A mediados de 2024, la doctora Gabriela aprovechó un subsidio de cinco días para abandonar su trabajo en una Clínica Médica Provisional (CMP) del Ministerio de Salud (Minsa) en la zona norte de Nicaragua. La médica, con más de 10 años de experiencia, tomó la arriesgada decisión luego de que las autoridades de este centro no le aceptaran su carta de renuncia en, al menos, tres ocasiones anteriores. “No podés renunciar”, recordó Gabriela que le respondía su supervisora cuando le entregaba las cartas de renuncia.
Fue entonces, a finales de 2023, que la doctora planificó todo. Lo primero fue aplicar al parol humanitario, el programa de admisión temporal de Estados Unidos que impulsó la administración del expresidente de Estados Unidos, Joe Biden, para la entrada legal y ordenada de ciudadanos de Nicaragua, Haití, Cuba y Venezuela entre finales de 2022 e inicios de 2025.
Una vez aprobado el parol, la doctora Gabriela agendó una cirugía ginecológica que tenía pendiente. Sabía que para la recuperación le darían aproximadamente un subsidio por cinco días. Este fue el tiempo suficiente para recuperarse y tomar un avión para ir a Estados Unidos. “No me quedó otra opción que abandonar el hospital”, dijo Gabriela, desde Chicago, donde vive desde hace un año.
Desde la crisis política de 2018, decenas de médicos fueron despedidos o renunciaron luego de participar en protestas contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. A partir de 2020, otros fueron cesados por expresar opiniones en contra de la mala gestión sanitaria durante la pandemia.
No hay un número exacto de los doctores que han salido del sistema de salud público. Hasta 2024, de acuerdo a documentos presupuestarios del Minsa, 686 médicos esperaban el pago de sus liquidaciones, por lo que se presume que estos fueron despedidos en años anteriores. En tanto, organizaciones independientes, como la Unidad Médica Nicaragüense (UMN), registran más de 400 médicos que han salido del sistema de salud público desde hace ocho años.
Fuga de médicos agrava crisis de personal

El último informe de 2025 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ubicó a Nicaragua como el país con menos disponibilidad de personal médico de Centroamérica. El país dispone de poco más de 6000 médicos en todo el territorio nacional, es decir, nueve médicos por cada 10 000 habitantes, cuando en países como Costa Rica se registran cerca de 27 en la misma estadística.
La propaganda oficial alega que en Nicaragua existe “la red de salud más robusta y consolidada a nivel de Centroamérica”; palabras de la ministra de Salud, Meyling Brenes Calderón, en declaraciones al Canal Parlamentario en enero de este año.
La ministra destacó las inversiones en infraestructura y modernización de equipos. Por ejemplo, argumentó que en 2007 habían 33 hospitales, mientras que en 2026 ascendían a 79. Sin embargo, no detalló sobre un aumento significativo de profesionales de la salud.
No obstante, la evidente falta de personal tiene consecuencias directas en los que han permanecido en los hospitales. DIVERGENTES conversó con médicos que renunciaron o abandonaron su trabajo en hospitales públicos en los últimos tres años. Ellos aseguran sufrir presión laboral (largas jornadas y cumplimiento de metas), vigilancia, acoso e indefensión por parte del sindicato Federación de Trabajadores de la Salud (Fetsalud), ante las decisiones de las autoridades del Minsa.
Renunciar para seguir en Nicaragua

El doctor Fernando sintió que no podía soportar más el acoso cuando hizo un viaje familiar a finales de 2024. Pese a que llevaba la aprobación del permiso de salida del Minsa, fue detenido en el aeropuerto por un oficial de Migración.
“Me llevaron a una sala del aeropuerto para interrogarme sobre los motivos del viaje y corroboraron con el Minsa que el permiso era válido”, contó Fernando.
En abril de 2024, el Minsa emitió un comunicado en el que estableció que el personal médico público y privado debían solicitar una autorización para poder salir del país para asistir a capacitaciones y congresos. Aunque el viaje del doctor era familiar, también requirió un aval.
Fernando es un médico internista graduado hace cinco años. Él pudo viajar, pero no se le quitaron los nervios por la incertidumbre del regreso. “Todo el tiempo pensaba en la posibilidad de que no me dejaran entrar al país”, dijo.
Cuando regresó a su trabajo en el Hospital Manolo Morales Peralta, la presión laboral cada vez era peor. “Hacíamos turnos de más de 30 horas y nos exigían cumplir metas”, relató.
Jornadas de 36 horas cada dos días

Los médicos consultados aseguraron que existe congelamiento de plazas, lo cual genera sobrecarga laboral. Como cada vez existen menos profesionales para atender la demanda, los turnos son más seguidos y extendidos. Por ejemplo, los turnos de 24 horas ahora son de 32 o hasta 36 horas. Y si antes se hacían estas jornadas cada cinco días, ahora lo hacen cada dos.
“Estaba agotado físicamente, mentalmente y a nivel psicológico estaba afectado”, dijo Fernando, quien asegura que estaba sufriendo problemas de salud por la mala alimentación, la falta de ejercicio y el estrés.
Finalmente, Fernando renunció a mediados de 2025. Cuando se le preguntó cómo hizo para renunciar –pues varios médicos relataron que a los especialistas los presionan para mantenerse en los puestos–, él dijo: “Supe jugármela”.
Desde luego que el doctor no recibió ningún tipo de liquidación, según la “Ley para el cálculo de la indemnización por antigüedad en caso de renuncia de los trabajadores del Estado”, aprobada en noviembre de 2023, que establece una escala obligatoria para el pago de indemnización a empleados públicos en Nicaragua que deciden renunciar voluntariamente. Según esta normativa, al doctor le correspondía un mes de salario, pero nunca lo recibió pese a realizar la solicitud.
“Yo lo que temía era que me tildaran de ‘vende patria’, pero la jefatura del hospital tomó bien mi renuncia”, dijo Fernando, quien desde hace meses se dedica a atender de forma privada. Este doctor renunció a su trabajo en el que ganaba, en promedio, cerca de 1200 dólares mensuales, y ahora tiene que atender consultas de madrugada para poder generar dinero.“Pero toda esta incertidumbre económica es preferible que quitarse la vida en un hospital”, comentó.
El acoso desde Fetsalud

El doctor Álvaro fue uno de los que renunció luego de que el Minsa, en marzo de 2024, amagó con imponer la condición de que los médicos generales que desearan estudiar una especialidad deberían de permanecer 10 años trabajando al Estado o pagar 61 706 córdobas para salir del sistema.
Pese a que el Minsa se retractó y eliminó esta cláusula semanas después, el doctor decidió renunciar a su trabajo como residente del Hospital Alemán Nicaragüense (HAN) para tomar rumbo a Ámsterdam, en Países Bajos.
“Eso fue lo que rebalsó el vaso, porque yo sabía que aunque quitaran esa medida todo se iba a poner peor”, dijo.
La situación se había agudizado meses antes, cuando firmó el nuevo convenio con la Federación de Trabajadores de la Salud (Fetsalud), el sindicato de médicos dominado por el diputado sandinista y presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras.
Según las fuentes consultadas, Fetsalud implementó nuevos requisitos para su formulario de afiliación o renovación. Entre ellos, datos de redes sociales del médico afiliado y sus familiares. “En el formulario se pedían números, direcciones y todas las redes de mis familiares”, dijo.
Los médicos consultados aseguraron que Fetsalud, en lugar de proteger al gremio, está alineado a las políticas del Minsa. “Ninguna orientación del Minsa la discute Fetsalud, no entiendo la razón de que exista si no defiende a los trabajadores de la salud y sirve como un aparato más del partido (FSLN)”, expresó el médico.
Consultas de 10 minutos

Otra de las razones para renunciar a su puesto en el hospital fueron las metas que exigía el Sistema Local de Atención Integral a la Salud (Silais), la institución del Minsa que lleva las estadísticas de los hospitales públicos.
Las metas son múltiples y de distintos rubros, entre ellas, número de atenciones y tiempo durante la consulta. Por ejemplo, en dependencia de los hospitales, a cada médico le exigen atender, a diario, entre 30 o 35 pacientes en un tiempo máximo de 10 minutos cada uno.
Los médicos consultados consideraron que estas metas son normales en cualquier sistema de salud, pero no se adaptan al diezmado escenario médico nicaragüense. Por ejemplo, a los ginecólogos se les exige un número de atenciones que, en ocasiones, no pueden cumplir porque se necesitaría el doble de especialistas que existen en los centros.
“Existen metas específicas sobre atenciones ginecológicas, de Covid-19 u otras enfermedades como VIH o malaria, para cumplir con organismos internacionales que financian estos programas”, dijo un epidemiólogo que trabaja en el sector privado en Nicaragua.
La escasez de especialistas se extiende en todo el país. DIVERGENTES verificó que hay hospitales de la zona norte y el Caribe de Nicaragua que no cuentan con todos los especialistas. Ante la presión de los Silais, algunos directores han abandonado su trabajo y huido del país, según fuentes consultadas.
Existen hospitales que no cuentan con pediatras, ginecólogos o cardiólogos. Entonces, cuando un paciente requiere una atención especializada son asignados a los hospitales de Managua, lo que genera que estos centros se sobrecarguen.
Por esa razón, el Minsa realiza ferias de salud en zonas alejadas para brindar consultas de especialistas y entrega de medicamentos. Esto permite movilizar al personal para cubrir ese déficit de médicos en zonas rurales.
El doctor Álvaro participó en ferias de salud en los departamentos y barrios de Managua. Él dijo que esto lo desgastaba aún más, ya que muchas veces realizaban estas movilizaciones los fines de semana que le tocaba descanso.
Sin derecho a liquidación y prestaciones sociales
“Yo renuncié y tampoco me pagaron la liquidación”, dijo Álvaro. “Yo tenía muchos días de vacaciones acumulados desde la atención que hicimos en la pandemia, y todo eso quedó sin pago”, agregó el médico que ahora trabaja limpiando cuartos de un hotel en Ámsterdam.
Allá, casi a diario, se comunica con sus excompañeros del hospital. En los últimos meses le han contado que ahora, incluso, existen trabas cuando tienen que asistir a una cita médica. “Todo está peor”, dijo.
Cada médico que abandona los hospitales representa una consulta menos o una especialidad que falta. Todo esto se traduce en una mayor carga para quienes permanecen.
La doctora Gabriela –que huyó a Estados Unidos porque no le aceptaban su carta de renuncia– fue amenazada por su supervisora meses después de haber abandonado su trabajo. “Me enviaba mensajes a mi WhatsApp y mi Facebook diciéndome que no podía abandonar el trabajo, que podía tener consecuencias”, contó. Lo único que se le ocurrió fue borrar sus redes sociales y cambiar su número de teléfono. Hasta el momento, no ha recibido más amenazas.