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El Superministro de la presidenta Laura Fernández, Rodrigo Chaves, “cambia de despacho, no de poder”

Laura Fernández asumirá la presidencia de Costa Rica este 8 de mayo, pero el centro del poder seguirá orbitando alrededor de Rodrigo Chaves. Convertido en ministro de Presidencia y Hacienda, el mandatario saliente conservará influencia política, control económico e inmunidad judicial en medio de una toma de posesión organizada como demostración masiva de fuerza y “continuidad” del proyecto político chavista.

El presidente Rodrigo Chaves en casa presidencial junto a Laura Fernández, su pupila y presidenta electa de Costa Rica. Foto de EFE.

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La presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández, escogió un teatro para anunciar su gabinete este cinco de mayo, tres días antes de calzarse la banda presidencial bordada a mano por dos hermanas artesanas de Heredia. Fue en el Melico Salazar, un teatro de corte neoclásico y barroco europeo cuya fachada, durante estos días, sufre los aguaceros vespertinos que azotan San José. Uno a uno, los funcionarios nombrados por ella fueron anunciados sobre las tablas con vídeos que recordaban, casi al calco, la estética de la propaganda de Nayib Bukele en El Salvador. Y quizá no haya sido coincidencia, ya que el proyecto político que la mandataria electa hereda tiene dos matices centrales: la simpatía total con el autoritarismo del presidente salvadoreño y una promesa de “continuidad” que quedó plasmada en el gabinete anunciado, ese que, a decir verdad, no es tan preciso llamar “nuevo”. 

De los 39 funcionarios que formarán parte del nuevo equipo, 22 continuarán en sus despachos. O, en otras palabras, son los actuales jerarcas del gobierno saliente del presidente Rodrigo Chaves, el mecenas político de Fernández. Entre el desfile de funcionarios en el Melico Salazar, el más destacado fue ese que ya no era sorpresa, sino un anuncio cocinado desde antes por el oficialismo: el nombramiento de Chaves como ministro de Presidencia, una posición neurálgica en el gobierno tico. Sobre todo porque el capital político de la “continuidad” parece seguir siendo patrimonio casi exclusivo del mandatario saliente, heredado ahora a la presidenta electa con miras a consolidar por completo un proyecto político de liderazgo personalista y amplio respaldo popular. Uno que, según advierten sus críticos, Chaves buscaría volver a encabezar en el próximo periodo presidencial. 

Pero más allá de las especulaciones sobre si regresará a la presidencia, tal como la Constitución se lo permite tras un periodo de alternancia, el nombramiento de Chaves como ministro de Presidencia supone un hito sin precedentes en la historia republicana costarricense, ese entramado político y social admirado durante décadas, sin peros, en el mundo por la solidez de su democracia. Fernández no solo le dio despacho a su mecenas político a pocos metros del suyo, sino que le entregó también las llaves del Ministerio de Hacienda.

Es decir, Fernández convirtió a Chaves en una especie de Superministro. Asumirá un rol bastante singular para esta democracia que, por primera vez, asiste a inéditos políticos y administrativos más comunes en regímenes autoritarios de la región, donde la personalización del poder y los superfuncionarios son habituales.

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El papel de Chaves será doble y central porque se convierte en el eje político y económico del gobierno de “la continuidad”, encargado de las relaciones con los poderes del Estado, incluida una Asamblea Legislativa con la que mantuvo tensas y constantes disputas durante su mandato. 

El analista político latinoamericano Daniel Zovatto resume lo que vive Costa Rica en una frase: “El Rey no abdica: Chaves cambia de despacho, no de poder”. “No es una transición. Es una metamorfosis del poder. Es la crónica de una sumisión anunciada”, afirma, en referencia al poder real que podría ejercer la presidenta Fernández bajo la sombra de su mecenas político.

“Se trata de una concentración de poder inédita que lo posiciona como el principal operador político y económico del nuevo gobierno, consolidando su influencia más allá de su mandato constitucional”, advierte Zovatto en un artículo de opinión publicado en el diario La Nación.  

Según el analista político, Costa Rica empieza a asistir a una especie de diarquía política entre Fernández y Chaves. Insiste en que la paradoja es difícil de ignorar porque ella fue ministra de la Presidencia de Chaves y ahora será su presidenta, mientras él vuelve a sentarse en el mismo despacho que dejó hace apenas un año para competir electoralmente. El círculo entre ambos parece cerrarse. Fernández fue asesora y ministra de Chaves, él la impulsó hasta la presidencia y ahora ella lo devuelve al corazón mismo del poder. Una estratagema política circular. 

“Es una diarquía donde el Rey no abdica, sino que se corona de nuevo bajo otro título, y la princesa reina con su bendición”, define Zovatto. “Pero hay una dimensión que va más allá de la concentración de poder político y económico: la de la impunidad”. Para el analista político, lo que está en juego con esta “continuidad” va más allá de un simple cambio de gobierno. También supone una definición sobre el tipo de régimen político que los costarricenses decidieron preservar, uno cimentado sobre instituciones sólidas, libertades civiles y equilibrio de poderes, u otro cada vez más concentrado alrededor de una figura personalista con tentaciones autoritarias.

Un superministro que conserva impunidad 

El Superministro de la presidenta Laura Fernández, Rodrigo Chaves, “cambia de despacho, no de poder”
Rodrigo Chaves ondea la bandera de Costa Rica tras su participación en la audiencia legislativa por el proceso de levantamiento de inmunidad. El mandatario tildó la solicitud del TSE de “circo” y “ópera bufa”. EFE | Jeffrey Arguedas

Al mantenerse como ministro, Chaves conservará durante cuatro años más el fuero de improcedibilidad penal, o en palabras más simples, la inmunidad. No es un detalle menor en medio de las más de 60 causas que arrastra en distintas instancias judiciales y electorales. 

El nuevo diseño político del oficialismo no solo le garantiza continuidad de poder, sino también protección institucional. Eso implica que las investigaciones en su contra no seguirán la vía penal ordinaria. Cualquier causa deberá tramitarse ante la Fiscalía General de la República y dependerá, además, de que la Asamblea Legislativa decida levantarle el fuero. Un escenario que ya fracasó dos veces en 2025, cuando solicitudes impulsadas desde la Corte Plena y el Tribunal Supremo de Elecciones no prosperaron en el Congreso.

Ahora el panorama luce todavía más improbable para quienes esperan avances judiciales. El oficialismo contará con una bancada de 31 diputados a partir de mayo, mientras que para retirarle la inmunidad a Chaves se requieren 38 votos legislativos. En otras palabras, insisten sus críticos, el presidente saliente no solo regresa al centro del poder político y económico del país, sino que lo hace blindado institucionalmente.

El caso “BCIE-Cariñitos”, las investigaciones por presunta beligerancia política, el supuesto financiamiento electoral irregular y las denuncias por tráfico de influencias quedarán, en la práctica, suspendidas otros cuatro años. 

Una toma de posesión masiva

Costa Rica
El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves (i); posa junto a la enviada especial del Escudo de las Américas, Kristi Noem (i); y la presidenta electa, Laura Fernández. EFE/ Casa Presidencial.

Con Chaves confirmado en el núcleo de la administración entrante, la toma de posesión de Fernández, que arrasó en las elecciones presidenciales con casi el 50% de los votos válidos frente al 32% de su principal contendiente, es organizada con el tono de una fiesta nacional. El Gobierno decretó asueto para el sector público para invitar a una masiva asistencia al traspaso de poderes, o mejor dicho al punto y seguido de la “continuidad”, que se realizará en el Estadio Nacional, esa obra donada por China, un país que supondrá uno de los principales dolores de cabeza para una administración que ha cerrado filas con Donald Trump y su confrontación cada vez más enconada con Pekín.

El traspaso de poderes también empieza a parecerse a una demostración plebiscitaria. El Gobierno habilitó entradas digitales para llenar el Estadio Nacional, con un máximo de tres boletos por persona, y anunció pantallas fuera del recinto ante la alta demanda. Al mismo tiempo, en redes sociales circularon convocatorias para movilizar simpatizantes en buses y ofrecerles alimentación gratuita durante la jornada. Una escenografía política que recuerda a las movilizaciones organizadas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua para exhibir fuerza, lealtad y músculo callejero alrededor del poder.

El Superministro de la presidenta Laura Fernández, Rodrigo Chaves, “cambia de despacho, no de poder”
El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves (d), pone una insignia de ministra de Presidencia a la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández. EFE/ Jeffrey Arguedas.

A la ceremonia también asistirán decenas de delegaciones extranjeras, entre ellas el Rey Felipe VI, el presidente de Israel, Isaac Herzog, y una misión estadounidense encabezada por Christopher Landau. El Gobierno de Fernández confirmó además la participación de representantes de 71 países y 18 organismos internacionales. Una postal diplomática de alto nivel para una toma de posesión que el oficialismo intenta convertir no solo en una celebración nacional, sino también en una demostración de legitimidad internacional alrededor de la “continuidad”. 

De modo que el traspaso de poderes que empezó este cinco de mayo en el Teatro Melico Salazar pasará a un escenario todavía más grande este ocho de mayo en el Estadio Nacional, donde Fernández, junto a su mecenas político y “mentor”, jurará el cargo acompañada de otros actores fundamentales del chavismo, en especial la ahora exdiputada Pilar Cisneros, una de las principales ideólogas del oficialismo, quien llorando dijo que se retiraba, pero ahora sabemos que también se queda “ad honorem” como asesora de estrategia y comunicación. Un cambio de poderes donde cambia poco o nada, con Chaves ostentando aún buena parte del poder simbólico que confiere la banda bordada a mano por dos hermanas artesanas de Heredia.


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