Laura Fernández asume la presidencia de Costa Rica y se declara “heredera del cambio” de Rodrigo Chaves

La nueva mandataria prometió no “atentar contra la división de poderes”, pero atacó a los jueces y anunció que revisará 335 instituciones públicas para cerrar “las que perdieron el norte”. Rodrigo Chaves, lejos de retirarse, asumió como Superministro con su blindaje judicial intacto. Su sombra como mecenas político sobre Fernández queda patente desde el inicio del mandato de la segunda mujer en ocupar la presidencia tica. Y el cocanciller nicaragüense Valdrack Jaentschke, señalado por la ONU de coordinar una red de espionaje contra exiliados, asistió sonriente, pese a los pedidos de desinvitarlo.

Fotos de Miguel Andrés | Divergentes. En la imagen, Laura Fernández dando su primer discurso ya con su investidura presidencial.

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A las 12:13 del mediodía de este 8 de mayo, arropada por jefes de Estado y delegaciones de más de 70 países, Laura Fernández juró como la segunda mujer y presidenta número 50 que ha tenido Costa Rica. Lo hizo bajo una mañana soleada, en el Estadio Nacional, un mastodóntico recinto ovalado que es una de las postales más modernas de San José. Por uno de los portones del recinto, la mandataria entró vestida de blanco, con su pelo rubio recogido en un moño bajo, a la altura de la nuca, de acabado sobrio y ceremonial, con su esposo de la mano, el primer caballero de la república, Jeffrey Umaña. Adentro, en la tarima central, ya la esperaba su mecenas político, el expresidente Rodrigo Chaves, sobre quien recayeron todas las miradas de reojo. Entregaba el poder sin darlo totalmente porque, a partir de este viernes, es una especie de Superministro inédito en la democracia tica. Asumirá simultáneamente las carteras de Presidencia y Hacienda. 

Después de calzarse la banda presidencial bordada por unas hermanas heredianas, Fernández dio su primer discurso presidencial y dejó claro, pese a una de las críticas más recurrentes sobre su independencia frente a la sombra de Chaves, que ella es la heredera de ese proyecto. “Sí, soy la heredera de ese cambio. Lo digo sin titubeos”, resaltó la nueva presidenta constitucional, mientras su predecesor se regodeaba en su silla de la mesa de honor. “Soy heredera de una forma de hacer política distinta. Heredera de una lucha constante, sin armas, pero con resultados. Heredera de una convicción que se resume en un simple principio, no aflojar”.

A partir de ese momento, el primer discurso presidencial de Fernández se ocupó de remarcar que seguirá el mismo tono de Chaves, el de las soflamas populistas en las que “el pueblo”, “la calle” y “el Gobierno de la gente común” se enfrentan “a las élites” y a las instituciones que sostienen la democracia tica. Un discurso con el afán autoritario que ha caracterizado al proyecto chavista, inscrito en el mismo molde de Nayib Bukele o Javier Milei, en específico la tesis de que los de “antes” fallaron. Una pugna constante contra la Asamblea Legislativa en la que el “Gobierno de la continuidad” consiguió mayoría de curules, pero no los necesarios para cambios absolutos. Ese es el gran dique institucional que aún contiene a una democracia a la que solía ponérsele pocos peros.

“Costa Rica abrió los ojos, primero uno cuando apostó por el cambio y luego el otro cuando ratificó que quería seguir por esa senda. Y como quien se despierta de una pesadilla, se levantó de golpe”, dijo Fernández. “Y hoy, queridos compatriotas, somos un pueblo espabilado, informado, exigente (…) Un pueblo que ya no come cuentos. Un pueblo que pide resultados, que llama a cuentas y que no quiere ni va a volver atrás. Somos el pueblo costarricense, un pueblo que resolvió romper con un pasado que nos falló. Nos falló con estructuras que nos alejaron de la gente”.

Preparando recomendación…

Fernández enfatizó que no sólo va a “administrar la herencia”, sino que va “a multiplicarla”. Una herencia que incluye cuatro años de erosión institucional sistemática… y es que Chaves gobernó contra los jueces, contra la Contraloría General, contra la Iglesia católica, contra la prensa y contra Naciones Unidas, a la que nunca asistió. Rechazó cualquier cuestionamiento judicial y abandonó su propia promesa de combatir la corrupción, que según Transparencia Internacional nunca se materializó. 

Ahora, al asumir simultáneamente las carteras de Presidencia y Hacienda, el expresidente mantiene el control presupuestario, el manejo de la inteligencia del Estado y, sobre todo, el megáfono para poder aspirar a otro mandato tras la alternancia que representa Fernández. 

“No atentaré contra la división de poderes”

Laura Fernández asume la presidencia de Costa Rica y se declara “heredera del cambio” de Rodrigo Chaves
La presidenta Fernández, junto a su esposo, se dirige a tomar posesión del cargo de presidenta. Foto de Miguel Andrés | Divergentes.

En un intento de acallar esas críticas, Fernández prometió que va a “revisar la institucionalidad”, pero que “nunca atentaría contra la división de poderes”. Sin embargo, más adelante sostuvo que va “a modernizar” el Estado y, en ese sentido, va a revisar las 335 instituciones públicas y cerrar “las que perdieron el norte”, una señal de lo que podría ser una motosierra institucional al estilo de Milei en Argentina.

Para los críticos, uno de los principales fracasos del chavismo es la seguridad. Durante su mandato, los homicidios pasaron de 2300 a casi 3350, un aumento del 45%, mientras los decomisos de cocaína cayeron un 21% respecto al Gobierno anterior. Pese a ello, Chaves celebró la semana pasada los resultados de su gestión y llegó a decir, en cadena televisada ante la Asamblea Legislativa, que Costa Rica estaba “completamente blindada contra el narcotráfico”. 

Fernández reconoció el problema en la toma de posesión, pero con un tono que volvió a rozar el ataque institucional. Dijo: “En Costa Rica no podemos normalizar la vergüenza de que las instituciones públicas estén penetradas por el crimen organizado. Que el narcotráfico encuentre grietas en el sistema. Haremos una reforma profunda sin vacilaciones. Voy a inaugurar una megacárcel, pero no sirve de nada si los jueces siguen soltando delincuentes peligrosos”. 

La cárcel a la que se refería es una nueva estructura en construcción en La Reforma, en San Rafael de Alajuela, concebida como una versión reducida del CECOT, la controvertida megacárcel de Bukele en El Salvador.

Menos de 24 horas antes y a escasos kilómetros del Estadio Nacional, la realidad dejó claro que el presidente saliente “no se comió la bronca” de la inseguridad durante su gestión. A las 2:22 de la tarde del jueves 7 de mayo, en pleno Paseo Colón, un hombre fue asesinado dentro de su vehículo y otras dos mujeres resultaron heridas durante una balacera frente a la Torre Mercedes. La versión preliminar apunta a que la víctima era un conductor de plataforma que había recogido a un pasajero en los barrios del sur. En el sitio quedaron al menos 50 casquillos. Un mensaje sugerente, a pocas horas de que la nueva presidenta prometiera, desde la tarima, acabar con las grietas del sistema.

Tras su discurso, Fernández firmó su primer decreto presidencial para revisar las penas de los presos. Una medida que, para sus críticos, repite la misma lógica que caracterizó al chavismo, más retórica de mano dura que resultados concretos, y que consideran insuficiente sin atender la prevención social ni los barrios donde el narcotráfico opera a sus anchas. 

Chaves jura como Superministro

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El presidente saliente, Rodrigo Chaves, a su entrada de la toma de posesión de Laura Fernández. Foto de Miguel Andrés | Divergentes.

El primer acto de Fernández como presidenta fue juramentar a su gabinete, encabezado por el expresidente Chaves. Al mantenerse como ministro, conservará durante cuatro años más el fuero de improcedibilidad penal, o en palabras más simples, la inmunidad. No es un detalle menor en medio de las más de 60 causas que arrastra en distintas instancias judiciales y electorales. 

El nuevo diseño político del oficialismo no solo le garantiza continuidad de poder, sino también protección institucional. Eso implica que las investigaciones en su contra no seguirán la vía penal ordinaria. Cualquier causa deberá tramitarse ante la Fiscalía General de la República y dependerá, además, de que la Asamblea Legislativa decida levantarle el fuero. Un escenario que ya fracasó dos veces en 2025, cuando solicitudes impulsadas desde la Corte Plena y el Tribunal Supremo de Elecciones no prosperaron en el Congreso.

Unos cuestionamientos que a nivel popular no parecen mellar al “proyecto de la continuidad”. El chavismo tiene un asidero que explica su vigencia. Cuatro años de crecimiento económico cercano al 5% anual, inflación la más baja de la OCDE y una reducción de la pobreza del 23% al 15.2%. Chaves convirtió esos números en su principal argumento y que, en buena parte, explican tanto su aprobación del 64% como el triunfo arrasante de Fernández en las urnas en febrero pasado. 

Pero también hay otra cara, menos llamativa: la tasa de ocupación cayó dos puntos, el 58% de las mujeres está fuera del mercado laboral y la inversión social llegó al nivel más bajo desde 2008, con la mayor reducción registrada en educación.

Un represor en la toma de posesión

Laura Fernández asume la presidencia de Costa Rica y se declara “heredera del cambio” de Rodrigo Chaves

La toma de posesión también tuvo una sombra incómoda para el exilio nicaragüense en Costa Rica. Pese al pedido de organizaciones de derechos humanos de desinvitarlo, las autoridades ticas lo ignoraron: entre las delegaciones que ingresaron al Estadio Nacional estaba Valdrack Jaentschke, cocanciller del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, señalado por el Grupo de Expertos en Derechos Humanos de Naciones Unidas de haber coordinado una red transnacional de vigilancia e inteligencia contra opositores nicaragüenses refugiados en Costa Rica.

Organizaciones de exiliados habían pedido al gobierno de Fernández reconsiderar la invitación desde el 3 de mayo, recordando que Costa Rica ha condenado públicamente esa represión transnacional, incluido el asesinato del refugiado político Roberto Samcam en San José, en junio de 2025. La nueva presidenta mantuvo la invitación. Pero allí estuvo el cocanciller señalado de crímenes de lesa humanidad empañando el traspaso de mando de una democracia que, ahora, aún es reconocida en la región, pero ya con varios peros que comparten otros vecinos centroamericanos. 


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