un tono altamente confrontativo que puso fin a un largo período de relativa prudencia del copresidente ante las presiones de Washington que han incluido, en los últimos días, sanciones a dos de sus hijos y al núcleo del entramado de empresas mineras chinas. 

Este ataque frontal marca un quiebre en la estrategia diplomática del régimen sandinista bicéfalo de Managua que, anteriormente, intentaba esquivar las presiones de Trump después de la captura de Nicolás Maduro y las presiones contra Cuba, las dos dictaduras que son aliadas políticas de los Ortega-Murillo. 

En el marco del octavo aniversario de las protestas de abril de 2018, Ortega acusó a la administración Trump de ser experta en “tirar bombas” y de imponer sanciones que “atentan contra la vida de los ciudadanos”. El 16 de abril de 2026, el Departamento de Estado que dirige Marco Rubio sancionó a Maurice y Daniel Edmundo Ortega Murillo en un golpe directo al seno dinástico. En la misma tanda fueron sancionadas las principales empresas chinas a las que el régimen les ha entregado en concesión el 8.5% del territorio nacional

Dos días después, Rubio anunció otra sanción contra el viceministro de Gobernación, Luis Cañas. El funcionario es señalado por la administración de Trump como el principal arquitecto de la política represiva del régimen sandinista. 

Preparando recomendación…

En ese contexto, Ortega cuestionó con qué autoridad los Estados Unidos “andan espulgando a quién sancionar” en Nicaragua. El mandatario –acusado de cometer crímenes de lesa humanidad– hizo énfasis en que las sanciones han alcanzado un punto de saturación: “ya no hallan a quién sancionar de tantos que han sancionado”. Pero se atrevió a más y personalizó sus ataques contra Trump y la guerra que libra contra Irán, un régimen teocrático que históricamente ha mantenido lazos cercanos con el sandinismo. 

“Hasta el Premio Nobel de la Paz lo estuvo peleando. No se lo dieron”, lanzó Ortega, en referencia a la guerra de Irán en la que Trump se ha empantanado. “Ya es un problema, diríamos, de desquiciamiento mental. Como decimos aquí: no está en sus cinco sentidos. Y el presidente de una potencia como esa, que no está en sus cinco sentidos, va a acabar con su pueblo; está acabando con su pueblo y está acabando con la paz y la estabilidad del mundo”.

Para justificar su discurso, Ortega volvió a un viejo argumento anti estadounidense que data desde los años ochenta: la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Afirma que Estados Unidos tiene una “deuda activa” con Nicaragua y que debe pagar miles de millones de dólares en indemnizaciones por los daños de la guerra de la Contra. 

“Él tiene una deuda con Nicaragua, él no está para estar aplicando sanciones”, sentenció Ortega en un afán de posicionar al “victimario”, es decir Trump, como el acreedor moral de una potencia que, según él, “no tiene democracia”. Mientras tanto, Rosario Murillo refuerza este enfoque desde lo espiritual, afirmando que quienes imponen sanciones “perdieron y ya no pueden ganar” y que son como las “30 monedas” de Judas.

55 días sin dar la cara

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Ortega reapareció en plaza pública 55 días después de su último acto, ocurrido el pasado 23 de febrero. Ese día inauguró de manera telemática, es decir desde Managua, el Hospital Sandino Nuevo Amanecer en Bilwi, cabecera de la Costa Caribe Norte. En ese acto se le vio desvariando en su discurso, incluso afirmando que Gustavo Porras era ministro de salud y no presidente del Parlamento del régimen. 

Fuentes cercanas a la casa presidencial aseguraron a DIVERGENTES que Ortega, como es usual en un hombre de su edad, mantiene un estado de salud frágil. Es por eso que, cada vez más, tiene períodos de ausencias más extendidos. La noche de este 20 de abril, el copresidente se notó más vivaz y con un discurso menos pausado.

Antes de que Ortega tomara la palabra en el plató montado en la Avenida Bolívar a Chávez, al lado del Complejo de Piscinas Michelle Richardson, la copresidenta Murillo arremetió contra los opositores y exiliados. La dictadora hizo alusión, en su retórica, al octavo aniversario de las protestas de abril que ella considera “un intento de golpe de Estado”. 

“Los que no pudieron con el miedo, con la envidia, con la avaricia, con la fuerza de los éxitos de todos los que se creyeron más que todos… y creyeron sobre todo en los que no somos todos, sino otros, los de allá, los que desconocen a los demás. Ellos, los que profanaron el amor sagrado, hoy añoran lo que expusieron y perdieron y quisieron”, declaró Murillo en su habitual forma enrevesada. “Quisieran retroceder el calendario, los relojes, las agujas, las campanas, los soles, los días, los salmos, las lunas; ellos que perforaron su tierra, blasfemaron sobre su propio tiempo y quisieron volver a esta Nicaragua bendita con todas sus maravillas, y no pueden ni podrán ellos”.  

De acuerdo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la orden del “vamos con todo” dada por Murillo en 2018 desencadenó una masacre, cuyo saldo de más de 350 personas, la convierte en el peor derramamiento de sangre en Nicaragua desde la posguerra. Luego de septiembre de ese año, cuando por ley prohibieron las marchas opositoras, miles fueron encarcelados y más de 850 mil nicaragüenses huyeron del país, ya sea por persecución política o crisis económica. 

Murillo se encargó de vituperar a los exiliados que le hacen oposición. “Los que vendieron sangre santa por nada y, creyendo que se llenarían de espejo y luces, es decir las mismas 30 monedas, pero perdieron y ya no pueden ganar. No les queda nada de nada. Hay golpes en la vida tan estruendosos. Golpes como del odio a Dios porque no sabemos ver su amor, su justicia, su verdad, su misericordia. Del pasado no se vuelve. El futuro se camina erguido, nunca de rodillas. Y el presente es donde hemos llegado, caminando con honor, con valor, con amor grande, digno, con historia y memoria, con valentía, con orgullo, con patria”, enumeró la copresidenta.


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