Wilfredo Miranda Aburto
28 de Mayo 2026

Un daguerrotipo post mortem de Brooklyn Rivera

Una de las fotos de Brooklyn Rivera que recuerda al autor a un daguerrotipo postmortem, pero a color.

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Cuando vi las fotos de Brooklyn Rivera, con su cuerpo desgobernado en la cama del hospital Vélez Paiz, con esa traqueotomía que lo muerde con esos dientes de gasas y esparadrapo, con la mirada ida, se me vinieron a la mente esos daguerrotipos post mortem del siglo XIX, en los que ponían a los muertos en posiciones que simulaban vida pero que resultaban infructuosas, porque en sus rostros helados solía posarse, con claridad, lo fúnebre. 

La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo difundió esas imágenes después de mantener, durante 971 días en desaparición forzada, al líder indígena, en un intento de acallar las voces que llevaban meses preguntando por su paradero, en especial la de su hija Tininiska, exiliada en España. Sin embargo, lejos de calmar, esas fotos alarmaron. Y mucho. No solo porque dicen muchas cosas, sino por lo que podemos intuir si a la perversidad misma del régimen, en particular de la copresidenta, nos ceñimos. 

Primero, esas imágenes, que no son más que daguerrotipos ignominiosos del pasado a color, más que mostrar a un Brooklyn desangelado, muestran la crueldad criminal de la dictadura. Otra prueba descarnada de los crímenes de lesa humanidad que desde 2018 vienen cometiendo a destajo, sin arrepentimientos, con tal de preservar el poder dentro de una familia retorcida en la que el abuso sexual, la humillación y el cinismo son los pilares de la casa confiscada en la que viven.

Con estas fotos de un Brooklyn con semblante de quien se apaga, se abren muchas preguntas que quiero compartir, más allá de todo lo que sabemos después de la difusión que hizo el Ministerio del Interior, acompañado de un comunicado que fue desmentido, en los puntos medulares, por la familia del preso político.

Preparando recomendación…

Sé que en este momento pesa mucho la presión sobre el régimen, en especial de Estados Unidos, por mostrar y liberar a los presos políticos. Por Brooklyn fue uno de los primeros que se reclamó, pero los copresidentes decidieron mostrar a otros presos políticos y callar sobre el líder del partido Yatama. 

Desde finales de febrero, diversas fuentes sandinistas nos alertaron de que Rivera había sido trasladado de gravedad a un hospital. Eso resultó ser cierto a la luz de lo que el comunicado del régimen confirma: su hospitalización desde marzo. Entonces, ¿por qué decidieron mostrar con tal exactitud su estado ahora? No creo que por transparencia. 

Si echamos un vistazo a casos pasados, pero recientes, el patrón se repite. Con el general en retiro Hugo Torres, el régimen emitió un único comunicado anunciando su muerte y alegando que le había brindado atención médica oportuna. Con Humberto Ortega Saavedra fue más elaborado, con un comunicado previo al fallecimiento en los que intentaba lavarse las manos de su responsabilidad criminal, queriendo hacer creer que estos presos mueren por enfermedades preexistentes y crónicas, no por las condiciones de su cautiverio.

Si bien es cierto eran adultos mayores, así como la mayoría de los al menos ocho presos políticos desaparecidos actuales, las enfermedades crónicas las agravó la prisión, la insalubridad de las celdas, los malos tratos que algunos sufrieron y sobre todo la falta de atención médica oportuna. De modo que uno deduce que mostrar a Brooklyn en ese estado tan crepuscular responde a que el régimen ya administra o sabe que lo inevitable es cuestión de horas. A secas: que Brooklyn ya murió o morirá pronto. Si es lo primero, el día y la hora ya lo decidirá Rosario Murillo. 

Un daguerrotipo post mortem de Brooklyn Rivera
Un daguerrotipo postmortem, populares en el siglo XIX.

De modo que los invito a plantearse lo siguiente: si Murillo y sus secuaces supieran que Brooklyn tiene esperanza de recuperación, ¿para qué mostrarlo en ese estado cadavérico y pagar el precio político de las críticas por lo devastador que es la prisión política y la desaparición forzada? Es dar una prueba gratis de sus crímenes de lesa humanidad. Y, después de cometer tantos crímenes, ella ha aprendido a no ceder espacios sin ganancia política en ese terreno.

La lógica aquí es otra, venderse como humanos y magnánimos, simulando que el líder indígena tuvo todos los recursos de la salud pública para salvarlo. Pero el comunicado achaca su deterioro a “episodios y síntomas propios de condiciones de salud alteradas durante varios años”. La prisión, según ellos, no tiene nada que ver. Un intento cínico de soslayar su responsabilidad.

Si Brooklyn fuera el primero en esta situación, ni siquiera me atrevería a plantear estas suspicacias. Pero creo que después de hablar con médicos sobre su condición, que atribuyen esa agonía a la negligencia médica, y a que seis presos políticos han muerto en celdas y cautiverio oficial desde 2018, hay sobradas razones para dudar. 

Y creo que las fotos, en este caso, son las que hablan. La foto que se filtró del líder indígena cuando lo capturaron en Bilwi en septiembre de 2023, y lo trasladaban en una ambulancia, tenía el semblante de un hombre mayor, pero sin signos visibles de deterioro extremo. Era el de un líder indígena con la vitalidad necesaria para pasar varios días huyendo de los oficiales que lo perseguían en el Caribe Norte de Nicaragua. Nada que ver con estos daguerrotipos presentados esta semana, que resumen el canibalismo copresidencial.

Si el régimen quisiera desbancar esta duda, que no solo yo tengo, debería simplemente cumplir las exigencias de Tininiska, hija de Brooklyn: liberación inmediata e incondicional de su padre, prueba de vida independiente y verificable, acceso de familiares, abogados y médicos independientes, y traslado urgente a un país donde pueda recibir atención médica libre de control estatal. Pero por ahora lo que hemos visto, de parte de la copresidenta Murillo, es su insólito descaro: después de presentar al preso político en esas condiciones precarias, lo ha empezado a llamar “hermano Brooklyn Rivera” en sus alocuciones

De obviar lo que demanda Tininiska, estas fotos difundidas por el régimen Ortega-Murillo, más que traer a la mente esos daguerrotipos post mortem del siglo XIX, son precisamente eso: unos retratos últimos de Brooklyn en los que le simulan vida después de administrarle muerte durante 971 días de desaparición forzada. 

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Wilfredo Miranda Aburto

Es coordinador editorial y editor de Divergentes, colabora con El País, The Washington Post y The Guardian. Premio Ortega y Gasset y Rey de España.