Un día después de aprobar en primera legislatura la reforma que elimina la competencia electoral en Nicaragua, Daniel Ortega aseguró que las reformas constitucionales que anulan las elecciones democráticas, ponen “primer lugar la soberanía, en la que desempeña un papel determinante el Ejército de Nicaragua”.
“Ustedes, queridos hermanos (miembros del Ejército), tanto los que están aquí presentes o en diferentes tareas… son una fuerza que, lógicamente, le da seguridad y confianza al pueblo, porque saben que este es un Ejército que está con el pueblo, para defender al pueblo, para servir al pueblo, que es servir a Nicaragua”, afirmó Ortega, en un discurso cargado de indirectas a Estados Unidos, país que se ha opuesto a la deriva autoritaria del régimen sandinista desde la crisis de 2018.
Las palabras del dictador tuvieron lugar la noche de este miércoles 2 de septiembre en la Plaza La Fe, de Managua, en el acto central de conmemoración del 47 aniversario de la fundación del Ejército de Nicaragua.
La Asamblea Nacional, controlada por Daniel Ortega y Rosario Murillo, aprobó el martes a mano alzada una reforma constitucional que amplía a siete años los periodos presidenciales y de las autoridades electas o nombradas por el Parlamento y el Ejecutivo. La enmienda, que deberá ser ratificada en segunda legislatura en enero de 2027, fija las próximas elecciones presidenciales hasta noviembre de 2028, en lugar de celebrarse en noviembre de 2026 como estaba previsto.
La modificación, además, eleva a rango constitucional mecanismos de exclusión política que ya operaban en la práctica contra los opositores. La reforma impide aspirar a cargos públicos, participar como candidatos o dirigir partidos a quienes el régimen considere vinculados con intentos de golpe de Estado, financiamiento extranjero, sanciones internacionales o actos contra la soberanía, además de los calificados como “traidores a la patria”. También otorga al Consejo Supremo Electoral mayores facultades para cancelar partidos y sancionar candidatos o dirigentes.
Menos de 12 horas después de esta aprobación, Estados Unidos reaccionó e instó “a sus socios internacionales a dejar de mantener de inmediato relaciones normales con esta brutal dictadura”.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en un comunicado difundido la mañana de este 2 de septiembre, dijo que la Administración Trump “mantiene su compromiso de identificar e implementar acciones para responder a las violaciones de derechos humanos de Murillo y Ortega, incluso en foros como la Organización de los Estados Americanos (OEA)”.
Ortega responde a amenazas: “Aquí está un Ejército que no se vende, ni se rinde”
Horas después, Ortega dijo que la disposición del cuerpo armado le permite responder a los que lo amenazan constantemente: “Aquí está un pueblo y un Ejército que no se vende ni se rinde jamás”.
El dictador Ortega prometió seguir fortaleciendo al Ejército a través del general Julio César Avilés, y garantizar “las condiciones mínimas de sobrevivencia para los soldados”.
Antes de que tomara la palabra el dictador, Avilés reiteró “el firme respaldo” a las reformas de la Constitución “para garantizar el derecho de ser libres, soberanos e independientes”. El general dijo: “Aquí estamos los soldados, siempre cohesionados, firmes y sin dobleces”.
Pese a que no se refirió directamente a las palabras de Rubio ni la convocatoria de consulta de cancilleres en la OEA, aprobada por unanimidad hace dos semanas, Ortega calificó a Estados Unidos como un enemigo que, por ser un poder militar mundial, “se siente con el derecho de agredir a los pueblos”.
Por esta razón, el mandatario hizo un llamado a “estar siempre con un ojo abierto y un ojo cerrado”.
El caudillo sandinista justificó las nuevas reformas al asegurar que la Constitución “no había sido reformada a fondo” y todavía contenía disposiciones que facilitaban “la agresión” extranjera contra Nicaragua. Sin embargo, en enero de 2025, el régimen sandinista ya había aprobado una reforma que modificó 148 artículos de los 198 de la Carta Magna, sin realizar consultas públicas. Una de las modificaciones fue la ampliación del período presidencial de cinco a seis años, lo que le permitió impedir los comicios electorales que estaban previstos para noviembre de este año.
Dicha reforma modificó profundamente la estructura del Estado, desmontó la independencia de poderes al reducirlos a simples órganos subordinados y formalizó la figura de la “Copresidencia”.