El Parlamento Centroamericano (Parlacen), una vez concebido como órgano integrador regional, fue convertido durante muchos años por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en un refugio cómodo para exfuncionarios de lealtad dudosa, políticos reciclados y, en algunos casos, personajes implicados en escándalos de corrupción. Lo que debería ser un foro de debate y legislación fue transformado en un espacio hospitalario donde los dinosaurios políticos se retiran con inmunidad, salario en dólares y pasaporte diplomático.
Entre las figuras nicaragüenses designadas al Parlacen desde la última década, destacan Jaime Morales Carazo, Yamileth Bonilla, José Antonio Alvarado Correa, María Jacaranda Fernández Mejía y Doris María Tijerino Haslam.
Pero eso se ha acabado este tres de octubre cuando el régimen copresidencial retiró a Nicaragua del Parlacen, denunciando el Tratado Constitutivo del organismo “con efecto inmediato”. La decisión llamó la atención porque el Parlacen era uno de los pocos organismos internacionales donde el sandinismo todavía conservaba una importante cuota de influencia política y desde el que, en los últimos años, impulsó incluso la incorporación de China y Rusia como observadores.
La nota de retiro fue enviada un día después de que los cancilleres de América aprobaran, el 2 de octubre, una nueva resolución sobre Nicaragua en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
La resolución acordó establecer un grupo ministerial encargado de dar seguimiento a la situación nicaragüense y promover contactos con las autoridades y distintos sectores del país, además de insistir en la restitución de libertades civiles y la liberación de las personas presas por razones políticas.
La cercanía temporal entre ambas decisiones no permite establecer, sin embargo, que la resolución de la OEA haya provocado el retiro del Parlacen.
La decisión ocurre, además, en medio de un reordenamiento político regional que ha acercado a buena parte de los gobiernos centroamericanos a Washington y a varias de las prioridades hemisféricas de la administración del presidente Donald Trump.
Panamá se ha incorporado abiertamente a iniciativas regionales impulsadas por Estados Unidos; Honduras ha estrechado sus vínculos con Washington; y Guatemala, pese a diferencias en otros asuntos, ha profundizado la cooperación bilateral y respaldó la resolución de la OEA sobre Nicaragua aprobada el 2 de octubre.

Costa Rica también reforzó su relación política y de seguridad con Washington e incluso copatrocinadora de la resolución sobre Nicaragua, mientras que el Gobierno de Laura Fernández –últimamente– ha abogado por una respuesta regional coordinada frente al deterioro democrático del país vecino del norte. El Salvador, por su parte, mantiene una de las relaciones más estrechas de la región con la Casa Blanca: Nayib Bukele se ha convertido en un aliado clave de Trump, particularmente en las políticas migratorias y de seguridad impulsadas por el mandatario republicano.
Según fuentes consultadas por DIVERGENTES, la estrategia de Estados Unidos para aumentar la presión sobre el régimen Ortega-Murillo no pasa únicamente por nuevas medidas adoptadas directamente desde Washington, sino por conseguir que otros gobiernos del hemisferio ejerzan presión política y diplomática sobre el régimen Ortega-Murillo. Dentro de esa estrategia, los países centroamericanos tienen un peso particular por su cercanía geográfica, sus vínculos económicos y políticos y por compartir con Nicaragua los organismos del sistema de integración regional.
La resolución aprobada en la OEA apunta precisamente hacia una mayor acción colectiva. El mecanismo acordado permite mantener contactos diplomáticos, evaluar avances y recomendar nuevas acciones frente a Managua, en lugar de limitar la respuesta regional a declaraciones periódicas. La Secretaría General de la OEA describió el acuerdo como un proceso para impulsar gestiones diplomáticas, evaluar resultados y determinar nuevas medidas.
En ese escenario, la permanencia de Nicaragua en el Parlacen mantenía abierto otro espacio desde el cual esa presión regional podía extenderse hacia Centroamérica. Aunque el organismo no dispone de un mecanismo automático para sancionar o suspender a un Estado por ruptura del orden democrático, su Tratado Constitutivo le atribuye funciones vinculadas a la consolidación de sistemas democráticos, pluralistas y participativos y al respeto de los derechos humanos.

Además, el Parlamento puede aprobar resoluciones, propuestas y recomendaciones sobre asuntos de interés regional y trasladarlas al resto de la institucionalidad del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA). Esos pronunciamientos son remitidos a la Presidencia Pro Témpore y a la Secretaría General del sistema para su incorporación en las agendas de las instancias correspondientes.
Nicaragua tampoco podía bloquear por sí sola un pronunciamiento del pleno. Como regla general, las decisiones de la Asamblea Plenaria se adoptan con el voto favorable de la mitad más uno de los diputados presentes.
Así, aunque permanecer en el Parlacen no exponía al régimen Ortega-Murillo a una sanción inmediata, sí lo mantenía dentro de un foro regional en un momento en que el entorno político centroamericano se ha vuelto menos favorable para Managua y Washington busca trasladar parte de la presión hacia los países más cercanos a Nicaragua. Una mayoría del Parlamento podía discutir la situación de Nicaragua, aprobar pronunciamientos y trasladarlos hacia otras instancias centroamericanas. La retirada corta ahora también ese canal institucional de presión.
En ese reordenamiento de factores, DIVERGENTES ofrece un recuento de los políticos nicas que han encontrado en el Parlacen un “retiro –o recicle– dorado”.
Guillermo Daniel Ortega Reyes, el pastor evangélico que deficiente la dictadura

Es conocido por compartir nombre y apellido con el dictador nicaragüense, pero su relevancia política radica en que es un pastor evangélico, de 68 años de edad, que lidera el Partido Unidad Cristiana (PUC), una organización política religiosa que integra la Alianza Unida Nicaragua Triunfa del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), encabezada por los Ortega-Murillo. Ortega Reyes ha sido pastor evangélico durante más de 20 años.
Ocupó una curul de diputado del Parlacen desde 2007, cuando el caudillo sandinista regresó a la Presidencia de Nicaragua. Es decir, permaneció 19 años consecutivos en el cargo. Entre 2021 y 2022 fue elegido como presidente del organismo regional y, en otras ocasiones, ha coordinado la delegación del Parlacen ante la Asamblea Parlamentaria Europea Latinoamericana (Eurolat).
El 6 de agosto de este año, en representación de la delegación del Parlacen, Ortega Reyes expresó su apoyo a las reformas constitucionales impulsadas por la dictadura: “En nombre de todas y todos los integrantes de la Bancada Parlamentaria de Nicaragua ante el Parlamento Centroamericano, quiero expresarles nuestro firme respaldo a la Reforma de la Constitución Política. Estamos convencidos de que las transformaciones y adecuaciones constitucionales son necesarias e importantes para fortalecer la Institucionalidad y garantizar Procesos Electorales Genuinos, Transparentes y Confiables”
José Antonio Zepeda, el profesor y sindicalista que se convirtió en diputado

Es docente de profesión. Desde 1996 es el líder de la Asociación Nacional de Educadores de Nicaragua (Anden), una organización sindical que encabezó protestas contra los gobiernos liberales. Sin embargo, cuando Ortega regresó al poder, Zepeda recibió una curul en la Asamblea Nacional (entre 2007 y 2022), y las críticas cesaron. En el Parlamento nicaragüense presidió la Comisión de Educación, Cultura, Deporte y Medios de Comunicación.
En los últimos cuatro años fue diputado del Parlacen. Cuando recibió las credenciales del organismo centroamericano en 2022, declaró: “Seguiremos las indicaciones del Presidente Comandante Daniel Ortega Saavedra, de fortalecer la integración centroamericana, la amistad y las relaciones con todos los países de respeto, de entendimiento, de cooperación”.
Actualmente, Zepeda formaba parte de la Comisión de Macroeconomía y Finanzas del organismo regional.
Jaime Morales Carazo, el compañero de antaño domesticado

Ex financista de la Contra y negociador de los Acuerdos de Paz en los años ochenta, Jaime Morales Carazo fue durante décadas un símbolo del antisandinismo. Por eso sorprendió a muchos cuando, en 2006, aceptó ser el candidato a vicepresidente de Ortega, en una fórmula electoral que selló una alianza pragmática entre viejos enemigos. Morales Carazo ejerció como vicepresidente entre 2007 y 2012, y lejos de confrontar al poder autoritario en ciernes, se acomodó a la deriva del orteguismo.
Al concluir su mandato, inmediatamente fue juramentado como diputado ante el Parlacen el 24 de febrero de 2012 en una ceremonia en Guatemala, por disposición del tratado de Tegucigalpa reservado para vicepresidentes salientes
Su presencia en ese espacio de baja exposición fue vista como parte del proceso de cooptación institucional del orteguismo: un político históricamente opositor, ahora reconvertido en figura leal, retribuido con un retiro diplomático cómodo y sin ruido.
Yamileth Bonilla: cuotas y sombras en el liberalismo

Yamileth Bonilla, exdiputada del PLC, fue designada al Parlacen en medio de disputas internas del liberalismo y negociaciones oscuras con el orteguismo. Su nombramiento fue parte de los repartos que han caracterizado a los partidos colaboracionistas: a cambio de avalar elecciones fraudulentas o decisiones del Consejo Supremo Electoral, reciben curules y cargos diplomáticos.
Bonilla pasó por el Parlacen sin dejar huella legislativa ni política. Como tantos otros, su rol fue el de presencia decorativa para completar la cuota. En el fondo, fue una ficha silenciada.
José Antonio Alvarado: el liberal útil

José Antonio Alvarado, exministro de Gobernación y Salud durante gobiernos liberales, también encontró en el Parlacen su zona de comodidad. Fue electo diputado en 2011 y en 2015, con el respaldo del FSLN, se convirtió en presidente del organismo regional.
Su designación fue presentada como un acto de pluralismo, pero en realidad reflejó cómo el orteguismo controla incluso los espacios internacionales. Alvarado ha actuado desde entonces como un liberal funcional: con retórica integracionista, pero sin críticas al poder que lo respaldó. Es otro caso de captura institucional.
Doris Tijerino: la comandante premiada

La excomandante guerrillera Doris María Tijerino Haslam es uno de los nombres más emblemáticos de la vieja guardia sandinista. Fue jefa de la Policía en los años 80, diputada y ministra. En el Parlacen ha ocupado curules en varios períodos, incluyendo el actual (2021–2026).
Tijerino participa en actos oficiales, discursos y comisiones. Su función es simbólica: representa el pasado revolucionario en el nuevo orden dictatorial. Lejos de aquella voz crítica y feminista que alguna vez fue, su presencia hoy es parte del decorado institucional que sostiene al régimen, y que hace gala de una política de género llamada “50-50”.
Otra figura sandinista, pero de bajo perfil, es María Jacaranda Fernández Mejía. Profesional del sector salud y militante sandinista, también pasó por el Parlacen en el período 2011–2016. Ocupó cargos en comisiones técnicas y sociales, pero su papel político fue mínimo. Como otras figuras de perfil medio, fue premiada con el escaño regional por su fidelidad y su silencio.
A lo largo de los años, el régimen de Ortega-Murillo ha llenado las listas del Parlacen con exdiputados, operadores partidarios, dirigentes estudiantiles, exfuncionarios y hasta familiares. Algunos fueron útiles en su momento; otros simplemente fueron peligrosos y convenía alejarlos del escenario nacional. Todos comparten una característica: no incomodan al poder.
El Parlacen, lejos de su misión integracionista, se ha convertido para Nicaragua en un espacio de retiro político, impunidad garantizada y subsidio estatal para aliados. Su presencia en Guatemala o República Dominicana les asegura a los orteguistas una plataforma diplomática desde la cual protegerse o hacer lobby para la dictadura.
En la práctica, el Parlacen es un cementerio activo. No de muertos, sino de nombres. Hombres y mujeres que una vez fueron poderosos, polémicos o peligrosos en la política nicaragüense, pero que ahora vegetan en un espacio supranacional con comodidades.
Alemán: el corrupto que inauguró el refugio dorado del Parlacen

El caso del expresidente Arnoldo Alemán Lacayo no solo marcó el inicio de los grandes escándalos de corrupción institucional en Nicaragua tras la transición democrática de los noventa. También sentó un precedente: convirtió al Parlacen en un refugio posible con fuero e impunidad para quienes se enriquecieron desde el poder. Alemán no sólo saqueó el Estado: utilizó las estructuras legales regionales para evadir la cárcel y conservar sus privilegios.
Alemán gobernó Nicaragua entre 1997 y 2002. Durante su mandato, construyó una red clientelar de corrupción que desvió millones de dólares del erario público hacia cuentas personales y empresas fachada en Panamá y Miami. Apenas entregó la banda presidencial, fue juramentado como diputado del Parlacen, activando una estrategia legal que le garantizaría inmunidad.
En 2003, fue condenado por una jueza a 20 años de prisión por lavado de dinero, fraude, peculado y asociación ilícita. El Ministerio Público lo acusó de desviar más de 100 millones de dólares, en un caso conocido como la “Operación Chanchera”. Pero Alemán nunca pisó una celda común. Gracias a su estatus de diputado regional, pero sobre todo su pacto político con Daniel Ortega, y a su influencia aún vigente, cumplió la sentencia en arresto domiciliario, recluido en su finca “El Chile”, en las afueras de Managua. Tenía televisión satelital, visitas políticas y salidas médicas frecuentes.
El caso se transformó en símbolo: el primer expresidente centroamericano condenado por corrupción, que sin embargo conservaba el título de diputado centroamericano. En 2009, cuando el orteguismo ya dominaba totalmente la Corte Suprema de Justicia, el fallo fue anulado. Alemán recuperó su libertad y sus bienes. Nunca devolvió el dinero.
Su presencia en el Parlacen fue mucho más que un retiro político: fue una maniobra jurídica para blindarse, y abrió la puerta a una práctica que se volvió costumbre. Fue el primer gran corrupto del posconflicto nicaragüense, y también el primer expresidente que convirtió el Parlacen en su casa de impunidad diplomática.
Estos eran los 20 diputados de Nicaragua ante el Parlacen:

- José Antonio Alvarado Correa
- Winston Edgardo Betanco Blandón
- Aida Ester Blanco Talavera
- Julio César Blandón Sánchez
- Larissa Regina Colindres Maldonado
- Sidney Orlington Francis Martin
- Elida María Galeano Cornejo
- Meylin Olamara Galeano Villachica
- Carlos Salomón García Bonilla
- María Haydeé Hernández Hernández
- Jaime René Morales Carazo
- Guillermo Daniel Ortega Reyes
- Socorro Jacinta Reyes Lara
- Ludendorff Enrique Rosales Hueck
- Vidal Antonio Ruíz Cerda
- Doris María Tijerino Haslam
- Margine Del Carmen Trujillo Ruiz
- Aleyda De la Cruz Trujillo Ruiz
- Evile Del Socorro Umaña Olivas
- José Antonio Zepeda López