Aparte de no haber alcanzado todavía un consenso sobre qué postura adoptar frente al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) tampoco han definido la fecha de la reunión de cancilleres. Detrás de esa demora hay un acuerdo tácito entre varios gobiernos: “Sin la presencia del secretario de Estado, Marco Rubio, la reunión nacería muerta”, coinciden fuentes vinculadas a las conversaciones consultadas por DIVERGENTES.
Después de que 26 países aprobaron la convocatoria de los ministros de Relaciones Exteriores, en la que se supone es la reunión de más alto nivel político dentro de la OEA, la fecha quedó en el limbo. Primero circuló la posibilidad de celebrarla el pasado primero de septiembre, pero la falta de una hoja de ruta empujó la discusión hacia un eventual 17 de septiembre. Sin embargo, tras la aprobación de las reformas constitucionales que alargan el mandato de Ortega y Murillo, el organismo hemisférico volvió a atascarse por las distintas visiones sobre la dictadura copresidencial y, sobre todo, por los roces bilaterales de varios gobiernos con la administración de Donald Trump.
Pero al margen de lo anterior, el liderazgo de Estados Unidos en la respuesta al régimen sandinista no es discutido en el seno de la OEA. Por dicha razón, los países miembros consideran prioritaria la presencia de Rubio en la reunión, en especial después que el Secretario de Estado instó a sus socios internacionales a romper la normalidad con la “brutal dictadura” Ortega-Murillo.
El jueves tres de septiembre, el Consejo Permanente de la OEA aprobó los prolegómenos de la reunión de cancilleres: detalles operativos, logísticos y financieros para celebrar la Trigésima Primera Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores. No obstante, la fecha aún quedó en el limbo.
“Respecto a la fecha, hay interés de Marco Rubio en participar, por eso esperan que el Departamento de Estado defina una fecha en la que pueda concurrir”, dijo una de las fuentes acreditadas ante la OEA a DIVERGENTES.
Otra posibilidad que manejan los diplomáticos es celebrar la reunión de cancilleres después de la Asamblea General de Naciones Unidas, que concentrará en septiembre varias discusiones sobre Nicaragua. El Debate General de Alto Nivel comienza el 22 de septiembre, por lo que la cita de la OEA podría desplazarse hasta después de esa semana si no se logra antes una fecha compatible con la agenda de Marco Rubio.

La Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores fue convocada después de que Ortega amenazara el 19 de julio con que en Nicaragua “no volverá a haber elecciones” y de que, semanas más tarde, el régimen aprobara una reforma constitucional que alarga hasta 2028 el mandato copresidencial y blinda la exclusión electoral de la oposición. El Consejo Permanente aprobó la convocatoria el 19 de agosto, pero desde entonces los gobiernos no han logrado acordar una respuesta común frente a Managua, en medio de reservas de Canadá, México y Brasil, tensiones con Washington y dudas sobre qué medidas concretas debería impulsar la OEA.
“No sería meramente protocolaria”
El analista del Diálogo Interamericano Manuel Orozco sostuvo en una entrevista con Confidencial que la presencia de Marco Rubio no sería meramente protocolaria, sino parte central de la estrategia que Washington intenta construir antes de la reunión de cancilleres.
Orozco sostiene que Rubio está usando el foro multilateral como punto de apoyo para negociar bilateralmente medidas más coercitivas con distintos gobiernos, y por eso la fecha sigue abierta hasta que complete conversaciones y visitas con varios países. En esa lógica, no tendría sentido reunir a los cancilleres sin llegar antes con algo concreto sobre la mesa.

Orozco también distingue entre lo que puede hacer la OEA y las decisiones unilaterales de los Estados. A su juicio, el organismo puede servir para coordinar y legitimar una respuesta, pero las medidas con mayor impacto dependerán de cada gobierno o de grupos de países, desde llamar a consulta a sus embajadores hasta homologar sanciones, aplicar medidas comerciales o financieras y aumentar el aislamiento diplomático.
Orozco resume el reto como pasar del multilateralismo deliberativo a una coordinación que permita acciones unilaterales específicas contra Managua.
Después de 16 resoluciones de condena contra Nicaragua en la OEA, sin que ninguna haya logrado frenar el rumbo dictatorial de los Ortega-Murillo, las fuentes diplomáticas consultadas por DIVERGENTES consideran que la presencia de Rubio puede marcar la diferencia entre una reunión meramente declarativa y una cita con capacidad real de empujar medidas concretas. Por eso, insisten, varios gobiernos prefieren esperar a que el secretario de Estado pueda participar antes de cerrar la fecha.