Expulsión de estudiantes y médicos internos deja “renco” al sistema de salud pública en Nicaragua

La Resolución 04-2026 no solo purga a estudiantes de Medicina de primero a quinto año. Especialistas advierten que la expulsión de médicos internos del sexto y último año también debilita la capacidad operativa del sistema público de salud, porque representan cerca del 40% de la fuerza laboral en áreas como Cirugía, Medicina Interna, Ginecología y Obstetricia, Pediatría y Centros de Salud, en las que participan diariamente en consultas, partos, cirugías y atención de emergencias, en un país que ya enfrenta un déficit histórico de personal sanitario

Ilustración por Hellmut Escobar para DIVERGENTES

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Cuando un paciente llega en busca de atención a un hospital público en Nicaragua, una de las primeras personas que suele recibirlo es un médico interno. Aunque todavía cursa el sexto y último año de Medicina, ya forma parte del equipo que atiende consultas, realiza procedimientos básicos, participa en cirugías, da seguimiento a pacientes hospitalizados y cumple turnos de hasta 36 horas junto a médicos generales y especialistas.

Esa etapa, conocida como internado rotatorio, constituye el último año de formación antes de graduarse. El propio Reglamento del Internado Rotatorio del Ministerio de Salud (Minsa) establece que estos estudiantes desarrollan actividades docentes, asistenciales e investigativas en hospitales públicos y centros de salud autorizados. 

También,  les asigna responsabilidades propias del funcionamiento diario de esas unidades de salud, entre ellas elaborar historias clínicas, participar en la atención de pacientes y responder durante emergencias cuando las autoridades sanitarias lo requieran.

Aunque la Resolución 04-2026 endureció las condiciones de permanencia para los estudiantes de Medicina, su propio texto establece en el numeral quinto que “quienes cursan el internado continúan sujetos al Reglamento del Internado Rotatorio MINSA-UNAN”. 

Preparando recomendación…

A diferencia de la nueva normativa, que eliminó los mecanismos de recuperación para el resto de estudiantes y establece como causal de expulsión definitiva de la carrera, reprobar una asignatura, el Reglamento del Internado Rotatorio mantiene un sistema gradual de evaluación para quienes cursan el sexto y último año de Medicina, sin distinguir si llegaron al internado de forma continua o después de haber retrasado su formación durante la pandemia del Covid-19 u otras circunstancias personales o académicas. 

Pese a esa disposición, DIVERGENTES documentó denuncias de médicos internos que fueron expulsados de forma arbitraria por haber reprobado asignaturas en años anteriores o porque su formación se extendió más allá de los seis años previstos, tras haber iniciado la carrera antes de 2020. 

El 40 % que sostiene la atención hospitalaria 

Expulsión de estudiantes y médicos internos deja
Especialistas advierten que la salida de médicos internos podría aumentar los tiempos de espera y la carga de trabajo en los hospitales públicos. DIVERGENTES/ Tomada de medios oficialistas.

Más allá de la controversia jurídica sobre la aplicación de la resolución, el ginecólogo y especialista en salud pública José Antonio Delgado señala que ésta no sólo interrumpe la formación de futuros profesionales. También reduce la capacidad operativa de un sistema público de salud que ya enfrenta una escasez crónica de personal y carece de capacidad para reemplazar el trabajo que estos estudiantes realizaban en los hospitales.

Delgado explica que los médicos internos no son únicamente estudiantes del sexto y último año de la carrera, sino una parte esencial del funcionamiento de los hospitales públicos. Durante el internado rotatorio pasan por cinco áreas obligatorias —Cirugía, Medicina Interna, Ginecología y Obstetricia, Pediatría y Centros de Salud—, donde atienden consultas y emergencias. 

Según el especialista, en esas cinco rotaciones los internos representan alrededor del 40% de la fuerza laboral que sostiene la atención diaria. “El interno es uno de los médicos que hace el mayor trabajo operativo. Es el que más consultas hace, el que realiza más procedimientos menores… eliminar de la cadena de trabajo a los internos es debilitar aún más al sistema”, advierte.

Una “pata menos” en el sistema de salud pública

Para Delgado, el sistema hospitalario funciona como una mesa de cuatro patas. Los médicos internos son una de ellas. Retirarlos de los hospitales no paraliza la atención, pero sí deja al sistema operando con una capacidad reducida. 

Una publicación previa de DIVERGENTES, basada en datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), documentó que Nicaragua dispone de apenas nueve médicos por cada 10 000 habitantes, la tasa más baja de Centroamérica. 

Fuentes consultadas en ese primer reporte atribuyen esa brecha, entre otros factores, al exilio y despido de personal sanitario tras la Rebelión de Abril de 2018, la pandemia del Covid-19 y las dificultades para reemplazar especialistas. En ese contexto, la salida de estudiantes que ya participaban en la atención clínica reduce aún más la capacidad operativa de los hospitales nicaragüenses.

Sonia, estudiante de Medicina que solicitó anonimato por temor a represalias, coincide en que el impacto trasciende a quienes fueron expulsados. En un testimonio enviado por correo a DIVERGENTES sostiene que quienes celebran la medida bajo el argumento de que mejorará la calidad de la atención desconocen el funcionamiento cotidiano de los hospitales públicos.

“La demanda de pacientes ya no es la misma de hace diez o veinte años. Hoy los hospitales atienden a una población mucho mayor y dependen más del trabajo de los médicos internos para responder a esa carga asistencial”, afirma.

La fuerza de trabajo detrás del internado 

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Los médicos internos forman parte del funcionamiento diario de los hospitales públicos y apoyan la atención de pacientes durante su internado rotatorio. DIVERGENTES/ Tomada de medios oficialistas.

Mónica, seudónimo de una estudiante que acaba de concluir el internado rotatorio en el Hospital Carlos Roberto Huembes, asegura que solo comprendió la magnitud de esa responsabilidad cuando comenzó a rotar por los distintos servicios.

“Uno llega pensando que va a aprender, pero rápidamente entendés que también estás trabajando. Atendíamos emergencias menores, elaborábamos historias clínicas, dábamos seguimiento a pacientes hospitalizados y asistíamos a los médicos en múltiples procedimientos. Sentíamos que nuestro trabajo realmente era útil”, dice la universitaria que en los próximos meses iniciará su tésis para graduarse.

De acuerdo con el testimonio de Mónica, el año de internado significa que un estudiante pasa del aprendizaje teórico al funcionamiento práctico de un hospital. “Es como entrar al verdadero mundo de la Medicina y poner en práctica lo que vimos en las aulas. Ahí no importa si venís con un promedio de 80 o de 100 puntos”, cuenta.

Otra fuente del sector salud, que actualmente trabaja en dos hospitales públicos y habló con DIVERGENTES bajo condición de anonimato, asegura que la salida de médicos internos ya comenzó a sentirse en algunos servicios. Aunque no existe una cifra oficial sobre cuántos han sido expulsados, las tareas que antes asumían estos estudiantes ahora recaen sobre equipos que ya enfrentaban una elevada carga de trabajo. 

“Hay quienes creen que el interno solo observa, pero eso no es así. Recibe pacientes, acompaña procedimientos, ayuda en consulta y permanece de turno igual que el resto del equipo. Cuando faltan, ese trabajo lo termina haciendo alguien más y eso puede alterar el día de trabajo porque significa un retraso en alguna área”, comentó la fuente.

Sonia agrega que la ausencia de los internos se sentirá especialmente durante los turnos vespertinos, nocturnos y los fines de semana, cuando con frecuencia son ellos quienes reciben a los pacientes, brindan la atención inicial y dan seguimiento a personas hospitalizadas.

Advierte que, si esa fuerza de trabajo desaparece sin ser reemplazada, la población será la primera en percibir las consecuencias.

“Si antes un paciente esperaba cuatro horas para ser atendido, ahora podría esperar seis, ocho o incluso más. También aumentarán las referencias hacia otros centros porque habrá menos capacidad para responder a la demanda”, sostiene.

Para el médico José  Ántonio Delgado, esa es precisamente la razón por la que la expulsión de internos trasciende el ámbito universitario. 

“El hospital no pierde únicamente estudiantes. Pierde personas que ya estaban contribuyendo al funcionamiento del servicio. Cada interno representa horas de trabajo que ahora tendrán que asumir médicos que ya trabajan con una sobrecarga importante”, indica.

Una reforma que no corrige la crisis de formación 

Delgado también advierte que un sistema con menos personal reduce la capacidad para supervisar y formar a los futuros médicos.

“Cuando un médico tiene que atender más pacientes de los que razonablemente puede asumir, dispone de menos tiempo para revisar cada caso, explicar tratamientos o acompañar la formación de quienes vienen detrás”, afirma.

El Reglamento del Internado Rotatorio establece que los médicos internos deben desarrollar su aprendizaje bajo la supervisión permanente de especialistas y docentes, quienes evalúan su desempeño y acompañan las distintas rotaciones clínicas. 

“Un especialista que ya está sobrecargado dispone de menos tiempo para enseñar. Al final se deterioran dos cosas al mismo tiempo. La calidad de la atención y la calidad de la formación médica”, señala Delgado.

Ese análisis coincide con lo que otros especialistas en educación superior advirtieron  sobre la Resolución 04-2026. En entrevistas previas con DIVERGENTES, los exrectores universitarios, Ernesto Medina y Adrián Meza, señalaron que las deficiencias en la formación médica no pueden atribuirse únicamente al rendimiento de los estudiantes, sino al deterioro que ha experimentado el sistema desde que el régimen sandinista confiscó más de 30 universidades y concentró la educación superior bajo nuevas estructuras estatales.

Medina sostiene que la pérdida de autonomía universitaria debilitó los mecanismos de control académico y afectó la calidad de la enseñanza. Meza, por su parte, considera que cualquier reforma orientada a mejorar la formación médica debe revisar también la preparación del cuerpo docente, los planes de estudio, las condiciones de aprendizaje y el funcionamiento de los hospitales donde los estudiantes realizan su práctica clínica.

Para Delgado, elevar la calidad de la formación médica también exige una revisión integral del sistema, y no únicamente endurecer las condiciones para quienes están a punto de graduarse. “Todos queremos mejores médicos. La diferencia está en cómo se logra. La calidad no se mejora expulsando estudiantes mientras persisten problemas estructurales en el propio sistema donde se forman”, concluyó el doctor Delgado, quien ha sido blanco de una campaña de desprestigio impulsada por el régimen sandinista debido a sus análisis críticos sobre el sistema de salud. 

Control a los futuros médicos 

La aplicación de la Resolución 04-2026 ocurre en un contexto de creciente control político sobre el gremio médico. En los últimos dos meses, el régimen ha endurecido sus acciones contra el sector tras las denuncias por presunta mala praxis en cirugías estéticas, la exposición pública de la salud mental y el expediente clínico de una joven médica reportada como desaparecida por su familia y, posteriormente, la orden del Minsa de someter a evaluaciones psicológicas a 3742 menores de 35 años.

En reportajes previos, DIVERGENTES documentó que estas decisiones han sido cuestionadas por especialistas, quienes sostienen que el régimen criminaliza el oficio médico, mientras deja sin resolver las fallas estructurales del propio sistema de salud.

Entre estas mencionan la falta de supervisión sobre establecimientos privados, la ausencia de auditorías médicas independientes para investigar complicaciones clínicas, el desmantelamiento de instancias técnicas previstas en la Ley General de Salud y la inexistencia de un colegio médico que participe en la regulación del ejercicio profesional.

Para José Antonio Delgado, la nueva normativa representa un paso más en esa escalada, aunque ahora dirigida a quienes apenas se están formando. “Lo que pretende es doblegar al gremio médico desde la raíz. ¿Y cuál es la raíz? Los estudiantes”, afirma. 

En su opinión, endurecer los requisitos de permanencia no resolverá las deficiencias de la atención sanitaria mientras persistan problemas estructurales como el déficit de personal, la falta de insumos, la ausencia de auditorías de calidad y de mecanismos efectivos de supervisión. 

“Pueden salir estudiantes con promedio de 100 y siempre va a haber lo mismo, porque el problema no son los estudiantes ni los médicos. El problema es que el sistema está estructuralmente decadente”, sostiene.

Calidad de un médico no depende de las calificaciones

Médicos Nicaragua
La propaganda política forma parte del entorno de algunos hospitales públicos, donde el régimen también proyecta su narrativa oficial. DIVERGENTES/Archivo.

La Resolución 04-2026 fue presentada por las autoridades de la SETEC como una medida para elevar la calidad de la formación médica. Sin embargo, Delgado considera que el problema no radica en exigir mejores promedios, sino en asumir que una nota más alta garantiza mejores profesionales.

“Un estudiante que obtiene 95 puntos no necesariamente será mejor médico que otro que obtuvo 80. La Medicina no se aprende únicamente memorizando contenidos. Se aprende frente al paciente”, detalló.

Su afirmación coincide con el Reglamento del Internado Rotatorio. Mientras el artículo 22 establece que la evaluación debe integrar componentes teóricos y prácticos, el artículo 25 dispone que el desempeño del interno también se valora por sus competencias clínicas, comportamiento ético, trabajo en equipo, responsabilidad y relación con los pacientes. El artículo 30 añade que las actividades prácticas representan el 60% de la nota final del internado, frente al 40% correspondiente a las evaluaciones teóricas. 

Para Delgado, si las autoridades consideran que existen deficiencias en la formación médica, la revisión debería abarcar todo el proceso formativo y no centrarse únicamente en endurecer las condiciones para los estudiantes.

“Hay que revisar cómo están enseñando las universidades, cómo están funcionando los hospitales docentes y qué condiciones existen para formar médicos. La calidad no se construye expulsando estudiantes, sino fortaleciendo su formación”, sugiere el médico.

Una evaluación que va más allá de un examen 

El Reglamento del Internado Rotatorio del Minsa establece que cuando un médico interno no alcanza la nota mínima en el componente teórico, debe presentar un examen especial y solo si reprueba esa evaluación debe repetir el módulo correspondiente. La normativa también contempla la repetición de rotaciones prácticas, recursos de revisión y apelación, además del derecho a permanecer en el establecimiento de salud mientras esos recursos son resueltos.

La propia normativa también incluye un sistema de evaluación distinto al aplicado durante el resto de la carrera. Mientras el artículo 22 dispone que el internado integra componentes teóricos y prácticos, el artículo 25 incorpora criterios como el desempeño clínico, el comportamiento ético, el trabajo en equipo, la responsabilidad y la relación con los pacientes. El artículo 30 añade que las actividades prácticas representan el 60% de la nota final, frente al 40% correspondiente a las evaluaciones teóricas.

Para Delgado, este reglamento reconoce que la formación médica no depende únicamente del rendimiento académico, sino también de competencias que solo pueden desarrollarse durante la práctica clínica. Por ello, considera contradictorio que una resolución orientada a mejorar la calidad termine desconociendo el propio sistema de evaluación previsto para quienes cursan el internado rotatorio.

Además, reiteró que los médicos internos son uno de los pilares fundamentales que sostienen el funcionamiento de los hospitales públicos. “Si le quitás una pata a una mesa, sigue en pie. Funciona, pero no es igual”, concluyó Delgado, en alusión al sistema de salud en Nicaragua.


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